Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
Al Faro - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Al Faro

Электронная книга - «Al Faro». Краткое содержание книги:

Tal y como viene siendo habitual en la obra de Virginia Woolf, en?Al Faro? no se descubre nada nuevo para los incondicionales de la autora. Tanto en el argumento como en la t?cnica narrativa se pueden encontrar elementos comunes: personajes atormentados e insatisfechos consigo mismos y con la realidad que les ha tocado vivir, paisajes agrestes y desfavorables para la convivencia y habitabilidad humana, y la novedosa utilizaci?n de la tercera persona y del reproducci?n de los pensamientos de los protagonistas.
1 ... 17 18 19 20 21 22 23 24 25 ... 61
Перейти на страницу:

«Triste lugar», murmuró suspirando.

Lo oyó. El decía siempre cosas muy melancólicas, pero ella se daba cuenta de que en cuanto las había dicho parecía más contento que de costumbre. Ella creía que todo esto de decir frases rotundas era un jueguecito, porque si ella hubiera dicho la mitad de las cosas que decía él, a estas horas le habría estallado la cabeza.

La fastidiaba esto de las frases, y, de la forma más natural posible, le dijo que hacía una tarde espléndida. Y que no se quejara, le dijo, medio riéndose, medio quejándose, porque intuía en qué estaba pensando: habría escrito mejores libros si no se hubiera casado.

No se quejaba, dijo. Ella sabía que no se quejaba. Sabía que no tenía de qué quejarse. Le cogió la mano, se la llevó a los labios con tal pasión que hizo que a ella se le llenaran los ojos de lágrimas, y de repente la soltó.

Dieron la espalda a la vista, comenzaron a subir, cogidos del brazo, por el camino donde crecían unas plantas en forma de lanza, de color verde plateado. El brazo era casi como el de un joven, pensaba Mrs. Ramsay, flaco y duro, y pensó complacida en lo fuerte que era todavía, aunque tenía más de sesenta años, y qué indómito y optimista, y lo extraño que era que, sabiendo lo horroroso que era todo, no pareciera estar muy deprimido, sino, al contrario, alegre. ¿No era raro?, se dijo. A decir verdad, a veces le parecía que era diferente al resto de la gente: ciego, sordo y mudo ante los acontecimientos triviales, pero con una vista de águila para las cosas extraordinarias. Su capacidad de comprensión a veces la asombraba. Pero ¿advertía la presencia de las flores?, no. ¿La del paisaje?, no. ¿Advertía siquiera la belleza de su hija, o si estaba comiendo embutidos o un asado? Se sentaba a la mesa con ellos como si fuera un personaje de un sueño. Y, se temía ella, esa costumbre de hablar en voz alta, o de recitar poesía, se le acentuaba cada vez más; porque a veces era un tanto preocupante:

Best and brightest, come away!

A la pobrecita Miss Giddings, cuando aparecía gritándole cosas como ésta, casi se le salía el corazón del pecho por el susto. Pero, al momento, Mrs. Ramsay se ponía de su parte contra todas las estúpidas Giddings del mundo; entonces, haciendo una leve presión en el brazo de él, le hizo saber que subían la cuesta demasiado aprisa para ella, y que quería detenerse para ver si las toperas de la orilla eran nuevas; entonces, al agacharse a mirar, pensó que una mente como la de él a la fuerza tenía que ser diferente de las nuestras. Todos los grandes hombres que ella había conocido, pensó, tras concluir que debía de haber dentro un conejo, eran iguales, y estaba bien que los jóvenes (aunque la atmósfera de las clases estaba muy cargada, y la deprimía hasta lo insoportable), sencillamente, se acercaran a escucharle. Pero si no se cazaban los conejos, ¿cómo impedir que proliferaran?, se preguntó. Podría ser un conejo, podría ser un topo. Alguna alimaña le destruía las hierbas de asno. Al levantar la mirada, vio sobre los delgados árboles la primera estrella, y quiso que su marido la viera también; porque ver una estrella le proporcionaba un gran placer. Pero se contuvo. Él nunca miraba las cosas. Si hubiera mirado, lo único que se le habría ocurrido decir sería: Pobrecito mundo, y habría suspirado.

En aquel momento, dijo, «Muy bonitas», para complacerla, y fingió que admiraba las flores. Pero demasiado bien sabía ella que no las admiraba, y que ni siquiera se daba cuenta de que estuvieran allí. Sólo era para complacerla… Ah, pero ¿no era Lily Briscoe la que paseaba con William Bankes? Dirigió sus ojos de miope hacia la pareja que se perdía a lo lejos. Sí, era ella. ¿No significaba eso que iban a casarse? ¡Sí, seguro que sí! ¡Qué idea tan buena! ¡Tenían que casarse!

13

Conocía Amsterdam, decía Mr. Bankes mientras caminaba por el jardín en compañía de Lily Briscoe. Había estado viendo los Rembrandt. Conocía Madrid. Desdichadamente era Viernes Santo, y el Prado estaba cerrado. También había estado en Roma. ¿Conocía Roma Miss Briscoe? Ah, pues tenía que… sería una experiencia maravillosa para ella… la Capilla Sixtina, Miguel Ángel; los Giotto de Padua. Su mujer había estado muy delicada de salud durante muchos años, de forma que no habían tenido ocasión de ver muchas cosas.

1 ... 17 18 19 20 21 22 23 24 25 ... 61
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)