Un Hijo Para El Magnate
- Автор: Graham Lynne
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Un Hijo Para El Magnate». Краткое содержание книги:
¿Por qué no tratar todo el asunto como si fuera un negocio? Sin emoción alguna; sólo con un contrato de conveniencia que le asegurara lo que quería: una esposa con la que acostarse, de la que disfrutar y a quien dejar embarazada para después… abandonarla.
Tras subir a la limusina, él comentó:
– No es que me disgusten, Alissa. Es que quiero quedarme a solas contigo y demostrarte cuánto te deseo, milaya moya.
Alissa se estremeció. A pesar de todo, Sergei Antonovich la fascinaba. Lograba que se sintiera la mujer más bella del mundo, y no pasaba un momento sin que quisiera arrojarse a sus brazos. Pero eso era lo más difícil de todo: a partir de entonces, estaría sometida constantemente a su atractivo, y no sabía si podría resistirse.
Al pensar en ello, se dijo que Alexa tenía razón. Las relaciones sexuales le daban tanto miedo que les daba demasiada importancia. No sabía entregarse. No era capaz de vivirlo con naturalidad.
Ajeno a las dudas existenciales de su flamante esposa, Sergei se mostró de muy buen humor. Y no era para menos, porque Alissa y Yelena se llevaban mucho mejor de lo que había previsto.
A decir verdad, el comportamiento de Alissa le parecía extraño. No podía creer que los psicólogos se hubieran equivocado tanto con ella al realizar el informe inicial; pero era la única explicación que se le ocurría, a no ser que estuviera ante una actriz consumada.
Fuera como fuera, había acertado con ella. Ahora sólo tenía que dejarla embarazada. Y el proceso iba a resultar más que entretenido.
En cuanto llegaron al hotel donde ofrecían la recepción, Sergei la tomó en brazos y entró con ella al vestíbulo entre los vítores y aplausos de los invitados, Alissa se quedó bastante sorprendida, porque las bodas inglesas eran mucho más formales y menos animadas.
En cuanto se sentaron en el salón, un hombre se levantó de repente y propuso un brindis en honor a los recién casados, que fue seguido entre gritos de ¡Gorko! ¡Gorko!
– Ahora tenemos que besarnos durante tanto tiempo como nos sea posible -le explicó Sergei.
Al ver la mirada de perplejidad de su esposa, añadió:
– ¿Es que no has leído la información que te enviamos?
Alissa maldijo a su hermana para sus adentros; por lo visto, había hecho bastante más que negarle el informe de la joven morena.
Sergei la besó entonces, con una delicadeza que Alissa no esperaba. Pero cuando sintió su lengua en los labios, perdió el control y pasó los brazos alrededor de su cuello, incapaz de contenerse por más tiempo.
Los invitados empezaron a cantar. Alissa no les prestó ninguna atención; sólo sentía las caricias de Sergei, que poco a poco iba derruyendo todos sus muros defensivos.
Cuando por fin se apartó de ella, tuvo la impresión de que se habían estado besando durante un siglo.
Unos segundos después, miró a su alrededor y se quedó pálida al reconocer a uno de los invitados a la fiesta, que se levantó inmediatamente para saludarla. Era el príncipe Jasim.
– Alissa, cuánto me alegro de que me invitaras a tu boda -dijo a la mujer-. Cuando llegó la invitación, estuve a punto de no mirar el nombre de la novia. Jamás habría imaginado que eras tú…
– ¿Elinor no ha venido contigo? -acertó a preguntar.
El príncipe Jasim, heredero al trono del Reino de Quaram, se acercó a saludar a Sergei antes de responder a Alissa.
– No, me temo que no. Sami tiene la varicela y Elinor no ha querido dejarlo solo con los médicos -explicó.
Alissa asintió.
– Lo comprendo perfectamente. Si Sami está enfermo, necesitará la compañía de su madre.
A continuación, Alissa preguntó al príncipe por su hija pequeña, Mariyah. La última vez que se habían visto, la niña sólo era un bebe.
Más tarde, cuando se quedaron a solas, Sergei comentó:
– No sabía que conocieras al príncipe Jasim y a su esposa…
– Nos conocimos cuando ella estaba embarazada de Sami y vivía en Londres. Yo todavía estaba en la universidad y compartí piso con Elinor y con otra chica durante una temporada -le explicó-. Hace meses que no nos vemos… es una de mis mejores amigas, pero está muy ocupada desde que se casó con el príncipe. Ahora que lo pienso, debería llamarla por teléfono más a menudo. Por cierto, ¿de qué conoces a Jasim?
