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Электронная книга - «Destino y deseo». Краткое содержание книги:

La hermosa Lisa Walker desempeña una labor intachable en el departamento de Licitaciones de una empresa constructora, hasta que se ve involucrada en un asunto desafortunado que le hace perder su trabajo. El causante tiene un nombre: Sam Brown, el apuesto y atractivo dueño de una compañía rival. Lisa está enfurecida, pero su enojo desaparece cuando recibe una oferta formal de Sam para contratarla en su empresa. Aunque se siente irresistiblemente atraída por él, le invade el temor de que su relación personal pueda interferir con la laboral y de que Sam pueda no aceptar su pasado. Dos corazones extraviados que se necesitan y se niegan, que rechazan el amor que golpea con fuerza a la puerta de sus corazones.
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A lo largo del día recorrieron las calles de Kansas City, que tenían los nombres de los fundadores -Meyer, Swope, Armour. Sam le señaló el bulevar Lisa Kessler, diseñado por el arquitecto paisajista que había concebido el proyecto de restauración de los bulevares, los jardines y las fuentes, que convertían a la ciudad en un espléndido calidoscopio de belleza. Le relató la historia de William Rockhill Nelson, fundador del Kansas City Star, que había luchado catorce años con el fin de que el municipio aprobara la original red de bulevares; y le demostró cómo el planteamiento precursor de Jesse Clyde Nichols había dotado de esculturas, fuentes y objetos de arte a las bocacalles de la ciudad. Se desplazaron tranquilamente a través de la urbe bañada por el sol, y cuando cayó la noche y las luces de las fuentes tiñeron de rojo, esmeralda y zafiro las aguas en movimiento, Lisa y Sam se sentaron en el borde de una de ellas para comer golosinas y arroz frito que venía en envases de cartón blanco.

– ¿Cómo está tu rodilla? -preguntó Sam.

– Todavía intacta. La próxima vez no permitiré que me convenzas de que haga giros de trescientos sesenta grados cuando llevo años sin practicar con los patines.

Sam sonrió, pero su mirada permaneció fija en ella, con un fulgor cálido y apreciativo.

– Eres muy animosa. ¿Lo sabías, cheroqui?

– Gracias. Tú tampoco estás del todo mal, Su Señoría.

– ¿Estás dispuesta a dar por terminado el día?

– Como quieras. -Se palmeó el vientre, suspiró, y los dos comenzaron a alejarse de la fuente en dirección al automóvil de Sam, dejando en el camino los restos… y, por alguna razón, a ella no le importó.

Pocos minutos después, mientras se alejaba con paso lento, Sam Brown pasó un brazo alrededor del cuello de Lisa y la acercó a su propio cuerpo. Era agradable estar así, de modo que ella alzó una mano y cogió la muñeca de Sam. Advirtió entonces que los pies de los dos se movían con una lentitud cada vez mayor.

Sam conducía sin prisas a través de la noche de Kansas City, escuchando los sonidos nocturnos de los grillos y las ranas a través de las ventanillas abiertas. Las fuentes distribuidas a lo largo de Ward Parkway susurraban al paso, y Lisa apoyó la cabeza contra el asiento, y deseó que la noche no terminara nunca. Sam entró por el sendero de su casa y apagó el motor.

Ninguno de los dos se movió.

– Gracias por un día realmente divertido dijo ella con voz suave.

– El placer fue completamente mío. Tampoco ahora se movieron.

– Veo que mi madre está en casa. ¿Quieres conocerla?

– Esa noche no. Es tarde… y ya tengo las rodillas flojas y manchas de comida en la camisa.

La idea de conocer a la madre de Sam amenazaba turbar el esplendor del día perfecto.

Lisa sintió que Sam la examinaba desde su sitio frente al volante, y un momento después llegó su voz neutra.

– ¿Cheroqui?

– ¿Sí?

Él vaciló antes de decir:

– No hay manchas de comida en tu camisa. -Inmediatamente ella extendió la mano hacia la puerta, pero la mano de Sam vino a detenerla-. De veras, me agradaría que conocieras a mi madre. ¿Por qué quieres escapar?

