Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «El Palacio de la Medianoche». Краткое содержание книги:

El Palacio de la Medianoche. Ambientada en la Calcuta de los a?os treinta, El Palacio de la Medianoche comienza una noche oscura en la que un teniente ingl?s lucha por salvar las vidas de dos ni?os de una amenaza impensable. A pesar de las insoportables lluvias del monz?n y el terror que lo asedia en cada esquina, el joven brit?nico logra ponerlos a salvo, pero no sin perder su propia vida… A?os m?s tarde, cuando los dos ni?os, Ben y Sheere, est?n en v?spera de celebrar su decimosexto cumplea?os, la amenaza reaparece en sus vidas y esta vez no los dejar? escapar tan f?cilmente. Con la ayuda de sus valientes amigos, los dos hermanos deber?n desafiar el terror que los acecha en las sombras de la noche y enfrentarse al enigma m?s aterrador de la historia de la ciudad de los palacios.
1 ... 13 14 15 16 17 18 19 20 21 ... 43
Перейти на страницу:

Ben consideró las palabras de Ian y repasó los rostros del resto de sus compañeros, que asintieron al discurso de su portavoz.

– Si he ocultado algo es porque pienso que de lo contrario podía poner en peligro la vida de los demás -explicó Ben.

– El principio básico de esta sociedad es ayudarnos unos a otros hasta el fin y no simplemente escuchar historias de fantasías y desaparecer a las primeras de cambio en cuanto huele a chamusquina -Protestó Seth airadamente.

– Esto es una sociedad, no una orquesta de señoritas -añadió Siraj.

Isobel le propinó un cachete en el cogote.

– Tú calla -recriminó Isobel.

– De acuerdo -dictaminó Ben-. Todos para uno y uno para todos. ¿Eso es lo que queréis? ¿Los Tres Mosqueteros?

Todos le observaron intensamente y, lentamente, uno a uno, asintieron.

– Muy bien. Os diré todo lo que sé, que no es mucho -dijo Ben.

Durante los diez minutos siguientes la Chowbar Society escuchó su relato en versión íntegra, incluyendo la conversación con Bankim y los temores de la abuela de Sheere. Finalizada la exposición, se abrió el turno de preguntas.

– ¿Alguien ha oído hablar de ese tal Jawahal alguna vez? -preguntó Seth-. ¿Siraj?

El hombre enciclopedia no ofreció más respuesta que una negativa absoluta.

– ¿Sabemos si Mr. Carter podía tener negocios con alguien así? ¿Tal vez haya en sus archivos algo al respecto? -preguntó Isobel.

– Podemos averiguarlo -dijo Ian. Ahora lo fundamental es hablar con tu abuela, Sheere, y desentrañar este embrollo.

– Estoy de acuerdo -dijo Roshan-. Vayamos a verla y después decidiremos un plan de acción.

– ¿Hay alguna objeción a la propuesta de Roshan? -preguntó Ian.

Una negativa general inundó los muros ruinosos del Palacio de la Medianoche.

– Bien, en marcha.

– Un momento -dijo Michael.

Los muchachos se volvieron a escuchar al perennemente taciturno virtuoso del lápiz y cronista grafico de la historia de la Chowbar Society.

¿Se te ha ocurrido pensar que todo esto podría tener relación con la historia que nos has explicado esta mañana, Ben? -preguntó Michael.

Ben tragó saliva. Llevaba media hora haciéndose esa misma pregunta, pero era inca-paz de hallar un nexo de conexión entre ambos sucesos.

– No veo la relación, Michael -dijo Seth. Los demás meditaron sobre el tema, pero ninguno de ellos parecía inclinado a disentir del parecer de Seth.

– No creo que exista esa relación -corroboró Ben finalmente-. Supongo que lo so-ñé.

Michael le miró directamente a los ojos, algo que no solía hacer prácticamente nunca, y le mostró un pequeño dibujo que sostenía entre los dedos. Ben lo examinó e identificó la silueta de un tren cruzando una llanura devastada de chabolas y barracas. Una majestuosa locomotora acabada en cuña y coronada por grandes chimeneas que escupían vapor y humo lo arrastraba bajo un cielo sembrado de estrellas negras. El tren aparecía envuelto en llamas y a través de las ventanillas de los vagones se intuían cientos de rostros espectrales extendiendo los brazos y aullando en el fuego. Michael había traducido sus palabras al papel con absoluta fidelidad. Ben sintió que un escalofrío le recorría la espalda y miró a su amigo Michael.

– No entiendo, Michael -murmuró Ben-. ¿A dónde quieres ir a parar?

Sheere se acercó a ellos y su rostro palideció al contemplar el dibujo e intuir el nexo de unión entre la visión de Ben y el incidente en el St. Patricks que michael había puesto al descubierto.

– El fuego -murmuro la muchacha-. Es el fuego.

La morada de Aryami Bose había permanecido clausurada durante años y el fantas-ma de miles de recuerdos prisioneros entre los muros impregnaba todavía el ambiente de aquella casa habitada por libros y cuadros.

