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Proteo desencadenado [Proteus Unbound - es]

Электронная книга - «Proteo desencadenado [Proteus Unbound - es]». Краткое содержание книги:

En el siglo XXII, la combinación de una bio-realimentación potenciada por ordenador con unas nuevas técnicas de quimioterapia ha permitido al ser humano no sólo curarse (eliminando la profesión médica), sino también alterar a voluntad su forma física. La alteración física, sin embargo, presenta aspectos oscuros, y la Agencia de Control de Formas que dirige Behrooz Wolf tiene la misión de impedir que formas ilegales o peligrosas se difundan.
Mientras investiga proyectos de apariencia siniestra, Wolf encuentra pistas que lo conducen al mensaje legado hace millones de años por una especie extraterrestre. Más tarde, la recurrente imagen mental de un misterioso Bailarín le llevará a enfrentarse con los rebeldes que, desde el espacio exterior, se oponen al poder de la Tierra. Razones más que suficientes para replantear lo que significa ser humano precisamente en una época en la cual los humanos adquieren cualquier forma física si lo desean y cuando el nuevo Test de Humanidad resulta esencial para identificar a los miembros de la propia especie.
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Y a pesar de su enorme superioridad numérica, veinte mil millones nunca podrían controlar a los escasos e infinitamente dispersos habitantes de la Nube, que escapaban constantemente hacia fuera, siempre más y más lejos del Sol. Ningún miembro de la Federación Espacial Unida podría soportar el frío espacio abierto de la Nube.

La guerra era insensata. Y sin embargo la guerra se acercaba cada vez más. Su presencia podía verse y palparse en los furiosos rostros de la gente de las Cosechadoras, en el acopio de suministros alimentarios y de metales, en la falsa confianza y seguridad de los discursos gubernamentales, y en las tensas notas de advertencia que volaban entre los Sistemas.

Cinnabar Baker lo palpaba más que nadie. Era oficialmente responsable del funcionamiento y mantenimiento de las Cosechadoras, pero ese puesto conllevaba un deber adicional como jefa del Sistema de Seguridad. Eso hacía que Baker, la más joven de las tres personas que gobernaban la Nube, fuera también la más poderosa.

Un par de miles de miembros del personal a sus órdenes enviaban informes oficiales desde sus emplazamientos en la Nube. El doble de ese número, dispersos por el Sistema Interior y el Halo, constituían la red de información no oficial de Baker. Si alguien estornudaba en Ceres, y ese estornudo pudiera significar malas noticias para la Nube, Cinnabar Baker quería saberlo todo al respecto.

Bey Wolf había visto a la enorme mujer en acción, y se había preguntado qué la motivaba. La respuesta fácil era la oficial. Trabajaba con enorme dureza dirigiendo las Cosechadoras, y ese trabajo le producía satisfacción. Pero lo más profundo de Cinnabar Baker, ese lugar invisible donde el ego es tan delicado que el roce de una pluma lo magulla, se encontraba en otra parte. Amaba y fomentaba su operación de seguridad secreta. La red era sus ojos y oídos. Habría hecho cualquier cosa por mantenerla en marcha. Sin embargo, ni siquiera aquél era su orgullo secreto. Cuando llegó la noticia de un inminente desastre en la Granja Espacial Sagdeyev, no pudo comprometer a sus fuentes. Podía haber una cadena de una docena de informadores implicados, cada uno con su propio cociente de fiabilidad y cada uno con su propia tapadera. Todos ellos tenían que ser protegidos. No había detalles disponibles, ninguna declaración de cómo o cuándo podía esperarse un «accidente». Cinnabar Baker tenía dos opciones: podía ignorar los rumores de su propia red de inteligencia o podía relevar a Leo Manx y a los otros de su importante trabajo.

Había decidido enviar aquel urgente mensaje de cancelación, pero la noticia de la destrucción de la Granja no la había alcanzado todavía. Los granjeros eran un grupo demasiado solitario para mandar mensajes frecuentes. El silencio no era significativo. No tenía forma de saber que en esos momentos se esforzaban para diseñar un enlace de comunicaciones improvisado con los restos del antiguo.

Baker tenía la costumbre de regresar a su despacho después de la cena, despejar su mesa y empezar a trabajar como si fuera el amanecer de un nuevo día. Había llegado a la Cosechadora Marsden esa misma mañana, pero en este momento, a una hora en que la mayoría de los humanos se disponía a disfrutar de sus dos o tres horas de sueño, ella empezaba a cribar la masa de informes de los mensajes del día.

