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Paternidad de conveniencia

Электронная книга - «Paternidad de conveniencia». Краткое содержание книги:

Ningún otro negocio le proporcionaría tanto placer.
Con tan sólo unas hectáreas de terreno más, el millonario Adam King conseguiría por fin que el rancho familiar recuperara su extensión original. Tal era su obsesión que incluso se planteó casarse con la vecina de al lado, porque el padre de Gina Torino pretendía “venderle” a su hija a cambio de entregarle el ansiado terreno.
Gina estaba al tanto de la manipulación de su padre y decidió negociar con Adam ella misma. Se casaría con el gélido ranchero, él recibiría su tierra… y ella tendría un bebé de King.
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Ya antes de la boda había tomado la decisión de seguir utilizando el diafragma. Quería un bebé, el bebé de Adam. Pero también quería la oportunidad de que Adam deseara seguir con ella cuando acabara el trato. Necesitaba tiempo para que se acostumbraran el uno al otro. Tiempo para que él comprendiera que podía haber algo muy especial entre ellos.

Tiempo para que se enamorase de ella.

Era un riesgo, sin duda. Pero si conseguía su objetivo, habría merecido la pena.

Mientras su mente recorría esos caminos ya tan trillados, vio un deportivo rojo acercarse hacia la casa. Antes de que pudiera preguntarse quién sería el visitante, otro vehículo tomó la carretera que llevaba al rancho: un enorme remolque para caballos.

– ¡Están aquí! -entusiasmada, entró al dormitorio.

Salió y corrió escaleras abajo. Ya estaba en la puerta cuando el coche y el remolque para caballos llegaron a la casa y se detuvieron.

Un hombre alto y guapo bajó del deportivo rojo y echó un vistazo a Gina antes de hablar.

– ¿He de suponer que esa entusiasta recepción no es para mí?

Gina sonrió al hermano de Adam. Travis era agradable y tranquilo. Siempre con una sonrisa a punto y dispuesto a reír. Su vida habría sido mucho más fácil si se hubiera enamorado de él. Por desgracia, cuando lo miraba no sentía una descarga eléctrica, sólo admiración femenina por un excelente ejemplar del género masculino.

– Hola, Travis. Me alegro de verte -señaló el remolque-. Han llegado mis caballos.

– ¿Un remolque de caballos te importa más que yo? -Travis se apoyó en la parte delantera de su coche-. Debo de estar perdiendo mis dotes. He venido a ver a mi nueva cuñada y a darle la bienvenida a la familia.

Gina sabía que Travis y Jackson conocían las verdaderas circunstancias de su matrimonio, pero Travis había ido a darle la bienvenida, por breve que fuera, a la familia King. Deseó besarlo por eso. Se acercó y lo abrazó.

– Gracias. Te lo agradezco de verdad.

Él la estrechó entre sus brazos y bajó la cabeza para mirarla a los ojos.

– ¿Cómo va todo, Gina? ¿Ya te está sacando Adam de tus casillas?

– No del todo -Gina sonrió, agradeciendo su comprensión.

– Dale tiempo -Travis le guiñó un ojo. Después su sonrisa se desvaneció-. Gina, quiero que tengas cuidado, ¿de acuerdo? No quiero verte sufrir y…

– ¿Por qué estás abrazando a mi esposa, Travis? -bramó Adam, saliendo del establo.

– Porque es de lo más «abrazable», ¿no crees? -dijo Travis con tono divertido, dándole otro apretón. Le guiñó un ojo antes de soltarla.

Adam tenía el rostro tenso y los ojos entrecerrados. Gina deseó poder creer que estaba celoso, pero presentía que era la imprevista visita de Travis, no el abrazo, lo que lo irritaba.

– ¿Qué haces aquí? -le preguntó Adam a su hermano.

– Hola a ti también, hermano -contestó Travis.

Gina miró a su esposo e intentó controlar su inmediata respuesta física. Su cuerpo se encendía al ver a Adam. Si miraba a Travis o a Jackson, veía hombres guapos, bien hechos y con mucho encanto, pero nada más. Sin embargo, si miraba a Adam sentía un revoloteo de mariposas en el estómago y su pulso se disparaba.

A pesar de su carácter gruñón y su tendencia a rechazar a cualquiera que amenazara con acercarse a él, lo amaba. Sabía que bajo su coraza seguía estando el tipo que la había llevado a casa cuando se cayó del caballo a los dieciséis años. Dentro de Adam seguía estando el héroe que la rescató en un baile del instituto, cuando su acompañante intentaba propasarse con ella.

