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Электронная книга - «Fan Club». Краткое содержание книги:

Sharon Fields, estrella de cine, es una mujer cuyo éxito parece irresistible a todo el mundo. Existe un silecioso grupo masculino de fans que está planeando raptarla. Su meta retorcida, sus aspiraciones, son satisfacer sus más oscuros deseos y frustraciones con ella. Sharon, a quien la vida sonreía, se ve secuestrada, atada, humillada y, lejos de rendirse, planea su propia escapada. Uno por uno engatusa a los secuestradores para salir sana y salva de su prisión.
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Es humano cansarse de ver constantemente las mismas caras todo el día. No me extrañaría nada que vosotros pensarais lo mismo.

– Bueno, yo estoy acostumbrado a la vida retirada -dijo Yost-, porque cada año suelo salir de caza y pesca con mis amigos.

– Pero yo comprendo lo que quiere decir -le dijo Brunner a Yost.

– Pues claro, yo también lo comprendo. Le ha entrado claustrofobia.

– Yost volvió a dirigirse a Shively-. Bueno, Shiv, ¿a dónde quieres ir a parar?

– Es como cuando estaba en el Vietnam -prosiguió Shively-, viviendo semana tras semana con los mismos individuos en el campamento.

Es un asco. Juré que jamás volvería a hacerlo y ahora me encuentro aquí encerrado otra vez.

Estoy empezando a hartarme. Por consiguiente, he llegado a la conclusión de que ya estoy cansado.

Quiero terminar, hacer lo que tengamos que hacer, largarnos y regresar de nuevo a la vida normal. -Levantó la mano-. Con una diferencia.

Quiero volver a la vida normal, pero no a la que he conocido siempre sino a la que siempre he dicho que merecía.

Brunner le escudriñó a través de los gruesos cristales de sus gafas.

– Kyle, debo decirte que no te entiendo lo más mínimo. ¿Qué es eso de que quieres decir la vida que siempre te has dicho que merecías?

– Quiero decir largándome de aquí convertido en un ricacho -repuso Shively con una sonrisa-y pudiendo gastar el dinero a manos llenas.

– Bueno, eso nos gustaría a todos -dijo Brunner decepcionado-, pero, a no ser que hayas descubierto una mina de oro.

– Tienes razón en eso de la mina de oro -dijo Shively con firmeza-, la tenemos durmiendo en la habitación de al lado.

Malone se medio levantó.

– No, no debes, no es posible, no empieces otra vez.

– !O te callas la boca o te la callaré yo! -le amenazó Shively.

Después se dirigió a los demás-.

¿Recordáis lo que os dije anoche? No sé si anoche hablaba en serio, pero hoy lo he estado pensando y permitidme que os diga, caballeros, que la cosa me ha parecido pero que muy bien.

Yost inclinó toda su mole hacia el tejano.

– ¿Te refieres a pedir un rescate, Shiv?

– Exactamente. Ni más ni menos. ¿Por qué no? Está forrada de billetes verdes.

Leo no ha sido el único que nos lo ha confirmado. Ya os dije que hace unos días Sharon y yo estuvimos hablando de estilos de vida y cosas de ésas, y ella me dijo cuál era su situación, maldita sea, no tiene más que veintiocho años y ya es doce veces millonaria. Y ahora os voy a decir una cosa.

Los demás guardaron silencio.

– Hace una hora, cuando estaba con ella, he traído el tema a colación para asegurarme bien, para cerciorarme de que no fueran historias inventadas por los periódicos o de que Leo hubiera dado con una declaración de impuestos excepcional.

Y he empezado a hacer averiguaciones. He conseguido sonsacarla. ¿Sabéis cuánto vale esta mujer? Pues unos quince millones de dólares, todos bien guardaditos.

– ¿Quince millones? -preguntó Brunner asombrado-. ¿Una vez deducidos los impuestos?

– Puedes estar seguro, una vez deducidos los impuestos. Y no te sorprendas tanto.

El Zigman ese se ha dedicado a invertirle los ingresos desde que empezó a tener éxito y ha hecho toda clase de inversiones: edificios comerciales, edificios destinados a viviendas, ganado, petróleo, una empresa de cosmética, una cadena de restaurantes, lo que quieras.

Y me ha dicho que ahora gana más con las inversiones que con los honorarios que le pagan los estudios.

– Probablemente lo tendrá todo invertido -dijo Yost.

– No -repuso Shively sin perderse la observación-. No, eso lo hemos aclarado muy bien. Tiene mucho dinero en efectivo, como dice ella ¿ésa es la palabra, verdad, Leo?

