Un regalo en mi puerta
- Автор: Морган Рэй
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Un regalo en mi puerta». Краткое содержание книги:
Mitchell Caine era un soltero convencido, pero supuso que podría echarle una mano a su vecina en esas circunstancias. Lo extraño del caso fue que después de un largo fin de semana de pañales y biberones, Mitchell empezó a pensar que sería muy divertido que los dos pudieran cuidar juntos a sus propios bebés.
– ¿Qué? -preguntó aterida.
– Sonny y Janine -asintió despacio-. De alguna manera se han encontrado. Murieron anoche cuando la policía los perseguía a gran velocidad. Su coche chocó contra el lindero de un puente… y los dos fallecieron en el acto.
– Están muertos -repitió Britt de manera automática. La habitación pareció inclinarse y la luz, disminuir. Se volvió hacia el lugar en el que dormían las pequeñas.
– Sí, muertos -Mitch se movió incómodo-. Esto cambia todo.
Britt asintió con los ojos llenos de lágrimas.
– Donna y Danni son huérfanas -murmuró-. Ay, pobres criaturas.
– Sí -Mitch se aclaró la garganta-. El departamento está buscando a los parientes más cercanos que tengan para notificarles de las muertes. Yo volveré más tarde para averiguar qué han descubierto. Tendremos que llevar a las niñas mañana temprano.
– ¿Qué?
– A Donna y a Danni. Tendremos que llevarlas. La policía está buscando a sus parientes.
– ¿Acaso les has dicho…? -se aferró a su brazo.
– No, no te preocupes. No se lo he dicho a nadie.
– Gracias a Dios.
– Pero, Britt eso no importa -frunció el ceño-. De cualquier manera tendremos que llevarlas.
– Por supuesto -aceptó, con la mirada perdida.
– Britt… -le hizo volver la cabeza para que lo mirara de frente-. Britt, encontrarán a alguien. Un tío. Una tía. Un abuelo o abuela. Y las niñas tendrán que irse con alguien de la familia.
– Lo comprendo -asintió con impaciencia-. No estoy loca.
No, Britt estaba cuerda, pero Mitch estaba preocupado por su corazón.
Su corazón de oro. La abrazó y ella se lo permitió. Cuando Mitch se inclinó hacia Britt, ella levantó el rostro con los labios húmedos y dispuestos. Mitch la besó olvidándose de que se había propuesto ser únicamente su amigo.
Capítulo Nueve
Mitch volvió por segunda vez de la comisaría de policía a las dos de la madrugada. Entró en el apartamento temiendo que Britt se hubiera ido con las criaturas. Pero, desde luego, eso era ridículo. ¿Adónde podría ir? Fue a la habitación y la observó mientras dormía. Después salió y se acostó en el sofá.
Estaba demasiado tenso como para dormir. Imaginaba muchas cosas, veía imágenes de su propio padre, recordaba el día que había muerto; y también el día que había muerto su madre. Cuando pensaba en ellos, sentía un lugar vacío dentro de él, sentía que la vida era injusta. Pero él había tenido suerte. Había vivido en el seno de una familia amplia y aunque las dos pérdidas le habían causado pesar, no habían sido devastadoras. Su vida había cambiado mucho. Shawnee lo había cuidado como una madre; y Mack y Kam también habían sido muy importantes para él. Luego había tenido al tío Toki, a la prima Reggie y a la tía Melle, más todos los demás parientes que siempre habían estado disponibles.
A pesar de todo, él había conocido a su madre y a su padre. ¿Qué conocerían esas pequeñas? ¿Fotos en un álbum? Datos horribles acerca de sus padres, datos que ninguna niña debía conocer. No, la vida no era justa. La vida no era justa y, a veces, era difícil conciliar el sueño.
Pero debió dormir un poco porque de pronto se dio cuenta de que el sol se filtraba por las ventanas. Britt le colocó a una niña en el pecho.
– ¿Y bien? -preguntó-. ¿Han descubierto a algún pariente?
– Buenos días también a ti -contestó Mitch después de frotarse los ojos.
Britt lo sorprendió dándole un beso fugaz en los labios.
– Me voy a tomar el día libre -anunció-. Uno de los dos tendrá que llevar a las criaturas.
– Yo también -anunció serena-. Ya se lo he dicho a Gary de modo que está arreglado.
Mitch asintió y frunció el ceño. Britt estaba extrañamente contenta.