Al mirarlo no sólo veía el pasado, sino también el posible futuro. El amor que había ocultado durante años seguía vivito y coleando. Más le valía que Dios la ayudara. Tomó aire y esperó a que la mirase.

– Mis caballos están aquí -dijo.

– Ya lo veo -echó un vistazo al remolque que estaba aparcando junto al corral-. ¿Por qué?

– ¿Qué quieres decir? -Gina no había esperado esa reacción.

– Es una pregunta fácil, Gina -cruzó los brazos sobre el pecho y abrió las piernas, como si se preparara para una batalla-. ¿Por qué están aquí? ¿Por qué no los has dejado con tus padres?

Gina lo miró fijamente. Estaba enfadado porque había trasladado a sus caballos.

– Porque ahora vivo aquí -contestó.

– Temporalmente -dijo Adam.

Gina pensó que eso sí era un golpe directo.

– Por Dios santo, Adam -Travis se situó al lado de Gina, tomando claro partido por ella.

– Esto no es asunto tuyo, Travis.

– Tiene razón, Travis -Gina apreciaba el intento de ayuda, pero tenía que ocuparse del asunto ella misma-. Es algo entre Adam y yo.

Fue hacia su esposo, cuya mirada habría podido agriar leche sólo con mirarla.

– Adam, estamos casados. Vivo aquí. Trabajo con los Gypsy todos los días. No es nada conveniente tener que ir al rancho de mis padres todos los días para hacer mi trabajo.

Adam siseó entre dientes y miró a Travis de reojo antes de volver a centrarse en ella. Era obvio que tenía mucho que decir al respecto, pero no le interesaba tener a Travis como testigo.

Agarró su brazo y la llevó hacia el establo, para alejarla de su hermano.

– No tienes que simular, Gina. Ambos sabemos que este matrimonio no es real.

Otro dardo que dio en el centro de la diana. Pero ni en sueños permitiría que él lo notara. Si quería que Adam la viera de verdad, tenía que enfrentarse a él. Hacerle saber que no iba a permitir que la ignorase, aplacase o pisotease.

– Te equivocas -afirmó-. Este matrimonio es muy real -alzó la mano izquierda y agitó el dedo en el que lucía la alianza-. Estamos legalmente casados, Adam, el tiempo que dure.

– Sé que es legal, pero no es un matrimonio normal, ¿verdad? -soltó su brazo.

– ¿Qué matrimonio es normal, Adam?

– Estás malinterpretando mis palabras a propósito -resopló él con frustración.

– Las interpreto de maravilla -dijo ella, clavando la punta del dedo índice en su pecho-. Quieres simular que no estoy aquí. Sólo quieres verme en el dormitorio. Pues olvídalo. Estoy aquí y no pienso irme a ningún sitio de momento.

– Eso lo sé -miró a Travis y bajó la voz-. Sólo digo que no tiene mucho sentido desenraizar a tus caballos. Además, aquí no hay sitio para ellos. Por no mencionar que podrías haberme hablado del tema antes de organizar su traslado.

Por mucho que lo amara, Gina no iba a permitir que la tomara por tonta.

– En este rancho hay sitio más que suficiente para mis caballos, Adam. Ni siquiera utilizas el corral delantero y el establo está medio vacío.

– No se trata de eso…

– Tú acabas de hacer que se trate de eso. Además -se apresuró a continuar-, sabías que trabajo con esos caballos a diario.

– No pensé qué…

– ¿Qué? -sus ojos se agrandaron y agitó las manos en el aire-. ¿No pensaste que trabajaría con ellos aquí? ¿En el lugar donde vivo? -bajó la voz un poco y se acercó a él-. ¿Qué pensabas, Adam? ¿Tal vez que me quedaría encerrada en el dormitorio, esperando tus atenciones? Dije que quería un bebé, pero también tengo una vida. Y no estoy dispuesta a renunciar a ella.

– Podrías haberme dicho…

– Tal vez, sí. Pero no había caído en la cuenta de que tendría que comentar cada una de mis decisiones contigo para obtener tu aprobación.

– No he dicho que…

– ¿Qué has dicho entonces? -Gina casi estaba disfrutando. Adam parecía desconcertado y confuso; eso era mucho mejor que la indiferencia. Al menos estaba mirándola y hablando con ella. Tal vez desconcertarlo fuera la solución.

– De acuerdo -se frotó el rostro con gesto impaciente-. No voy a discutir sobre esto.

– Ya es tarde para eso.

– Si quieres tener aquí a los malditos caballos, de acuerdo.

– Oh -Gina se llevó una mano al pecho-. Muchas gracias.

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