Viaje de descubrimiento
- Автор: Стил Джессика
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Viaje de descubrimiento». Краткое содержание книги:
Era importante que viera a Quin antes de que él se marchara. Tan sólo por buena educación, debía darle las gracias en persona. Entró en la habitación con la certeza de que su decisión de irse de Paracas era atinada y de que seguramente Quin querría volver a tener la casa para él solo. Hacía una semana entera que Bliss vivía bajo su techo.
Su orgullo la felicitó por tomar la decisión correcta e ignoró el hecho de que la invadiera una profunda tristeza, al percatarse de que nunca más volvería a verlo. Era algo ridículo, se dijo la chica.
– Buenos días -le sonrió a Quin, quien bajó el periódico que leía.
– ¿Dormiste bien, Bliss? -inquirió al verla a los ojos.
– Muy bien -contestó y se sentó. Notó que él estaba vestido con ropa informal y no con su traje de negocios. De hecho, me siento tan bien ahora -su orgullo la obligó a proseguir-, tan llena de energía que estoy lista para cualquier cosa. Es por eso que… -ya tenía listo su discurso de agradecimiento cuando Quin escogió ese preciso momento para interrumpirla.
– ¡Bien! -hizo que Bliss olvidara cada palabra de su discurso al sugerir-. Como ya estás en plena forma, ¿qué te parecería ir a Nazca?
– ¡Nazca! -exclamó la joven, maravillada-. Pensé que lo habías olvidado -estaba muy emocionada.
– ¿Cómo podía hacerlo? -la miró de modo amistoso y se dio cuenta de su animada expresión.
– ¿Estás seguro? No quiero alejarte de tus obligaciones.
Quin no le recordó que era domingo. Sin embargo, después de contemplarla un momento, contestó con suavidad:
– Estoy seguro. Nos vamos a las diez -anunció.
Bliss no sabía qué tan lejos estaba Nazca, pero seguía muy emocionada cuando, a los cinco para las diez, se reunió con Quin y lo acompañó al auto.
– ¿Tienes tu cámara?
– Con rollo nuevo, más otros de repuesto -sonrió la chica.
Estuvo segura de que Quin conduciría hasta Nazca, así que se sorprendió mucho cuando él se estacionó en el aeropuerto de Pisco.
– ¿Volaremos sobre las líneas de Nazca desde aquí? -inquirió Bliss y trató de contener su entusiasmo.
– De aquí volaremos a Nazca… He hecho un arreglo con una compañía comercial para que nos lleve encima de las líneas -le informó con amabilidad.
Quin fue a consultar algo con uno de los oficiales y regresó con Bliss. Esta recibió otra gran sorpresa cuando Quin la condujo a donde estaba estacionado un pequeño avión privado.
– ¿Sabe el piloto que estamos aquí? -preguntó ella cuando Quin abrió la puerta y la ayudó a subir a la cabina.
– Estás hablando con él -sonrió. Bliss se quedó muy impresionada y pensó que Quin debió de contratar a alguien para que les enseñara las líneas de Nazca, sólo para no quitarle ese trabajo y el dinero que representaba. Quin la ayudó a sentarse y le mostró cómo abrocharse el cinturón de seguridad.
Esa mañana estuvo llena de sorpresas para Bliss. Quin tomó el mando del avión y despegaron. Ash Barton le parecería a Bliss muy aburrido en comparación cuando volviera a casa. No quería pensar en Inglaterra, al menos no todavía. Así que desechó sus ideas y se entregó al placer del momento.
Pareció que apenas habían despegado, cuando ya aterrizaban de nuevo. Quin la ayudó a bajar y en ese momento sus miradas se encontraron.
– ¿Estás lista? -inquirió con suavidad.
– Sí -sabía que la única razón por la cual su corazón estaba tan acelerado, era porque estaba a punto de ver una maravilla.
Sin decir nada más, Quin la llevó a donde se encontraba una avioneta con cuatro asientos. En unos segundos, el piloto empezó a hablar con Quin, y pronto Bliss y éste se instalaron a bordo. El piloto encendió el motor y poco después despegaron.