Tenía tres tipos de informadores. Estaban los que había plantado cuidadosamente a lo largo de los años, nubáqueos fieles a quienes sabía que necesitaba y que eran capaces de separar la información importante de los rumores y la chachara. Baker se tomaba muy en serio sus mensajes.

Los informadores pagados eran otra cuestión. Leales a nadie, tendían a enviar cualquier tipo de basura, esperando que de algún modo valiera dinero. Sus informes tenían que ser examinados con cuidado, y casi todo era descartado o se le daba poco crédito.

Luego estaban los revolucionarios. Pequeños grupos dentro del Sistema Interior trabajaban para derrocar su propio Gobierno, y deseaban formar alianzas con el Sistema Exterior para conseguirlo. Proporcionaban gratis la información, y se indignaban ante la menor sugerencia de pagarles un precio. Cinnabar Baker trabajaba con ellos y usaba sus informes. La mayoría de los informadores de la Tierra o Marte predicaba el fin de la Federación Espacial Unida, pero nunca habrían vivido en la Nube o en el Halo. Peor que eso, veían todos los acontecimientos a través de la lente distorsionada de su propia paranoia.

Cinnabar Baker había estudiado a Bey Wolf concienzudamente durante su primera reunión. Wolf tenía muy buena reputación por su inteligencia y su capacidad de reflexión. Pero Leo Manx se había referido a él como a un hombre autodestructivo, alucinado, obsesionado con una antigua amante. Eso encajaba en el modelo de un paranoico del Sistema Interior, uno que podría algún día ser reclutado para formar parte de su grupo de informadores gratis.

Había descartado la idea a los quince minutos de iniciado su encuentro. Wolf era demasiado fuerte y demasiado escéptico, demasiado frío y analítico. No podía ser manipulado con los métodos habituales.

Pero también había medios no habituales. Al final de aquella primera reunión, Cinnabar Baker había establecido un seguimiento de prioridad uno para conocer el paradero de Mary Walton. Hasta ahora, tenía dos cosas. La primera era una fotografía reciente y de mala calidad de Mary Walton rodeando con el brazo la cintura de un hombre de rostro duro. Incluso en aquella desdibujada imagen, los ojos de él eran los de un fanático, y ardían. Garabateadas en el dorso de la foto aparecían las coordenadas de un emplazamiento en el Anillo de Núcleos, acompañadas de un signo de interrogación.

Esas coordenadas habían sido anotadas como arranque de futuras investigaciones, pero no eran un tema de máxima prioridad. Baker no tenía ni idea de cómo podía llegar a usar cualquier información sobre Mary Walton, pero la paciencia y la previsión eran dos de sus principales virtudes. Nunca admitiría que estaba dispuesta a trabajar con cualquiera por conseguir sus objetivos, pero le habría costado trabajo mencionar un grupo que rechazara.

Aquella noche tenía que revisar noventa mensajes. La mitad de ellos procedía de los informes de noticias oficiales, el resto de su propia red. Con Turpin canturreando en su hombro, la cabeza negra meciéndose u oculta bajo un ala, se puso a trabajar.

Primero el Sistema Exterior… no era tan ingenua para creer que sólo hacían falta informadores para el Sistema Interior y el Halo. La mayoría de los mensajes eran simples enumeraciones de problemas de producción o equipo. Los revisó, confirmando que la pauta del año pasado se mantenía. El Sistema Exterior se iba al garete. Los sistemas de navegación fallaban, las naves de tránsito de carga del Sistema Interior no llegaban, los sistemas de energía eran inestables o estaban a punto de cortarse, las Cosechadoras no pasaban las pruebas de control de calidad, las comunicaciones sufrían contratiempos inexplicables, y los cargamentos que se lanzaban hacia el Sol desde la Nube desaparecían por el camino. Aybee había hecho un análisis que confirmó lo que ya sabía instintivamente. Lo que tenían delante rebasaba ampliamente los límites de la estadística razonable.

La mayor parte de la población de la Nube tenía en mente sólo una posibilidad: sabotaje. Y un único instigador: el Sistema Interior. Cinnabar Baker no estaba de acuerdo. Tenía sus propias ideas sobre lo que pasaba y sobre quién era el causante del problema.

—Pero cómo, Turpin. ¿Cómo puede Ransome interferir en todos los sistemas de control? Ése es el problema; y nadie puede ayudarme con eso.

El cuervo emitió un sonido chirriante, como el de un par de dados de hueso al ser sacudidos, y contempló las hojas de papel ladeando la cabeza.

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