El ojo del mundo
- Автор: Джордан Роберт
- Серия: La Rueda del Tiempo #1
- Год: 2004
- Язык: испанский
- Переводчик: Maria Dolors Gallart
- Жанр: Эпическое фэнтези
Электронная книга - «El ojo del mundo». Краткое содержание книги:
La huida sólo será el comienzo de sus problemas, ya que Moraine, miembro de la antiquísima orden de las Aes Sedai, cree que Rand Al’Thor está destinado a desempeñar un papel protagonista en los acontecimientos que se avecinan y de los que dependerá la supervivencia del mundo.
—¡Por lo que a mí respecta, los cuervos pueden llevarse a todas las Aes Sedai a Shayol Ghul! —espetó Mat.
—Vigila esa lengua —lo reprendió maese Gill—. He dicho que no les tengo especial simpatía y no que era uno de esos necios que piensan que ellas son las causantes de todos los desaguisados. La reina protege a Elaida y los guardias a la reina. Quiera la Luz que las cosas no empeoren hasta modificar este orden de cosas. Sea como sea, últimamente algunos guardias se han desmandado un poco tratando rudamente a quienes han oído hablar mal de las Aes Sedai. No en horas de servicio, gracias a la Luz, pero de todos modos ha ocurrido. No me gustaría tener que aguantar irrupciones de guardias fuera de servicio que vengan a mi posada a darme un escarmiento, ni que los Capas Blancas induzcan a alguien a pintar el Colmillo del Dragón en mi puerta, de manera que, si vais a aceptar mi asistencia, no expreséis en voz alta vuestra opinión sobre las Aes Sedai, ya sean buenas o malas. —Hizo una pausa para reflexionar y luego agregó— quizá sea preferible que tampoco mencionéis el nombre de Thom cuando pueda oíros alguien más aparte de mí. Algunos miembros de la guardia tienen buena memoria, al igual que la reina. No hay necesidad de correr riesgos.
—¿Thom tuvo dificultades con la reina? —preguntó Rand con incredulidad, provocando una carcajada al posadero.
—De modo que no os lo contó todo. Tampoco veo por qué debía hacerlo. Por otra parte, no veo inconveniente en que lo sepáis. No es que se trate de un secreto, exactamente. ¿Os parece que los juglares poseen un concepto tan elevado de su propia persona como Thom? Bueno, si uno se para a pensar en ello, tal vez sí, pero siempre he tenido la impresión de que Thom tenía algunas dosis suplementarias de autoestima. No siempre fue un juglar de esos que vagan de un pueblo a otro sin disponer a menudo de un techo bajo el que dormir. Hubo un tiempo en que Thom Merrilin fue un bardo de la corte de Caemlyn y gozó de gran renombre en todas las cortes reales de Tear a Maradon.
—¿Thom? —inquirió Mat con incredulidad.
Rand asintió lentamente. No le era difícil imaginar a Thom en la corte de la reina con su majestuoso porte y sus grandilocuentes gestos.
—En efecto —corroboró maese Gill—. Fue poco después de la muerte de Taringail Damodred cuando surgió el…, el contratiempo que afectó a su sobrino. Había algunos que opinaban que Thom había, digamos, intimado demasiado con la reina. Por entonces Morgase era una joven viuda y Thom se encontraba en la flor de la juventud y, además, la reina puede obrar como le plazca, según mi manera de ver. El inconveniente es que nuestra buena reina Morgase siempre ha tenido un tremendo genio y él se marchó sin dar ninguna explicación cuando se enteró del tipo de problemas en que estaba atrapado su sobrino. A la reina no le hizo gracia eso ni tampoco que se inmiscuyera en los asuntos de las Aes Sedai. Yo tampoco voy a decir que estuviera bien, por más que se tratara de su sobrino. El caso es que, cuando regresó, dijo algunas cosas, bien, cosas que no se dicen a una reina ni a ninguna mujer del carácter de Morgase. Elaida estaba molesta con él por haber tratado de intervenir en el caso de su sobrino y, entre el genio de la reina y la animosidad de Eladia, Thom abandonó precipitadamente Caemlyn a riesgo de pasar una temporada en la cárcel o ir al patíbulo. Que yo sepa, la orden de captura todavía sigue vigente.
—Si ocurrió hace mucho tiempo —observó Rand—, quizá nadie lo recuerde.
Maese Gill negó con la cabeza.