– De las reuniones de la OPEP. No conozco a su mujer, pero me han dicho que es toda una belleza…
Alissa sonrió.
– Sí, lo es -declaró-. De hecho, ¿sabes por qué aprendí a tejer? Para hacerle un jersey a Sami… era un bebé verdaderamente precioso.
Alguien volvió a proponer un brindis y la gente volvió a gritar ¡Gorko! ¡Gorko! Sergei la tomó otra vez entre sus brazos y la besó. Ella se sintió como si cayera desde una altura asombrosa y ardiera por dentro durante la caída.
Cuando empezaron a servir la comida, Alissa tomó más champán y picoteó un poco, sin demasiado apetito, mientras un cantante famoso se subía al escenario para interpretar una canción.
El ambiente era de fiesta y todo el mundo comió poco y bebió mucho, Alissa se tomó unas cuantas copas más, de modo que estaba algo mareada cuando Sergei la sacó a la pista para bailar. Ni siquiera sabía cómo era posible que un hombre al que prácticamente acababa de conocer le provocara emociones tan intensas. Sentía el cuerpo de Sergei como si fuera el suyo, y le bastaba con aspirar su aroma para tener una sensación extraña en el estómago, como si un montón de mariposas revolotearan en él.
– Dime una cosa… ¿querías casarte otra vez para dar una alegría a tu abuela? -le preguntó mientras bailaban.
Sergei se puso tenso y la miró con frialdad.
Alissa alzó la barbilla, orgullosa.
– Deja de mirarme como si creyeras que voy a salir corriendo para contárselo a los periodistas -protestó.
– Será mejor que no -murmuró él en tono de amenaza- No permitiría que hagan daño a Yelena.
– Yo jamás haría nada que dañara a Yelena. Parece tan feliz…
Alissa estaba segura de haber acertado. Con toda seguridad, Sergei había decidido no volver a casarse tras el fracaso de primer matrimonio; pero quería tanto a Yelena, que al final había optado por darle una alegría. Sin embargo, a Alissa le pareció una decisión tan quijotesca como, tal vez, contraproducente. Su abuela se llevaría un gran disgusto cuando se volviera a divorciar.
– Será mejor que te avise para que no montes una escena, milaya moya -susurró él-. Estás a punto de que te rapten y te alejen de mí. Es una tradición. Pero no te preocupes… pagaré tu rescate.
Tal como le había avisado, un grupo de invitados se la llevaron segundos más larde y la encerraron en lo que en principio le pareció un armario, aunque después se dio cuenta de que era el cuarto donde la señora de la limpieza guardaba sus cosas.
Se apoyó contra los estantes y se preguntó cuánto tiempo tardaría Sergei en pagar su rescate.
Sólo tuvo que esperar unos minutos. Sergei abrió la puerta, la abrazó y la volvió a besar con toda su energía y su sexualidad desbordante.
Cuando ya salían, alguien le pisó el vestido sin querer y se oyó el sonido de la tela al rasgarse.
– Se me ha roto el vestido… -murmuró, espantada.
Sergei se inclinó para examinarlo. A continuación, la tomó en brazos e hizo un gesto a alguien.
Diez minutos después, Alexa se encontraba en el dormitorio de una suite fabulosa, sin más prendas que la ropa interior. Se habían llevado el vestido y lo estaban arreglando en ese mismo momento.
La puerta se abrió de repente, sin advertencia previa. Era Sergei.
Alissa cruzó los brazos sobre el pecho, pero no antes de que su esposo pudiera admirar sus curvas y se apoyara en la puerta, encantado con la vista.
– ¿Por qué te escondes de mí? -le preguntó con voz ronca-. Deja que te vea bien, milaya moya…
El pulso de Alissa se aceleró. La admiración de Sergei la había excitado en extremo y había conseguido algo muy poco habitual en ella: que se sintiera orgullosa de su cuerpo. Pero aún tenía miedo de dejarse llevar por lo que sentía. Y seguía sin poder creer que él, un hombre acostumbrado a estar con verdaderas bellezas, la deseara.