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Reunion in Death Traducido

Электронная книга - «Reunion in Death Traducido». Краткое содержание книги:

Walter Pettibone lleg? a su casa a las 7:30 p.m. para encontrarse con su familia y un centenar de amigos que le recibieron con el grito de <<?Sorpresa!>>. Era su fiesta de cumplea?os. Y, aunque no ten?a idea de la fiesta que le hab?an organizado, la verdadera sorpresa estaba por llegar. A las 8:45 p.m., una mujer con ojos del color de las esmeraldas y cabello rojo le entreg? una copa de champ?n. Y un sorbo del burbujeante l?quido despu?s… Walter estaba muerto.
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– Dallas? Teniente?

El inquieto temblor en la voz de Peabody la trajo de regreso. No era el momento de perder su foco. No era el momento de recordar.

– Quédate cerca. -repitió Eve y empezó a pasar a través de las máquinas.

La mayoría estaba demasiado concentrada en el juego, en el mundo que habían creado para notar su presencia. Pero otros tenían los instintos demasiado afilados como para no reconocer a un policía. Aunque todas aquellas personas estaban armadas, nadie apuntó en su dirección, por el momento.

Pasó un tubo titulado Látigos y Cadenas donde una mujer, delgada como un palo, llevando anteojos RV, gritaba en éxtasis. El sudor corría por su cuerpo como aceite, sobre la ropa de cuero ajustada, brillando en las cadenas que sujetaban sus brazos y piernas a la consola de su máquina.

– Mira lo que tenemos en la sección derecha. Ahí está Mook.

El también estaba encerrado en un tubo. Desnudo salvo una funda de cuero negro en su miembro y un collar de perro con clavos, su cuerpo de impresionante musculatura temblaba, su garganta luchaba por respirar. Su cabello era una vela dorada, cayendo hasta el hombro, y estaba húmedo de sudor.

Su espalda estaba entrecruzada con marcas de azotes, probando que él no siempre elegía un castigo virtual.

Aunque no era un procedimiento totalmente apropiado, Eve usó su llave maestra para desbloquear el tubo. El cuerpo de él estaba arqueado, sus labios estirados en una mueca de erótico dolor. Eve cortó el interruptor principal y lo dejó a él temblando en el borde.

– Que demonios? -El cuerpo se aflojó, los músculos se estremecieron. -Señorita, por favor. Se lo ruego.

Es señorita teniente para tí, amigo. -Eve le sacó los anteojos. -Hola, Mook. Te acuerdas de mi?

– esta es una cabina privada.

– Bromeas? Y yo que estaba viendo de armar una divertida sesión grupal. Bueno, la próxima vez. Ahora, deja que tu y yo vayamos a algún lugar tranquilo y hablar.

– No tengo que hablar con usted. Tengo derechos. Maldita sea, estaba casi por terminar.

Con algún otro, ella podría haberle dado un rápido jab. Pero Mook, bueno, él lo hubiera disfrutado. -Si te meto adentro, nadie va a lastimarte por las próximas treinta y seis horas. Tú no quieres pasar tanto tiempo sin dolor, no, Mook? Vamos a hablar, luego puedes volver para que Madam Electra te haga, que es? Seis millones de torturas.

El se inclinó, apoyándose en los sujetadores. -Oblígame.

– Quieres que yo te sacuda, Mook? -Ella bajó la voz, en un ronroneo. -Que te fuerce? -Y cuando la excitación lleno la cara de él, se encogió de hombros. -Nop, no si te gusta. Pero puedo darle a tu dominatriz aquí un tiro rápido. No creo que tengan un apuro real en repararla y reemplazar el equipo en este garito.

– No lo hagas! -Su voz chilló en protesta. Moviéndose rápido ahora, el pateó con el pie liberado hasta que los sujetadores saltaron abriéndose. -Porque quieres arruinarme de esta forma?

– Es parte de mi entretenimiento diario. Vamos a una cabina privada, Mook, una sin juguetes.

Ella retrocedió, y cuando él la siguió, vió que la mirada bajaba al bate de Peabody. El arremetió. Peabody lo sacó del cinturón, y lo alcanzó en el centro muerto de su pecho. Su cuerpo se sacudió, bailó, y luego tembló.

– Gracias.

– No lo alientes, Peabody. -Tomando el brazo de Mook firmemente con su mano, ella fue hasta la cabina más cercana. Como estaba ocupada por una pareja de cabezas teñidas en el medio de un trato por ilegales, ella pateó el tubo, sacó su placa. Sacudió el pulgar.

Ellos se deslizaron fuera como si fueran humo.

– Esto es acogedor. -Se sentó dentro. -Vigila la puerta, Peabody, y mantengamos esto rápido y privado. Quien está en el negocio del veneno en estos días, Mook?

– No soy tu comadreja.

– Un hecho que siempre me trae gozo y alegría. Como lo es el hecho de que puedo ponerte en encierro solitario por treinta y seis horas durante cada momento de tu vida para que no vivas el infierno que conoces y amas. El Reverendo Munch está muerto como Hitler, Mook, y también todos sus alegres muchachos, excepto tú.

