Lo que hice por amor
- Автор: Филлипс Сьюзен Элизабет
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Lo que hice por amor». Краткое содержание книги:
¿Qué debería hacer una actriz para mejorar su suerte? Desde luego, NO sería ir a Las Vegas, NO sería escaparse con su detestable pareja televisiva, el macizo tío bueno, Bramwell Shepard… y NO debería verse envuelta en medio de un ridículo incidente que la lleva a ser la protagonista de una desastrosa huída. Antes de saber cómo, Georgie disfruta de un matrimonio falso, de un marido falso, y tal vez (o quizá no) de sexo falso.
Es una lucha a muerte contra los paparazzi y Georgie no tiene la suerte de su lado. Ahí están la terrorífica ama de llaves de Bram; el insistente padre de Georgie; el agente más pelota del mundo; ese frío directivo de los estudios; ¡y la nueva esposa de su ex marido, una pacifista internacional que bien podría ser merecedora de ese estúpido premio, el Nobel de la Paz!
Por lo que respecta al hombre de Georgie… Bram, es su ángel de ojos azules y retorcido corazón negro, que jamás se ha preocupado de nadie más que de sí mismo. Bueno, da el pego como hombre enamorado… gracias al medio millón de dólares que ella le paga.
Es oficial. Se ha casado con el diablo. ¿O no?
Son dos enemigos trabajando sin guión bajo los brillantes focos del plató… allí donde las emociones más fuertes pueden llevar sorprendentes disfraces.
– No pienso celebrar un espectáculo de reencuentro de Skip y Scooter -declaró-. Me he pasado ocho años intentando escapar de la sombra de Scooter y no pienso recaer en lo mismo.
– Si de verdad hubieras querido escapar de la sombra de Scooter, no habrías rodado todas esas lamentables comedias románticas.
– No hay nada malo en las comedias románticas.
– Pero sí que lo hay en las comedias románticas malas. Y no se puede decir que las tuyas fueran Pretty Woman ni Jerry Maguire, cariño.
– Yo odiaba Pretty Woman.
– Pues la audiencia no. Por otro lado, el público sí que odió Gente guapa y Verano en la ciudad. Y no he oído nada bueno acerca del proyecto que acabas de terminar.
– Es tu carrera la que está en el retrete, no la mía. -Lo que sólo era parcialmente cierto, pues Concurso de baile no se emitiría hasta el invierno siguiente-. No conseguirás arrastrarme al fango contigo.
Sonó el teléfono del escritorio. Bram miró la pantalla y contestó.
– ¿Sí?… De acuerdo… -Colgó y rodeó el escritorio con la copa en la mano-. Era Chaz. Arréglate el maquillaje. Ha llegado la hora de lucirse ante la prensa.
– ¿Desde cuándo te preocupa lucirte ante alguien que no sea una mujer tonta?
– Desde que me he convertido en un respetable hombre casado. Nos vemos en la puerta principal dentro de quince minutos. No olvides aplicarte el pintalabios que no mancha.
– No te preocupes, lo recordaré. -Se levantó del sofá y pasó junto a él-. ¡Ah, y todo aquel rollo que me soltaste acerca de la carta del poder! Todo un ejemplo de autoengaño…
Georgie hizo un gesto despectivo con la mano y se dirigió hacia la casa.
Cuando terminó de retocarse el maquillaje, ahuecarse el pelo con los dedos y ponerse un vestido verde menta de encaje de Marc Jacobs, percibió un aroma a algo recién horneado que subía por las escaleras. El estómago le crujió. No recordaba la última vez que había tenido tanta hambre. Bram la estaba esperando en el vestíbulo con Chaz, quien lo miraba como si fuese el Rey Sol.
Georgie se puso al lado de su marido y él le rodeó los hombros.
– Chaz, asegúrate de que Georgie tiene todo lo que necesita.
La chica respondió con una amabilidad que podía convencer a Bram, pero que Georgie no se tragó ni por un instante.
– Sea lo que sea lo que necesites, sólo tienes que pedírmelo, Georgie.
– Gracias. De hecho, hoy apenas he comido nada y no me importaría…
– Luego, cariño. Ahora tenemos trabajo. -Bram la besó en la frente y se volvió para coger una de las dos bandejas llenas de galletas caseras que Chaz sostenía-. Chaz ha cocinado estas galletas para nuestros amigos de la prensa. -Le entregó la bandeja a Georgie y cogió la otra-. Se las ofreceremos y posaremos para las fotos.
Lo que más les gustaba a los de la prensa era la comida gratis. La idea era fantástica y Georgie deseó que se le hubiera ocurrido a ella. Bram abrió la puerta y la dejó pasar primero.
