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Proteo desencadenado [Proteus Unbound - es]

Электронная книга - «Proteo desencadenado [Proteus Unbound - es]». Краткое содержание книги:

En el siglo XXII, la combinación de una bio-realimentación potenciada por ordenador con unas nuevas técnicas de quimioterapia ha permitido al ser humano no sólo curarse (eliminando la profesión médica), sino también alterar a voluntad su forma física. La alteración física, sin embargo, presenta aspectos oscuros, y la Agencia de Control de Formas que dirige Behrooz Wolf tiene la misión de impedir que formas ilegales o peligrosas se difundan.
Mientras investiga proyectos de apariencia siniestra, Wolf encuentra pistas que lo conducen al mensaje legado hace millones de años por una especie extraterrestre. Más tarde, la recurrente imagen mental de un misterioso Bailarín le llevará a enfrentarse con los rebeldes que, desde el espacio exterior, se oponen al poder de la Tierra. Razones más que suficientes para replantear lo que significa ser humano precisamente en una época en la cual los humanos adquieren cualquier forma física si lo desean y cuando el nuevo Test de Humanidad resulta esencial para identificar a los miembros de la propia especie.
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Bey se acercó a examinar los telesensores de Leo Manx, pasó unos cuantos segundos ante las pantallas y sacudió la cabeza.

—Lo siento. Los monitores están de acuerdo con Aybee. Quédese ahí hasta que nos digan algo diferente. No debe moverse.

—Señor Wolf, le aseguro que soy bastante capaz de…

—Yo le aseguro que no. Inspire con fuerza. —Bey observó cómo Manx tomaba aire tentativamente y jadeaba de dolor—. Caso cerrado. ¿Qué hay de Aybee?

Manx volvió los ojos hacia la diminuta consola encajada contra la pared de la cabina. Todo en las naves de tránsito era tres veces más pequeño de lo normal.

—Esperaba que estuviera con nosotros a bordo. Pero está claro que no es así. Según esa señal, nos espera un mensaje. Llevo un rato mirando el indicador, pero por desgracia no puedo alcanzarlo.

Bey se acercó para conectar la unidad. Al hacerlo, vio su propio reflejo en la pantalla. Fueran cuales fuesen los talentos de Aybee, la cirugía plástica no era uno de ellos. La cara y la frente de Bey estaban cruzados por burdos y feos puntos, y le había estirado tanto la piel de la mejilla izquierda que la cuenca roja del ojo quedaba expuesta. No había ninguna posibilidad de que aquel destrozo cicatrizara limpiamente. Tendría que usar uno de los tanques de cambio de forma de Nubeterra. Conectó el aparato. Aybee no mostraba en la imagen signos de excitación ni de estar herido. Se limitó a observarlos desde la pantalla con el ceño fruncido, como un bebé malhumorado.

—No sé cuál de los tres estará viendo esto, pero hola. Si eres tú, Leo, no te mentí. Mi intención era acompañaros. Pero la nave estaba demasiado abarrotada cuando os puse en los camastros, y con esas costillas supe que no te gustaría nada tenerme acurrucado a tu lado, como estaban Sylv y el Hombre Lobo la última vez que los vi. Así que… —Se encogió de hombros—. Tuve que cambiar de opinión. Y no he encontrado ni rastro de la otra nave. Buscaré de nuevo, pero si tardo en volver, no te sorprendas. Aquí tienes unas cuantas cosas para que vayas rumiando. Primero: la granjera con la que hablamos está muerta. Nunca sabremos más de la mujer que vio caminando sobre la capa recolectora. Segundo: la Granja puede salvarse, pero los bancos de datos han quedado inutilizados. Así que ya puedes olvidar la idea de correlacionar los problemas de cambio de formas con los sucesos de la Granja y la capa recolectora. Yo estaba haciendo eso cuando la burbuja fue golpeada, y te diré lo único que deduje: los cambios de forma empezaron a fallar coincidiendo con una duplicación del uso de energía en la Granja. Ese hecho es para Wolf (¿está ahí, Hombre Lobo?), y aunque espero que pueda obtener más de él que yo apuesto a que no será así. Allá va mi última reflexión, por si a alguien le interesa. Por lo que puedo decir, la Granja fue golpeada por un fragmento de la Nube que se movía anormalmente rápido procedente de una dirección inusitada. ¿Mala suerte, dicen? Excepto que la Granja tenía sensores apuntando al cielo y la burbuja tenía un sistema de respuesta estándar. El fragmento debería haber recibido un pequeño empujón láser cuando estaba a millones de kilómetros de distancia, y así no nos habría alcanzado por un amplio margen.

Sonrió desde la pantalla, sin ganas.