—Gareth Bryne es el capitán general de la guardia de la reina. Él encabezó personalmente la comitiva de soldados que envió la reina para que trajeran encadenado a Thom y dudo mucho que haya olvidado que, cuando regresó con las manos vacías, Thom ya había visitado el palacio y se había ido de nuevo. Y la reina Morgase nunca olvida nada. ¿Habéis conocido a alguna mujer que lo hiciera? Por cierto, la reina Morgase estaba enfurecida. Os juro que la ciudad entera caminó quedamente y habló en susurros durante todo un mes. Hay muchos otros miembros de la guardia lo bastante viejos como para recordarlo. No, es mejor que hagáis un secreto de la persona de Thom al igual que esa Aes Sedai vuestra. Venid, haré que os den algo que comer. Me parece que tenéis el vientre pegado a los huesos de la espalda.
36
Los hilos del entramado
Maese Gill los llevó a una mesa situada en un ángulo del comedor y ordenó a una criada que les sirviera comida. Rand sacudió la cabeza al ver los platos, con algunas finas rodajas de carne cubiertas de salsa, una cucharada de brotes de mostaza y dos patatas en cada uno de ellos. Sin embargo, aquél fue un gesto pesaroso, resignado, ajeno al enojo. Los alimentos escaseaban, había dicho el posadero. Tomando el cuchillo y el tenedor, Rand se preguntó qué sucedería cuando ya no quedara nada. Tales cavilaciones le hicieron considerar como un banquete aquellas exiguas raciones.
También le produjeron un estremecimiento.
El posadero había elegido una mesa bien distanciada de los demás y había tomado asiento en el rincón, desde donde su mirada abarcaba toda la estancia. Nadie podía acercarse lo bastante para escuchar lo que decían sin que él lo viera. Cuando se fue la criada, les habló en voz baja.
—Y ahora, ¿por qué no me contáis en qué consisten vuestros problemas? Si voy a ayudaros, será mejor que sepa en dónde me estoy metiendo.
Rand miró a Mat, pero éste observaba ceñudo su plato como si estuviera enfadado con la patata que estaba cortando. Rand hizo acopio de aire.
—Realmente ni yo mismo acabo de comprenderlo —fueron sus primeras palabras.
Su exposición fue simple y en ella no aparecieron trollocs ni Fados. Cuando alguien ofrecía ayuda, era recomendable no hablarle de fábulas. No obstante, tampoco creía justo subestimar el peligro ni atraer a alguien a una situación cuyas consecuencias desconocían. Unos hombres los perseguían a él y a Mat y a un par de amigos suyos. Dichos hombres, extremadamente peligrosos, hacían acto de presencia cuando menos lo esperaban, con intención de matarlo a él y a sus amigos. Moraine decía que algunos de ellos eran Amigos Siniestros. Thom no confiaba plenamente en Moraine, pero permaneció con ellos a causa de su sobrino, según les explicó. Se habían desperdigado en el transcurso de un ataque cuando se dirigían a Puente Blanco y luego, una vez allí, Thom murió intentando protegerlos de una nueva agresión. También había habido otros intentos. Sabía que aquella historia tenía algunas lagunas, pero era la mejor que había podido improvisar sin dejar entrever más de lo que le aconsejaba la prudencia.
—Continuamos caminando hasta llegar a Caemlyn —finalizó—. Éste era el plan originario: Caemlyn y luego Tar Valon. —Se revolvió incómodo en el borde de la silla. Después de guardar el secreto durante tanto tiempo, le resultaba extraño revelarlo a alguien, aunque fuera tergiversado—. Si mantenemos esta ruta, tarde o temprano los otros nos encontrarán.
—Si siguen vivos —murmuró Mat como si le hablara al plato.
Rand ni siquiera miró de reojo a Mat. Algo lo compelió a añadir:
—Podría acarrearos conflictos el hecho de ayudarnos,
—No diré que desee tener problemas, pero éste no sería el primero que he de afrontar. Ningún maldito Amigo Siniestro me hará volverle la espalda a los amigos de Thom. Si esa aliada vuestra del norte viene a Caemlyn…, bueno ya veremos. Hay gente que vigila las idas y venidas de ese tipo de personas y luego hacen correr la voz.
—¿Y qué hay de Elaida? —preguntó Rand tras unos instantes de vacilación.
El posadero titubeó también antes de negar con la cabeza.
—No lo creo. Tal vez si no tuvieras una conexión con Thom… Es azaroso pronosticar cómo reaccionaría al descubrir vuestra situación. Quizás acabaríais en una celda, o en un sitio peor. Dicen que es capaz de detectar cosas, referidas al pasado y al porvenir, y adivinar los pensamientos que un hombre quiere ocultar. No sé, pero yo no me arriesgaría a visitarla. Si no guardarais ninguna relación con Thom, podríais acudir a la guardia y ellos se encargarían diligentemente de esos Amigos Siniestros. Pero, aunque pudierais omitir el nombre de Thom ante los guardias, Elaida se enteraría de ello tan pronto como hicierais mención de un Amigo Siniestro, lo cual os conduciría al mismo punto.