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Ovnis: S.O.S a la Humanidad

Электронная книга - «Ovnis: S.O.S a la Humanidad». Краткое содержание книги:

La insólita experiencia de un periodista español en Perú En esta obra afirma haber mantenido contacto telepático y visual con los OVNIs. En ese mismo viaje al Perú recabaría información y fotografías para escribir Existió otra Humanidad, sobre las famosas piedras de Ica.
El libro da a conocer a la Misión RAMA e impulsa el nacimiento de un movimiento contactista, que se mutiplica en toda América Latina y España. Así, Benítez devino en responsable indirecto de introducir las ideas de los supuestos contactados con alienígenas entre miles de adolescentes iberoamericanos. De esta manera, Benítez se transformó en redactor OVNI `full time`, como él acostumbra decir. Colaboró con las principales revistas ufológicas españolas (Mundo Desconocido, Karma-7) y latinoamericanas (Contactos Extraterrestres, Cuarta Dimensión), se cubrió con la aureola de `investigador de campo` y correteador de OVNIs. Tras comprar unas botas con unos casquillos metálicos en la punta para poder patear la geografía española, escribió 100,000 Km tras los OVNIs, donde afirma haber vuelto a aplicar la técnica telepática que había aprendidp en Perú para contactarse con `ellos`. Tampoco consiguió constancia fotográfica de su encuentro.
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»Y al llegar la noche, como siempre, establecimos un contacto telepático previo. Y se nos pidió que estuviéramos preparados porque aquella comunicación formaba parte de la misión y de una forma importante.

»Hasta que a la hora fijada descubrimos en el cielo una única nave. Era similar a las que ya conocíamos y que los «guías» habían identificado como pertenecientes a los habitantes de «Apu».

»Permaneció inmóvil durante unos minutos. Nosotros nos encontrábamos a más de ochenta metros del lugar sobre el que se había situado.

– ¿Cómo era?

– Correspondía al tipo de astronave de dos pisos. Y brillaba intensamente. Era necesario acostumbrarse a su luz… De lo contrario, los ojos te comenzaban a llorar. Todos nos protegíamos al principio con las palmas de nuestras manos o con los brazos.

– Y en silencio -prosiguió otro de los testigos de aquel «avistamiento»-, la nave se fue acercando al suelo. Y quedó en tierra mientras en nuestros corazones comenzaba a germinar un presentimiento…

»«¿Bajarán hoy?»

»Y de pronto, cuatro de los miembros del grupo que contemplábamos la nave se separaron del resto, indicándonos que esperásemos allí.

– Habíamos recibido una comunicación -intervino Sixto Paz, que iba a ser uno de los cuatro protagonistas de aquella confirmación física-, y los cuatro, mi hermano Charlie, Juan Acervo y Francisco Oré Tippe, nos adelantamos hacia la nave. Había sido una comunicación telepática simultánea.

– ¿Y en qué consistía dicha comunicación?

– Se nos pidió que nos acercáramos. Y así fue. Llegamos hasta diez o veinte metros de aquella enorme nave y aguardamos, sobrecogidos por la grandiosidad de sus luces y de sus dimensiones.

– ¿Cómo era?

– Pasaría de los 25 ó 30 metros de diámetro. Y no disponía de patas o de ningún otro soporte que la sustentara sobre tierra. En ese momento, descendió por uno de sus costados algo así como una rampa, que fue lo único que, a primera vista, quedó en contacto con el suelo del desierto.

»Y en seguida y en silencio vimos aparecer por dicha rampa a uno de los tripulantes de la astronave…

Sixto y el grupo hicieron una leve pausa. Era como si aquellos instantes de recuerdo avivaran en sus mentes una imagen que, de todas formas, nunca matará el tiempo. Y continuaron:

– Instintivamente, dimos un paso atrás… Todas nuestras enseñanzas, todas nuestras pruebas anteriores, todo el «entrenamiento» y el conocimiento que, incluso, teníamos de las figuras de nuestros «guías» nos había servido de bien poco… ¡Porque aquélla no era una proyecciónl ¡Aquél era uno de los extraterrestres, en carne y hueso!

»Mentalmente nos indicó que no nos asustáramos. Y esperó en la rampa, inmóvil y sonriente. Y poco a poco sentimos cómo nuestros corazones latían más lentamente y cómo el sudor frío de nuestras manos y de nuestras espaldas iba desapareciendo. Y la confianza fue llenando otra vez nuestros espíritus.

»Entonces, el tripulante de aquella nave -que no era otro, según supimos después, que el propio «comandante» de la flota, «Antar Sherart»- nos señaló que nos aproximáramos a él. Y sentimos en la mente la misma voz que nos había pedido que abandonásemos el grupo.

– ¿Y qué decía aquella «voz»?

