El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es]
- Автор: Нивен Ларриё, Пурнель Джерри
- Год: 1983
- Язык: испанский
- Год: Acervo
- ISBN: 84-7002-349-7
- Переводчик: Jordi Fibla Feito
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es]». Краткое содержание книги:
—Sí. —Hardy hizo un gesto de asentimiento—. Podrían ocuparse de los trabajos más pensados. Girar bombas compresoras para que tengamos refrigeración, fuerza muscular para los tornos manuales, pulir vidrio para lentes, incluso tirar de arados. Hay mucho trabajo que nadie quiere hacer...
—Pero la esclavitud es horrible —protestó Maureen.
—¿Tú crees? ¿Te parecería mejor si lo llamásemos condena a trabajos forzados? ¿Serían sus vidas mucho peores de lo que eran cuando formaban parte de la Hermandad? ¿O peor que los condenados en las prisiones antes de que cayera el Martillo?
—No —dijo Maureen—. No estoy pensando en ellos, sino en nosotros. ¿Queremos ser la clase de gente que tiene esclavos?
—Entonces matémoslos y terminemos de una vez —dijo George Christopher—. Porque puedes estar segura de que no vamos a dejarlos sueltos, ni dentro ni fuera.
—¿Por qué no podemos dejarles en libertad? —quiso saber Maureen.
—Ya te lo he dicho —dijo George—. Volverán con los caníbales...
—¿Tan peligrosa es ahora la Hermandad? —preguntó ella.
—Para nosotros no —dijo Christopher—. No volverán aquí.
—Y supongo que para la primavera no quedarán muchos —añadió Al Hardy—. No están muy organizados para el invierno. Y si lo están, los que capturamos no lo saben.
Maureen trató de reprimir la sensación que la amenazaba.
—Es bastante horrible —dijo.
—Hay que pensar en lo que podemos permitirnos —dijo el senador Jellison en voz baja, para no gastar energía—. Las civilizaciones pueden permitirse la moralidad y la ética. Pero ahora no es mucho lo que podemos permitirnos. Podemos ocuparnos de nuestros heridos, pero mucho menos de los suyos. Todo lo que podemos hacer por ellos es librarlos de su desgracia. ¿Qué podemos hacer con los demás prisioneros? Maureen tiene razón. No podemos volvernos bárbaros, pero puede que nuestras capacidades no estén a la altura de nuestras intenciones.
Maureen dio unas palmaditas a su padre en el brazo.
—Eso es lo que estuve pensando esta última semana. ¡Pero si no podemos permitirnos mucho, hemos de trabajar para que podamos! Lo que no nos atreveremos a hacer es acostumbrarnos a hacer el mal. Hemos de detestarlo, aunque no podamos hacer otra cosa.
—Eso no soluciona lo que hemos de hacer con los prisioneros —dijo George Christopher—. Voto por matarlos. Lo haré yo mismo.
Maureen supo que nada le haría salir de su determinación, que nunca comprendería. Pese a todo, a su manera era un buen hombre. Compartía todo cuanto tenía. Trabajaba más que cualquier otro, y no lo hacía sólo para sí mismo.
—No —dijo Maureen—. De acuerdo, no podemos dejarles libres ni podemos admitirlos como ciudadanos. Si lo único que podemos permitirnos es la esclavitud, tengámoslos como esclavos y hagámosles trabajar para que podamos permitirnos algo más. Pero no les llamaremos esclavos, porque así es muy fácil pensar como un dueño de esclavos. Podemos hacerles trabajar, pero les llamaremos prisioneros de guerra y les trataremos como tales.
Hardy pareció confundido. Nunca había visto a Maureen tan segura de sí misma. Miró al senador, pero no vio en éste más que el aspecto de un hombre mortalmente fatigado.
—De acuerdo —dijo Al—. Eileen, tendremos que organizar un campamento de prisioneros de guerra.
LA DECISIÓN FINAL
El campesino es él hombre eterno, independiente de todas las culturas. La religiosidad del verdadero campesino es más antigua que el cristianismo, sus dioses son más viejos que los de cualquiera de las religiones superiores.