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Espí­a de Dios

Электронная книга - «Espí­a de Dios». Краткое содержание книги:

Roma, 2 de abril de 2005. El Papa Juan Pablo II acaba de morir y la plaza de San Pedro se llena de fieles dispuestos a darle el último adiós. Al mismo tiempo, se inician los preparativos para el cónclave del que ha de salir el nombre del nuevo Sumo Pontifice. Pero justo entonces los dos cardenales mejor situados del ala liberal de la Iglesia, Enrico Portini y Emilio Robayra, aparecen asesinados siguiendo un mismo y macabro ritual que incluye la mutilación de miembros y mensajes escritos con simbología religiosa. Un asesino en serie anda suelto por las calles de Roma, y la encargada de perseguirlo será la inspectora y psiquiatra criminalista Paola Dicanti. Durante la investigación, la joven detective se adentrará en los más oscuros secretos del Vaticano, aquellos que hablan de conspiraciones nada decorosas y de la existencia de un centro donde se rehabilita a sacerdotes católicos con historial de abusos sexuales. A la cruel astucia del psicópata se unen las trabas que los servicios de seguridad del Vaticano ponen a la investigación: oficialmente las muertes de los cardenales no están ocurriendo y el cónclave debe celebrarse con normalidad. La aparición del padre Fowler, un ex militar norteamericano, supondrá un nuevo desafío para Dicanti, reacia a confiar en el misterioso sacerdote. Pero Fowler conoce el nombre del asesino y guarda un secreto aún más temible: su propio pasado.
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Si tú supieras, pensó Paola.

—¿Tu crees, mamá?

—Convencida. ¡Madonna, que manos tan bonitas tiene! Con ese bailaba yo la danza del jergón...

—¡Mamá! ¡Podría escandalizarme!

—Desde que tu padre nos dejó hace diez años, hija, no he pasado un solo día sin acordarme de él. Pero no pienso ser como esas viudas sicilianas de negro que echan raíces junto a las lápidas de sus maridos. Anda, toma otra y vamos a la cama.

Paola mojó otra galleta en la leche, calculando mentalmente las calorías y sintiéndose muy culpable consigo misma. Por suerte le duró muy poco.

De la correspondencia entre el cardenal

Francis Shaw y la señora Edwina Bloom

Boston, 23-02-1999

Querida señora:

En respuesta a la suya del 17-02-1999, quiero manifestarle (...) y que respeto y lamento su dolor y el de su hijo Harry. Soy consciente de la tremenda angustia que ha soportado, el tremendo sufrimiento. Coincido con usted en que el hecho de que un hombre de Dios caiga en los errores que cometió el padre Karoski ha podido hacer tambalear los cimientos de su fe (...) Reconozco mi error. Nunca debí haber reasignado al padre Karoski (...) tal vez en aquella tercera ocasión en que fieles preocupados como usted me presentaron sus quejas, debí haber tomado un camino diferente (...). Mal aconsejado por los psiquiatras que revisaron su caso, como el doctor Dressler, quien comprometió su prestigio profesional afirmando que era apto para el ministerio, cedí (...)

Espero que la generosa indemnización pactada con su abogado haya resuelto el asunto a satisfacción de todos (...) ya que es más de lo que podíamos ofrecer (...) aún sin, por supuesto, querer paliar con dinero su dolor, si me permito aconsejarle que guarde silencio, por el bien de todos (...) nuestra Santa Madre Iglesia ya ha sufrido bastante las calumnias de los malvados, del Satán mediático (...) por el bien de nuestra pequeña comunidad, por el de su hijo y por el suyo propio, hagamos como si esto no hubiera ocurrido nunca.

Reciba todas mis bendiciones

Francis Augustus Shaw

Cardenal Prelado de la Archidiócesis de Boston

Instituto Saint Matthew

Silver Spring, Maryland

Noviembre de 1995

TRANSCRIPCIÓN DE LA ENTREVISTA NÚMERO 45 ENTRE EL PACIENTE NÚMERO 3643 Y EL DOCTOR CANICE CONROY. ASISTEN A LA MISMA EL DOCTOR FOWLER Y SALHER FANABARZRA

DR. CONROY: Hola Viktor, ¿podemos pasar?

#3643: Por favor, doctor. Es su clínica.

DR. CONROY: Es su habitación.

#3643: Pasen, por favor, pasen.

DR. CONROY: Le veo de muy buen humor hoy. ¿Se encuentra bien?

#3643: Estupendamente.

DR. CONROY: Me alegra ver que no ha habido incidentes violentos desde su salida de la enfermería. Toma usted su medicación regularmente, asiste con regularidad a las sesiones de grupo... Está usted haciendo progresos, Viktor.

#3643: Gracias, doctor. Hago lo que puedo.

