Última Oportunidad
- Автор: Кларк Мэри Хиггинс, Clark Carol Higins
- Язык: испанский
- Жанр: Другие детективы
Электронная книга - «Última Oportunidad». Краткое содержание книги:
Una voz grave y ronca, que no pudo reconocer, dijo:
– Charlie, me dice el jefe que te pase el aviso de que Billy Campbell por poco se cae a la vía cuando pasaba el metro, pero yo lo salvé a tiempo.
Antes de que Charlie pudiera reaccionar, la llamada se cortó.
Devolvió el auricular a su sitio y se quedó allí de pie un minuto entero. En todos los años que llevaba trabajando para los Badgett, lo peor que había hecho era hablar con testigos potenciales, como Billy Campbell, y disponer después que se les pagara con dinero blanqueado. Podían meterle en chirona por sobornar a testigos, pero esto era distinto y mucho más grave. Quieren implicarme en lo que les pueda pasar a Billy Campbell y Nor Kelly si no logro convencerles de que tengan la boca callada, pensó. Nunca había visto a Junior y Eddie de tan mal humor como hoy, y sé que es porque están muy preocupados.
Cerró la puerta de su oficina y fue hacia el ascensor. Aunque Campbell y Kelly consientan en olvidar lo que oyeron el día de la fiesta, ¿bastará eso para que no corran ningún peligro?
Charlie lo dudaba.
El restaurante hervía de actividad cuando Billy y Sterling volvieron a las ocho. El comedor estaba a tope y en la barra había mucho trabajo. Nor estaba hablando con unas personas en una mesa cercana a la barra pero, como si hubiera tenido ojos en la nuca, se dio la vuelta tan pronto Billy entró en el comedor. Nor se animó al verle.
– ¿Cómo ha ido? -le preguntó de inmediato. Billy sonrió satisfecho.
– Chip Holmes insiste en que soy un cantante «muy especial»…
Nor le echó los brazos al cuello.
– Oh, Billy, es fantástico. -Hizo señas a uno de los camareros-. Nick, tráenos una botella de Dom Perignon; tenemos algo que celebrar.
No me importaría probarlo, pensó Sterling. Y mientras ocupaba su silla de siempre en la mesa de Nor, le vino a la memoria un torrente de recuerdos.
Sus padres descorchando una botella de «Dom» el día que él cumplía veintiún años…
Más burbujas compartidas con ellos cuando pasó su examen de abogado…
Aquel esplendoroso día de octubre, cuando Annie y él habían ido en coche con otra pareja a ver la casa de Roosevelt en Hyde Park. De regreso habían parado a comer algo en los Palisades, y Annie los había sorprendido apareciendo con una botella de champán y cuatro copas.
Cuando terminé la mía, me bebí la mitad de la suya, pensó. ¡Oh, Annie!
Sterling tragó saliva y se dio cuenta de que no estaba al tanto de Billy y Nor. Evidentemente, Billy le había hablado de la entrevista, porque ella estaba diciendo:
– ¡Es estupendo, Billy! Vas por muy buen camino.
No se percataron de que Sean O'Brien acababa de entrar en el restaurante. Todos levantaron la vista, sorprendidos, cuando se acercó a la mesa.
– Siento no haber podido contactar contigo, Nor -se disculpó-. La próxima vez llámame al móvil. ¿Ha habido novedades?
– Cuéntale lo de la llamada de los hermanos Badgett, Billy.
Sterling vio que O'Brien mudaba el gesto cuando Billy le explicó el ofrecimiento de una beca.
Y cuando Billy terminó su relato, la primera pregunta de Sean fue si había notificado la llamada al FBI.
– Rich Meyer no estaba en su oficina -respondió Billy-. Le dejé un mensaje.
– Telefoneó aquí a eso de las cinco -informó Nor-. Mi impresión es que según él ha sido una dura advertencia disfrazada de otra cosa.
O'Brien frunció el ceño.
– He sido inspector durante casi treinta años y conozco el paño. Si no hacéis lo que os dicen, la advertencia será algo más que meras palabras.
Billy, rogó Sterling para sus adentros, cuéntale lo que ha pasado en el metro. Necesitas protección.
– Supongo que no tenemos más remedio que esperar acontecimientos -dijo Nor-. Oh, ya llega el champán. Estamos celebrando el contrato de Billy. -Se volvió hacia él-. Será mejor que te des prisa. Tenemos que actuar dentro de un rato.
