Destino y deseo
- Автор: Spencer LaVyrle
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Destino y deseo». Краткое содержание книги:
– Ahora que eso está resuelto, ven aquí. -Su presión suave la obligó a volverse para verlo; después, él cerró los brazos sobre la cintura de Lisa, hasta que las caderas de los dos presionaron con fuerza una sobre la otra. Y de pronto, ella olvidó el tema de las madres y las historias personales, pues la cara de Sam Brown le sonreía en la noche tibia y perfumada por las flores. Parecía como si las fuentes musicales de Kansas City bailaran en el pecho de Lisa, que ahora esperaba lo único que necesitaba para lograr que ese día culminara en la perfección total. Después, él inclinó los labios abiertos, suaves y tibios, sobre su boca, y ella elevó sus propios labios, apenas entreabiertos, aceptando sin vacilar el contacto de la lengua masculina, un contacto suave y gentil.
«Ah, Brown, qué cosas me haces», pensó. Élla presionó apenas, y solo los pezones de los pechos de Lisa rozaron la camisa de Sam, mientras apoyaba las manos sobre los bíceps masculinos. La lengua de Sam la acarició y atrajo. Lisa respondió al estímulo, y sus dedos se deslizaron bajo la tela de las mangas cortas, en una invasión inconsciente de la piel firme y escondida. El beso fue tranquilo, casi perezoso, una tierna seducción con la lengua, mientras ellos se separaban un poco y comenzaron a balancearse indolentes a un lado y otro. Era una suerte de aperitivo del beso, destinado a abrir el apetito para cosas más sólidas. Pero cuando concluyó, en un abrazo lento y prolongado, evitaron separarse más.
Sam levantó la cabeza con un gesto de amable burla.
– Esto es mejor que la crema helada que venden en Swenson.
Lisa sonrió y se apoyó en el círculo formado por las manos de Sam.
– Hum… y además no te dará dolor de estómago.
Él sonrió perversamente, y apretó con más firmeza su vientre contra el de Lisa.
– ¿De veras?
Pero ella sabía que no era el vientre de Sam lo que le dolía. Podía sentir lo que le dolía, algo que la presionaba con fuerza e intentaba atraerla.
De modo que se sorprendió cuando un momento después comprobó que el honorable Sam Brown la obligaba a darse la vuelta y la llevaba hacia el coche. En resumen, Sam Brown estaba demostrando que era cada vez más honorable.
Capítulo 8
El lunes por la mañana, temprano, trazaron planes para presentar una oferta en relación con la obra cercana al río Little Blue. De nuevo Lisa advirtió la diferencia entre el modo en que se hacían las cosas en Brown & Brown y en Construcciones Thorpe. En la empresa de Sam no solo existía un espíritu permanente de cooperación, sino también una elaboración minuciosa que la sorprendió.
Se obtenían registros exactos de las características del suelo en todos los trabajos principales. Lisa se reunió con la cuadrilla de prospecciones el lunes por la tarde, para tomar muestras del suelo después de realizar el sondeo. Estas muestras fueron pesadas, además las secaron y las pasaron por una serie de cedazos de cobre. Las proporciones de material de distinto calibre retenidas en cada uno de los cedazos se pesaron cuidadosamente y fueron anotadas en un diagrama. Lisa y Sam trabajaron unidos filtrando las muestras y tomando nota de los datos. Compararon sus hallazgos con los de otros trabajos realizados en condiciones análogas del suelo y utilizaron los resultados para estimar el costo de variables como: el secado y los refuerzos destinados a impedir derrumbes.
Se habían reunido a tomar café, Frank estaba encaramado sobre el borde de un mostrador y Sam estaba sentado con las piernas cruzadas y los talones apoyados en una silla vacía. La sensación de formar parte de la empresa inducía aLisa a participar de lleno en la adopción de decisiones. Con gran sorpresa de su parte, la relación personal con Sam apenas influía en decisiones de trabajo.