—Bueno, sé lo que estás pensando, Leo. Ya está el viejo y paranoico Aybee como de costumbre. Pero inténtalo con el Hombre Lobo… él piensa de forma más parecida a mí. Y mientras él reflexiona al respecto, hay una cosa más para ti. El equipo que protegía la Granja de la basura espacial es del mismo tipo que usamos en todas las Cosechadoras: a prueba de errores, comprobado por triplicado, infalible. Si la Granja puede ser alcanzada, también puede serlo cualquier otra cosa. Hermosa idea, ¿verdad? Dulces sueños a los tres. Pensad en la entropía.

La pantalla quedó en blanco. Entonces el sistema de alerta de la cabina de la nave emitió un pitido de advertencia. Estaban cerca del punto de cambio, el lugar donde la nave giraba ciento ochenta grados y pasaban de aceleración a deceleración. Durante esos treinta segundos tenían que permanecer atados.

Bey se encaminó al camastro, y se tendió de nuevo junto a Sylvia. Cuando lo hacía, Leo Manx soltó un bufido.

—¡Señor Wolf! ¡No deje que haga eso!

Una jeringuilla de spray brotaba de su hueco sobre Manx, y se colocó silenciosamente junto a su cuello.

Bey se detuvo a medio atar y comprobó los monitores.

—No se preocupe. No es más que un anestésico. Al parecer el robodoc considera que está usted demasiado activo.

—Pero no tengo ganas de dormir, señor Wolf. ¡Deténgalo!

—Lo siento. No puedo desobedecer las órdenes del médico. —Bey se tendió en el estrecho camastro, acurrucado junto a Sylvia Fernald. Vio cómo el brumoso spray atravesaba de forma totalmente indolora la piel de Leo Manx y cómo el otro hombre se quedaba dormido en mitad de sus protestas.

A Bey le agradaba Leo, y le gustaba hablar con él. Pero en este momento necesitaba tiempo para reflexionar sobre lo que Aybee había dicho. Si pudiera hacer una suposición sobre algo que pudiera correlacionarse con las muertes en los tanques de cambio de formas, habría elegido sabotaje… algo en el software del complejo informático central de la Granja. Eso encajaba con la idea de que la información de realimentación estaba siendo alterada, o suministrada incorrectamente. Lo que nunca habría elegido, ni en un millar de años, era la carga total de energía de la Granja. De hecho, no podía ver forma alguna en que eso estuviera implicado.

Se sentía plenamente despierto. Sus dolores y molestias eran desagradables, y oía un zumbido perturbador en sus oídos. Pero podía soportarlo. Yació en el camastro, dispuesto para una larga e intensa sesión reflexiva. Cuando vio la jeringuilla anestésica en su cuello ya era demasiado tarde.

—¡Eh! No. No necesito…

Como Leo Manx, Bey se quedó dormido a media protesta.

Bey había comprobado el estado de Sylvia, y el de Leo Manx, pero no el suyo propio. Creía encontrarse bien. El ordenador de la nave de tránsito no estaba de acuerdo. Sabía que debería estar a salvo durmiendo y descansando, pero también comprendía que era improbable que obedeciera una orden del ordenador. La máquina había esperado paciente el punto de cambio, sabiendo que Bey tendría que regresar entonces a su camastro. Ahora, satisfecho una vez más con el estado físico de sus tres pasajeros, el ordenador se ocupó de otros asuntos. Bajo su dirección, la veloz nave atravesó el punto de cruce y siguió avanzando durante la segunda etapa de su viaje hasta la Cosechadora Marsden.

El ordenador estaba justamente orgulloso de su actuación. Encontraba tan rara vez problemas de hardware que los códigos automáticos de corrección de errores sólo se solicitaban un par de veces al año. La comprobación y la corrección de errores eran completamente automáticas. Ningún humano se daba cuenta de ello, pero el promedio de generación de señales de error de la nave era menos de una milésima parte del de los ordenadores de la Cosechadora Marsden… y menos de una millonésima parte de la media del ordenador de la Granja Espacial Sagdeyev, ahora destruida.

14

La, guerra no es más que la continuación de la política por otros medios.

KARL VON CLAUSEWITZ

Una guerra termonuclear no puede ser considerada una continuación de la política por otros medios. Sería un medio de suicidio universal.

ANDREI SAJAROV

El conflicto entre los Sistemas Interior y Exterior era una batalla entre un gato y un cernícalo, entre un león y un águila. Cada uno podía herir al otro… quizá de modo fatal. Pero ninguno podía poseer el territorio contrario, ni quería hacerlo racionalmente. Cincuenta millones de personas podrían aniquilar a veinte mil millones, pero nunca serían capaces de someterlos. Ningún nubáqueo cuerdo deseaba vivir apretujado cerca del Sol y los planetas interiores.

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