Электронная книга - «Reunion in Death Traducido». Краткое содержание книги:
– No es sólo tu culo ahora. Va para mí, también. Maldita sea, te amo.
– Y yo te amo a ti. -Como su malhumor se esfumó, puso las manos en los hombros de ella. -Eve, voy a tener cuidado. Te lo prometo.
Ella se deshizo de las manos, y volvió a pasear. -Sabía que no lo harías a mi manera.
– Crees que estaría donde estoy si cada vez que hay una amenaza me encierro en una casa segura? Enfrento lo que viene. Trato con ello. Trato con ello un poco diferente a lo que hacía antes.
– Lo sé. Sé que conoces más de seguridad que nadie, pero dejarías que Feeney le de una mirada?
– No tengo problemas con eso.
– Te pido que me des tus horarios, donde vas a ir, cuando y con quien. No te voy a hacer seguir con policías. -Ella se volvió -Los descubrirías de todas maneras. Pero me sentiré mejor si lo sé.
– Te los daré.
– Ok. Voy a tener que ir a Dallas. -Lo dijo muy rápido, como si las palabras pudieran quemarle la lengua. -Voy a ir porque necesito hablar con su padrastro. No estoy segura de cuando podré organizarlo, pero dentro de los próximos dos días. Ella se va mudar a algún lado pronto. El puede ser un objetivo, también. Tú sabes, Texas, vaqueros. Tal vez vez desde el ángulo de la oveja, también. Tienen ovejas en Texas, creo. Yo…
El fue hacia ella, deteniendo su paseo al tomarle gentilmente los brazos. -Voy a ir contigo. No vas a hacer esto sin mí.
– No creo que pueda. -Se relajó deliberadamente, músculo por músculo. -Estoy bien. Voy a trabajar.
CAPITULO 9
Eve pasó horas viendo probabilidades, revisando nombres que se relacionaran con oveja y vaquero.
Mientras la computadora trabajaba, leyó el archivo de Pettibone, esperando haber olvidado algo, cualquier cosa que indicara un vínculo más directo entre el asesino y su víctima.
Todo lo que encontró fue un hombre agradable, de mediana edad, bienamado por su familia, bien visto por sus amigos, quien llevaba un negocio exitoso, de una manera franca y honesta.
No pudo relacionar a ningún otro. No había evidencia de que ninguna de las esposas de la víctima, o sus hijos, o los esposos de los hijos conocieran a Julianna Dunne, y no pudo encontrar un motivo que la dirigiera hacia alguno de ellos arreglando un asesinato.
Las dos esposas podían ser de dos tipos totalmente diferentes, pero tenían una cosa en común. Un obvio afecto por Walter C. Pettibone.
Cuando más revisaba lo que los datos, la evidencia y las probabilidades indicaban, más parecía que Julianna había sacado a Pettibone de un sombrero. Y ese astuto capricho significaba que el próximo objetivo podía ser uno de millones.
Dejó a la computadora clasificando nombres cuando se metió en la cama, y estaba levantada a las seis revisando todo otra vez.
– Te estás descuidando a ti misma otra vez, teniente.
Ella miró hacia donde Roarke estaba parado, ya vestido, ya perfecto. Ella todavía no se había cepillado los dientes.
– No, estoy bien. Dormí unas buenas cinco horas. Estoy trabajando con oveja. -Señaló hacia la pantalla de pared. Tienes idea de cuantos nombres tienen relación con una estúpida oveja?
– Además de las variaciones que incluyen la palabra oveja en sí misma? Lamb, Shepherd, Ram, Mutton, Ewes…
– Cállate.
El sonrió y entró en la oficina, ofreciéndole uno de los jarros de café que llevaba. -Y por supuesto, incontables variaciones de unos y otros.
– Y eso hace que no tenga un nombre. Puede ser un trabajo, la forma en que lo hizo. Cristo, conseguí este ángulo de una drogadicta perdida llamada Loopy.
– Hay una lógica en ésto. El hombre hueso, el hombre oveja. Digo que estás en la senda correcta.
– Una senda grande y jodida. Aún separando los hombres con casamientos múltiples, de los cincuenta hasta lo setenta y cinco, tengo unos diez mil sólo en el área metropolitana. Puedo separarlos otra vez con los recursos financieros, pero es demasiado para cubrir.
– Cual es tu plan?
– Separarlos otra vez siguiendo la teoría de que Pettibone fue considerado ocho o diez años atrás. Si su próximo objetivo estaba en carrera entonces, voy a buscar entre los hombres que estaban exitosamente establecidos en la ciudad diez años atrás. Luego espero que Julianna no tenga prisa.
