Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » Esclavos de la oscuridad
Esclavos de la oscuridad - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Esclavos de la oscuridad

Электронная книга - «Esclavos de la oscuridad». Краткое содержание книги:

Una novela deslumbrante que explora el filo entre la vida y la muerte, lo divino y lo satánico.
Tras el intento de suicidio de su mejor amigo, un policía decide investigar las razones que lo llevaron a tomar esa decisión. En el camino a la verdad descubrirá prácticas satánicas, drogas africanas y una serie de asesinatos horrendos sin explicación. Las víctimas comparten solo una cosa en común: experimentaron la muerte. ¿Cómo puede revivir alguien clínicamente muerto? ¿Qué ocurre si en vez de ver la luz, vio las tinieblas?
Una novela diabólica con todos los ingredientes para convertirse en un éxito y una referencia del género, por el maestro del thriller e indiscutible que nos acerca a una de las realidades más sorprendentes e intranquilizantes de la medicina moderna: las experiencias de muerte inminente.
1 ... 148 149 150 151 152 153 154 155 156 ... 162
Перейти на страницу:

Durante mi retiro no leí ningún periódico. No me preocupé ni de la investigación de la muerte de Beltreïn, ni de lo que debían de haber dicho para cerrar, o tratar de cerrar, el caso Simonis. Simplemente, seguí, a través de Foucault, la evolución del expediente Soubeyras. El autor de la matanza estaba en paradero desconocido. Lo que no tenía nada de sorprendente.

Captaba todo esto a través de las brumas químicas de mi mente y de la letanía de mis plegarias. Me había convertido en una concha vacía como las que van perdiendo el color en los arenales. Otro que no era yo había tomado el mando. Una especie de piloto automático ferviente, religioso, recluido. Yo le cedí el paso, impotente.

No obstante, una mañana de devoción, tuve una certeza. Debía escoger una orden monástica. Dejar este mundo de pecado y de blasfemia que me había vencido. Vivir en la penitencia, la humildad, la obediencia, al ritmo de los oficios. Volver a la soledad y al conocimiento más íntimo de mi alma para reconciliarme con Dios. San Agustín, una vez más y siempre: «No vayas fuera, entra en ti mismo».

A partir de ese momento, esa fue la única idea que me mantuvo en pie.

El entierro de Manon tuvo lugar en Sartuis el martes 19 de noviembre, en un cementerio desierto. Solo asistieron algunos periodistas. Chopard, el viejo reportero, hacía de comparsa. El padre Mariotte había aceptado bendecir el ataúd y pronunciar una oración fúnebre. Se lo debía a Manon.

Marilyne Rosarías me acompañaba. Cuando la sepultura quedó sellada, murmuró:

– Nada se acaba.

Volví la cabeza sin reaccionar. Mi cerebro funcionaba en primera.

– El diablo sigue vivo -continuó.

– No entiendo.

– Claro que lo entiendes. Esta carnicería, este desastre es obra suya. No permitas que triunfe.

Su voz apenas me alcanzaba. Mi pensamiento estaba obstruido por Manon. Un destino marcado por una estrella negra. Y algunos recuerdos, para mí tan siniestros como un puñado de huesos en la mano. Señalando la tumba, continuó:

– Lucha por ella. Que el demonio no se lleve su memoria. Prueba que no estaba presente y que solo él asesinó a las niñas. Encuéntralo. Destrúyelo.

Sin esperar respuesta, se volvió. Los bordes afilados de su esclavina dividieron en dos el aire gris. Miré cómo se alejaba. Acababa de decir en voz alta lo que una pequeña voz no cesaba de murmurarme, a pesar de mis votos monásticos.

La cosecha de terrores no había terminado.

Antes de abdicar debía actuar.

No podía permitir que el diablo dijera la última palabra.

Debía encontrarlo y enfrentarme a él.

116

Viernes 22 de noviembre. Regreso a Paris

La ciudad ya lucía los adornos de Navidad. Guirnaldas, bolas, estrellas, otra ofensa a mis tinieblas. Esas luces, esos destellos, que pugnaban por vencer al día gris, parecían una galaxia miserable en un cielo de cenizas. Ahora conducía un Saab, el nuevo coche alquilado.

