El Libro de las sombras contadas. Las Cajas del Destino
- Автор: Гудкайнд Терри
- Серия: La Espada de la Verdad #1
- Язык: испанский
- Переводчик: Joana Claverol
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «El Libro de las sombras contadas. Las Cajas del Destino». Краткое содержание книги:
Zedd no mostró ninguna emoción, no objetó nada ni dio ninguna opinión, simplemente escuchaba. La mujer aún le tenía cogidas las manos.
—Pese a todo lo dicho, el gran mago podría negarse, pero ahora Rahl el Oscuro ha puesto en juego las tres cajas del Destino. Si lo consigue, el primer día de invierno será el fin para todos, incluido el mago. Rahl ya lo está buscando para vengarse. Muchos han muerto porque no supieron decirle cómo se llama. Pero cuando Rahl abra la caja correcta poseerá un poder supremo sobre todos los seres vivos, y entonces el mago será suyo. Puede esconderse en la Tierra Occidental tanto como quiera, pero el primer día del invierno será descubierto y caerá en manos de Rahl el Oscuro.
»Zedd —añadió la mujer con gesto amargo—, Rahl el Oscuro ha usado cuadrillas para matar a todas las demás Confesoras. Yo fui quien encontró a mi hermana después de que acabaran con ella, y murió en mis brazos. Sólo quedo yo. Los magos sabían que el Maestro no querría ayudarlos, por lo que me enviaron a mí como última esperanza. Si el Maestro es tan estúpido que no ve que al ayudarme a mí se ayuda a él mismo, entonces debo usar mi poder contra él, para que coopere.
—¿Y qué puede hacer un mago viejo y arrugado contra el poder de ese Rahl el Oscuro? —inquirió Zedd enarcando una ceja. Ahora era él quien sostenía las manos de Kahlan entre las suyas.
—Debe designar un Buscador.
—¡Qué! —Zedd se puso de pie de un salto—. Querida mía, no sabes lo que dices.
—¿A qué te refieres exactamente? —Kahlan, confundida, se echó un poco hacia atrás.
—Los Buscadores se designan ellos mismos. El mago simplemente reconoce lo que ha ocurrido y digamos que lo hace oficial.
—No lo entiendo. Yo creía que el mago elegía a una persona, a la persona adecuada.
—Bueno, en cierto modo es así, pero ocurre al revés. —Zedd volvió a sentarse y se acarició el mentón—. Un Buscador, uno capaz de cambiar las cosas, debe revelar que lo es. El mago no señala a alguien y dice: «Aquí tienes laEspada de la Verdad,tú serás el Buscador». Lo cierto es que esa persona no tiene elección, y no se puede entrenar a nadie para el puesto. Simplemente alguien es el Buscador y revela que lo es con sus acciones. Un mago debe vigilar a esa persona durante años para estar seguro. El Buscador no tiene por qué ser el más inteligente, pero sí debe ser la persona adecuada; debe poseer las cualidades necesarias en su interior. Un verdadero Buscador no se encuentra fácilmente.
»El Buscador equilibra el poder. Pero el Consejo convirtió la designación de Buscador en un hueso que lanzar a uno de los gimoteantes perros que se arrastraban a sus pies. Era un puesto muy codiciado por el poder que comporta. Pero el Consejo no entendió que no es el puesto el que da poder a la persona, sino la persona la que da poder al puesto.
»Kahlan —añadió acercándose más a la mujer—, tú naciste después de que el Consejo se arrogara este poder, por lo que quizá viste a un Buscador cuando eras joven, pero en esos días había Buscadores falsos; nunca has visto a uno auténtico. —El anciano abrió mucho los ojos, y habló con voz baja y llena de pasión—. Yo he visto a un verdadero Buscador conseguir que un rey temblara con una sola pregunta. Cuando un Buscador verdadero desenvaina laEspada de la Verdad...—Zedd alzó las manos y la mirada se le perdió en el infinito—. Contemplar un despliegue de ira justificada puede ser magnífico. —Kahlan tuvo que sonreír al verlo tan arrebatado—. Puede hacer que los bondadosos tiemblen de gozo y que los malvados de miedo.
»Pero la gente pocas veces cree la verdad cuando la ve —añadió muy serio—, y mucho menos cuando no quiere verla, y eso hace que la vida de un Buscador sea muy peligrosa. Es un obstáculo para todos aquellos que desean subvertir el poder. El Buscador es objeto de ataques por todas partes, normalmente está solo y no dura mucho.
—Conozco muy bien esa sensación —comentó Kahlan con un atisbo de sonrisa.
