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El fin de la infancia

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El fin de la infancia
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Finalmente se decidió al pensar que, si desdeñaba esta increíble oportunidad, nunca se lo perdonaría a sí mismo. Se pasaría el resto de la vida lamentándose en vano, y no podía haber nada peor.

La respuesta de Sullivan llegó horas más tarde, y Jan comprendió que su suerte estaba echada. Lentamente, pues había aún mucho tiempo, comenzó a ordenar sus asuntos.

Querida Maia (comenzaba la carta): Esto va a ser — para decirlo con suavidad — una verdadera sorpresa para ti. Cuando recibas esta carta, ya no estaré en la Tierra. Con eso no quiero decir que habré ido a la Luna, como tantos otros. No. Estaré en viaje hacia la morada de los superseñores. Seré el primer hombre que haya dejado el sistema solar.

Le daré esta carta al amigo que me está ayudando; la guardaré hasta estar seguro de que mi Plan ha tenido éxito — en su primera fase, por lo menos —, y — entonces ya será muy tarde como para que los superseñores intervengan. Estaré tan lejos, y viajando a tal velocidad, que no creo que algún mensaje pueda alcanzarme. Aunque así ocurriera, me parece difícil que la nave pueda volver. Y no creo tampoco que yo sea tan importante.

Ante todo, déjame explicarte qué me ha llevado a esto. Tú sabes que siempre me ha interesado la astronáutica, y que siempre he sentido cierta desilusión por no habérsenos dejado visitar otros planetas o aprender algo de la civilización de los superseñores. Si no hubiesen intervenido, hubiésemos llegado a Marte y a Venus por este entonces. Admito que es igualmente probable que nos hubiésemos destruido con bombas de cobalto y las otras armas globales que estaba desarrollando el siglo veinte. Sin embargo, a veces deseo que hubiésemos tenido la oportunidad de arreglárnoslas solos.

Probablemente los superseñores tenían sus razones para no dejarnos salir de la cuna, y probablemente esas razones son excelentes. Pero aunque yo las conociera dudo que eso cambiase mis sentimientos o mis actitudes.

Todo comenzó realmente en aquella fiesta, en casa de Rupert. (No sabe nada de todo esto, aunque fue quien me enseñó el camino.) Recordarás aquella tonta sesión que preparó Rupert y cómo todo terminó cuando la muchacha — he olvidado su nombre — cayó desmayada. Pregunté de qué estrella venían los superseñores y la respuesta fue «NGS 549672». Yo no esperaba ninguna respuesta, y hasta entonces me había tomado el asunto en broma. Pero cuando comprendí que se trataba del número de un catálogo estelar, decidí buscarlo. Encontré que la estrella está en la constelación Carina… y sabemos, por lo menos, que los superseñores vienen de esa dirección.

No pretendo comprender cómo esa información llegó hasta nosotros, o dónde se originó. ¿Leyó alguien la mente de Rashaverak? Aunque hubiese ocurrido así, es difícil creer que Rashaverak conociese el número de referencia de su sol en uno de nuestros catálogos. Es un verdadero misterio, y dejo su resolución a gentes como Rupert, ¡si pueden resolverlo! Me contento con tener la información, y con actuar de acuerdo con ella.

Sabemos bastante, gracias a nuestras observaciones, acerca de la velocidad de esas grandes naves. Dejan el sistema solar con aceleraciones tan tremendas que se acercan a la velocidad de la luz en menos de una hora. Eso significa que los superseñores deben de poseer algún sistema de propulsión que actúa por igual sobre todos los átomos de la nave, pues si no todo se haría pedazos a bordo, instantáneamente. Me pregunto por qué emplearán esas aceleraciones tan colosales cuando disponen de todo el espacio y podrían ir aumentando lentamente su velocidad. Quizá puedan aprovechar de algún modo los campos de energía que rodean los astros, y tienen que partir o detenerse mientras se encuentran cerca de algún sol. Pero esto no interesa…

Lo importante es que he averiguado a qué distancia se encuentra el punto de destino, y cuánto tiempo lleva el viaje. NGS 549672 está a cuarenta años-luz de la Tierra. Las naves de los superseñores alcanzan a más del 99 % de la velocidad de la luz, así que su viaje debe de durar cuarenta años de los nuestros. De los nuestros: ésa es la cuestión.