Billy se levantó.
– Me llevo la copa arriba. He de cambiarme y me gustaría llamar a Marissa. Ya la conoces. Quería que le contara cómo ha ido la entrevista.
Yo me quedo aquí haciendo compañía a Nor, decidió Sterling, cuando Dennis llegó de la barra.
– Quería felicitar a Billy, pero veo que ya no está.
– Ha subido a cambiarse -dijo Nor.
Sterling escuchó las explicaciones de Nor sobre la entrevista de Billy con los jefes de la discográfica.
– La noticia del contrato es maravillosa -prosiguió-, pero no sabéis lo nerviosa que he estado todo el día. Desde que Billy recibió esa llamada, no he hecho más que pensar en qué harán ahora los hermanos Badgett… Bueno, yo también he de prepararme -concluyó Nor-. Salimos dentro de quince minutos. ¿Podrás quedarte, Sean?
– Un rato. Kate trabaja esta noche.
Dennis se volvió a Sean.
– He de volver a la barra. ¿Por qué no vienes a sentarte allí?
Mientras se levantaban, vieron a Billy bajar corriendo las escaleras con un extintor bajo el brazo.
– Mamá, tu coche está en llamas -dijo-. He llamado al 911.
La noticia del fuego se extendió por todo el comedor. Dennis agarró otro extintor de la barra.
Con O'Brien y Sterling pisándole los talones, corrió afuera hacia donde estaba el vehículo en llamas y ayudó a Billy en su intento de apagar el fuego.
Nor salió del establecimiento rodeada de varios clientes a los que había tratado de tranquilizar.
Coches antiincendios estaban llegando ya al aparcamiento, e inmediatamente los bomberos ordenaron a la gente que se apartara.
Tardaron solo unos minutos en extinguir el incendio. El coche de Nor estaba en su lugar habitual, frente a la entrada de la cocina, alejado de la zona de aparcamiento para clientes.
Nor procuró animar a sus clientes a entrar de nuevo en el restaurante.
Una vez desconectadas las mangueras, el jefe de bomberos, Randy Coyne, acompañado por un agente de la policía de Madison Village, habló con Nor, Billy, Sean y Dennis en el despacho de la propietaria.
– El coche está destrozado, Nor, pero la cosa podría haber sido más grave. Al menos el fuego no se ha extendido a otros vehículos, y has tenido mucha suerte de que el restaurante haya quedado intacto.
– ¿Cómo ha sido? -preguntó Nor.
– Creemos que lo rociaron de gasolina.
Se produjo un momentáneo silencio en el despacho, y luego O'Brien dijo:
– Randy, creemos saber quién está detrás de esto, pero es un asunto para el FBI. Ellos ya están investigando la amenaza telefónica que Billy recibió esta mañana.
– Pues llámenles ahora mismo -dijo el agente de policía-. Me aseguraré de que haya un coche patrulla apostado aquí toda la noche.
– Y otro en casa de Nor -dijo Sean O'Brien.
– Será un placer tener a alguien vigilando -admitió ella.
Sean se volvió a Nor y Billy.
– Un consejo, Nor. Lo mejor es que salgáis a actuar como si nada hubiera pasado.
– Ojalá pudiera quedarme -dijo el jefe de bomberos con media sonrisa.
– Estaré fuera hasta que lleguen efectivos para vigilar esto y también su casa, señora Kelly -dijo el agente.
Billy esperó a que se hubieran marchado y luego dijo:
– Hoy me ha pasado algo cuando estaba en el metro. Yo pensaba que había sido un descuido por mi parte, pero…
Sterling vio que la expresión de los otros tres se nublaba mientras Billy procedía a explicar lo ocurrido.
– El mismo que te empujó te salvó luego de caer -dijo Sean enseguida-. Es un truco muy utilizado por esa gentuza.
Sonó el teléfono. Respondió Billy. Mientras escuchaba, su rostro se puso lívido. Luego, sin soltar todavía el aparato, dijo:
– Alguien acaba de decirme que siente haber tropezado conmigo en el andén, y que la próxima vez que yo quiera ir a Nueva York será mejor que le pida el coche a mi madre.
Un instante después en la eternidad, pero una semana más tarde según el calendario terrenal, Sterling solicitó una entrevista con el Consejo Celestial. Ahora estaba sentado frente a ellos.