El Hijo del Griego
- Автор: Graham Lynne
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «El Hijo del Griego». Краткое содержание книги:
La verdad era que Lindy había pensado lo mismo cuando la había visto a la salida de la iglesia y se había dado cuenta de que era igual de sofisticada y elegante que Atreus.
Mientras varias personas se ponían en pie y ofrecían unas palabras a los novios, Lindy tuvo tiempo para dejar divagar la mente y, entonces, se dio cuenta de que, a la fuerza, Krista la tenía que odiar.
Al instante, se sintió culpable.
Lo cierto era que Atreus y Krista habían salido juntos y, le gustara a ella o no, su relación debía de haber sido lo suficientemente seria como para que él hubiera considerado la posibilidad de casarse con ella. Entonces, de repente, había saltado a los medios de comunicación que una ex novia de Atreus estaba embarazada de él y Krista había visto cómo su relación con su pareja se iba al garete.
No era de extrañar que Krista estuviera furiosa.
Lindy se dijo que el no haberle hablado a Atreus antes de su embarazo había sido un error imperdonable por su parte. Atreus había dejado a Krista a causa del niño que iba a nacer. ¿Cómo se sentiría la griega viendo al que dos meses atrás se iba a convertir en su marido casarse con otra mujer?
Lindy se había obligado a no pensar en todo aquello desde que había nacido Theo. Atreus no quería hablar de Krista ni por asomo y Lindy se había dicho que tenía que respetar su decisión. Sin embargo, en aquellos momentos, en su propia boda, no le estaba resultando mantener el silencio porque estaba viendo que las familias Dionides y Perris eran muy amigas y que una boda entre Atreus y Krista habría sido muy bien acogida.
«Debo dar gracias por lo que tengo», se recriminó a sí misma mientras bailaba con Atreus.
Sin embargo, no se le iba de la cabeza que, cuando Atreus había podido elegir, la había relegado al secretismo más absoluto. Era evidente que nunca la había visualizado siendo su mujer ni la madre de sus hijos.
Al final, el destino lo había obligado a elegir una cosa que él, de manera natural, no había querido elegir.
Un rato después, Atreus invitó a bailar a Krista. Lindy se dio cuenta de que muchos de los presentes observaban la escena y comentaban lo que estaba ocurriendo. Lindy sintió que el corazón se le subía a la boca e intentó controlar la mezcla de curiosidad, celos e inseguridad que amenazaban con apoderarse de ella.
Atreus y Krista charlaban con naturalidad, Krista sonreía constantemente y se reía ante los comentarios de su pareja de baile, con el que flirteaba con la mirada descaradamente.
– Basta ya -le dijo Elinor al oído-. No te tortures. No hagas tonterías. Si hubiera estado enamorado de ella de verdad, no se habría casado contigo.
– Yo no estaría tan segura de eso. Atreus ha hecho lo que ha hecho por el bien de su hijo. Ya antes de nacer, Theo había inclinado la balanza de mi lado -contestó Lindy, apesadumbrada-. ¿No has visto cómo la han saludado los familiares de Atreus? Como si fuera la hija pródiga.
– Sí, pero también he visto cómo se deshacían en halagos hacia tu hijo -contestó Elinor-. Es la próxima generación de Dionides.
Un rato después, la niñera le llevó a Theo, que dormía plácidamente con sus larguísimas pestañas negras. Lindy le dio un beso en la frente. Cuando volvió a levantar la mirada para seguir el baile de Atreus y de Krista, se dio cuenta de que habían dejado de sonreír y de que la conversación se había puesto seria, así que se apresuró a apartar la mirada diciéndose que no debía dejar que los nervios y la inseguridad le jugaran una mala pasada y le aguaran la fiesta.
Lindy decidió que no iba a volver a hablar de Krista nunca más. Cuando lo había hecho al salir de la iglesia, lo único que había conseguido había sido crear mal ambiente. Debía recordar que la esposa era ella, que Krista era la ex novia y lo más coherente y generoso por su parte sería olvidarse del horrible comentario que le había lanzado.
Sin embargo, sus buenas intenciones dieron al traste cuando Krista miró muy satisfecha en su dirección tras haber convencido a Atreus para que siguiera bailando con ella.
