Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Научная фантастика » Las naves de la Tierra [The Ships of Earth - es]
Las naves de la Tierra [The Ships of Earth - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Las naves de la Tierra [The Ships of Earth - es]

Электронная книга - «Las naves de la Tierra [The Ships of Earth - es]». Краткое содержание книги:

El planeta Armonía, colonizado por humanos hace casi cuarenta millones de años, ha estado siempre bajo el cuidado de una inteligencia artificial: el Alma Suprema, el ordenador que todo lo sabe y todo lo protege. Pero el Alma Suprema ha envejecido y está debil. Debe volver a la lejana Tierra para recabar la ayuda del Guardián.
Nafai y su familia, los elegidos del Alma Suprema, deben afrontar una larga travesía por el desierto y dirigirse, aun sin saberlo, hacia el viejo puerto espacial de Armonía que, tras cuarenta millones de años, espera, en silencio y abandonado, la orden que ha de lanzar de nuevo las viejas naves interestelares hacia su largo retorno a la Tierra. Pero no todos los expedicionarios han elegido o aceptado su exilio ni los designios del Alma Suprema. Los odios, las rivalidades y las luchas por el liderazgo hacen todavía más arduo un viaje ya de por si difícil.
De nuevo Card se muestra como un maestro en la comprensión de la psicología de las personas y nos ofrece, como ya hiciera en El Juego de Ender, un interesante retrato del ser humano y de sus motivaciones. La lucha por el dominio de un pequeño grupo, los puntos de los diversos sexos, el difícil paso del matriarcado de Basílica a un patriarcado justificado por la dureza de la vida nómada son, en manos de Orson Scott Card, elementos más que suficientes para hacer de libro una narración que se recuerda con satisfacción y agradecimiento
1 ... 9 10 11 12 13 14 15 16 17 ... 83
Перейти на страницу:

—Ese no es el Alma Suprema —dijo Elemak. Pero la voz le temblaba de miedo e incertidumbre, y sin duda el Alma Suprema estaba aprovechando cada jirón de duda de su corazón, magnificándolo mientras Eiadh le suplicaba—. Ése es mi arrogante hermanito.

—Pudiste haber sido tú —dijo Nafai—. Pudiste haber sido tú quien condujera a los demás, siguiendo el plan del Alma Suprema. El Alma Suprema jamás me habría elegido a mí, si hubieras estado dispuesto a obedecer.

—Escúchame a mí, no a él —dijo Eiadh—. Tú eres el padre del hijo que llevo dentro de mí… ¿cómo sabes que no tengo un hijo dentro de mí? Si lastimas a Nafai, si desobedeces, morirás, y mi hijo no tendrá padre.

Al principio Luet temió que Elemak interpretara los ruegos de Eiadh como otra prueba de que su esposa amaba a Nafai más que a él. Pero no fue así. Ella le suplicaba que no dañara a Nafai para salvar su propia vida. En consecuencia, sólo podía tomarlo como prueba de que lo amaba a él, pues trataba de salvarlo a él.

Vas también había regresado, y le apoyó una mano en el otro hombro.

—Elya, no lo mates. No regresaremos a la ciudad… ninguno de nosotros. —Se volvió hacia los demás—. ¿No es verdad? Todos aceptamos ir a reunir-nos con Volemak, ¿verdad?

—Hemos visto el poder del Alma Suprema —explicó Eiadh—. Ninguno de nosotros habría querido regresar a la ciudad si hubiéramos comprendido. Por favor, todos estamos de acuerdo. Ahora tenemos un solo propósito, y no hay división entre nosotros. Por favor, Elemak. No me conviertas en viuda por esto. Seré tu esposa para siempre, si te abstienes de matarlo. ¿Pero qué seré si te rebelas contra el Alma Suprema y mueres?

—Aún eres jefe de esta caravana —dijo Rasa—. Eso no cambia. Sólo nuestro destino, y tú mismo dijiste que la elección del destino no dependía sólo de ti. Ahora vemos que esa elección no depende de ninguno de nosotros, sino del Alma Suprema.

Eiadh sollozaba, y sus lágrimas eran fervientes y reales.

—Oh, Elya, esposo mío, ¿me odias tanto que deseas morir?

Luet casi podía prever lo que sucedería a continuación. Dol, viendo las conmovedoras lágrimas de Eiadh, no podía permitir que su actuación concentrara la atención de todos, así que se aferró a su esposo y lloró a moco tendido —con lágrimas muy convincentes— para que tampoco él causara daño a Nafai. ¡Como si Meb alguna vez actuara por su cuenta! ¡Y como si esas lágrimas pudieran conmoverlo!

Luet se hubiera echado a reír, pero sabía que la vida de Nafai dependía del modo en que Elemak reaccionara ante esos llantos.

El rostro de Elemak cambió. Su determinación de matar a Nafai, que no había cedido ante la influencia del Alma Suprema, se aflojó ante las súplicas de su esposa. Y a medida que menguaba la voluntad de matar, el Alma Suprema adquiría mayor poder para manipular y magnificar sus miedos. En pocos instantes el peligroso homicida se transformó en un guiñapo tembloroso, espantado de lo que había estado a punto de hacer. Miró el pulsador que empuñaba, se estremeció, lo arrojó al suelo. El arma cayó a los pies de Luet.