– «Venid. Entrad conmigo porque hay algo que debéis saber.» Muy lentamente, después de consultarnos unos a otros con la mirada, comenzamos a caminar hacia la rampa, mientras el enorme ser nos seguía haciendo señales para que acudiéramos.

– ¿Enorme ser…? ¿Cuál era su aspecto? ¿Cómo vestía?

– Tenía más de dos metros y no llevaba túnica, como en otras ocasiones. Aquella indumentaria correspondía a lo que pudiéramos llamar «trajes espaciales». Era brillante y como metálico. Y muy ajustado al cuerpo. Usaba unas botas hasta por debajo de las rodillas y su color era amarillento. Muy parecidas al bronce… El cabello era blanquecino y le colgaba hasta los hombros. Y sus ojos y cejas eran idénticos a los que ya habíamos visto en otras ocasiones. Oblicuos y más separados que en los humanos.

»Antes de penetrar en la nave recuerdo que volvimos a detenernos. Teníamos miedo. Pero Charlie -más decidido- tiró casi del grupo y entramos en una especie de gran sala circular, igualmente iluminada.

– Era como si aquella intensa luz blanca -añadió el citado Carlos Paz- saliera de las mismas paredes de la nave. Pero no vimos bombillas ni foco alguno» No acertábamos a comprender de dónde podía salir…

»Nos quedamos quietos, temblorosos, y el «comandante» nos señaló que le siguiéramos.

»En aquella sala, completamente circular, había varios seres vestidos de forma muy similar a la del «comandante». Al entrar se volvieron hacia nosotros y después continuaron frente a los paneles de mando. Pero era curioso. No había salientes. Todo estaba empotrado en las paredes de la nave. Los asientos de los tripulantes eran giratorios y parecían salir del piso.

– El suelo -añadió otro de los cuatro protagonistas- era muy esponjoso. Y también estaba iluminado.

»El «comandante» nos llevó hasta el centro de la sala y nos mostró un aparato -también circular- que parecía como una pila «bautismal», pero que estaba cubierto con una cúpula transparente. Aquello -nos indicó- era uno de los sistemas de localización de la zona por donde la nave se movía. Toda la orografía, todos los detalles dé cualquier lugar aparecían en aquel aparato cuando la astronave se desplazaba.

»Los tripulantes seguían frente a sus paneles y pudimos observar cómo pasaban sus manos sobre unas luces de diversos colores, encerradas a su vez en otras semiesferas.

»Según la colocación de las manos sobre dichas luces -y al parecer hay hasta tres posiciones distintas- se logra uno u otro efecto. Depende de lo que se pretenda.

»Nos llamó poderosamente la atención el hecho de que en ningún lugar de aquella nave hubiera esquinas. Todo era cilindrico, sin aristas.

– ¿Y hablaban entre ellos?

– No, nunca. Según sabemos, ellos casi nunca emplean el lenguaje para comunicarse entre sí. En muchos de estos seres -y concretamente en los que habitan en la «colonia» de «Ganimedes»-, lo que nosotros podríamos llamar voz, en ellos constituye un séptimo sentido natural. Y lo emplean para la transformación de la materia, mediante la fuerza y ondas que constituyen dicho sonido.

»Entre ellos siempre emplean la telepatía, que es el sistema más cómodo y eficaz.

– Y los tripulantes que visteis en aquella nave, ¿eran todos del mismo planeta?

– Bueno, no. En esas naves -aunque pertenezcan a un mundo concreto- trabajan en común con otros seres. Allí, por ejemplo, había también algunos miembros de «Ganimedes.» Aunque, según nos han revelado, en muchos viajes les acompañaban también otros seres de la galaxia que tienen misiones muy específicas, casi todas de tipo científico. Incluso, algunas de esas civilizaciones no forman parte de la «Misión RAMA». Ni siquiera de la «Confederación de Mundos». Pero se ayudan…

– ¿Y sólo entrasteis cuatro en las naves?

– Bueno, en ese primer contacto físico, sí. Pero, en ocasiones posteriores, también lo han hecho otros miembros del grupo. Porque los contactos con los «guías» -y nos referimos a los contactos físicos- no iban a concluir con aquella «visita» a una de sus astronaves.

– Pero volvamos al interior de aquella nave. ¿Qué ocurrió después?

– El «comandante» «Antar Sherart» nos mostró una de las paredes de la gran sala circular y a través de la comunicación telepática afirmó:

»-La «Misión RAMA», en la que ustedes, como otros muchos grupos, están colaborando, exige que vean algo que posiblemente les entristecerá el espíritu, pero que justifica el desarrollo de dicha misión,

»Todos quedamos muy alarmados. Y el «comandante» nos mostró una especie de pantalla o panel enorme. Era el «monitor» llamado de «tiempo-espacio».

»-Lo que ustedes van a ver ahora -continuó el «comandante»- es lo que ustedes llamarían futuro. El muy próximo futuro de la Tierra.

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