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El club De la buena Estrella

Электронная книга - «El club De la buena Estrella». Краткое содержание книги:

Cuatro mujeres chinas se re?nen regularmente en San Francisco para jugar al mah-jong, disfrutar de la comida china y contarse historias relacionadas con su pasado.
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Transcurrieron varios meses y, al ver que mi vientre y mis pechos seguían lisos, Huang Taitai volvió a enfurecerse.

– Mi hijo dice que ha plantado suficientes semillas para que nazcan millares de nietos. ¿Dónde están? Debes ser tú la que hace algo que no está bien.

Y tras esto me ordenó que no me moviera de la cama, de modo que las simientes de su hijo no se perdieran con tanta facilidad.

Sin duda creerás que es muy divertido pasarte el día entero en la cama, sin levantarte jamás, pero te digo que es peor que una prisión. Creo que Huang Taitai se había vuelto un poco loca.

Pidió a los criados que recogieran todos los objetos afilados que había en la habitación, creyendo que tijeras y cuchillos estaban cortando a su próxima generación. Me prohibió que cosiera y dijo que debía concentrarme y no pensar en nada salvo en tener hijos. Cuatro veces al día, una joven sirvienta muy bonita entraba en mi habitación y se deshacía en excusas mientras me obligaba a beber una medicina que tenía un sabor horrible.

Yo envidiaba a aquella muchacha, la libertad que tenía para desplazarse. A veces, mientras la contemplaba desde mi ventana, me imaginaba en su lugar, de pie en el patio, regateando con el zapatero remendón ambulante, cuchicheando con otras sirvientas, riñendo a un guapo recadero con su voz aguda y provocativa.

Un día, al cabo de dos meses sin ningún resultado. Huang Taitai llamó a la vieja casamentera. Esta me examinó detenidamente, miró la fecha y la hora de mi nacimiento y luego preguntó a Huang Taitai por mi naturaleza. Finalmente le ofreció sus conclusiones.

– Lo que ha ocurrido está claro. Una mujer sólo puede concebir si es deficiente en uno de los elementos. Tu nuera nació con suficiente madera, fuego, agua y tierra, y tenía deficiencia de metal, cosa que era un buen signo. Pero cuando se casó la cargaste con brazaletes de oro y adornos, y ahora tiene todos los elementos, incluido el metal. Está demasiado equilibrada para tener hijos.

Esta explicación alegró mucho a Huang Taitai, pues nada podía satisfacerle más que reclamar todo su oro y sus joyas y ayudarme a ser fértil. También fue una buena noticia para mí, porque cuando me quitó todo el oro de mi cuerpo me sentí más ligera y más libre. Dicen que esto es lo que ocurre si te falta metal. Empiezas a pensar como una persona independiente. Aquel día empecé a pensar en cómo me libraría de aquel matrimonio sin romper la promesa que hice a mi familia.

No me costó mucho dar con la solución. Haría creer a los Huang que ellos habían tenido la idea de desembarazarse de mí, considerando que el contrato de matrimonio no era válido.

Pensé en mi plan durante muchos días. Les observé cuando estaban a mi alrededor, escruté los pensamientos que se revelaban en sus rostros, hasta que estuve preparada. Elegí un día propicio, el tercero del tercer mes, que es cuando se celebra el Festival de la Brillantez Pura. Ese día tus pensamientos deben ser nítidos, pues te dispones a pensar en tus antepasados. Es el día en que todos visitan las tumbas de sus familiares fallecidos, provistos de hoces para cortar los hierbajos y escobas para barrer las lápidas, y ofrecen bolas de masa hervida y naranjas como alimento espiritual. No, no es un día sombrío, sino más bien como una excursión al campo, pero tiene un significado especial para quienes esperan la llegada de nietos.

En la mañana de aquel día desperté a Tyan-yu y a toda la casa con mis sollozos. Huang Taitai tardó largo tiempo en presentarse en mi habitación.

– ¿Qué le pasará ahora? -gritó desde su dormitorio-. Id a tranquilizada.

Pero finalmente, como yo no dejaba de llorar, entró precipitadamente en mi habitación y me riñó a voz en cuello.

Yo me tapaba la boca con una mano y los ojos con la otra. Mi cuerpo se contorsionaba como si fuese presa de un terrible dolor. Resultaba muy convincente, porque Huang Taitai retrocedió y se encogió como un animal asustado.

– ¿Qué te ocurre, hijita? -gritó-. Dímelo en seguida.

– Oh, es demasiado terrible para pensarlo… para decirlo -repliqué entre sollozos, con la voz entrecortada.