Ordenó a la computadora empezar un nuevo listado usando ese criterio, y tomó luego un sorbo despreocupado de café. -Adonde vas a ir hoy?
El sacó un disco de su bolsillo. -Mi agenda de los próximos cinco días. Te voy a actualizar de cualquier cambio.
– Gracias. Ella lo tomó, y luego levantó la mirada hacia él. -Gracias. -repitió. -Roarke, no debería haberla tomado contigo anoche. Pero eres un maldito manipulador.
– Es ciento. La próxima vez que te pongas borracha y hosca, sólo te daré una bofetada.
– Supongo que es justo. -se hizo atrás cuando él se inclinó hacia ella. -No me lavé todavía. Hice unos ejercicios rápidos mientras se compilaban las listas.
– Unos ejercicios suena perfecto.
– Tú ya estás vestido. -dijo ella cuando él la tomó de la mano y fue hacia el elevador.
– Lo maravilloso de las ropas es que puedes ponértelas o sacártelas tan a menudo como quieras. -El se volvío, sacándole su camiseta sudada cuando estuvieron en el elevador. -Ves?
– Tenemos invitados en casa vagando por todo el lugar. -le recordó ella.
– Entonces cerraremos la puerta. -Sus hábiles manos avanzaron y se cerraron sobre sus pechos. -Y haremos un ejercicio rápido y privado.
– Bien pensado.
Mientras Eve estaba terminando su muy satisfactorio programa de ejercicios con el nado, Henry Mouton cruzó los relucientes pisos de mármol de Mouton, Carlston y Fitch, abogados.
Tenía sesenta y dos años, el aspecto apuesto y atlético de una estrella de cine, y uno de las mejores corporaciones de abogados de la Costa Este.
El caminaba con un propósito. Vivía con un propósito. En los cerca de treinta años que llevaba de abogado, había llegado a su oficina precisamente a las siete en punto, cinco días a la semana. Esa rutina no se había alterado cuando estableció su propia firma veintitrés años atrás.
– Un hombre que se había hecho a si mismo, como a Henry le gustaba decir, tenía trabajos en progreso. Y trabajo era la palabra clave.
El amaba su trabajo, amaba escalar la resbaladiza y enmarañada viña de la ley.
Enfocaba su vida en la misma forma en que enfocaba su trabajo. Con dedicación y rutina. Mantenía su salud, su cuerpo, y su mente con ejercicios habituales, una buena dieta y exposición a la cultura. Tomaba vacaciones dos veces al año, por precisamente dos semanas en cada ocasión. En febrero, seleccionaba un lugar de clima cálido, y en agosto el destino era un lugar interesante donde museos, galerías y teatros fueran ofrecidos en abundancia.
El tercer fin de semana de cada mes, se iba a una casa en la orilla de los Hamptons.
Alguien dijo que era rígido, incluyento a sus dos ex exposas, pero Henry pensaba en si mismo como organizado. Como su actual esposa era casi tan detallista y rutinariamente orientada como él, el mundo de Henry estaba en perfecto orden.
El piso principal de Mouton, Carlston y Fitch era como una gran catedral, y a las siete de la mañana, tan tranquila como una tumba.
Caminó derecho hacia su oficina en la esquina del edificio, con su vida de nido de águila de toda Manhattan. Su escritorio era una perfecta isla rectangular, que tenía encima su equipo de comunicaciones, su set de plumas, un secante nuevo bordeado de cuero color borgoña, y una foto enmarcada en plata de su esposa, la tercera imagen agraciada con ese mismo marco en los pasados veinticuatro años.
Puso su portafolio en el secante, lo abrió, y sacó su libro de memos y el disco de archivos que había llevado a casa con él la noche anterior.
Cuando las transmisiones del conmutador inundaron el cielo a su espalda, Henry cerró el maletín, poniéndolo en la estantería junto a su escritorio para su fácil acceso.
Un leve sonido lo hizo levantar la vista, y frunció el ceño con desconcierto a la pulcramente vestida morocha en su puerta.
– Quien es usted?
– Le pido perdón, Sr. Mouton. Soy Janet Drake, la nueva temporaria. Lo escuché llegar. No pensé que alguien estuviera aquí tan temprano.
Julianna juntó las manos y le ofreció una sonrisa tímida. -No había pensado molestarlo.
– Usted también llegó temprano, Srta. Drake.
– Sí, señor. Es mi primer día. Quería familiarizarme por mi cuenta con la oficina y organizar mi cubículo. Espero que esté todo bien.
– La iniciativa es apreciada aquí. -Atractiva, pensó Henry, educada, ansiosa. -Espera conseguir un trabajo permanente aquí, Srta. Drake?