La Fragancia De La Flor Del Café
- Автор: Veloso Ana
- Язык: испанский
- Жанр: Исторические любовные романы
Электронная книга - «La Fragancia De La Flor Del Café». Краткое содержание книги:
Ante el trasfondo del paradisíaco valle del río Paraíba y del pintoresco emporio de Río de Janeiro, de la época dorada de las plantaciones de café y de su ruina después de la abolición de la esclavitud, tienen lugar la saga de una familia de hacenderos y la historia de un gran amor…
En ansiosa espera de su aceptación y con gozosa sumisión,
Su esclavo León.
Eufrasia arrugó los labios en un gesto de desprecio.
– ¿Qué es esto? Si este ridículo papelucho, que además rebosa insolencia, forma parte de vuestro “divertido” juego, es que te has vuelto loca. ¿Y cómo es que te llama sinhazinha y dice que es tu esclavo? Ninguna persona normal se situaría al mismo nivel que los negros.
Vitória le contó a su amiga el malentendido del principio, cómo León se lo recordaba continuamente y cómo ella, para que no pareciera que carecía de sentido del humor, le había seguido el juego sin encontrarlo realmente divertido. Ante Eufrasia admitió que resultaba un tanto impertinente. Pero no le dijo lo excitante que le parecía su forma de tratarla, tan diferente a los amanerados modales de los jóvenes fazendeiros. León conseguía decirle las mayores insolencias con tal amabilidad que ella siempre se daba cuenta demasiado tarde de lo que había dicho en realidad y, por ello, no reaccionaba adecuadamente. Se había pasado la mitad del tiempo pensando las contestaciones que le podría haber dado. ¡Y todo lo que se le había ocurrido! Habría sido tan fácil sacarle de sus casillas. Pero por mucho que se había propuesto darle en su siguiente encuentro una contestación brusca, nunca lo había conseguido. Él siempre iba un paso por delante. En las discusiones con Léon ella siempre se sentía en una situación de inferioridad. ¡Ella, que no temía ningún debate y que con su retórica podía convencer a todos los que tenía a su alrededor! En presencia de León le fallaba su aguda inteligencia, derrotada por el sonido de su bella voz de barítono y por sus ardientes miradas. ¿Cómo conseguía dejarla fuera de combate tan fácilmente? ¿Por qué se sentía como una niña tonta cuando hablaba con él, pero como una seductora mujer cuando él la miraba?
– Sabes, Eufrasia, es difícil describir su encanto. Tendrías que verle, entonces sabrías enseguida a qué me refiero. Y quizás tengas pronto esa oportunidad.
– ¿Qué quieres decir? ¿Va a volver?
– No, quiero decir que voy a aceptar su invitación. Pero tengo que buscar un buen pretexto para salir de Boavista. Sola, quiero decir. Me temo que un estreno teatral no le va a parecer suficiente motivo a mi padre.
– Y has pensado en mí. -Vitória tenía que admitir que cuando se trataba de embaucar a los padres la capacidad de comprensión de Eufrasia era imbatible.
– Podría decirle a papai que tienes que ir urgentemente a Río por motivos familiares y que me has pedido que te acompañe. Me dejaría inmediatamente. También podría decirle que nos acompañarán María da Conceiçao y Luiz: él no sabe que ya no están con vosotros. Y nosotras tendríamos la posibilidad de pasar unos días en Río. Tendríamos que avisar a Pedro, al fin y al cabo tendremos que alojarnos en algún sitio, pero creo que mi hermano no nos delatará. Para este tipo de cosas se puede contar con él. A tu madre le contaremos la versión contraria, que yo tengo que ir urgentemente a Río y que quiero que me acompañes.
Eufrasia se lo pensó durante unos segundos, luego asintió.
– Está bien. Pero con una condición: León tiene que conseguirme una entrada para el teatro.
– Ésa será una de sus misiones más fáciles, de eso estoy segura.
– Y algo más: me gustaría ponerme tu vestido rojo para el estreno. Silvia puede arreglarlo un poco para que no resulte tan provinciano.
Vitória tragó saliva. Bueno, si ése era el precio que tenía que pagar para volver a ver a León, lo pagaría encantada. No obstante, le irritó la exigencia de Eufrasia. ¿Con qué derecho se permitía poner condiciones cuando era ella, Vitória, la que le proporcionaba una agradable diversión? Tampoco le hizo gracia la indirecta. ¡Su vestido de baile rojo no era provinciano! Y, además, a Eufrasia no le sentaría tan bien como a ella.