Aquella misma noche, Atreus y Lindy embarcaron en su avión privado rumbo a Thrazos, la isla privada que Atreus poseía y que, según él mismo había confesado, era el lugar del mundo que más le gustaba.
Le hubiera gustado llevarla antes, pero habían tenido que esperar a que el cuerpo de Lindy se recuperase después del parto, así que habían decidido pasar en ella la luna de miel.
Al llegar, estaba muy oscuro y apenas se veía, pero Lindy vislumbró el mar a la luz de la luna. Tras bajar del avión, se dirigieron a la casa, que estaba perfectamente iluminada, y Atreus le entregó a Theo a una niñera y una doncella les enseñó la habitación infantil.
– Qué preciosidad -exclamó Lindy sinceramente al entrar en una amplia estancia de paredes de piedra natural decorada con muebles de madera macizos y en tonos neutros y relajantes.
– Si no surge ninguna emergencia, nos podemos quedar un mes y medio, mali mu -comentó Atreus sonriendo encantado cuando Lindy se giró hacia él sorprendida-. ¿Por qué te crees que he estado trabajando tanto últimamente?
– Ojalá me lo hubieras dicho. Te veía tan atareado…
– Pues ya he dejado de estarlo -contestó Atreus con voz grave, apartándole el pelo del rostro con suavidad.
– ¿Has traído a muchas mujeres aquí? -le preguntó Lindy sin pensar lo que decía.
– No -contestó Atreus.
– ¿Y a Krista?
No había podido controlarse. Necesitaba saber hasta qué punto la otra mujer había estado involucrada en la vida de Atreus.
– Sí, Krista ha estado aquí -admitió él.
Lindy sintió que un escalofrío la recorría de pies a cabeza, pero consiguió encogerse de hombros. Ojalá no hubiera preguntado.
– No sé por qué te he hecho esa pregunta.
– La única mujer que quiero que esté aquí, ahora, en este momento es mi mujer -declaró Atreus, apoderándose de sus labios.
Lindy sintió que su sabor la embriagaba y que el deseo y la sensualidad que emanaba de su cuerpo la hacían tener ganas de ponerse a bailar de éxtasis.
Atreus la tomó en brazos y la condujo por un pasillo hasta un dormitorio más grande con terraza propia. Una vez allí, la dejó con mucha delicadeza en el borde de la cama y se arrodilló ante ella para quitarle los zapatos.
Y Lindy no pudo evitar preguntarse si también se habría acostado allí con Krista.
Atreus volvió a besarla con urgencia. Aquellos besos siempre le habían encantado y excitado. ¡Y hacía tanto tiempo que no la tocaba! No la había vuelto a besar ni a acariciar, no había vuelto a dar muestras de desearla hasta que la sabía mirado con deseo aquella mañana en la iglesia.
Por supuesto, después de dar a luz hay que evitar mantener relaciones sexuales, pero podrían haber compartido otro tipo de intimidad. Por lo menos, haber dormido juntos, pero Atreus había mantenido las distancias a pesar de ser un hombre con profundas necesidades sexuales.
¿Por qué lo habría hecho? ¿Por qué tanta indiferencia y control? ¿No sería que todavía deseaba a Krista? Lindy sintió que el corazón se le caía a los pies y que el deseo la abandonaba por completo.
¿Le estaría haciendo el amor sólo porque era lo que se esperaba de él? ¿La compararía con Krista? ¿Le gustaría que…?
¡ Qué vergüenza!
Lindy no pudo soportarlo, apartó a Atreus y se puso en pie.
– Lo siento, pero no puedo… ¡No puedo! -exclamó, volviendo a abrocharse el vestido.
Atreus apretó los dientes y se quedó mirándola. A continuación, dio un paso atrás muy enfadado.
– Como quieras -murmuró impávido.
Lindy se quedó mirándolo mientras salía de la habitación. Una vez a solas, sintió que las lágrimas le resbalaban por las mejillas.
¿Por qué se sentía tan insegura de sí misma? Se sentía fatal por ello. ¿Qué mosca le había picado? Era su noche de boda y no quería pasarla sola. ¿Qué manera de empezar su matrimonio era aquélla?