Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Научная фантастика » El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es]
El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es]

Электронная книга - «El martillo de Lucifer [Lucifer's Hammer - es]». Краткое содержание книги:

Cuando EL MARTILLO DE LUCIFER, el cometa gigante, chocó contra la Tierra, hizo pedazos la civilización. Los días felices habían terminado. Estaban viviendo el fin del mundo. Los terremotos eran tan fuertes que no podían medirse con la escala de Ritcher. Las olas marinas alcanzaban alturas incalculables. Las ciudades se convirtieron en océanos, y los océanos en nubes. Era el principio de la nueva Edad del Hielo. Y el final de los gobiernos, los planes, los hospitales y el derecho. Y sobre ellos, igual que otro martillo del demonio, la más terrible selección del hombre hecha por el hombre que jamás se había producido.
1 ... 11 12 13 14 15 16 17 18 19 ... 189
Перейти на страницу:

—Sí, pero no tengo posibilidad de conseguirlo. —Otra pausa de silencio. Luego, hablando más para sí mismo que para Sharps, Jellison añadió—: Así que los rusos van a ir. Y sin duda lo harán a bombo y platillo.

—Estoy seguro de que lo harán así. Nuevo silencio. Charlie Sharps casi contuvo el aliento.

—De acuerdo —dijo al fin Jellison—. Husmearé en las alturas y veré qué reacciones obtengo. Pero será mejor que me des pruebas de inmediato.

—Senador, dentro de una semana te daré pruebas inequívocas.

—De acuerdo, lo intentaré. ¿Algo más?

—De momento, no.

—Muy bien. Gracias por el informe, Charlie.

La comunicación se cortó. Sharps pensó en lo abrupto que era aquel hombre. Sonrió y luego pulsó de nuevo el botón del intercomunicador.

—Larry, quiero hablar con el doctor Sergei Fadayev de Moscú, y ya sé la hora que es allí. Simplemente, haz que se ponga.

La leyenda de Gilgamesh consistió en un puñado de historias inconexas que se extendieron por el semicírculo fértil de la Tierra, en Asia... y el cometa apenas había cambiado. Aún se encontraba muy lejos del torbellino. La órbita de la tuna errante llamada Plutón parecería un cuarto creciente suspendido cerca del borde, a prudente distancia. El sol, un punto excesivamente brillante, todavía irradiaba mucho menos calor a través de la corteza del cometa de lo que había irradiado el gigante negro en sus peores momentos. Ahora la corteza estaba compuesta principalmente por granizo que reflejaba la mayor parte del calor hacia las estrellas.

Pero el tiempo transcurrió.

Marte absorbió el agua en otra vuelta de su largo e imperfecto ciclo climático. Los hombres se extendieron por la Tierra, riendo y rascándose. Y el cometa siguió cayendo. Un soplo del viento solar, formado por protones a alta velocidad, desolló su corteza. Gran parte del hidrógeno y el helio contenido en sus capas se había disipado. El torbellino se acercaba.

MARZO: UNO

Y el Señor colgó un arcoiris como señal, La próxima vez no será agua sino fuego.

Canto espiritual tradicional

Mark Czescu miró la casa y emitió un silbido. Era de estilo Tudor californiano, de estuco blanquecino con macizas vigas de madera insertas en los ángulos, de auténtica madera. Algunos lugares, como Glendale, tenían el mismo estilo de casa con vigas de imitación en madera contrachapada, pero no Bel Air.

La casa destacada por su tamaño entre todas aquellas casas notablemente grandes. Mark pulsó el timbre de la puerta de entrada, que fue abierta al instante por un hombre joven de largos cabellos y fino bigote, el cual miró los bastos pantalones de Mark, sus botas y las grandes cajas marrones que había dejado en el porche.

—No necesitamos nada —le dijo.

—No vendo nada. Soy Mark Czescu, de la NBS.

—Oh, perdone. Suele venir toda clase de gente a vender cosas. Pase, por favor. Me llamo George y ayudo en la casa. —Levantó una de las cajas—. Cómo pesa.

—Sí —convino Mark, mirando a su alrededor. Había cuadros, un telescopio, globos de la Tierra, Marte y la Luna, estatuillas de cristal, piezas de cristal de Steuben, recuerdos de viajes. La sala había sido dispuesta como para una representación teatral, con los sofás de cara al receptor de televisión—. Debe haber sido muy duro mover todo esto.

—Desde luego. Deje la caja ahí. ¿Se trata de algo complicado?

