Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
El Juguete Rabioso - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El Juguete Rabioso

Электронная книга - «El Juguete Rabioso». Краткое содержание книги:

El juguete rabioso es la más autobiográfica de sus novelas. Está dividida en cuatro partes que muestran a su protagonista Silvio Astier en diferentes situaciones en las que fracasa sistemáticamente. En el primer capítulo `Los ladrones`, Silvio forma un club con el objetivo de efectuar robos en el barrio, los intentos son frustrados y el club se disuelve. En el segundo, `Los trabajos y los días` el protagonista es dependiente de una librería pero luego de intentar un incendio, fracasa y debe huir. En el tercero, `El juguete rabioso` Astier ingresa en la Escuela de Aviación como aprendiz, pero lo expulsan. El capítulo culmina cuando intenta suicidarse y fracasa. En la parte final, llamadas `Judas Iscariote`, Silvio, ya mayor, entabla amistad con un rengo que es un cuidador de carros, muy humilde, en Flores. El Rengo le cuenta que quiere robar la casa del ingeniero Vitri. El protagonista lo delata y comenta que desea irse al sur.
El resentimiento de sus repetidos fracasos lo impulsa a delatar a un hombre común, marginado como él. La única vez que no falla en sus intenciones, falla como ser humano, delatando al que lo consideraba su amigo y confidente. (Escuela Normal Superior de Chascomús 1997)
1 ... 9 10 11 12 13 14 15 16 17 ... 35
Перейти на страницу:

En aquel momento don Gaetano volvía de la calle y pasó hacia la cocina. Miróme ceñudo, mas no dijo nada, y yo me incliné sobre el tarro de engrudo al tiempo que arreglaba un libro, pensando: va a haber tormenta.

Ciertamente, con intervalos breves, el matrimonio reñía.

La mujer blanca, inmóvil, apoyada de codos en el mostrador, las manos arrebujadas en los repliegues de la pañoleta verde, seguía los pasos del marido con ojos crueles.

Don Miguel, en la cocinita, lavaba platos en un fuentón grasiento. Las puntas de su bufanda rozaban los bordes del tacho y un delantal de cuadros rojos y azules atado a la cintura con un piolín, le defendía de las salpicaduras de agua.

– ¡Qué casa ésta, Dío Fetente!

He de advertir que la cocina, lugar de nuestras expansiones, estaba enfrentada a una letrineja hedionda, era un rincón de la caverna, tapiado a las espaldas de las estanterías.

Encima de una tabla sucia, apelmazados con sobras de verdura, había pequeños trozos de carne y patatas, con los que don Miguel confeccionaba la magra pitanza del mediodía. Lo quitado a nuestra voracidad era servido a la noche, bajo la forma de un guiso estrambótico. Y era Dío Fetente el genio y mago de ese antro hediondo. Allí maldecíamos de nuestra suerte; allí don Gaetano se refugiaba a veces para meditar sombrío en las desazones que trae consigo el matrimonio.

El odio que fermentaba en el pecho de la mujer terminaba por estallar.

Bastaba un movimiento insignificante, una nimiedad cualquiera.

Súbitamente la mujer envarada de un furor sombrío abandonaba el mostrador, y arrastrando las chancletas por el mosaico, las manos arrebujadas en su pañoleta, los labios apretados y los párpados inmóviles, buscaba al marido.

Recuerdo la escena de ese día: Como de costumbre, esa mañana don Gaetano fingió no verla, aunque se encontraba a tres pasos de él. Yo vi que el hombre inclinó la cabeza hacia cierto libro simulando leer el título.

Detenida, la mujer blanca permanecía inmóvil. Sólo sus labios temblaban como tiemblan las hojas.

Después dijo con una voz que hacía grave cierta monotonía terrible.

– Yo era linda. ¿Qué has hecho de mi vida?

Sobre su frente temblaron los cabellos como si pasara el viento.

Un sobresalto sacudió el cuerpo de don Gaetano.

Con desesperación que le hinchaba la garganta, ella le arrojó estas palabras pesadas, salitrosas:

– Yo te levanté… ¿Quién era tu madre… sino una bagazza que andaba con todos los hombres? ¿Qué has hecho de mi vida vos…?

– ¡María, callate! -respondió con voz cavernosa don Gaetano.

– Sí, ¿quién te sacó el hambre y te vistió…? Yo, strunzo… yo te di de comer -y la mano de la mujer se levantó como si quisiera castigar la mejilla del hombre.

Don Gaetano retrocedió tembloroso.