Cuando consideré que había llorado bastante, dije aquello que era tan impensable.

– He tenido un sueño. Nuestros antepasados se presentaron y me dijeron que querían ver nuestra boda, así que Tyan-yu y yo celebramos la misma ceremonia para ellos. Vimos a la casamentera encender la vela y dársela a la criada para que la vigilara. Nuestros antepasados estaban tan complacidos, tanto…

Volví a llorar suavemente. Huang Taitai pareció impacientarse.

– Pero entonces la criada salió de la habitación y un fuerte viento llegó de improviso y apagó la vela. Nuestros antepasados se pusieron muy furiosos. ¡Dijeron a gritos que el matrimonio estaba condenado! ¡Dijeron que el extremo de la vela correspondiente a Tyan-yu se había apagado! ¡Nuestros antepasados dijeron que Tyan-yu moriría si seguía casado conmigo!

Tyan-yu palideció, pero Huang Taitai sólo frunció l'1 ceno.

– ¡Sólo una niña estúpida puede tener tales sueños! -exclamó, y ordenó a todos con malos modos que volvieran a la cama.

– Madre -le dije en un susurro ronco-. ¡No me abandones, por favor! ¡Tengo miedo! Nuestros antepasados han dicho que si este asunto no se arregla, iniciarán el ciclo de la destrucción.

– ¿Qué tonterías son ésas? -gritó Huang Taitai, volviéndose hacia mí. Tyan-yu la imitó, frunciendo el ceño igual que su madre. Supe que casi habían caído en la trampa, eran como dos patos inclinándose hacia la cazuela.

– Ellos sabían que no me creeríais -les dije en tono compungido-, porque saben que no quiero abandonar las comodidades de mi matrimonio. Por eso nuestros antepasados han dicho que ofrecerán signos para mostrar cómo se está descomponiendo nuestro matrimonio.

– ¿Qué tonterías engendra tu estúpida cabeza -dijo Huang Taitai, suspirando, pero no pudo resistirse a preguntar-: ¿Qué signos?

– En mi sueño vi un hombre con una larga barba y un lunar en la mejilla.

– ¿El abuelo de Tyan-yu? -preguntó Huang Taitai.

Asentí, recordando el retrato que colgaba de la pared.

– Dijo que hay tres signos. Primero, ha dibujado una mancha negra en la espalda de Tyan-yu, y esa mancha crecerá y consumirá la carne de Tyan-yu como devoró el rostro de nuestro antepasado antes de que muriese.

Huang Taitai se volvió rápidamente hacia Tyan-yu y le alzó la camisa.

– ¡Aii-ya! -exclamó, porque allí estaba el mismo lunar negro, del tamaño de la punta de un dedo, tal como yo lo había visto siempre durante los cinco meses en que habíamos dormido como hermana y hermano.

– Entonces nuestro antepasado me tocó la boca. -Me di unas palmaditas en la mejilla, como si ya me doliera-. Dijo que mis dientes empezarían a caer uno tras otro, hasta que ya no pudiera protestar por abandonar este matrimonio.

Huang Taitai me abrió la boca y soltó una exclamación al ver el espacio vacío en el fondo de mi boca, de donde cuatro años atrás se me había desprendido una muela echada a perder.

– Y, finalmente, le vi plantar una semilla en la matriz de una joven criada. Dijo que esa muchacha sólo finge proceder de una familia humilde, pero que en realidad es de sangre imperial y…

Hundí la cabeza en la almohada, como si estuviera demasiado extenuada para continuar. Huang Taitai me tocó el hombro.

– ¿Qué ha dicho?

– Ha dicho que la criada es la verdadera esposa espiritual de Tyan-yu y que la semilla que ha plantado se convertirá en el hijo de Tyan-yu.

A media mañana trajeron a rastras a la criada de la casamentera y le extrajeron su terrible confesión.

Tras mucho buscar, encontraron a la joven criada que me gustaba tanto, aquella a la que había mirado desde mi ventana todos los días. Había visto cómo se le agrandaban los ojos y su voz provocativa se suavizaba cada vez que llegaba el guapo recadero. Y más adelante vi que su vientre se redondeaba y el temor y la preocupación le alargaban el rostro.

Así pues, imagina su felicidad cuando la obligaron a decir la verdad sobre su procedencia imperial. Más tarde supe que el milagro de casarse con Tyan-yu la maravilló tanto que se convirtió en una persona muy religiosa, y ordenaba a los criados que barrieran las tumbas de los antepasados no sólo una vez al año, sino a diario.

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