– Sí, exactamente -repuso Brunner-. Quiere decir dinero disponible.

– Lo tiene en bonos exentos de impuestos, acciones, compañías de ahorro y préstamo y cosas de ésas. Y resulta que, encima, dispone de tarjeta de crédito de primerísima categoría en todos los bancos.

Basta con que levante un dedo para que le entreguen la cantidad que quiera.

– Gracias, Kyle -dijo Malone sin poder contenerse por más tiempo-, pero la situación económica de Sharon Fields no nos interesa.

– Tal vez no te interese a ti, muchacho, pero a mí sí me interesa -dijo Shively. Una vez más hizo caso omiso de Malone y se dirigió a los otros dos-.

Escuchadme, me he pasado todo el día pensando en lo que os dije anoche sin estar muy convencido. Ahora estoy dispuesto si vosotros lo estáis. -Se detuvo-.

¿Cuánto tiempo nos queda? Siete días, es decir, apenas una semana antes de que terminen las vacaciones.

Pronto llegaremos a la encrucijada. Volveremos a nuestras cochinas preocupaciones y a nuestros cochinos trabajos. ¿De qué nos habrá servido tanto esfuerzo? De nada, como no sea para poder presumir de habernos acostado con la tía más famosa del mundo, sólo que ni eso podremos decir so pena de meternos en un buen lío. ¿Qué nos queda entonces? Cuatro miembros agotados.

Nada más. Y cuatro cuentas corrientes un poco más menguadas por culpa del dinero que nos ha costado este proyecto.

Bueno, hoy me he estado diciendo: Shiv, no puedes ser tan estúpido como para largarte de aquí sin otra cosa que no sea el recuerdo de una famosa y elegante mujer. Shiv, será la única oportunidad que se te ofrezca de largarte de aquí con algo que pueda cambiar toda tu vida y convertir en realidad aquello que siempre has soñado.

¿Y qué es eso? Yo lo sé y vosotros también lo sabéis. Es lo único que es mejor que la sexualidad cuando se carece de él. ¿Lo sabéis, no es cierto?

– El dinero -dijo Yost como hablando consigo mismo.

– Exactamente, do-re-mi-fa-sol, el verdadero botín -dijo Shively enfervorizado-. La mayoría de la gente jamás consigue alcanzarlo. Nosotros hemos tenido suerte.

En la habitación de al lado tenemos el mismísimo Tesoro de los Estados Unidos. Es una ocasión que sólo se presenta una vez en la vida y, si no la aprovechamos, ello significará que nos tenemos merecido vivir pobres toda la vida, cosa que ocurrirá efectivamente.

Escuchadme, hombres, por el amor de Dios. Es la única oportunidad que he tenido de cambiar totalmente mi vida. Y alguno de vosotros también podréis cambiar las vuestras. A no ser que a alguno de vosotros no le haga falta el dinero, claro.

– Qué demonios, el dinero le hace falta a todo el mundo -dijo Yost encogiéndose de hombros-. La gente que se encuentra en nuestra situación, sobre todo si se trata de personas casadas y con hijos, no está en condiciones de ahorrar ni un céntimo tal y como están las cosas.

Yo sé por experiencia que siempre estoy con el agua al cuello. Es más, en estos momentos, he contraído algunas deudas. El trabajo ha flojeado un poco. Cualquiera sabe si volverá a animarse. Si enfermara o me separara de la compañía, no sabría hacia qué parte volverme.

Estaría perdido. Me preocupa verme siempre acorralado en un rincón, tener que preocuparme siempre por la seguridad.

Leo Brunner se convirtió ahora en el centro de la atención de todos los demás.

Mantenía la frente fruncida. Comprendiendo que esperaban escuchar su opinión, se dispuso a exponerla.

– Por mi parte diré que me preocupa uno de los aspectos de la propuesta de Kyle. -Reflexionó unos instantes y después prosiguió-. Mirad, cuando se inició este proyecto, yo me mostré muy reacio, como sabéis.

Me preocupaba el secuestro por tratarse de un delito grave. Eso fue lo primero. Después me preocupó la violación por tratarse también de otro delito grave.

No obstante, dado que el secuestro pasó inadvertido y todavía no se ha descubierto, en la práctica no se trata de un delito del que se nos pueda acusar. Y puesto que puede decirse que la señorita Fields ha colaborado y ha accedido a mantener relaciones sexuales con nosotros, ello elimina toda probabilidad de que podamos ser acusados de violación.

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