Ella dijo con amargura en que temblaba un sollozo, un sollozo pesado de salitre:

– ¿Qué has hecho de mi vida… puerco? Estaba en mi casa como clavel en la maceta, y no tenía necesidad de casarme con vos, strunzo…

Los labios de la mujer se torcieron convulsivamente, como si masticara un odio pegajoso, terrible.

Yo salí para echar a los curiosos del dintel del comercio.

– Dejalos, Silvio -me gritó imperativa-, que oigan quién es este sinverüenza -y redondos los ojos verdes, dando la sensación de que su rostro se aproximaba, como en el fondo de una pantalla, prosiguió más pálida:

– Si yo fuera diferente, si anduviera por ahí vagando, viviría mejor… estaría lejos de un marrano como vos.

Callóse y reposó.

Ahora don Gaetano atendía a un señor de sobretodo, con grandes lentes de oro cabalgando en la fina nariz enrojecida por el frío.

Exaltada por su indiferencia, pues el hombre debía de estar habituado a esas escenas y prefería ser insultado a perder sus beneficios, la mujer vociferó:

– No le haga caso, señor, ¿no ve que es un napolitano ladrón?

El señor anciano volvióse asombrado a mirar a la furia, y ella:

– Le pide veinte pesos por un libro que costó cuatro -y como don Gaetano no volvía las espaldas, gritó, hasta que el rostro se le congestionó:

– ¡Sí, sos un ladrón, un ladrón! -y le escupió su despecho, su asco.

El señor anciano dijo, calándose los lentes:

– Volveré otro día -y salió indignado. Entonces doña María tomó un libro y bruscamente lo arrojó a la cabeza de don Gaetano, después otro y otro.

Don Gaetano pareció ahogarse de furor. De pronto arrancóse el cuello, la corbata negra y arrojóla al rostro de su mujer; luego se detuvo un momento como si hubiera recibido un golpe en las sienes y después echó a correr, salió hasta la calle, los ojos saltándole de las órbitas, y parándose en medio de la vereda, moviendo la rapada cabeza desnuda, señalándola como un loco a los transeúntes, los brazos extendidos, le gritó con voz desnaturalizada por el coraje:

– ¡Bestia… bestia… bestión…!

Satisfecha, ella se allegó a mí:

– ¿Has visto cómo es? No vale… ¡canalla! Te aseguro que a veces me dan ganas de dejarlo -y tornando al mostrador se cruzó de brazos, permaneciendo abstraída, la cruel mirada fija en la calle.

De pronto:

– Silvio.

– Señora.

– ¿Cuántos días te debe?

– Tres, contando hoy, señora.

– Tomá -y, alcanzándome el dinero, agregó-: No le tengas fe, porque es un estafador… Estafó a una compañía de seguros; si yo quisiera, estaría en la cárcel.

Me dirigí a la cocina.

– ¿Qué te parece esto, Miguel…?

– El infierno, don Silvio. ¡Qué vida! ¡Dío Fetente! Y el viejo, amenazando la altura con el puño, exhaló un largo suspiro, después inclinó la cabeza sobre el fuentón y siguió mondando patatas.

– ¿Pero a qué vienen esos burdeles?

– Yo no sé… no tienen hijos… él no sirve…

– Miguel.

– Diga, señora.

La voz estridente ordenó:

– No hagas comida; hoy no se come. A quien no le guste, que se mande a mudar.

Fue el golpe de gracia. Algunas lágrimas corrieron por el ruinoso semblante del viejo famélico.

Pasaron unos instantes.

– Silvio.

– Señora.

– Tomá, son cincuenta centavos. Te vas a comer por ahí.

Y arropándose los brazos en los repliegues de la pañoleta verde, recobró su fiera posición habitual. En las mejillas lívidas dos lágrimas blancas resbalaban lentamente hacia la comisura de su boca.

Conmovido, murmure:

– Señora…

Ella me miró, y sin mover el rostro, sonriendo con una sonrisa convulsiva por lo extraña, dijo:

– Andá, y te volvés a las cinco.

Aprovechando la tarde libre resolví ir a verlo al señor Vicente Timoteo Souza, a quien había sido recomendado por un desconocido, que se dedicaba a las ciencias ocultas y demás artes teosóficas.

Presioné el llamador del timbre y permanecí mirando la escalera de mármol, cuya alfombra roja retenida por caños de bronce mojaba el sol a través de los cristales de la pesada puerta de hierro.

1 ... 9 10 11 12 13 14 15 16 17 ... 35
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)