Viaje de descubrimiento
- Автор: Стил Джессика
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Viaje de descubrimiento». Краткое содержание книги:
– ¿Es eso un cormorán? -inquirió Bliss con emoción cuando Quin disminuyó mucho la velocidad y supo que no encallarían si desviaba su atención hacia un ave.
– Es el cormorán neotrópico -le anunció y señaló en otra dirección-. ¿Ves el ave que tiene patas rojas… allá? -Bliss no podía verla y el corazón le dio un vuelco cuando Quin la rodeó con el brazo y la hizo volverse un poco-. Allá -señaló de nuevo.
– Ah, sí -su voz tembló y no sabía cómo él podía estar tan tranquilo, cuando ella estaba convertida en una gelatina por dentro por el solo hecho de que la tocara.
Quin la soltó cuando ella decidió de pronto fotografiar cualquier pájaro que estuviera cerca. Bliss haber sacado unas buenas tomas de gaviotas dominicanas, pelícanos y buitres.
Quin apagó el motor y se acercaron flotando a una cueva rocosa.
– ¡Escucha! -sugirió él, pero Bliss no oyó nada. Escuchó de nuevo y entonces oyó un sonido ronco y musical.
– ¿Qué es? -susurró.
– Algunos dicen que es el canto de las focas -bromeó al observar el maravillado rostro de la chica-, pero…
– ¿Focas? -murmuró ella. Al ver a Quin tuvo la loca impresión de que él se disponía a besarla. Se olvidó de qué estaban hablando cuando él le contempló los ojos, la boca y de nuevo los ojos. De pronto, con brusquedad, Quin bajó la vista y miró al frente… y no le costó ningún trabajo recordar de qué estaban hablando.
– ¿Te gustaría ver algunas? -inquirió y dirigió el bote hacia algunas rocas, donde Bliss vio verdaderas manadas de focas.
Llegaron a una sección donde algunos enormes machos estaban en el agua y llamaban con fuerza a las hembras, que apenas si sacaban la cabeza del agua.
– ¿Alguna vez viste algo tan fascinante? -susurró la chica y se volvió con emoción hacia Quin. Le pareció que éste le comunicaba algo con la mirada. Por un momento, el corazón se le aceleró al pensar que las profundidades grises de los ojos masculinos parecían decir: “A ti”.
Con rapidez, Bliss prestó atención al mar. No la llevaría a ninguna parte soñar con lo que deseaba, así que debía controlar su imaginación… de inmediato.
Hacía tres horas que estaban en el mar y de nuevo a Bliss le pareció que el tiempo pasó volando. Al regresar, pensó que el día ya no podía reservarle más maravillas y, sin embargo, de pronto descubrió otra.
Estaban navegando cerca de la costa, cuando Bliss vio un grabado gigante en una pendiente muy empinada que le pareció ser de arena.
– ¿Qué es eso? -exclamó y Quin disminuyó la velocidad del bote. Bliss estaba de nuevo hechizada.
– El Candelabro -explicó Quin y Bliss se dio cuenta de que ahora estaban frente a eso que tenía una forma de candelabro gigante. La chica no podía quitarle la vista de encima.
– ¿Qué tan viejo es? -quiso saber cuando notó que estaba esculpido en la suave arena y que debía ser una obra humana.
– Las teorías difieren, pero algunos creen que podría estar relacionado con las líneas de Nazca -contestó Quin. Bliss se quedó pasmada.
– ¡No puede ser! -susurró con suavidad.
– Claro que puede ser -sonrió él.
– ¡Dios mío! -suspiró Bliss. Entonces, se percató de que habían tomado la ruta larga y que antes no pasaron por ese sitio-. ¿Guardaste El Candelabro hasta el final premeditadamente?
– ¿Crees que sería capaz de algo semejante? -la miró a los ojos sonriendo y Bliss se volvió a enamorar dé él.
Comieron tarde y, de nuevo, porque había tenido demasiado, Bliss se pasó el resto de la tarde tratando de hacer lo imposible: revivir y saborear cada momento de esa gloriosa mañana, mientras intentaba mantener los pies en tierra firme. Debía agradarle bastante a Quin, ¿no? Así debía ser para que él guardara la impresionante visión de El Candelabro para el final, con la certeza de que eso la emocionaría mucho.