Para Bliss empezó el vuelo con el que soñó toda su vida. Las líneas de Nazca se mencionaron por primera vez en los tiempos modernos en 1927, cuando fueron descubiertas por Toribio Mexia Xesspe. Desde entonces, fueron estudiadas por muchas personas. La doctora Maria Reiche se había pasado años investigándolas. Se adelantaron muchas teorías para explicar cómo fueron trazadas, pero Bliss sabía que aún no se conocía la verdadera razón.
Claro que no estaba interesada en teorías cuando la avioneta llegó a las líneas y ella contempló el desierto gris en el cual estaban dibujadas las líneas sobre las cuales, hasta ese momento, sólo había leído libros.
– ¡Allí está, el cóndor! -exclamó. Estaba demasiado ocupada tomando fotos como para volverse hacia Quin-. El piloto bajó un poco y ladeó el avión para que ella obtuviera mejores tomas.
Durante la media hora siguiente, el piloto maniobró la nave sobre los kilómetros de desierto y ladeó el avión de uno y otro lado para que Bliss tomara unas fotos increíbles.
Ella supuso que tenía unas tomas fantásticas gracias a la habilidad del piloto. Vio la araña, de la que se decía medía treinta metros de largo, y la lagartija, la ballena y el mono.
No obstante, su emoción llegó al punto culminante cuando vio el colibrí. Tomó varias fotografías y, sin saberlo, mientras el avión se inclinaba hacia la izquierda, ella alargó la mano derecha… que fue atrapada y apretaba con firmeza.
Ya salían del desierto y aterrizaban, cuando Bliss se percató, de repente, de que apretaba una mano masculina y cálida. De inmediato la soltó y vio a Quin.
– ¡Lo lamento! -se disculpó, inconsciente de que sus ojos todavía brillaban por lo que acababa de presenciar.
– Ni lo menciones -susurró. La contemplaba a los ojos y, entonces, sonrió. Fue demasiado. Bliss tuvo que bajar la vista.
Al pisar tierra firme, estrechó la mano del piloto y se lo agradeció mucho. Todavía estaba muy entusiasmada cuando Quin despegó y se dirigieron a Pisco en el avión de él.
Aterrizaron en el aeropuerto y se dirigieron al auto. Quin le abrió la puerta del pasajero y le preguntó con una sonrisa en la mirada:
– ¿Ya bajaste de las nubes?
– ¿Alguna vez has experimentado algo tan maravilloso? -inquirió la joven a su vez. De pronto, sin decir nada, Quin la contempló con fijeza… Bliss sintió que ya no podía respirar. Sabía que ya no lo estaba haciendo cuando, como si fuera atraído por un imán invisible, Quin inclinó su cabeza hacia la de ella. Bliss entreabrió los labios con una exclamación de sorpresa y sintió la boca de Quin sobre la suya. El beso fue delicado y suave.
Al sentir esa cálida y maravillosa boca acariciando la suya, Bliss tuvo la impresión de que su corazón dejaba de latir. El beso terminó entonces y Quin se apartó.
Bliss ya no sabía dónde estaba. Quin se volvió hacia ella.
– No es necesario preguntarte si te gustó Nazca -comentó con voz serena y agradable. Prosiguió, como si fuera consciente de los estragos que el vuelo causó en el estómago de Bliss-. Si ya eres de nuevo la dueña de tus entrañas, ¿qué te parece si comemos en Pisco?
– Me encantaría -rió Bliss al entrar en el auto, pero no pensaba en la comida mientras Quin sacaba el auto del estacionamiento. Recordó una y otra vez su beso, su beso gentil y generoso, lo más hermoso que le había pasado en la vida.
La emoción de Nazca se hallaba ya a años luz de distancia y Bliss aún no se había recuperado de ese beso, cuando Quin se estacionó frente a un restaurante.
La joven supuso que debió comer algo, pero no supo ni qué. Admitió que el efecto que Quin causaba sobre ella era demasiado intenso.
Después de la comida, regresaron a la casa, pero Quin no entró con ella. Le informó con amabilidad:
– Tengo unos compromisos de negocios que me mantendrán ocupado el resto del día -anunció con agradable expresión-. Dejaré que sueñes con Nazca -y con eso, se fue.