De camino habían acordado unánimemente que lo más procedente era permitir que Sheere entrase primero en la casa, pusiera a Aryami al corriente de los hechos y le manifestara la voluntad de los muchachos de hablar con ella. Una vez asumida esa primera fase, los miembros de la Chowbar Society estimaron igualmente oportuno limitar el numero de sus representantes en la reunión con la anciana, en la creencia de que la visión de siete adolescentes desconocidos ralentizaría su lengua ostensiblemente. Por ello, además de Sheere y Ben, se decidió que Ian también estuviera presente durante la conversación. Ian aceptó de nuevo el papel de embajador en funciones de la sociedad, no sin sospechar que la frecuencia con que le correspondía asumir tal papel estaba menos relacionada con la confianza de sus compañeros en su ingenio y templanza que con su aspecto inofensivo e idóneo para granjearse la aprobación de adultos y funcionarios públicos. En cualquier caso, tras recorrer las calles de la ciudad negra y esperar durante unos minutos en el patio de carácter selvático que rodeaba la casa de Aryami Bosé, Ian se unió a Ben y ambos entraron en la casa a la señal de Sheere, mientras los demás aguar-daban su regreso.

Sheere les condujo hasta una sala pobremente iluminada por una docena de velas situadas en el interior de vasijas con agua. Sobre ellas, las gotas de cera derramada forma-ban flores congeladas y empañaban el reflejo de la llama. Los tres jóvenes tomaron asiento frente a la anciana, que los observaba silenciosamente desde su butaca, y examinaron la penumbra que velaba las paredes cubiertas de telas y los estantes sepultados bajo el polvo de años.

Aryami esperó a que los ojos de los tres jóvenes se posaran sobre los suyos y se inclinó hacia ellos, en actitud confidencial.

– Mi nieta me ha explicado lo sucedido -dijo Aryami-. Y no puedo decir que me sorprenda. He vivido durante años con el temor de que algo semejante ocurriera, pero nunca llegué a pensar que sería así, de esta manera. Antes que nada, sabed que lo que hoy habéis presenciado no es más que el principio y que, tras escucharme, en vuestras manos estará dejar que siga su curso o evitarlo. Yo ya soy vieja y me faltan ánimos y salud para combatir fuerzas que me sobrepasan y que cada día me resultan más difíciles de com-prender.

Sheere tomó la mano apergaminada de su abuela y la acarició suavemente. Ian observó cómo Ben mordisqueaba sus uñas y le propinó un discreto codazo.

– Hubo un tiempo en mi vida en que creí que nada tenía más fuerza que el amor. Y es cierto que la tiene, pero su fuerza es minúscula y palidece frente al fuego del odio – explicó Aryami-. Sé que estas revelaciones no son precisamente un regalo idóneo para vuestro decimosexto cumpleaños; normalmente se permite a los muchachos vivir en la ignorancia del verdadero rostro del mundo hasta bien entrada la juventud, pero temo que vosotros no tendréis ese dudoso privilegio. Sé también que, por el simple hecho de venir de una anciana, dudaréis de mis palabras y de mis juicios. He aprendido a reconocer esa mirada en los ojos de mi propia nieta durante todos estos años. Y es que nada es tan difícil de creer como la verdad y, por contra, nada tan seductor como la fuerza de la mentira cuanto mayor es su peso. Es ley de vida y a vuestro juicio quedará encontrar el equilibrio justo. Dicho esto, permitidme explicaros que, además de años, esta vieja ha coleccionado historias y que nunca conoció una historia tan triste y terrible como la que voy a relataros y de la que, sin saberlo, habéis sido protagonistas por omisión hasta el día de hoy…

«Hubo un tiempo en que yo también fui joven y en el que hice todo aquello que se espera que hagan los jóvenes: casarse, tener hijos, contraer deudas, decepcionarse y re-nunciar a los sueños y principios que uno siempre juró respetar. Envejecer, en una pala-bra. Aún así, la fortuna fue generosa conmigo, al menos así me lo pareció en un principio, unió mi vida a la de un hombre del que lo mejor y lo peor que podía decirse es que era bueno. Nunca fue un joven apuesto, para qué mentir. Recuerdo que, cuando venía a casa, mis hermanas se reían de él por lo bajo. Era un tanto torpe, tímido y tenía el aspecto de haberse pasado los últimos diez años de su vida encerrado en una biblioteca: el sueño de cualquier jovencita de tu edad, Sheere.

Mi galán trabajaba como maestro en una escuela pública del Sur de Calcuta. Su sueldo era miserable y su vestuario no desmerecía de su paga. Cada sábado venía a bus-carme ataviado con el mismo traje, el único que tenía y que reservaba para sus reuniones en la escuela y para cortejarme. Tardó seis años en poder comprarse otro, pero nunca le sentaron bien los trajes, no tenía la hechura necesaria.

Mis otras dos hermanas contrajeron matrimonio con dos relucientes y bien plantados galanes que trataban con displicencia a tu abuelo y que, a sus espaldas, me dirigían tórri-das miradas que se suponía yo debía interpretar como la oportunidad de disfrutar de un hombre de verdad aunque fuera por unos minutos en mi vida.

Con el tiempo, aquellos holgazanes habrían de vivir de la caridad de mi hombre y de sus favores, pero eso es otra historia. Pues él, aunque podía leer a través de aquellas san-guijuelas, porque siempre supo ver el alma de las personas a las que trataba, no les negó su apoyo y fingió olvidar las burlas y el desprecio con que había sido tratado en su juven-tud. Yo no lo hubiera hecho, pero mi hombre, como os digo, siempre fue bueno. Quizá demasiado.

1 ... 13 14 15 16 17 18 19 20 21 ... 43
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)