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Электронная книга - «Lo que hice por amor». Краткое содержание книги:

No es fácil ser famosa cuando tu vida se cae en pedazos… Georgie York ha sido abandonada por su marido, una famosa estrella de cine; su propia carrera está yéndose por el retrete; y su imagen pública como heroína romántica en un culebrón corre grave peligro.
¿Qué debería hacer una actriz para mejorar su suerte? Desde luego, NO sería ir a Las Vegas, NO sería escaparse con su detestable pareja televisiva, el macizo tío bueno, Bramwell Shepard… y NO debería verse envuelta en medio de un ridículo incidente que la lleva a ser la protagonista de una desastrosa huída. Antes de saber cómo, Georgie disfruta de un matrimonio falso, de un marido falso, y tal vez (o quizá no) de sexo falso.
Es una lucha a muerte contra los paparazzi y Georgie no tiene la suerte de su lado. Ahí están la terrorífica ama de llaves de Bram; el insistente padre de Georgie; el agente más pelota del mundo; ese frío directivo de los estudios; ¡y la nueva esposa de su ex marido, una pacifista internacional que bien podría ser merecedora de ese estúpido premio, el Nobel de la Paz!
Por lo que respecta al hombre de Georgie… Bram, es su ángel de ojos azules y retorcido corazón negro, que jamás se ha preocupado de nadie más que de sí mismo. Bueno, da el pego como hombre enamorado… gracias al medio millón de dólares que ella le paga.
Es oficial. Se ha casado con el diablo. ¿O no?
Son dos enemigos trabajando sin guión bajo los brillantes focos del plató… allí donde las emociones más fuertes pueden llevar sorprendentes disfraces.
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– Preocúpate de ti mismo.

La furgoneta se alejó del hotel y Georgie chocó contra Bram. En eso se había convertido su vida. En escapar de Las Vegas ocultos en una furgoneta de fontanería. Georgie apoyó la mejilla en las rodillas y cerró los ojos intentando no pensar en lo que le esperaba.

SCOOTER: Yo nunca miro las estrellas.

SKIP: ¿Por qué?

SCOOTER: Porque me hacen sentirme pequeña. Más pequeña que un puntito. Preferiría meter la mano en una jaula de leones que mirar las estrellas.

SKIP: Eso es absurdo. Las estrellas son bonitas.

SCOOTER: Las estrellas son deprimentes. Yo quiero hacer grandes cosas en mi vida, pero ¿cómo puedo conseguirlo si las estrellas me recuerdan lo pequeña que soy en realidad?

Al cabo de un rato, la furgoneta salió de la carretera y se detuvo en un camino de tierra lleno de baches. Bram bajó y Georgie asomó la cabeza. La noche era oscura como boca de lobo y estaban en medio de ninguna parte. Georgie bajó y se dirigió con cautela a la parte frontal del vehículo. Los faros delanteros iluminaban un letrero de madera que indicaba: JEAN DRY LAKE. Junto a éste, un cartel anunciaba una especie de festival de lanzamiento de cohetes. Bram estaba hablando con el conductor de un sedán negro. Ella no quería hablar con nadie, así que no se acercó.

El conductor de la furgoneta pasó por su lado con las maletas.

– Me gustabas mucho en Skip y Scooter -le dijo.

– Gracias.

Georgie deseó que alguien le dijera que le había gustado en sus otras películas.

El conductor del sedán bajó y metió las maletas en el maletero. Los dos hombres subieron a la furgoneta y se marcharon. Ella y Bram se quedaron solos, con sólo el brillo del pelo de Bram a la luz de la luna.

– Contarán lo de nuestra huida -dijo Georgie-. Sabes que sí. Ganarán un buen dinero por eso.

– Cuando salga a la luz, ya hará tiempo que estaremos en casa.

«Casa.» Georgie no se imaginaba a los dos atrapados en su pequeña casa de alquiler. Tenía que encontrar otra y deprisa. Una casa grande para que no tuvieran que verse. Mientras abría la portezuela del coche, consultó su reloj: las dos de la madrugada. Sólo habían pasado doce horas desde que despertara para encontrarse inmersa en aquel desastre.

Bram se sentó al volante. Condujo deprisa, aunque no con temeridad.

– Un amigo mío llevará mi coche de regreso a Los Ángeles dentro de un par de días. Si tenemos suerte, no descubrirán que nos hemos ido del hotel hasta entonces.

– Necesitamos un lugar para vivir. Le diré a mi agente inmobiliario que encuentre algo deprisa.

– Viviremos en mi casa.

– ¿Tu casa? Creía que estabas cuidando la casa de Trev en Malibú.

– Sólo voy allí cuando quiero escapar.

– ¿Escapar de qué? -Georgie se quitó las sandalias-. Espera. ¿No me dijo Trev que vivías en un apartamento?

– ¿Tienes algo en contra de los apartamentos?

– Sí, que son pequeños.

– ¿Siempre has sido tan esnob?