– Yo testifiqué -le recordó él. -Le dí a los Feds toda la información.

– Si, lo hiciste. Que pareciera como un suicidio masivo era sólo un poco sobre el tope aún para alguien como tus particulares apetitos. Pero nunca les dijiste quien proveyó ese cóctel de curare y cianuro que el reverendo mezcló con limonada para su congregación.

– Yo estaba bajo en la cadena de alimentación. Les dije lo que sabía.

– Y los FBI quedaron satisfechos. Pero sabes que? Yo no. Dame un nombre, y me iré fuera de tu enferma y lastimosa vida. Si no me das algo, Voy a venir aquí abajo, o a cualquier pozo negro que trates de frecuentar, cualquier maldito día. Cada día, interrumpiendo tus juegos de sadomasoquismo hasta que los orgasmos sean sólo un amado y distante recuerdo para ti. Cada vez que trates de librarte, hacerte golpear, voy a estar ahí arruinando la diversión. Vamos, Mook, hizo que… más de diez años desde que el culto se liquidó a si mismo. Que te preocupa?

– Yo estaba chupado. Tenía el cerebro lavado…

– Si, si, blah, blah. Quien llevó el veneno?

– No sé quien era él. Sólo lo llamaban el doctor. Lo ví una vez. Un tipo escuálido. Viejo.

– Raza?

– Blanco como el pan, de punta a punta. Me imagino que él tomaba la mierda, también.

– Lo hacía?

– Mira. -Mook miró alrededor, y a pesar de que estaban en un tubo, bajó la voz. -La mayoría de la gente no recordaban lo que habían hecho después de tomar eso, no sabían nada. Gente que descubri cuando yo estaba en la Iglesia del Futuro, sacan todo lo raro afuera.

Ella miró alrededor también, oyendo los alaridos, los cuerpos retorcidos. -Oh si, puedo ver cuanta gente actuando raro es una preocupación mayor para ti. Suéltalo.

– Cuanto vale?

Eve sacó veinte créditos, lanzándolos sobre la mesa del tamaño de una uña.

– Mierda, Dallas, eso no me compra una hora de RV. Dame una brecha.

– Tómalos. O déjalos y dejamos de ser tan amistosos y vamos a la Central. No vas a ver a Madam Electra y sus numerosas exquisitas torturas por treinta y seis horas, mínimo.

El miró con tristeza, sentado ahí con su collar de perro con clavos. -Porque debes ser una puta?

– Mook, Me hago a mi misma esa misma pregunta cada mañana. Nunca he dado con una respuesta satisfactoria.

El levantó los veinte y los guardó en la funda de su miembro. -Quiero que recuerdes que te ayudé.

– Mook, como podría olvidarte nunca?

– Bien. -el miró alrededor, a través del vidrio ahumado de la cabina. Lamió sus labios. -Ok, bien. Nadie va a saber de mi sobre esta mierda, no?

– Ni una cosa.

– Bueno, mira… Yo le dije todo a los FBI, total cooperación.

– Apúrate, Mook. Tengo una vida a la que regresar también.

– Te lo estoy diciendo. Yo estaba cooperando, y estaba dando nombres y más nombres. Pero lo ví a él afuera, detrás de las barricadas en la iglesia cuando empezaron a arrastrar cuerpos afuera. Hombre, eso era como un teatro, cierto. Tú estabas ahí.

– Si, estaba ahí.

– Entonces… él me miró.

Serio ahora y un poco estremecido, se inclinó dentro. -Un tipo atemorizante, todo pálido y espeluznante. Y yo, no quise salir para que me diera algún veneno. Yo diría que él sabía que yo iría con los policías en vez de seguir adelante con la promesa. Entonces tenía que cubrirme, no? Así que lo dejé fuera. Cual es es gran problema?

– Así que está vivo?

– Lo estaba hace diez años. -Mook encogió sus enormes hombros. -Nunca lo ví otra vez, y estaba bien para mi. No lo conozco. -insistió Mook- Lo juro sobre mi miembro.

– Y ese es un juramento solemne-

– Si, lo es. -complacido de que ella hubiera comprendido, él asintió rápido. -Creo haber escuchado hablar sobre que había sido un verdadero doctor, pero lo habían pateado fuera del club. Y que era jodidamente rico y jodidamente loco.

– Dame un nombre.

– No lo conocí. Es cierto, Dallas. El nivel de esclavo no tenía permitido hablar con nadie por sobre el rango de soldado.

– Necesito más.

– No puedo darte más. Era un tipo viejo y loco. Parecía un maldito cadáver. Escuálido, con aspecto de enfermo, siempre alrededor y susurrando con Munch todo el tiempo. Miraba fijo a través de ti como si no tuvieras huesos. Los tipos lo llamaban Doctor Destino. Es todo lo que se sobre eso. Vamos, es todo lo que se sobre eso. Quiero regresar a mi juego.

– Si, vuelve a tu juego. -Pero cerró una mano sobre su muñeca cuando él empezó a levantarse. -Y si descubro que sabes más y no me lo dijiste, voy a venir por ti, te voy a meter adentro y encerrarte en una habitación llena de almohadas blandas, colores pastel y música vieja y mohosa.

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