Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «La Importancia De Vivir». Краткое содержание книги:

En las páginas que siguen presento el punto de vista chino, porque no puedo remediarlo. Sólo me interesa presentar un criterio de la vida y de las cosas como lo han visto los mejores espíritus chinos, y como lo han expresado en su sabiduría popular y en su literatura. La importancia de vivir condensa una filosofía risueña y tolerante que, en su trasplante de la China milenaria al campo cultural occidental, procura maravillosos estímulos en el arte de vivir.- La importancia de vivir, en tanto compendio de la filosofía que propone Lin Yutang, desentraña el sentido de la vida y nos permite comprender cuánto podemos obtener del medio en el que nos desenvolvemos, cualesquiera que fuesen nuestras circunstancias. Si sabemos armonizar nuestros instintos e impulsos, nos dice el autor, podemos hacer que el cielo y tierra se entiendan dentro de nosotros y obtener de la vida frutos insospechados. Se trata de una filosofía risueña y tolerante que, en su transplante de la China milenaria al campo cultural occidental, adquiere nueva lozanía y procura maravillosos estímulos en el arte de vivir
1 ... 106 107 108 109 110 111 112 113 114 ... 121
Перейти на страницу:

La importancia del individuo humano es indudablemente uno de los dogmas básicos del cristianismo. Pero veamos a qué ridicula arrogancia conduce eso en la práctica usual de la diaria vida cristiana.

Cuatro días antes del funeral de mi madre hubo una lluvia torrencial, y si continuaba, como solía ocurrir en Changchow en julio, la ciudad se inundaría y no habría funeral. Como casi todos nosotros habíamos llegado de Shanghai, el retraso significaría inconvenientes. Una de mis parientas -un ejemplo algo extremado pero no desacostumbrado del creyente cristiano en China- me dijo que tenía fe en Dios, que siempre atendería a Sus hijos. Rezó, y cesó la lluvia, aparentemente con el fin. de que una pequeñita familia de cristianos pudiera tener su funeral sin tardanza. Pero la idea implícita de que, si no hubiese sido por nosotros. Dios habría sometido voluntariamente a decenas de miles de habitantes de Changchow a una inundación devastadora, como ocurría a menudo, o que no detuvo la lluvia por ellos, sino porque nosotros queríamos tener un funeral sin barro, se me ocurrió que era un tipo increíble de egoísmo. No puedo imaginar que Dios atienda a hijos tan egoístas.

Hubo también un pastor cristiano que escribió la historia de su vida, dando fe de las muchas pruebas de la acción de Dios en su vida, con el propósito de glorificar a Dios. Una de las pruebas que aducía era la de que, cuando había reunido seiscientos dólares de plata para comprar el pasaje a los Estados Unidos, Dios redujo la tasa de cambio el día mismo en que este individuo tan importante debía comprar el pasaje. La diferencia en la tasa de cambio sobre seiscientos dólares de plata pudo haber sido a lo sumo diez o veinte dólares, y Dios estaba dispuesto a conmover las bolsas de París, Londres y Nueva York a fin de que este curioso hijo Suyo pudiera ahorrarse diez o veinte dólares. Recordemos que esta forma de glorificar a Dios no es cosa desacostumbrada en ninguna parte de la cristianidad.

¡Oh, insolencia y envanecimiento del hombre, cuyo lapso de vida es apenas de tres veintenas de anos! La humanidad, en conjunto, puede tener una historia significativa, pero el hombre, como individuo, según las palabras de Su Tungp'o, no es más que un grano de mijo en un océano o un insecto fuyu que nace por la mañana y muere al atardecer, comparado con el universo. No quiere ser humilde el cristiano. No se satisface con la sumada inmortalidad de su gran corriente de la vida, de la que es ya una parte, que fluye a la eternidad como un poderoso río que se vacía en el gran mar y cambia y no cambia. Una vasija de arcilla preguntará al alfarero: "¿Por qué me has dado esta forma y por qué me has hecho tan quebradiza?" La vasija de arcilla no queda satisfecha de poder dejar otras vasijas más pequeñas de su especie cuando se quiebra. El hombre no se satisface con haber recibido este cuerpo maravilloso, este cuerpo casi divino. ¡Quiere vivir para siempre! Y no deja tranquilo a Dios. Ha de decir sus plegarias y ha de rezar diariamente para recabar pequeños dones personales a la Fuente de Todas las Cosas. ¿Por qué no puede dejar tranquilo a Dios?

