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READ-E-BOOK » Научная фантастика » La paja en el ojo de Dios [The Mote in God's Eye - es]
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La paja en el ojo de Dios [The Mote in God's Eye - es]

Электронная книга - «La paja en el ojo de Dios [The Mote in God's Eye - es]». Краткое содержание книги:

Año 3017 d.C. Aunque el Segundo Imperio del Hombre abarca cientos de sistemas solares, todavía no se ha contactado con otros seres inteligentes. El hallazgo de una insólita nave espacial con el cuerpo exánime de un alienígena en el interior conducirá a los humanos hasta una lejana estrella inmersa en una densa nube de polvo estelar: la Paja. Una expedición descubrirá allí una antiquísima civilización, amable y hospitalaria, pero que rehúye tratar de ciertos aspectos de su sociedad. Y es que bajo las sonrisas tranquilizadoras, los pajeños ocultan un secreto planetario de impacto universal y devastador. Compuesta a cuatro manos en perfecta sintonía, esta novela conjuga acción, drama, suspense, tecnología y alienígenas verosímiles, política y violencia. Su extraordinario poder de entretenimiento y sorpresa la ha convertido en una auténtica obra de culto.
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—Sí, lo sabía. Después de que murieron mis hermanos no había otra posibilidad. ¡Pero aún no! ¿No podrían darme simplemente un permiso?

—No seas tonto. La cuestión pajeña se prolongará mucho tiempo. Esparta está demasiado lejos para manejarla. Ya hemos llegado —Fowler le indicó una puerta.

Los documentos del retiro estaban ya redactados. Roderick Harold Lord Blaine: será ascendido a almirante e incluido en la lista de inactivos por orden de Su Majestad Imperial.

—¿Adonde quiere que le enviemos la paga, señor?

—¿Cómo dice?

—Que tiene usted derecho a una paga. ¿Dónde quiere que se la enviemos? —Para el funcionario, Rod era ya un civil.

—¿Puedo donarla al fondo de ayuda a la Marina?

—Desde luego, señor.

—Hágalo.

El funcionario escribió rápidamente. Hubo otras preguntas, todas triviales. Rellenados los formularios, el funcionario se los pasó y le ofreció una pluma.

—Firme aquí, señor.

Sintió la pluma fría en la mano. No quería tocarla.

—Vamos, hay una docena de personas esperando —urgió el senador Fowler—. Esperándote a ti y esperando a Sally. ¡Vamos, muchacho, firma!

—De acuerdo, señor. —No tenía sentido demorarlo. Es algo que no puedo discutir. Si el propio Emperador me nombró para esa maldita Comisión… garrapateó rápidamente y luego posó un pulgar entintado en los documentos.

Un taxi les conducía por las estrechas calles de Nueva Escocia. El tráfico era lento y el taxi no tenía distintivos oficiales que le diesen preferencia de paso. Para Rod era una experiencia insólita viajar así; normalmente tenía vehículos aéreos de la Marina que le llevaban de terraza en terraza, y la última vez en Nueva Escocia había tenido un vehículo aéreo propio con la tripulación esperando. Pero ya no, nunca más.

—Tendré que comprar un vehículo aéreo y buscarme un conductor —dijo Rod—. ¿Se concederá una licencia de transporte aéreo a los miembros de la Comisión?

—Sin duda. Puedes pedir lo que quieras —dijo el senador Fowler—. En realidad el nombramiento trae consigo una baronía titular; no es que lo necesites, pero es otro de los motivos de que nos hayamos hecho tan populares últimamente.

—¿Cuántos comisionados habrá?

—En eso también he de tener discreción. No pueden ser demasiados.

—El taxi frenó bruscamente para no atropellar a un peatón; Fowler sacó su computadora de bolsillo—. Otra vez tarde. Nombramientos en palacio. Tendrás que estar allí, por supuesto. Las habitaciones de los criados deben de estar atestadas, pero podemos meter al tuyo en… búscate uno, ¿o quieres que lo haga mi secretaria?

—Kelley está en la Lenin. Supongo que querrá quedarse conmigo.

—Otro buen elemento que perdía la Marina.

—¡Kelley! ¿Cómo está ese viejo zorro?

Muy bien.

—Me alegro. Por cierto que tu padre me dijo que te preguntara por él. ¿Sabes que es de mi edad? Me acuerdo de verle con uniforme cuando tu padre era un teniente, y hace mucho tiempo de eso.

—¿Dónde está Sally?

Cuando él había salido de la 675, ella se había ido. Él lo había preferido así, pues con los papeles del retiro abultando bajo el capote no se sentía con ánimo de hablar.