– Yo no soy esnob. Se trata de una cuestión de intimidad. De uno respecto al otro.

– Pues nos resultará un poco difícil, porque mi apartamento sólo tiene un dormitorio, aunque es bastante grande.

Georgie le lanzó una mirada airada.

– De ningún modo viviremos en un apartamento de un solo dormitorio.

– Tú no tienes por qué hacerlo si no quieres, pero yo sí viviré allí.

Entonces ella lo entendió. Así era como él pensaba manejarlo todo. Sería a su manera o a la calle.

A Georgie le dolía la cabeza, tenía tortícolis y no vio ninguna ventaja en discutir sobre aquella cuestión antes de llegar a Los Ángeles. Se volvió de lado y cerró los ojos. Tomar la decisión de asumir el control de su vida era la parte fácil. Llevarlo a cabo le resultaría mucho más complicado.

Despertó al amanecer. Se había dormido apoyada en la puerta del coche y se frotó la nuca. Estaban subiendo por una calle serpenteante de una zona residencial flanqueada por casas ocultas tras frondosos follajes. Bram la miró de reojo. Aparte de tener la barba más crecida, no mostraba signos de no haber dormido en toda la noche. Georgie frunció el ceño.

– ¿Dónde estamos?

– En las colinas de Hollywood.

Pasaron junto a un seto alto de ficus, tomaron otra curva y cogieron un camino entre dos pilares de piedra. Una gran casa de piedra y estuco rojizo de estilo colonial español apareció a la vista. Una buganvilla se enredaba alrededor de un saliente formado por seis ventanas en arco de estilo morisco y una trompeta trepadora subía por una torre redonda de dos plantas de altura que remataba un extremo de la casa.

– Sabía que me mentías respecto a lo del apartamento.

– Ésta es la casa de mi novia.

– ¿Tu novia?

Bram paró delante de la casa y apagó el motor.

– Tienes que explicarle lo que ha sucedido. Todo irá mejor si se lo explicas tú personalmente.

– ¿Quieres que le explique a tu novia por qué te has casado?

– ¿Qué quieres, que se entere por los periódicos? ¿No crees que debería ser sensible con la mujer que amo?

– Tú no has amado a nadie en tu vida. ¿Y desde cuándo sales con una sola mujer?

– Siempre hay una primera vez.

Bram se desabrochó el cinturón de seguridad y salió del coche.

Corrió detrás de él hacia el porche con arcos y suelo de baldosas azules y blancas que formaba la entrada de la casa. En un rincón, junto a tres columnas en espiral del mismo color rojizo que el estucado, había unas macetas de terracota de varios tamaños.

– No le contaremos a nadie la verdad acerca de nuestro matrimonio -susurró Georgie-. Y menos a una mujer que va a experimentar una comprensible necesidad de venganza.

Bram subió los escalones del porche.

– Si va tan en serio conmigo como yo creo, mantendrá la boca cerrada y esperará hasta que todo termine.

– ¿Y si no va en serio contigo?

Bram enarcó una ceja.

– Sé sincera, Scoot. ¿Cuándo has visto que una mujer no vaya en serio conmigo?

Capítulo 6

Bram tenía una llave de la casa de su novia, así que o vivía con ella o pasaba mucho tiempo allí, lo que explicaría por qué sólo necesitaba un apartamento de una habitación. Georgie subió los escalones del porche y siguió a Bram al interior de un vestíbulo con apliques de bronce y paredes pintadas a la esponja.

– Tendrías que haberme dicho que tenías novia.

Bram señaló con la cabeza la parte trasera de la casa.

– La cocina está por ahí. Ella necesitará un café. Yo la iré preparando mientras tú haces el café.

– Bram, esto no es una buena idea. Como mujer te digo que…

Él ya había desaparecido escaleras arriba. Georgie se sentó en el primer escalón y apoyó la cara entre las manos. Una novia. Bram siempre había estado rodeado de mujeres hermosas, pero ella nunca había oído que tuviera una relación seria con nadie. Deseó no haber cortado a Trev cada vez que él empezaba a contarle cosas de Bram.

Se levantó del escalón y miró alrededor. La novia de Bram tenía un gusto exquisito para la decoración, aunque no para los hombres. A diferencia de otras casas antiguas de estilo colonial, aquélla tenía suelos de madera clara que, o eran originales o habían sido tratados para que parecieran usados y tuvieran un aspecto cálido y rústico. El mobiliario era confortable, piezas sencillas tapizadas con telas de tonalidad mate y adornadas con bonitos cojines indios y telas tibetanas de colores ocre, aceituna, marrón rojizo, peltre y dorado mate. Unos ventanales altos que daban a un porche trasero permitían que la luz matutina inundara el salón y, al mismo tiempo, contemplar los exuberantes limoneros y naranjos de China que crecían en decorativas macetas de cerámica. Una antigua ánfora de aceite contenía una frondosa enredadera que subía por el lateral de una chimenea y a lo largo de la repisa superior de piedra, que estaba labrada con un diseño morisco.

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