La Importancia De Vivir
- Автор: Yutang Lin
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «La Importancia De Vivir». Краткое содержание книги:
¿Qué encuentra uno al recorrer el terreno de la literatura y la filosofía chinas? Comprueba que no hay ciencias, ni teorías extremas, ni dogmas, y en realidad no hay escuelas de filosofía muy divergentes. El sentido común y el espíritu razonable han aplastado todas las teorías y todos los dogmas. Como el poeta Po Chüyi, el sabio chino "utilizó el confucianismo para ordenar su conducta, utilizó el budismo para limpiar su mente, y después utilizó la historia, la pintura, las montañas, los ríos, el vino, la música y las canciones para calmar su espíritu". ( [77]) Vivía en el mundo, pero estaba fuera del mundo.
China, por lo tanto, llega a ser una tierra donde nadie trata mucho de pensar, y todos tratan mucho de vivir. Se convierte en una tierra donde la filosofía misma es una cosa tan sencilla y llena de sentido común que puede ponerse tan convenientemente en dos versos como en un pesado volumen. Se convierte en una tierra donde no hay sistema de filosofía, en términos generales, ni lógica, ni metafísica, ni jerga académica; donde hay mucho menos dogmatismo académico, menos fanatismo intelectual o práctico, y menos términos abstractos y palabras extensas. No es posible jamás ninguna suerte de racionalismo mecanicista, y se odia profundamente la idea de la necesidad lógica. Se convierte también en una tierra donde no hay abogados en la vida de negocios, ni lógicos en filosofía. En lugar de sistemas de filosofía muy ponderados, sólo tienen un íntimo sentimiento de la vida, y en lugar de un Kant o un Hegel sólo tienen ensayistas, epigramistas y escritores de acertijos budistas y de parábolas taoístas.
La literatura de China, en conjunto, nos presenta un desierto de poemas breves y ensayos cortos, al parecer interminables para quien no los aprecia, pero tan llenos de variedad y de inagotable belleza como un panorama silvestre. Sólo tenemos ensayistas y escritores de cartas que tratan de poner sus sentimientos de la vida en una breve nota o en un ensayo de trescientas o quinientas palabras, por lo común mucho más corto que una composición escolar en Occidente. En estos escritos al descuido, cartas, diarios, notas literarias y ensayos, se encuentran, aquí un breve comentario sobre las vicisitudes de la fortuna, allí la historia de una mujer que se suicidó en la aldea vecina, o el relato de una placentera fiesta primaveral, o un festín en la nieve, o un paseo en bote durante una noche de luna, o un atardecer pasado en un templo mientras fuera brama la tormenta, y generalmente con la inclusión de las frases cruzadas en la conversación, que hicieron memorable la ocasión. Encontramos una hueste de ensayistas que a la vez son poetas, y poetas que son a la vez ensayistas, y que nunca escriben más de quinientas o setecientas palabras, en que toda la filosofía de la vida se expresa en realidad por una sola línea. Encontramos escritores de parábolas y epigramas y cartas de familia que no intentan coordinar sus pensamientos en un sistema rígido. Esto ha impedido el surgimiento de escuelas y sistemas. El intelecto es mantenido siempre a distancia por el espíritu de lo razonable, y aun más por la sensibilidad artística del escritor. En verdad, se desconfía del intelecto.
Apenas es necesario señalar que la facultad lógica es un arma muy poderosa de la mente humana, que hace posibles las conquistas de la ciencia. También sé que el progreso humano en Occidente sigue esencialmente controlado por el sentido común y por el espíritu crítico, que es mayor que el espíritu lógico y que, creo, representa la forma más alta de pensar, en Occidente. Me es innecesario añadir que hay un espíritu crítico mucho más desarrollado en Occidente que en China. Al señalar las debilidades del pensamiento lógico sólo me refiero a una deficiencia particular del pensamiento occidental, y a veces de la política occidental también, como por ejemplo, la Machtpolitik de los alemanes y los japoneses. La lógica también tiene su encanto, y considero el desarrollo de la novela policial como un producto sumamente interesante de la mente lógica, una forma de literatura que no ha podido desarrollarse en China. Pero también tiene sus inconvenientes la pura preocupación por el pensamiento lógico.