Ella rió con nerviosismo, y dijo sin mirarle:

– En realidad, no soy muy eficaz con las madres. -Dirigió una expresión de ruego a Sam, y agregó en voz baja-: Prefiero que no.

El pulgar de Sam se movió suavemente, rozando el hueco del codo de Lisa.

– ¿Quieres explicarme por qué?

Ella contempló esa posibilidad, y después contestó sin rencor:

– No quiero decírtelo.

Sin tener en cuenta la respuesta de Lisa, él insistió:

– Trataré de adivinar. ¿Tiene que ver con el hecho de que tengas mezcla de sangre india?

Ella se sintió desconcertada porque él había planteado algo que se aproximaba a la verdad, y sintió, durante unos instantes, que él estaba adivinando mucho de lo que ella era.

– ¿Cómo lo has sabido?

Los ojos de Sam observaron las plumas que adornaban las orejas de Lisa, y con un solo dedo movió uno de los adornos y después explicó:

– Mira, tienes una actitud demasiado defensiva.

– Toda la gente usa joyas indias en los tiempos que corren. Es muy elegante.

– Cheroqui, no te enojes. Ha sido un hermoso día, y quiero mantenerlo así. Pero también deseo que hables francamente conmigo. Hasta ahora no me has dicho casi nada acerca de tu pasado. -Siguió una larga pausa, antes de que él insistiera en voz baja-: ¿Por qué no me hablas ahora?

Ella pensó un momento, y comprendió que sentía intensos deseos de abrirse ante él. Pero era difícil explicar una historia que había durado tanto.

– No sé… por dónde empezar.

– Comienza con tu marido. ¿Era blanco?

– Sí. -Bajó los ojos.

– ¿Y?

– Y…

Como ella calló, Sam insistió con ternura.

– Mírame, cheroqui. ¿Y qué?

Los ojos de Lisa eran puntos oscuros cuando él se inclinó en la sombra, y, al advertir la preocupación en la voz de Sam, de pronto se dio cuenta de que deseaba decirle cosas que había prometido no revelar jamás. Pero necesitaba poner cierta distancia entre ella misma y Sam Brown mientras le hablaba, de modo que abrió la puerta y descendió. Él la siguió. Mientras caminaban despacio hacia el coche de Lisa, ella comenzó a hablar con voz entrecortada.

– Joel se casó conmigo en uno de esos… esos rebotes idiotas, después de pelearse con la mujer con quien inicialmente pensaba contraer matrimonio. Una mujer muy blanca aprobada sin reservas por su madre. Él… había reñido con esa mujer, de modo que cuando me conoció fue… -Suspiró y elevó los ojos hacia las estrellas-. Oh, no sé lo que fue. Quizá una mezcla química. Un impulso estúpido. Pero en todo caso no reflexionamos mucho. Sencillamente, lo hicimos. Y lo hicimos con excesiva prisa… -Lisa se encogió de hombros y se apretó los brazos mientras caminaban sobre el césped húmedo-. Nada estuvo bien, desde el principio mismo, excepto quizá el sexo. Pero eso no alcanza para mantener un matrimonio. Después de un tiempo, la desaprobación que yo provocaba en la madre comenzó a influir sobre Joel, él comenzó a criticarme diciendo que yo lo distanciaba de su familia. Un año después de nuestro divorcio se casó con una muchacha que según la opinión de la madre era la esposa ideal. -Se detuvieron frente al automóvil de Lisa-. Ahora sabes por qué no me llevo bien con las madres.

Las luces de la casa proyectaban largas manchas blancas sobre el prado oscuro que se extendía detrás. Sam permaneció de pie con una mano en el bolsillo del pantalón. Lisa esperó su respuesta. Cuando esta llegó, la sorprendió agradablemente. La mano salió del bolsillo de Sam y se agarró del codo de Lisa. Entonces habló con voz suave e insinuante.

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