Sin embargo, esa noche, durante la cena, Bliss empezó a dudar de que Quin le agradara. Entró en el comedor muy ilusionada, pero lo saludó con calma, como lo exigía el decoro.
– Buenas noches -contestó el, y pareció silencioso y estar sumido en sus pensamientos durante toda la cena Bliss empezó a sentir que él estaba lamentando haber estado tanto tiempo fuera de su trabajo.
Esa noche, no la invitó a ver su biblioteca, aunque Bliss ya había decidido aceptar si él lo hacia. Así que la chica tuvo que ir a su cuarto para pensar en muchas cosas.
Media hora después, todavía estaba preocupada por el cambio de Quin. Pasaron diez minutos más, en los cuales Bliss trató de convencerse de que en realidad no le desagradaba a Quin sino que él, siendo un hombre de negocios, debía estar preocupado por sus compromisos.
Recordaba que él tenía varias fábricas en Lima, además de su negocio en la costa, cuando de pronto alguien llamó a la puerta… y Bliss saltó por el susto.
Desde antes supo que no se trataba de la señora Gómez ni de Leya, pues ya podía reconocer la forma en que éstas llamaban. Bliss trató de conservar la calma al ir a abrir.
Intentó sonreír al abrir la puerta y ver a Quin. Sin embargo, él no sonreía, así que ella contuvo su alegría. Esperó a que él le anunciara por qué estaba allí y, cuando no fue así, de pronto Bliss lo entendió todo.
– Lo siento -estaba atragantada. Se sentía herida, humillada y deseó estar a kilómetros de ese lugar. Le dio la espalda por temor a romper a llorar de dolor y vergüenza.
– ¿Qué…? -preguntó Quin. Pero siguió sin decir nada. Bliss se alejó aún más.
Sin embargo, cuando todavía estaba luchando para no llorar, Quin se acercó a ella.
– Ahora hago mi maleta -anunció la joven con rapidez y se apartó más.
– ¿Qué? -preguntó él.
Bliss supo que todavía estaba allí… ¡y más cerca de lo que imaginó!
– Hace días que debí marcharme. Quise hacer… -se interrumpió, luchando por conservar el control cuando Quin la encaró. Bliss alzó la vista y nunca lo vio más serio que en ese momento.
– ¿De qué demonios estás hablando? -inquirió, con palabras que hacían juego con su mirada.
– Yo… -se dio cuenta de que Quin no entendía nada de lo que ella imaginaba. ¿Acaso no viniste a pedirme que me fuera?
– ¿Qué te fueras? -la severidad de su expresión fue sustituida por la incredulidad-. Qué mujer tan suscep… -Se interrumpió, sin poder terminar la frase. Sin embargo, como necesitaba actuar de alguna manera, la tomó de los hombros y la abrazó. Entonces, inclinó la cabeza y la besó.
Fue un beso breve, igual que los otros. Un beso generoso. Pronto, Quin la abrazó con mayor fuerza y hubo algo más en su beso… algo que Bliss no pudo definir. Todo lo que sabía era que la alegría y el alivio la inundaban al darse cuenta de que, por estar demasiado sensible, interpretó mal toda la situación. Quin no estaba harta de dejar de trabajar para sacarla a pasear, tampoco quería que se marchara.
– Durante todo el día quise hacer eso -murmuró él al separarse y contemplar los relucientes ojos verdes.
– ¿De veras? -inquirió con voz ronca y quiso que la besara de nuevo. Se percató de que Quin había adivinado su deseo.
No obstante, dos besos no le bastaron a Bliss, quien para entonces ya se había olvidado del decoro. Parecía que lo había amado desde hacía tanto tiempo… Deseaba, necesitaba el aliento que sus brazos le ofrecían.
Quin, al ver los ojos de la chica, sus labios entreabiertos, gruñó y la abrazó más. Bliss estaba en el paraíso. Le echó los brazos a los hombros y se aferró a él.
La pasión despertó entre ambos cuando Quin la apretó más y más a su cuerpo viril. Bliss quiso exclamar el nombre de él, pero la boca masculina de nuevo capturó la suya. El interior de ella estaba en llamas. Lo abrazó y le devolvió beso por beso. Y cuando momentos después descubrió que estaba acostada con él en su cama, apenas si tuvo la noción de haberse movido.