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Reunion in Death Traducido

Электронная книга - «Reunion in Death Traducido». Краткое содержание книги:

Walter Pettibone lleg? a su casa a las 7:30 p.m. para encontrarse con su familia y un centenar de amigos que le recibieron con el grito de <<?Sorpresa!>>. Era su fiesta de cumplea?os. Y, aunque no ten?a idea de la fiesta que le hab?an organizado, la verdadera sorpresa estaba por llegar. A las 8:45 p.m., una mujer con ojos del color de las esmeraldas y cabello rojo le entreg? una copa de champ?n. Y un sorbo del burbujeante l?quido despu?s… Walter estaba muerto.
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– Usted no puede sentarse aquí y acusarme de tener una relación sexual con un cliente.

– Cliente, por Cristo. Ese término políticamente correcto está empezando a joderme. No te estoy acusando, Otto. -Eve se inclinó hacia él. -S´ñe que jodiste con ella. Realmente no me importa una mierda, y no estoy interesada en reportar este hecho a tus superiores. Ella es una herramienta de trabajo y jugar contigo debe haber sido un juego de niños. Debes sentirte agradecido de que ella te necesitara para ayudarla a salir, y no quisiera tu muerte.

– Ella pasó las pruebas. -dijo y su voz tembló. -No hizo trampas. Su pizarra está limpia. Yo le creí. No soy el único que le creyó, así que no me tire esto encima. Tenemos gente rezumando odio aquí cada día, y la ley dice que si ellos no rompen sus obligaciones de palabra, tenemos que devolverlos a la sociedad. Julianna no era así. Ella era… diferente.

– Sí. -Disgustada, Eve se puso de pie. -Ella es diferente.

El primer respiro de aire fresco en el día llegó en un abarrotado y sucio comedor que olía malamente a comida frita. El lugar estaba saturado de policías, y a través de una pequeña mesa, el teniente Frank Boyle y el capitán Robert Spindler se embutían sandwiches de pavo del tamaño de Hawaii.

– Julianna. -Spindler quitó una mancha de mayonesa condimentada de su labio superior. -La cara de un ángel, el alma de un tiburón. Posiblemente la puta más fría que conocí.

– Te estás olvidando de mi primera esposa. -le recordó Boyle. -Cuesta creer que estemos de vuelta aquí, nosotros cuatro, casi diez malditos años después. -Boyle tenía una alegre cara irlandesa, hasta que le mirabas los ojos. Eran duros y llanos, y un poco atemorizantes.

Eve pudo ver los signos de demasiada bebida, demasiadas preocupaciones en la roja hinchazón de su mandíbula, la ácida curvatura de su boca.

– Pusimos antenas. -continuó Spindler, -Alimentamos los medios, tocamos sus viejos contactos. No conseguimos nada nuevo. -El mantenía su aspecto, el pelocorto como un militar, delgado, autoritario. -No tenemos nada de ella, nada que indique que está metiéndose en nuestro camino. Fui a revisar su libertad condicional. -continuó- Hice un intento personal al que ella se negó. Traje el archivo de los casos, documentación. Los tengo aquí mismo. Ella estaba sentada, como una perfecta dama, los ojos bajos, las manos unidas, el leve brillo de lágrimas. Si yo no hubiera sabido lo que era, me habría creído la actuación.

– Saben algo sobre la adicta que estaba con ella? Lois Loop?

– No me suena. -dijo Spindler.

– Era la mascota de Julianna, mejor dicho, la esclava. Lo que sea. Estaba empezando a divagar cuando la entrevisté. Le saqué alguna información, pero puede tener más. Tal vez tú puedas trabajarla otra vez. Me dijo que Julianna había ido a New York para ver el hombre hueso. Pettibone. Y hay un hombre oveja. Puedes pensar en alguien que encaje en su objetivo stardard y que tenga oveja en su nombre?

Tanto Boyle como Spindler sacudieron sus cabezas. -Pero podemos buscar por ahí. -prometió Spindler. -Ver que salta.

– También hay un vaquero y el tipo de Dallas.

– Suena como si estuviera pensando en volver a Texas y cobrársela a su padrastro. -Boyle tomó otro enorme bocado de su sandwich. -a menos que tú seas Dallas y ella esté apuntando a tu amigo.

Eve ignoró el retortijón en su estómago. -Sí, eso va a ocurrir. Vamos a notificar a la policía de Dallas. Yo puedo cuidar a mi propio amigo. New L.A. y Denver son otras de las ciudades que Loopy recordaba. Apostaría a que si su mente estuviera clara, recordaría más.

– Puedo hacerle una pasada. -Boyle miró a Spindler. -Si estás de acuerdo…Capitán.

– Adoro que me recuerdes que tengo las barras. No es mucho más lo que podemos hacer por ustedes. Francamente, me gustaría ver que la atrapas en New York. Me voy a perder la fiesta, pero maldito si no quiero que ella caiga de nuevo en Dockport.

Ella estaba de regreso en New York para las cinco y optó por ir a casa en vez de volver a la Central. Podía trabajar ahí y asegurarse personalmente de la seguridad de Roarke.