La característica sobresaliente del estudio occidental es su especializacíón y su división del conocimiento en departamentos diferentes. El exceso de desarrollo del pensamiento lógico y la especialización, con su fraseología técnica, ha producido un hecho curioso de la civilización moderna: el de que la filosofía ha sido tan relegada a un segundo plano, muy atrás de la política y la economía, que el hombre común puede pasarla por alto sin un resquemor de conciencia. El hombre común, y aun el hombre educado, siente que la filosofía es una "materia" sin la cual se puede pasar muy bien. Es por cierto una extraña anomalía de la cultura moderna, porque la filosofía, que debería estar junto al pecho y a la actividad de los hombres, es lo que se ha alejado más de la vida. No ocurría así en la civilización clásica de los griegos y los romanos, y no fue así en China, donde el estudio de la sabiduría de la vida formaba la principal ocupación de los estudiosos. O el hombre moderno no se interesa en los problemas de la vida, que son el tema propio de la filosofía, o nos hemos apartado mucho del concepto original de la filosofía. Se ha ensanchado tanto el alcance de nuestro conocimiento, y tenemos tantos "departamentos" de conocimiento celosamente guardados por sus respectivos especialistas, que la filosofía, en lugar de ser el primero de los estudios del hombre, sólo tiene ahora como campo aquel en que nadie quiere especializarse. Típico del estado de la educación moderna es el anuncio hecho por una universidad norteamericana: "El Departamento de Psicología se ha servido abrir las puertas del cuarto curso de Psicología a los estudiantes del tercer curso de Economía." El profesor del tercer curso de Economía, pues, encarga el cuidado de sus alumnos al profesor del cuarto curso de Psicología, con su cariño y bendición, mientras que, como canje de cortesías, permite que los alumnos del cuarto curso de Psicología pisen el sagrado recinto del tercero de Economía. En tanto, la Filosofía, Reina del Conocimiento, <i8 como el Emperador Chino de los tiempos de los Reinos en Guerra, que en lugar de recibir tributo de los Estados vasallos vio que su autoridad y su dominio disminuían diariamente, y retuvo tan sólo la fidelidad de un pequeño grupo de subditos muy leales pero pobremente alimentados.
Porque hemos llegado a un estado de la cultura humana en que tenemos compartimientos del conocimiento, pero no conocimiento mismo; especialización pero no integración; especialistas pero no filósofos de humana sabiduría. Esta superespecialización del conocimiento no difiere mucho de la superespecialízación en una cocina imperial china. Una vez, al caer una dinastía, un rico funcionario chino pudo conseguir como cocinera a una sirvienta que había escapado de las cocinas del palacio. Orgulloso de ella, envió a sus amigos una invitación para que fueran a saborear una comida preparada por quien le parecía que era una cocinera imperial. Al acercarse el día, pidió a la sirvienta que preparara una comida imperial. La sirvienta respondió que no podía prepararla.
– ¿Qué hacías, entonces? -preguntó el funcionario.
– Ah, ayudaba a hacer las pastas para la comida -respondió la mujer.
– Bien, entonces, prepara unas lindas pastas para mis huéspedes.
– Oh, no -respondió la sirvienta con gran consternación del amo-, no sé hacer pastas. Me especializaba en picar la cebolla para el relleno de las pastas de la comida imperial.
Una condición parecida existe hoy en el campo del conocimiento humano y del estudio académico. Tenemos un biólogo que sabe un poco de la vida y la naturaleza humana; un psiquiatra que sabe otro poco; un geólogo que conoce la historia primaria de la humanidad; un antropólogo que conoce la mente del salvaje; un historiador que, si tiene espíritu genial, puede enseñarnos algo de la sabiduría humana y de la tontería humana, según se reflejan en la historia del pasado; un psicólogo que a menudo nos puede ayudar a comprender nuestro comportamiento, pero que también suele decirnos una imbecilidad académica, como la de que Lewis Carroll, el autor de Alicia en el País de las Maravillas, era, un sadista, o sale de su laboratorio, después de hacer experimentos con una cantidad de polluelos, y anuncia que el efecto de un fuerte ruido sobre los pollos es el de hacerles saltar el corazón. Algunos psicólogos educacionales me dejan estupefacto cuando se equivocan, y aun más estupefacto cuando tienen razón. Pero junto con el proceso de especialización no se ha producido el proceso, urgentemente necesario, de la integración, el esfuerzo por integrar todos estos aspectos del conocimiento y hacerlos servir al fin supremo, que es la sabiduría de la vida. Quizá estemos ya dispuestos para cierta integración del conocimiento, como se revela en algunos signos recientes. Pero a menos que los hombres de ciencia de Occidente procedan a esta tarea con un modo de pensar más sencillo y menos lógico, esa integración no se podrá realizar. La sabiduría humana no puede ser simplemente la suma de conocimientos especializados, ni puede ser obtenida por un estudio de promedios estadísticos; sólo se la puede realizar con la visión íntima, con el predominio general del sentido común, de la agudeza y de una intuición más sencilla, pero sutil.
[77] Del epitafio que Po Chiiyí compuso para si mismo.