– Hasta que coloquen la verja, he contratado un servicio de seguridad -dijo-. Estoy seguro de que no te importará pagar tu parte de la factura.
– ¿Y cuál es mi parte?
– Toda. Es lo justo, ¿no crees?, ya que yo te proporciono un techo.
– Si al menos incluyeras algo de comida debajo de ese techo…
– ¿No puedes pensar en otra cosa que no sea comer?
– En este momento no.
Georgie cogió una galleta de su bandeja y le dio un buen mordisco. Todavía estaba caliente… y deliciosa.
– No hay tiempo para esto. -Bram le quitó el resto de galleta y se lo metió en la boca-. ¡Joder, qué buenas están! Chaz cocina cada día mejor.
Georgie vio cómo la galleta le bajaba por el gaznate. Durante un año, todo el mundo la había presionado para que comiera, y ahora que tenía hambre él le quitaba la comida. Eso le provocó aún más hambre.
– ¡Pues yo no tengo modo de saberlo!
El final del camino que conducía a la casa apareció a la vista, y también los fornidos guardas de seguridad que había allí apostados. Varias docenas de paparazzi y algunos miembros de la prensa legítima se agolpaban ruidosamente en la calle. Georgie los saludó alegremente con la mano. Bram se la cogió y, con los dedos entrelazados y las galletas, se dirigieron hacia allí. Los paparazzi empezaron a «soltarles manguerazos», un término desagradable que describía la agresiva toma de fotografías a los famosos.
– ¡Si jugáis limpio, posaremos para vosotros! -gritó Bram-. Pero si alguien se acerca demasiado a Georgie, nos largaremos. Lo digo en serio. Que nadie se acerque a ella.
Georgie se emocionó, pero se acordó de que Bram estaba representando el papel de esposo protector y enseguida regresó al mundo de la cordura.
– ¡Nosotros siempre jugamos limpio, Bram! -gritó una reportera por encima del barullo.
A continuación empezaron a dispararles preguntas incluso antes de que Bram pasara las bandejas a los guardias de seguridad para que repartieran las galletas. ¿Cuándo se habían enamorado? ¿Dónde? ¿Por qué ahora, después de tantos años? ¿Qué había sido de su mutuo resentimiento? Una pregunta seguía a la otra.
– Georgia, ¿te has casado por despecho a Lance?
– Todo el mundo dice que estás anoréxica. ¿Es cierto?
Ambos eran auténticos profesionales manejando a la prensa y sólo contestaron las preguntas que quisieron.
– ¡La gente opina que todo esto es un ardid publicitario! -exclamó Mel Duffy.
– Uno finge una cita por publicidad -replicó Bram-, pero no se casa. De todas maneras, la gente puede opinar lo que quiera.
– Georgie, se rumorea que estás embarazada.
– ¿De verdad? -El comentario le dolió, pero se hizo la graciosa y se dio unos golpecitos en la barriga-. ¿Hola? ¿Hay alguien ahí?
– Georgie no está embarazada -explicó Bram-. Cuando lo esté, os lo comunicaremos.
– ¿Vais a viajar a algún lugar de luna de miel? -preguntó un reportero con acento británico.
Bram acarició la espalda de su esposa.
– Cuando llegue el momento.
– ¿Habéis decidido adónde iréis?
– A Maui -contestó él.
– A Haití -contestó ella.
Se miraron y ella se puso de puntillas y le dio un beso en la mejilla.
– Bram y yo queremos utilizar toda esta locura de medios para llamar la atención sobre la difícil situación de la gente pobre.
No estaba muy informada acerca de Haití, pero sí sabía que en aquel país había pobreza y, además, estaba mucho más cerca que Tailandia y Filipinas, que era donde Lance y Jade estaban realizando sus buenas obras.
– Como veis, todavía lo estamos decidiendo -comentó Bram.
Y sin más abrazó a Georgie y le dio el apasionado beso que la prensa estaba esperando. Ella realizó todos los movimientos de respuesta adecuados, pero estaba cansada, hambrienta y atrapada en los brazos de su enemigo más ancestral.
Al final se separaron y Bram se dirigió a los reporteros mientras miraba a Georgie con el ardor de un amante.
– Estamos encantados de que os quedéis por aquí, pero os aseguro que esta noche no iremos a ninguna parte.
Georgie intentó ruborizarse, pero era pedir demasiado. ¿Algún día conseguiría saber qué había pasado en aquella habitación de hotel en Las Vegas? No había visto ninguna prueba de que hubieran hecho el amor, pero los dos estaban desnudos, lo que, en su opinión, era una prueba bastante fiable.