– Por mí, de acuerdo. Pero luego hay que deshacer los arreglos para que mi madre no se dé cuenta.
Las muchachas pasaron las siguientes horas imaginando lo bien que iban a pasarlo en el viaje. En la conocida sorveteria “da Francesco” se tomarían un helado, en la confeitaria “Hernández” probarían tartas de chocolate y otras delicias dulces, y en las elegantes tiendas de la Rúa do Ouvidor verían los escaparates, adquiriendo ideas nuevas para su vestuario. Sombrillas, sombreros, guantes, pañuelos, carteras, cuellos de encaje y medias. ¿Qué estaba de moda? ¿Qué llevaban las damas de la gran ciudad?
Los planes las aproximaron de nuevo. Vitória se acordó de los viejos tiempos, cuando eran inseparables. No había ningún secreto que no confiara a su amiga. Podían pasarse horas cuchicheando y riéndose de la estúpida cara de un muchacho al que habían tomado el pelo o de cómo habían engañado a sus padres. No se cansaban nunca de quejarse de sus hermanos, de criticar los defectos de sus profesores o de idear bromas para gastárselas a los esclavos en casa. Cuando pasaban la noche una en casa de otra, lo que era sumamente frecuente, se contaban bajo las sábanas cosas que ya sabían de sobra, y no les importaba repetirlas una y otra vez. Habían sido como hermanas, hasta… Sí, ¿hasta cuándo? Vitória no sabía cuándo se acabó la confianza entre Eufrasia y ella. No hubo una causa concreta. Poco a poco se había formado entre ellas una barrera que no podían superar. De pronto dejaron de compartir secretos, y los pensamientos más íntimos los confiaron sólo a su diario, no a su amiga. No obstante, siguieron siendo cómplices, hasta que la rivalidad entre sus padres asestó un duro golpe a su amistad.
Pero en aquel momento les parecía que volvían a tener trece años y que no les habían afectado los avatares de la vida. Disfrutaban planeando su viaje. Querían ver el Palacio Imperial con sus nuevas construcciones, así como el Jardín Botánico y su ampliación, donde crecían singulares y valiosas plantas. Y el Jóquei Clube, pues no podían dejar de asistir a las carreras de caballos. Incluso echarían un vistazo a los muelles del puerto y a barrios que en compañía de sus padres no habrían podido ni pisar. Sus hermanos les habían advertido con ambiguas observaciones, pero ahora verían por sí mismas qué ocurría en la Rúa da Candelaria. Y también harían una excursión a la playa de Copacabana. En los últimos tiempos la gente se bañaba allí en el mar, lo que decían que era bueno para la salud. Hombres y mujeres juntos… ¡y en traje de baño, que enseñaba más que escondía!
– Eufrasia, me temo que no vamos a poder hacer todo. No me puedo ausentar más de tres días.
– Tienes razón. Pero ¿no es maravilloso imaginárselo?
Vitória estaba de acuerdo. Pero había que arreglar otros asuntos más prácticos. Debía informar a Pedro de su inminente visita, y tenía que enviar una respuesta a León. Tenían que comprar los billetes de tren y, sobre todo, convencer a sus padres de la absoluta necesidad de realizar ese viaje.
Era ya mediodía cuando Vitória y Eufrasia se sentaron a escribir un modelo de carta para León.
“León”, escribió Vitória, que se sentía muy expresiva por la alegría que le producía el viaje, a pesar de tu desfachatez, voy a acceder a tu ruego.”
– ¿Os tuteáis?
– No, pero tengo que respetar las reglas del juego, ¿no? Y en el juego yo soy la sinhazinha, él es el subordinado.
– Sí, pero me parece que el “tú” va demasiado lejos.
Discutieron con detenimiento aquella cuestión, hasta que se impuso el criterio de Vitória. Mantuvo el tuteo, que le permitía un tono de confianza que en otras circunstancias sería impensable.
Debes agradecer esta generosidad por mi parte a la intervención de mi querida amiga Eufrasia, que me ha convencido de la necesidad de asistir a ese estreno. Ella desearía asistir también a la premier, así que, por favor, consíguele una entrada.