Camino de Villejuif, me detuve primero en la porte Dorée. Quería pasar un momento de recogimiento ante las tumbas de Laure y sus niñas, enterradas en el cementerio sur de Saint-Mandé.

No tuve dificultades para encontrar la sepultura de granito, coronada por una lápida más clara. Tres retratos estaban dispuestos formando un triángulo, subrayado con las palabras:

No llores por los muertos. No son más que jaulas de las cuales los pájaros han partido.

Reconocí la cita. Muslah al-Din Saadi, poeta persa del siglo XIII. ¿Por qué un autor profano? ¿Por qué no había ningún símbolo católico? ¿Quién había elegido esa frase? ¿Estaba Luc en condiciones de tomar algún tipo de decisión?

Me arrodillé y recé. Estaba azorado, en un estado que rozaba la inconsciencia; ni siquiera comprendía qué significaban esos retratos sobre la piedra, pero murmuré las palabras:

De ti Señor,

de ti viene nuestra esperanza

cuando nuestros días se oscurecen

y nuestra existencia se desgarra…

Volví a la carretera de Villejuif. Luc Soubeyras. Después de la carnicería, no había hablado con él personalmente. Solo le había dejado un par de mensajes en el hospital, a los que no había respondido. Más que su angustia, temía su cólera, su locura.

A las once de la mañana, llegué al muro ciego del Instituto Paul-Guiraud, a los campos de deporte, a los pabellones en forma de hangares. Me detuve en el pabellón 21, con el temor de que Luc hubiera sido trasladado a Henri-Colin, la unidad para pacientes graves. Pero no. Estaba instalado nuevamente en una habitación normal del pabellón, En realidad, solo había pasado unas horas en Ingreso Forzoso.

– Siento mucho no haber podido asistir al entierro.

– ¿No estabas allí?

Luc parecía sinceramente sorprendido. Vestido con un chándal azul claro, estaba echado en la cama, con una actitud desenfadada. Parecía sumido en sus pensamientos, manipulando unos trozos de cuerda, seguramente del taller de ergoterapia.

– Tuve que encargarme de los funerales de Manon.

– Desde luego.

No apartaba los ojos de su labor con los nudos. Hablaba dulcemente, pero también con un matiz distante, irónico. Había preparado un discurso, una parrafada cristiana sobre el sentido oculto de los acontecimientos, pero lo mejor era abstenerse. No había protegido a su familia. No había prestado la menor atención a su petición. Me arriesgué.

– Luc, no sabes cuánto lo siento. Debí actuar con mayor rapidez. Debí mandar unos hombres, yo…

– No hablemos de ello.

Se levantó y se sentó en el borde de la cama, suspirando. Incapaz de contenerme, volví a mi obsesión.

– No fue ella, Luc. No estaba en París cuando Laure y las niñas fueron asesinadas.

Volvió la cabeza y me miró, sin verme. Sin embargo, sus pupilas doradas no estaban muertas. Temblaban, bajo los breves parpadeos.

Ante su silencio, añadí, casi agresivamente:

– ¡No fue ella y no es culpa mía!

Luc se tumbó de nuevo y cerró los ojos.

– Déjame. Debo descansar.

Eché una ojeada a mi alrededor: la celda blanca, la cama, la mesilla. Ni la libreta negra, ni un libro, ni televisión. Pregunté de un modo absurdo:

– ¿No necesitas nada?

– Tengo que descansar. Antes de llevar a cabo mi misión.

– ¿Qué misión?

Luc volvió a abrir los párpados y mantuvo fija la mirada. Sus pestañas parecían espolvoreadas con azúcar moreno.

Una sonrisa desgarró su rostro.

– Matarte.

117

De regreso a mi despacho del 36, cerré la puerta con llave y ordené el expediente de mi investigación. Todo lo que había encontrado desde el pasado o 21 de octubre, desde mis notas sobre el asesinato de Larfaoui hasta los recortes de prensa acerca de Moritz Beltreïn, pasando por los artículos de Chopard, el informe de la autopsia de Valleret, las notas tomadas en el Vaticano, los artículos y las fotos de Catania, el expediente de Callacciura, las historias clínicas de los Sin Luz, los informes de Foucault, de Svendsen…

Había una clave oculta entre esos documentos.

El veneno negro de la historia no había sido extraído completamente.

Una del mediodía

1 ... 148 149 150 151 152 153 154 155 156 ... 162
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)