– cY bien? -volvió a preguntar ella-. ¿Han encontrado a algún pariente?
– Todavía no. Jerry seguirá intentándolo hoy, pero hasta ahora, parece que tanto Sonny como Janine estaban muy solos. Los pocos amigos que han encontrado nunca los oyeron hablar de algún pariente y no hay nada en el expediente. Parece que nadie sabe de la existencia de las criaturas.
– Interesante -Brin frunció los labios-. Muy interesante.
– Brin -Mitch se enderezó-. ¿Qué estás tramando?
– ¿Quién, yo? -abrió los ojos de par en par-. Nada. ¿Quieres desayunar?
No, la deseaba a ella. Ya no tenía sentido negarlo. El plan de ser «amigos» había desaparecido. Ella era como una invitación a la tentación. Su forma de moverse, la curva de sus piernas, la manera en que los senos se presionaban contra la tela tejida de la blusa, el arco de sus cejas, todo lo enloquecía. La deseaba.
Se puso de pie, dejó a Donna en el suelo en una manta y siguió a la cocina. La alejó de la cocina, le dio un beso y deslizó las manos por su cintura.
Britt no titubeó. Se puso de puntillas para rodearle el cuello con los brazos y arqueó el cuerpo para moldearse al de él. Mitch deslizó las manos por el pantaloncillo de lino de Britt para sumirse en la suave carne de su trasero. Presionó las caderas de Britt contra las suyas y cuando la joven contuvo el aliento junto a su boca, la besó con más pasión.
De pronto se alejó y movió la cabeza como si necesitara aclarar sus ideas.
– tMitch? -preguntó Britt con tranquilidad sorprendente. Mitch se la quedó mirando. ¿Quién era la virgen? Maldición, aquella mujer lo asustaba.
– Tengo que irme, Britt -logró decir-. Comprendes, ¿no? Necesito salir de aquí para poder respirar…
– ¿Te estaba asfixiando? -intentó sonreír.
– Sabes que no.
Pero él necesitaba irse.
Britt lo vio salir y se tocó los labios con las yemas de los dedos; le gustaba el hormigueo que Mitch había dejado en ellos. El beso de Gary no podía compararse con los de Mitch.
Se volvió hacia la cocina sonriendo para sí. De pronto, deseaba muchas cosas. Quizá demasiadas.
Cuando Mitch volvió bien entrada la tarde, ella estaba lista para recibir cualquier noticia. Todavía no habían encontrado a ningún pariente y parecía que no existían. Al recibir la noticia, Britt asintió como si lo hubiera sabido de antemano y, de cierta manera, así era.
– Entonces no tienen a nadie.
– Así es. Tendrán que ir a una casa donde las cuiden hasta que alguien las adopte.
– No -movió la cabeza con decisión-. Nada de familia que las cuide.
– Britt, sé razonable.
– Soy razonable -le dirigió una mirada desafiante-. Mitch, escucha, quiero agradecerte tu ayuda, pero ya no te necesitaré más.
– ¿Qué diablos quieres decir? -movió la cabeza preguntándose quién de los dos estaría volviéndose loco.
– Me las arreglé bastante bien sin ti durante el día -se volvió para levantar otro paquete de pañales-. Cada vez tengo más práctica. Puedes volver a tu vida. Yo me encargaré de ellas de ahora en adelante.
– ¿De qué estás hablando? -le agarró los hombros y la volvió para que lo mirara de frente.
– Nada -evitó mirarlo a los ojos-. Vete, por favor.
– Espera un momento. No me voy a ir de aquí. ¿Qué piensas hacer?
– No te preocupes por eso -le sonrió con frialdad-. Me encargaré de todo -se soltó y se volvió-. Vuelve a tu apartamento, llama a tu novia y dile que la verás esta noche…
– No, Britt, dime -le ciñó el brazo y tiró de ella-. Hemos llegado juntos hasta aquí. Terminaremos juntos. No te dejaré sola con esta responsabilidad. Dímelo.
– ¿Qué tengo que decirte? -preguntó haciéndose la inocente.
– Dime lo que piensas hacer -masculló.
– Nada. Cuidar a las niñas y…
– ¿Y qué?
– Todavía no lo sé. Pero todavía no puedo entregárselas a los Servicios Sociales -volvió la cabeza para que Mitch no pudiera mirarla a los ojos-. Tengo que pensar.
– ¿No puedes pensar estando yo aquí?