—Creo que contra Rahl el Oscuro ni siquiera un Buscador verdadero duraría mucho. ¿Y entonces qué? —preguntó, inclinándose hacia la mujer.
—Zedd, tenemos que intentarlo —replicó ella cogiéndole de nuevo las manos—. Es nuestra única oportunidad. Si no la aprovechamos no tendremos otra.
—Cualquier persona a la que el mago eligiera no conocería la Tierra Central —dijo Zedd, irguiéndose y retirando las manos—. No tendría ninguna oportunidad. Enviarlo allí sería su sentencia de muerte.
—Ésta es la otra razón por la que me enviaron: para guiarlo, estar a su lado y, si es preciso, dar mi vida para protegerlo. Las Confesoras se pasan la vida viajando. Yo he recorrido casi toda la Tierra Central. Una Confesora debe aprender otras lenguas desde pequeña, ya que nunca sabe de dónde la llamarán. Yo hablo todas las lenguas importantes, y la mayoría de las demás. Y en cuanto a los ataques... bueno, para una Confesora eso no es nada nuevo. Si fuésemos fáciles de matar Rahl no tendría que enviar a sus sicarios de cuatro en cuatro para hacer el trabajo. Y muchos han muerto en el intento. Yo puedo ayudar a proteger al Buscador, si es preciso con mi propia vida.
—Lo que propones no sólo podría en un gran peligro a quien fuera designado Buscador, sino también a ti.
—Ya me persiguen para matarme. Si tienes una idea mejor, dímela —pidió enarcando una ceja.
Antes de que Zedd pudiera responder, Richard gimió. El anciano lo miró y dijo:
—Ya es la hora.
Kahlan se puso de pie a su lado mientras Zedd cogía la muñeca del joven y le levantaba el brazo, sosteniendo la mano herida encima del plato de hojalata. Las gotas de sangre caían sobre el plato con sonidos suaves y huecos. La espina cayó en el plato salpicando un poco de sangre. Kahlan hizo ademán de asirla.
—No lo hagas, querida —le advirtió Zedd, agarrándole la muñeca—. Ahora que ha sido expulsada de su anfitrión estará ansiosa por encontrar otro. Observa.
La mujer retiró la mano al tiempo que el anciano ponía un huesudo dedo en el plato, a varios centímetros de distancia de la espina. Ésta culebreó hacia él dejando un tenue rastro de sangre. Zedd apartó el dedo y tendió el plato a Kahlan, diciéndole:
—Sostenlo por abajo y llévalo al hogar. Ponlo encima del fuego, boca abajo y déjalo allí.
Mientras Kahlan hacía lo que Zedd le había pedido, éste limpió la herida y le aplicó un ungüento. Cuando la mujer volvió, el anciano sostuvo la mano de Richard mientras ella se la vendaba. Zedd contempló cómo trabajaban sus manos.
—¿Por qué no le has dicho que eres una Confesora? —Su voz tenía un tono duro.
—Por cómo reaccionaste al verme —replicó ella en tono igualmente duro. Entonces hizo una pausa y habló, esta vez sin dureza—. Nos hemos hecho amigos. Yo no tengo experiencia en eso, pero tengo mucha experiencia en ser Confesora. He visto reacciones como la tuya durante toda mi vida. Cuando me marche con el Buscador se lo diré. Hasta entonces, desearía conservar su amistad. ¿Es demasiado pedir poder gozar del simple placer humano de tener un amigo? Si se lo dijera, ya no podríamos seguir siéndolo.
Cuando acabó de hablar Zedd le puso un dedo bajo el mentón y le alzó la cabeza. El anciano sonreía afablemente.
—La primera vez que te vi reaccioné como un tonto, en gran parte debido a la sorpresa de ver a una Confesora. No creí que volviera a ver otra nunca más. Abandoné la Tierra Central para alejarme de la magia, y tú invadiste mi soledad. Te pido perdón por mi reacción y por haberte hecho sentir que no eras bienvenida. Espero que me perdones. Créeme, yo respeto a las Confesoras, tal vez más de lo que llegues a saber nunca. Eres una buena persona, Kahlan, y me alegra que estés en mi casa.
La mujer lo miró largamente a los ojos antes de responder:
—Gracias Zeddicus Zu’l Zorander.
De pronto el rostro de Zedd reflejó una amenaza más seria incluso que la de la mujer cuando se conocieron. Kahlan se quedó inmóvil, con el dedo de él aún bajo su barbilla, sin atreverse a moverse y con los ojos muy abiertos.