—Oh, Nafai, hermano mío, ¿qué estaba haciendo? —exclamó Elemak.

Mebbekew se humilló aún más. Se arrojó de bruces al suelo.

—¡Perdóname, Nafai! ¡Perdóname por amarrarte como un animal! ¡No dejes que el Alma Suprema me mate!

Estás exagerando, le dijo Luet al Alma Suprema. Se sentirán muy humillados cuando recuerden cómo actuaron, aunque deduzcan que fuiste tú quien los acobardó.

(¿Qué, crees que controlo todos los matices de esta situación? Puedo gritarles que sientan miedo y no oyen nada, pero de pronto me oyen y se derrumban. Creo que lo estoy haciendo bastante bien, considerando que es la primera vez.)

Sólo sugiero que los dejes un poco. El trabajo está hecho.

—Elemak, Mebbekew, claro que os perdono —dijo Nafai—. ¿Pero qué importa eso? Lo que importa es el perdón del Alma Suprema, no el mío.

—Arrodíllate ante el Alma Suprema —le dijo Eiadh, obligando a Elemak a agacharse—. Arrodíllate y suplica su perdón, por favor. ¿No ves que tu vida corre peligro?

Elemak la miró con calma, a pesar del miedo que lo carcomía.

—¿Y qué te importa si yo vivo o muero?

—Tú eres mi vida —dijo Eiadh—. ¿Acaso todos no hemos prestado el juramento de permanecer juntos para siempre?

En realidad, pensó Luet, no habían prestado ningún juramento. Sólo habían escuchado el edicto de Elemak y habían alzado las manos para dar a entender que lo comprendían. Pero tuvo la prudencia de callarse.

Elemak se arrodilló.

—Alma Suprema —dijo con voz trémula—, iré adonde quieras que vaya.

—Yo también —dijo Mebbekew sin levantar la cabeza de la arena—. Cuenta conmigo.

—Mientras Eiadh sea mía —dijo Elemak—, no me importará estar en el desierto o en la ciudad, en Armonía o en la Tierra.

—¡Oh, Elya! —exclamó Eiadh. Lo rodeó con los brazos y le lloró en el hombro.

Luet se agachó a recoger el pulsador que había caído a sus pies. Más valía no perder una valiosa arma. No sabían cuándo podían necesitarla para cazar.

Nafai se le acercó. Para Luet significó muchísimo que él fuera primero hacia ella, su esposa de hacía pocos días, en vez de ir hacia su madre. Nafai la abrazó, y ella sintió su temblor. Nafai había tenido miedo, a pesar de su confianza en el Alma Suprema. Y se había salvado por poco.

—¿Sabías cómo resultaría todo? —preguntó.

—El Alma Suprema no sabía si podría engañarlos con las cuerdas —murmuró Nafai—. Y menos cuando Elemak se acercó para inspeccionar el nudo.

—Era preciso que lo hiciera, si luego iba a creer que tu liberación era un milagro.

—¿Sabes qué pensaba cuando estaba de rodillas, con el pulsador en la cabeza, diciendo esas cosas que lo instigaban a matarme? Nunca sabré qué cara tiene nuestro bebé.

—Ahora lo sabrás.

Nafai se apartó de ella, le quitó el pulsador de la mano.

Hushidh se le acercó y apoyó la mano en el arma.

—Nyef —dijo—, si retienes el pulsador, no habrá esperanzas de curación.

—¿Y si se lo devuelvo a Elemak? Hushidh asintió.

—Es lo mejor —dijo.

Nadie comprendía mejor que Hushidh la descifradora los vínculos que unían a la gente.

Nafai caminó hacia Elemak y le entregó el pulsador.

—Por favor —dijo—, ni siquiera sé usarlo. Necesitamos que nos conduzcas hasta el campamento de Padre.

Elemak vaciló un instante. Odiaba recibir el arma de manos de Nafai. Pero al mismo tiempo sabía que Nafai no tenía por qué devolvérsela, que Nafai no tenía por qué devolverle su liderazgo. Y necesitaba ese liderazgo, lo necesitaba tanto que estaba dispuesto a aceptarlo aun de Nafai.

—Con gusto —dijo Elemak, cogiendo el arma.

—Gracias, Nafai —dijo Eiadh.

Luet sintió una punzada de temor en el corazón. ¿Elemak lo oye en la voz de Eiadh, lo ve en su rostro? ¿La reverencia que ella siente por Nafai? Es una mujer que sólo ama la fuerza, el valor y el poder, que se siente atraída por el macho alfa de la tribu. Y a sus ojos, Nafai es el más deseable de los hombres. Hoy fue una actriz insuperable, pensó Luet. Fue capaz de convencer a Elemak de su amor por él, para salvar al hombre que realmente ama. No puedo sino admirarla por ello, pensó Luet. Es realmente excepcional.

Pero estos pensamientos de admiración eran falsos, y Luet no pudo engañarse mucho tiempo. La bella Eiadh todavía está enamorada de mi esposo, y aunque él me ama intensamente, llegará un día en que el primate macho que hay en él se imponga sobre el hombre civilizado, y Nafai mirará a Eiadh con deseo, y en ese momento ella entenderá y sin duda lo perderé.

Apartó esos celos y caminó con Rasa, quien temblaba de alivio, para ayudarla a subir al camello.

1 ... 9 10 11 12 13 14 15 16 17 ... 83
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)