—Se ha ido de compras. Tú no tendrás que hacer eso. Uno de mis empleados tomó tu talla de los archivos de la Marina y te encargó un par de trajes. Están en Palacio.

—Ben… te mueves demasiado aprisa, Ben —dijo Rod.

—Qué remedio. Cuando la Lenin entre en órbita necesitaremos algunas respuestas. Entretanto tendrás que estudiar la situación política de aquí. Todo está muy confuso. La Asociación Imperial de Comerciantes quiere comerciar, cuanto antes. La Liga de la Humanidad quiere intercambios culturales. Armstrong quiere que su flota trate con los exteriores, pero los pajeños le dan miedo. Esto tiene que resolverse antes de que Merrill pueda seguir con la reconquista de Transacocarbón. La Bolsa, desde aquí hasta Esparta, está en ascuas… ¿Qué significará la tecnología pajeña desde el punto de vista económico? ¿Qué empresas se arruinarán? ¿Quién se hará rico? Y todo esto está en nuestras manos, muchacho. Somos nosotros quienes hemos de marcar la política.

—Uf. —El pleno impacto iba alcanzándole—. ¿Y Sally? ¿Y el resto de los miembros de la Comisión?

—No seas tonto. La Comisión somos tú y yo. Sally hará lo que queramos que haga.

—Quieres decir lo que tú quieras que haga. No estoy muy seguro de eso… ella tiene ideas propias.

—¿Crees que yo no sé eso? He vivido con ella mucho tiempo. Demonios, también tú eres independiente. No creo que vaya a poder imponerte lo que quiera.

Hasta ahora has estado haciendo un trabajo bastante bueno, pensó Rod.

—Supongo que puedes hacerte cargo del asunto de la Comisión —dijo Ben—. El Parlamento está preocupado por las prerrogativas imperiales. Si hay algo que sea pura prerrogativa es la defensa contra alienígenas. Pero si son pacíficos, el Parlamento quiere intervenir en los tratos comerciales. El Emperador no está dispuesto a pasar la cuestión pajeña al gobierno mientras no estemos seguros de lo que significan los alienígenas. Pero no puede manejar esto desde Esparta. No puede tampoco venir hasta aquí… Muchacho, eso traería problemas en la capital. El Parlamento no podría impedirle que se hiciese cargo del poder el príncipe heredero Lisandro, pero el muchacho es demasiado joven. Callejón sin salida. Su Majestad es una cosa, y los agentes con poderes imperiales otra. Demonios, yo no quiero dar autoridad imperial a nadie más que a la familia real. Un hombre, una familia, no pueden ejercer personalmente demasiado poder pese a todo el que acumulen en teoría, pero a través de agentes nombrados la cosa cambia.

—¿Y Merrill? Éste es su sector.

—¿Y qué? Las mismas objeciones se aplican a él que a cualquier otro. Más. El trabajo de Virrey está muy claramente definido. No incluye trato con alienígenas. Merrill no intentaría establecer un pequeño imperio propio aquí, pero la historia indica claramente que hay que vigilar de todos modos. Así que tenía que ser una comisión. El Parlamento no estaría dispuesto además a conceder tanto poder a un solo hombre, ni siquiera a mí. Hacerme presidente era preferible. Incluir a mi sobrina en la Comisión… Mi hermano era más popular que yo, necesitábamos una mujer y aquí está Sally recién venida de la Paja. Estupendo. Pero no puedo quedarme aquí mucho tiempo, Rod. Tiene que ser otro. Tendrás que ser tú.

—Lo veía venir. ¿Por qué yo?

—Es lo más natural. Necesitaba el apoyo de tu padre para que se aprobase la Comisión, de todos modos. El marqués es muy popular en este momento. Hizo una gran tarea consolidando su sector. Tiene un buen historial de guerra. Además, tú eres casi de la familia real. Estás emparentado con el trono…

—La relación es muy lejana. El hijo de mi hermana tiene más derecho que yo a alegar ese parentesco.

—Sí, pero eso significa no ampliar excesivamente la prerrogativa. Los padres confían en ti. A los barones les gusta tu padre. También a los comunes, y nadie va a pensar que tú quieras proclamarte rey aquí; perderías Crucis Court. Así que ahora el problema es encontrar un par de tipos de aquí que acepten las baronías y te ayuden cuando yo me vaya. Tendrás que buscarte un sustituto si quieres volver a casa, pero ya conseguirás resolver eso. Yo lo conseguí. —Fowler sonrió beatíficamente.

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