Como ya sabrás, cuando uno se acerca a la velocidad de la luz ocurren cosas muy raras. El tiempo mismo comienza a fluir con un ritmo diferente, de modo que los meses terrestres no son más que días en esas naves. El efecto es fundamentaclass="underline" fue descubierto por el gran Einstein hace más de cien años.

He hecho algunos cálculos basados en lo que sabemos acerca de la nave interestelar de los superseñores, y utilizando los resultados firmemente establecidos de la teoría de la relatividad. Desde el punto de vista de los pasajeros situados en esa nave el — viaje a NGS 549672 no durará más de dos meses, aunque para la Tierra hayan pasado cuarenta años. Sé que es una paradoja, pero, si esto te sirve de consuelo, ha preocupado a los mejores cerebros del mundo desde que Einstein anunció su teoría.

Quizá este ejemplo logre mostrarte lo que puede pasar, y aclararte la situación. Si los superseñores me devuelven en seguida a la Tierra, llegaré a casa cuatro meses más viejo. Pero en la Tierra habrán pasado ochenta años. Así que comprenderás, Maia, que de cualquier modo, esto es una despedida… Pocos lazos me atan aquí, como lo sabes muy bien, así que puedo irme sin remordimientos. Aún no se lo he dicho a nuestra madre; se pondría histérica, y yo no podría aguantarlo. Es mejor de este otro modo. Aunque he tratado de acercarme a ella desde la muerte de papá… oh, no es necesario que empecemos de nuevo.

He terminado mis estudios y les he dicho a las autoridades que me voy a Europa por razones de familia. No tienes pues por qué preocuparte.

A esta altura creerás que estoy loco, ya que parece imposible que alguien pueda meterse en una nave de los superseñores. Pero he encontrado cómo hacerlo. No ocurre muy a menudo, y es posible que no ocurra otra vez, pues tengo la seguridad de que Karellen no volverá a cometer el mismo error. ¿Conoces la leyenda del caballo de madera que llevó a unos soldados griegos al interior de Troya? Pero hay un episodio en el Antiguo Testamento que se parece más aún…

— Estará usted indudablemente mucho más cómodo que Jonás — dijo Sullivan —. No creo que hubiese tenido luz eléctrica y servicios sanitarios. Pero usted necesitará bastantes provisiones y veo aquí que quiere llevar oxígeno. ¿Cómo meter oxígeno para dos meses en un espacio tan pequeño?

Sullivan golpeó con un dedo los cuidadosos dibujos que Jan había dejado sobre la mesa. El microscopio servía de pisapapeles en uno de los extremos; en el otro se veía el cráneo de algún pez inverosímil.

— Espero que el oxígeno no sea muy necesario — dijo Jan —. Sabemos que los superseñores pueden respirar nuestra atmósfera, pero no parece gustarles mucho y quizá yo no pueda utilizar el aire de la nave. En cuanto a las provisiones, el uso de narcosamina solucionará el problema. Es perfectamente segura. Cuando estemos en camino, me tomaré una dosis que me dormirá por unas seis semanas, días más o menos. Por ese entonces no faltará mucho para llegar. No es tanto el oxígeno o la comida lo que me preocupa, sino el aburrimiento.

El profesor Sullivan asintió pensativamente con un movimiento de cabeza.

— Sí, la narcosamina es bastante segura, y sus efectos pueden ser calculados con cierta exactitud. Pero recuerde que tendrá que dejar bastante comida a mano. Se sentirá muerto de hambre al despertar, y tan débil como un gato recién nacido. ¿Y si se muere de hambre por no tener fuerzas para manejar un abrelatas?

— He pensado en eso — dijo Jan, un poco molesto —. Me alimentaré con azúcar y chocolate.

— Muy bien. Me alegra ver que ha estudiado a fondo el problema y que no piensa que al fin y al cabo siempre puede echarse atrás, si no le gusta el cariz que toma el asunto. Es usted el que se juega la vida; no me gusta sentir que estoy ayudándolo a suicidarse. Sullivan alzó pensativamente el cráneo de pescado. Jan puso la mano sobre los dibujos para evitar que se enrollaran.

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Главный герой
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