DR. CONROY: Bien, como habíamos hablado hoy es el día en que empezaremos con la terapia de regresión. Éste es el señor Fanabarzra. Es un médico hindú, especializado en hipnosis.

#3643: Doctor, no se si acabo de sentirme cómodo con la idea de someterme a éste experimento.

DR. CONROY: Es importante, Viktor. Lo hablamos la semana pasada, ¿recuerda?

#3643: Sí, lo recuerdo.

DR. CONROY: Entonces todo está resuelto. Señor Fanabarzra, ¿dónde prefiere que se sitúe el paciente?

Sr. FANABARZRA: Estará más cómodo en la cama. Es importante que esté lo más relajado posible.

DR. CONROY: Será en la cama, entonces. Túmbate, Viktor.

#3643: Como quiera.

Sr. FANABARZRA: Bien, Viktor, voy a mostrarle éste péndulo. ¿Le importaría bajar un poco la persiana, doctor? Así es suficiente, gracias. Viktor, mire al péndulo, si es tan amable.

(EN ESTA TRANSCRIPCIÓN SE OMITE EL PROCEDIMIENTO DE HIPNOSIS DEL Sr. FANABARZRA, A PETICIÓN EXPRESA DEL MISMO. TAMBIÉN SE HAN ELIMINADO LAS PAUSAS PARA FACILITAR SU LEGIBILIDAD)

Sr. FANABARZRA: De acuerdo... estamos en 1972. ¿Qué recuerdas de ésa época?

#3643: Mi padre... Nunca estaba en casa. A veces íbamos toda la familia a esperarle a la fábrica los viernes. Mamá decía que era un inútil y que así evitábamos que se gastase el dinero en los bares. Hacía frío fuera. Un día esperamos y esperamos. Dábamos patadas en el suelo para no congelarnos. Emil (el hermano pequeño de Karoski) me pidió mi bufanda, porque tenía frío. Yo no se la di. Mi madre me golpeó en la cabeza y me dijo que se la diera. Finalmente nos cansamos de esperar y nos fuimos.

DR. CONROY: Pregúntele dónde estaba el padre.

Sr. FANABARZRA: ¿Sabes dónde estaba tu padre?

#3643: Le habían despedido. Llegó a casa dos días después, estaba malo. Mamá dijo que había estado bebiendo y yendo con fulanas. Le dieron un cheque, pero no duró mucho. Íbamos a la Seguridad Social a por el cheque de papá. Pero a veces papá se adelantaba y se lo bebía. Emil no entendía cómo alguien podía beberse un papel.

Sr. FANABARZRA: ¿Pedisteis ayuda?

#3643: En la parroquia a veces nos daban ropa. Otros chicos iban a por la ropa al Ejército de Salvación, que siempre eran mejores. Pero mamá decía que eran unos herejes y unos paganos y que era mejor llevar honradas ropas cristianas. Beria (el hermano mayor de Karoski) decía que sus honradas ropas cristianas estaban llenas de agujeros. Le odié por eso.

Sr. FANABARZRA: ¿Te alegraste cuando se fue Beria?

#3643: Yo estaba en la cama. Le vi cruzar la habitación a oscuras. Llevaba las botas en la mano. Me regaló su llavero. Tenía un oso plateado. Me dijo que pusiera en él las llaves adecuadas. Por la mañana Emil lloró porque no se había despedido de él. Yo le di el llavero. Emil siguió llorando y tiró el llavero. Lloró todo el día. Yo le rompí un libro de cuentos que tenía para que se callara. Lo hice pedazos con unas tijeras. Mi padre me encerró en su habitación.

Sr. FANABARZRA: ¿Dónde estaba tu madre?

#3643: Jugando al bingo en la parroquia. Era martes. Jugaban al bingo los martes. Cada cartón costaba un centavo.

Sr. FANABARZRA: ¿Qué ocurrió en aquella habitación?

#3643: Nada. Esperé.

Sr. FANABARZRA: Viktor, tienes que contármelo.

#3643: ¡No pasó NADA, entiende señor, NADA!

Sr. FANABARZRA: Viktor, tienes que contármelo. Tu padre te metió en su habitación y te hizo algo, ¿verdad?

#3643: Usted no lo entiende. ¡Me lo merecía!

Sr. FANABARZRA: ¿Qué es lo que te merecías?

#3643: El castigo. El castigo. Necesitaba mucho castigo para arrepentirme de las cosas malas.

Sr. FANABARZRA: ¿Qué cosas malas?

#3643: Todas las cosas malas. Lo malo que era. Lo de los gatos. Metí un gato en un cubo de basura lleno de periódicos arrugados y le prendí fuego. ¡Y chilló! Chilló con voz humana. Y lo del cuento.

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