El no encajaba en el perfil del objetivo, se recordó a si misma. Era demasiado joven, no tenía ex esposa. Pero tenía una esposa que había jugado un buen papel metiendo a Julianna dentro.

Casi había llegado a casa cuando dio unn impulsivo giro y se dirigió a lo de la Dra. Mira.

Estacionó en la zona de descarga a media cuadra, compuso un aspecto oficial, y luego corrió hacia el digno y antiguo edificio de piedra. Había flores en suave rosa y blanco en macetas azúl pálido alegrando la entrada. Una puerta más allá una mujer sacó un enorme perro con largo pelo dorado decorado con lazos rojos. Le envió a Eve un amistoso ladrido, y luego se deslizó en la misma forma que su dueña como si estuvieran en un desfile.

En el otro lado, un trío de chicos irrumpieron fuera, ululando como maníacos. Cada uno de ellos cargaba un fluorescente aero patín y se deslizaron calle abajo por la vereda como cohetes fuera de una base de lanzamiento.

Un hombre en traje de negocios con un enlace personal colocado en su oreja trató de eludirlos limpiamente, pero prefirió antes que gritar o sacudir un puño detrás de ellos, emitir una risita, y mientras seguía hablando se volvió hacia la puerta de otra casa.

Otro lado más de New York. -penso Eve. El amistoso vecindario de clase alta. Era muy probable que la gente realmente conociera el nombre de cada uno en esa cuadra. Se juntarían para compartir cócteles, llevarían rebaños de hijos o nietos hacia el parque en grupos, y se pararían a conversar en la puerta de calle.

Era exactamente el tipo de lugar que concordaba con la Dra. Charlotte Mira.

Eve volvió hacia la puerta, tocó la campana. Luego inmediatamente cambió de idea. No tenía que llevar asuntos desagradables al hogar de Mira. Retrocedió, pensando retractarse, cuando la puerta se abrió.

Reconoció al esposo de Mira a pesar de que ellos no habían tenido contacto personal. Era alto y campechano, una especie de amistoso espantapájaros con un cardigan holgado y arrugas flojas. Su cabello era color peltre, en una salvaje e interesante maraña alrededor de una cara larga que era de alguna forma erudita e inocente.

Cargaba una pipa, y su sweater estaba mal abotonado.

El sonrió, y sus ojos, del color de la hierba de invierno, desconcertaban. -Hola. Como está usted?

– Ah. Bien. Lo siento, Sr. Mira, no debería molestarlo en su casa. Yo sólo iba a…

– Usted es Eve. -Su rostro se aclaró, cálido. -Déme un minuto. Reconocí su voz. Pase, pase.

– En realidad, yo debería…

Pero él se estiró, la aferró de la mano, y tiró de ella hacia la puerta. -No me había dado cuenta de que usted iba a venir. No puedo seguir la senda. Charlie! -Gritó hacia los escalones. -Tu Eve está aquí.

La protesta murió en la garganta de Eve ante la idea de que la elegante Mira fuera llamada Charlie.

– Venga a sentarse. Creo que estaba preparando bebidas. Mi mente divaga. La vuelvo loca a Charlie.

– Estoy interrumpiendo. Puedo ver a la Dra. Mira mañana.

– Sí, aquí está el vino. Estaba seguro de que lo había traído. Lo lamento, no puedo evitarlo. La esperábamos a cenar?

El aún sujetaba su mano, y ella no pudo encontrar una forma educada de liberarla. Y él estaba sonriéndole con tan amigable confusión y humor, que ella se sintió un poquito enamorada.

– No, ustedes no me esperaban para nada.

– Entonces que bonita sorpresa.

CAPITULO 8

Antes de que ella pudiera responder, Mira apareció y Eve experimentó todavía otro Shock al ver a la generalmente elegante Mira en una camiseta talla extra grande y pantalones ajustados negros. Los pies descalzos, las uñas pintadas de un bonito rosa caramelo.

– Dennis? Quien dijiste que…Oh, Eve.

– Lo lamento. No debería estar aquí. Estaba camino a mi casa y yo… me disculpo por molestarla en su hogar. Yo sólo, ah, la voy a contactar en su oficina en la mañana.

Era raro, pensó Mira, ver a Eve nerviosa. -No nos has molestado en absoluto. Vamos a tomar vino, Dennis?

– Vamos a tomar? -El miró confundido otra vez, luego se fijó en la botella en su mano. -Oh. Si, vamos a tomar. Traeré otro vaso.

– No, por favor. No se moleste. No debería estar aquí. Debo irme.

– No seas tonta. -Mira le sonrió. -Siéntate. Si estás en una misión, podemos ofrecerte algo más ligero que vino.

– No, estoy fuera, pero…

– Bien. -Ella cruzó la habitación, deteniéndose para reabotonar el cardigan de su esposo con tan simple intimidad que hizo que Eve se sintiera más como una intrusa que si ellos hubieran intercambiado un húmedo y descuidado beso. Mira eligió otro vaso para si misma de un gabinete, y luego simplemente puso una mano en el hombro de Eve para empujarla hacia una silla.

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