—No, si uno entiende de grabadores de vídeo.

—Yo debería entender —dijo George—. Soy estudiante de teatro, de la UCLA. Pero todavía no hemos cursado esas técnicas. Usted podría enseñarme.

—¿Va usted a manejarlo esta noche?

—No, tengo un ensayo, El pato salvaje, con un buen papel. El señor Hamner lo hará.

—Entonces le enseñaré a él.

—En ese caso tendrá que esperar. Aún no ha llegado a casa. ¿Le apetece una cerveza?

—Me irá muy bien. —Mark siguió a George a la cocina, una estancia grande con cromo brillante y fórmica por doquier. Tenía dos picas, dos hornos de gas y dos cocinas económicas. Un largo mostrador exhibía bandejas de canapés cubiertos con papel de celofán. Había también una mesa y estantes con libros de cocina, las últimas novelas de acción de Travis McGee y Un actor se prepara de Stanislavski. Sólo las novelas y el libro de Stanislavski mostraban signos de haber sido usados—. Hubiera pensado que Hamner buscaría para que le ayudara a un estudiante de astronomía...

—El chico anterior lo era —dijo George mientras sacaba latas de cerveza del frigorífico—. Se peleaban mucho.

—Así que Hamner lo despidió.

—No, lo envió a su centro en las montañas. A Hamner le gusta pelear, pero no cuando está en casa. Es fácil trabajar para él. Tengo televisor en color en mi habitación y puedo usar la piscina y la sauna.

—Vaya, esto es una bicoca. —Mark tomó un sorbo de cerveza—. Aquí deben celebrarse fiestas cada dos por tres.

George se rió.

—Qué va. Sólo hay fiestas cuando traigo a compañeros de reparto. O parientes, como esta noche.

Mark miró a George cuidadosamente: el fino bigote, los finos rasgos del actor. Le acometió un súbito pensamiento.

—¿Hamner es marica o algo por el estilo?

—No, por Dios —replicó George—. No. Lo que ocurre es que no sale mucho. Le busqué un ligue con la segunda actriz de nuestra última obra. Una buena chica, de Seattle. Hamner salió con ella un par de veces y luego, nada. Irene dijo que fue cortés y un perfecto caballero hasta que estuvieron solos. Entonces se abalanzó sobre ella.

—Ella debió haberse abalanzado a su vez.

—Eso es lo que le dije, pero no lo hizo. —George inclinó la cabeza a un lado—. Vaya, ya ha llegado el señor Hamner. Reconozco el ruido del motor.

Tim Hamner se dirigió a la puerta lateral y entró en el pequeño apartamento que consideraba su hogar. Era la parte de la casa que le parecía más cómoda, aunque utilizaba todo el edificio. A Hamner no le gustaba su casa. Había sido elegida por los administradores del dinero de su familia a causa de su valor de reventa, y se notaba. Aquel lugar proporcionaba a Hamner mucho espacio para exhibir las cosas que coleccionaba, pero no parecía un hogar.

Se sirvió un whisky y se dejó caer en un sillón, colocando los pies en un taburete a juego. Se sentía bien tras haber cumplido con su deber. Había asistido a una reunión de directores, escuchado todos los informes y felicitado al presidente de la empresa por los beneficios del trimestre. Tim tenía una inclinación natural a dejar que quienes les gustaba jugar con el dinero lo hicieran, pero un primo suyo había perdido toda su fortuna de esa manera. Nunca estaba de más hacer saber a los directivos financieros que uno miraba por encima de su hombro.

Pensar en la reunión le hizo recordar a la secretaria de la oficina, que había charlado animadamente con Tim antes de la reunión, pero cuando la invitó a cenar al día siguiente ella adujo una cita. Tal vez era cierto que estaba citada con alguien. Había sido muy cortés, pero le había rechazado. Tal vez, pensó, tal vez debía haberle pedido que salieran el viernes, o la próxima semana. Pero si ella le hubiera dicho que no, entonces no habría tenido duda de la razón de su negativa.

Oyó que George hablaba con alguien en la sala de estar y se preguntó quién podría ser. George no le molestaría hasta que saliera de aquel lugar. Aquello era lo bueno de su casa: podía disponer del pequeño apartamento para él solo. Entonces recordó que el visitante debía ser el hombre de la NBS, el cual traería las escenas cortadas, las que a Tim le gustaban pero que no saldrían en el documental. Se levantó entusiasmado y empezó a cambiarse de ropa.

1 ... 11 12 13 14 15 16 17 18 19 ... 189
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)