Hubo una vez un sabio chino que no creía en el budismo, y cuya madre creía. Era una mujer devota y pretendía adquirir méritos musitando "¡Namu omitabha!" mil veces de día y de noche. Pero cada vez que empezaba a pronunciar el nombre de Buda, su hijo la llamaba: "¡Mamá!" La madrese enojó al fin. "Bien -dijo el sabio- ¿no crees que Buda se enojaría también si pudiera oírte?" ( [76])

Mi padre y mi madre eran devotos cristianos. Bastaba oír a mi padre cuando dirigía los rezos nocturnos de la familia. Y yo era un niño sensitivamente religioso. Como hijo de un pastor, recibí las facilidades de la educación de los misioneros, aproveché sus beneficios y sufrí sus debilidades. Siempre he estado agradecido a esos beneficios, y convertí en fuerza mía sus debilidades. Porque, según la filosofía china, no hay en la vida buena o mala suerte.

Se me prohibía asistir a teatros chinos, jamás se me permitía escuchar a los troveros chinos, y se me separó enteramente de la gran tradición y la mitología populares. Cuando ingresé en un colegio de misioneros se descuidó por completo el escaso fundamento de chino clásico que me había dado mí padre. Quizá haya sido mejor así, para que más tarde, después de recibir una educación completamente occidentalizada, pudiera volver yo al chino con la frescura y el vigoroso deleite de un hijo de Occidente que se adentra en el país de maravilla oriental. La mayor suerte que he tenido jamás fue la sustitución completa del pincel de escribir por la pluma estilográfica durante mi período de colegial y de adolescente, pues conservó sin mengua para mí la frescura del mundo mental oriental, hasta que estuve pronto para él. Si el Vesubio no hubiera cubierto a Pompeya, Pompeya no estaría tan bien conservada, y las huellas de las ruedas de los carros en sus calles no habrían quedado tan claramente marcadas hasta hoy. La educación en un colegio de misioneros fue mi Vesubio.

Pensar era siempre peligroso en aquel entonces. Más aún, pensar era siempre aliarse con el diablo. Durante mi período de colegial-adolescente que, según es costumbre, fue mi período religioso, ya ocurría el conflicto entre un corazón que sentía la belleza de la vida cristiana y una cabeza que tendía a razonarlo todo. Curiosamente, no puedo recordar momentos de tormento o desesperación, como los que casi llevaron a Tolstoi al suicidio. En cada etapa me sentía un cristiano unificado, armonioso en mi creencia, pero un poco más liberal que en la etapa anterior, y aceptando menos algunas doctrinas cristianas. De todos modos, siempre podía volver al "Sermón de la Montaña". La poesía de un dicho como "Considerad los lirios del campo" era demasiado buena para no ser cierta. Esto, y la conciencia de la íntima vida cristiana, fue lo que me dio fuerzas.

Pero las doctrinas se alejaban terriblemente. Primero comenzaron a molestar las cosas superficiales. La "resurrección de la carne", desmentida mucho tiempo ha, cuando no se produjo la esperada segunda aparición de Cristo en el siglo I y cuando los Apóstoles no se levantaron de sus tumbas, estaba todavía en el Credo de los Apóstoles. Esto era una de esas cosas.

Después, enrolado en una clase teológica e iniciado en lo más sagrado de lo sagrado, supe que otro artículo del credo, el parto de la Virgen, estaba en duda, pues diferentes deanes de seminarios teológicos occidentales sostenían criterios distintos. Me enfureció que se exigiera a los creyentes chinos la categórica creencia en este artículo antes de ser bautizados, en tanto que los teólogos de la misma iglesia lo consideraban en duda. No me pareció sincero, y no me pareció bien.

Otros estudios sobre comentarios sin significado, como el paradero de la "puerta de agua" y otras minucias así, me relevaron completamente de la responsabilidad de tomar en serio esos estudios teológicos, y tuve malas clasificaciones. Mis profesores consideraron que yo no estaba hecho para el ministerio cristiano, y el obispo opinó que bien podría marcharme. No iban a desperdiciar en mí su instrucción. También esto me parece una bendición disfrazada. Dudo que si hubiera seguido adelante y hubiese vestido el ropaje clerical me habría sido tan fácil ser honesto conmigo mismo más tarde. Pero ese sentimiento de rebelión contra la discrepancia de creencias que se exigía al teólogo y al converso común, fue la sensación más cercana a la "revuelta" que tuve jamás.

вернуться

[76] Al rezar por un enfermo, es irrazonable, evidentemente, rezar una docena o un centenar de veces, como es irrazonable en el niño pedir una docena o un centenar de veces que le lleven al cinematógrafo. Pedir una vez es bastante, y una promesa es una promesa, si el padre es un buen padre. Las solicitudes repetidas son molestas, tediosas.

1 ... 106 107 108 109 110 111 112 113 114 ... 121
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)