– ¿Tienes inconveniente en utilizar los servicios de la TriState Drilling para drenar el terreno? -preguntó Sam. Tenía los codos apuntando al techo, y sus manos estaban unidas tras el cuello, mientras se inclinaba cómodamente hacia atrás.
– Había pensado en pedir un presupuesto a Griffin Wellpoint -contestó Lisa-. En otras ocasiones han trabajado bien para mí.
Contuvo la respiración. Era la primera vez que se oponía a los deseos de Sam o de Frank.
Sam solo se encogió de hombros.
– Muy bien. Por nuestra parte hemos tenido buena suerte con la TriState, de modo que puede afirmarse que las dos son muy buenas.
Lisa pidió un presupuesto a Griffin para realizar obras de desagüe, y también consultó con otro subcontratista la instalación de pilotes sobre el área pantanosa, en gran parte formada por turba. Pidió presupuesto a otros contratistas acerca de los trabajos de arado y siembra del terreno, así como de la fertilización. A medida que pasaron los días, y ella recibía las cifras, la calculadora de su escritorio zumbaba sin parar.
Calculó los costos de la mano de obra para la instalación de la cañería, sobre la base de los precios por metro, de acuerdo con la profundidad de la instalación y las condiciones del suelo. Los costos de material fueron divididos para formar precios unitarios -y en el caso de los tubos, precios por metro-. Estas cifras se agruparon para formar sumas globales.
A medida que pasaba la semana y se acercaba el momento de la licitación, los proveedores enviaban precios de tuberías, válvulas, material de fundición y bombas de agua. Durante la semana la tensión aumentó a medida que se aproximaba el día de apertura de las propuestas: el viernes. Como de costumbre, los precios de los subcontratistas llegaban tarde, lo cual por un lado demoraba el trabajo en cierto grado, y originaba una sensación de incertidumbre por otro.
El jueves por la tarde, Sam se detuvo junto al escritorio de Lisa, y preguntó:
– ¿Ya han llegado todos los presupuestos de los subcontratistas?
– Todavía esperamos las cifras de Greenway. Ya sabes cómo es esa firma.
Él sonrió, pero de todos modos era evidente que se sentía tenso, cuando generalmente se mostraba tranquilo y descansado.
– Sí, sé cómo es.
– Estás muy interesado en esta obra, ¿verdad? La mirada de Sam encontró la de Lisa, y, por primera vez en esa semana, pareció expresar pensamientos que sobrepasaban el tema de las evaluaciones de los suelos y los precios por metro lineal.
– Tengo un interés casi personal en esta oferta. ¿Y tú?
El recuerdo del huerto con todo su atractivo y su esplendor retornó a la mente de Lisa.
– Sí, yo también.
Él la miró un momento más, y después pareció salirse de su ensueño para rascarse el cuello y mirar las hojas y los diagramas que estaban encima del escritorio de Lisa.
– De todos modos, nos vendría bien esta obra, porque la de Denver no comienza hasta la primavera. Hay tiempo suficiente para terminarla antes del invierno.
La mañana del viernes trajo el desorden habitual del último momento, una situación que Lisa solía prever en su especialidad. Podía decirse que el espíritu de la competencia nunca se manifestaba en los proveedores hasta un instante antes de la apertura de las ofertas. Faltaban menos de dos horas para que venciera el plazo, y Lisa recibió una llamada del proveedor de tubos, que había decidido rebajar su presupuesto hasta la cifra de doce mil dólares. Fue necesario modificar enseguida los subtotales y los totales en el formulario oficial. Como la llamada llegó alas 11.30 y el límite de presentación de las ofertas era a las 14.00 horas, Lisa suspendió el almuerzo para rectificar las cifras; y al final realizó otra revisión de los datos utilizando la calculadora.
Sam llegó a las 12.45 horas y la encontró sentada frente a su escritorio; sus dedos se desplazaban con agilidad sobre las teclas, los pies descalzos estaban apoyados en el travesaño de la silla.