Nadie Es Inocente
- Автор: Abasolo Jose Javier
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Nadie Es Inocente». Краткое содержание книги:
No has aguantado más y has salido corriendo de clase, sin pensar en que te caerán nuevos castigos, en busca del regazo materno donde podrás llorar a gusto, porque no hay nada más duro que tener que aguantarte las lágrimas cuando lo único que deseas es, precisamente, llorar, llorar hasta hartarte, hasta quedarte dormido en los brazos de tu madre.
Y tu madre, que nunca te ha fallado, te dice que es verdad, que es cierto que tu padre está en la cárcel, pero que no tienes por qué estar avergonzado, el aitá no está en la cárcel porque sea un ladrón o un asesino, el aitá es un hombre de bien, un hombre honrado víctima de las injusticias de otros hombres que algún día, con la ayuda de Dios, desaparecerán.
Entonces, tu hermano mayor Mikel, siempre tan callado e introvertido, rompe su habitual silencio y casi arrastrando las palabras te dice que no sólo no tienes que estar avergonzado sino que, más bien al contrario, tienes que estar orgulloso. Y atreviéndose a desobedecer a la amá, que le pide a gritos que se calle, continúa hablando lenta y premiosamente, pero con una firmeza que tú nunca habías visto en él hasta ese momento.
– El aitá está en la cárcel por defender a Euskadi.
– ¿Qué es Euskadi? -preguntas tú al oír esa palabra nueva para ti, esa palabra que no has oído nunca hasta ese momento.
– Es lo que ha traído la desgracia a esta casa.
– No, amá, eso no es así -reprende suavemente el hijo a la madre, ante tu extrañeza, al ver cómo ella asiente en silencio a lo dicho por tu hermano mientras dos lagrimones descienden silenciosamente por sus mejillas-, Euskadi no ha traído la desgracia a esta casa, la desgracia a esta casa y a todas las casas de nuestra tierra la han traído quienes prohiben hasta su mera mención. Ya es hora de que Ander lo sepa.
– Es pequeño todavía -dice tu madre, pero tú protestas, quieres saber por qué tu padre está en la cárcel, y al final ella cede, pero es incapaz de explicarte nada, vuelve a ser tu hermano mayor el que toma la palabra.
– Euskadi es nuestra tierra, el país de los vascos. Pero es algo más, es que ningún profesor pueda castigarte por hablar en la lengua de nuestros antepasados, es el poder salir a la calle con la bandera que nuestro padre colocó en lo alto del Gorbea, es que nadie tenga miedo a decir lo que piensa.
Mikel sigue hablando pero ya no le escuchas, quizá tu madre tenga razón, quizá ciertos conceptos estén fuera de tu alcance, pero con lo que has comprendido lo tienes bastante claro; si tu padre está en la cárcel por defender esas cosas él no es un criminal, en todo caso lo serán quienes le han hecho prisionero, pero no él. Tienes ganas de proclamarlo a los cuatro vientos, sin embargo otra cosa que acabas de aprender es que eso no es posible, precisamente tu padre está en la cárcel por proclamarlo, pero esa noche cuando te acuestas sonríes feliz y duermes de un tirón, soñando con tu padre.
Al día siguiente algo ha cambiado en ti. No vuelves al colegio atemorizado sino alegre, fuerte, satisfecho, dispuesto a comerte el mundo. Y coincides en el recreo con el chico que ayer te pegó y te dijo que tu padre está en la cárcel, pero ya no le tienes miedo. Te has acercado a él y le has dicho que tu padre es un gran hombre que está en la cárcel por defender a su pueblo, y que el único ladrón es su padre, un comerciante que a todo el mundo engaña con el peso, como se rumorea por el valle. Ves cómo tus compañeros te jalean alegres, cómo te apoyan, y ves cómo el otro chico vuelve a pegarte, pero hay algo dentro en ti que te hace crecer y pese a la diferencia de edad esta vez eres tú el que castiga, eres tú el que golpea, sientes en tu cuerpo la fuerza de tu padre, la fuerza de esas manos gruesas como palas que estás deseando que te acaricien, y tu contrincante se retira lloroso mientras sangra por la nariz.
El castigo es de los que hacen época, pero no te importa porque piensas que tu padre está aguantando un castigo mucho mayor por el único delito de luchar por su patria, y sonríes pensando que él estará orgulloso de ti. Y cuando oyes a tu madre chillarte y decirte que eres un loco inconsciente que no le das más que disgustos, sabes que aunque no se atreva a expresarlo con la boca, con los ojos está diciendo que está orgullosa de ti y que no lo olvidará nunca, que algún día le contará al aitá cómo le has defendido. Tu hermano Mikel, con su mutismo de siempre, sólo pronuncia cuatro palabras, pero tú no necesitas más para saber que es el mejor hermano del mundo.
– Muy bien hecho, chaval.
Capítulo ocho
El registro de la habitación del padre Gajate no dio ningún resultado práctico, pero confirmó al padre Vázquez en su opinión de que la huida había sido voluntaria, al encontrar un listado de teléfonos del que había sido arrancada una página. Desgraciadamente, el padre Gajate era bastante desordenado, y en ese listado no había una continuidad alfabética, por lo que era imposible saber siquiera si el apellido de las personas que habían estado en esas páginas empezaba por c o por j. Lo que sí parecía evidente era que si había arrancado esa página tenía que haber sido motivado por el hecho de que uno de los nombres no saliera a la luz. Parecía un claro signo de que estaba maquinando algo. Sin embargo, la confirmación de su teoría no le ayudaba lo más mínimo a encontrar al sacerdote desaparecido.
Sin mucha fe, cosa extraña en un sacerdote pensó irónicamente, se acercó hasta la sucursal bancaria en la que se había cobrado el talón, siendo recibido por el director. El mullido sofá en el que tomó asiento le recordó la época en que trataba de tú a tú a gobernadores civiles y directores generales del Ministerio del Interior. La única diferencia estaba en el mobiliario, todo luz y cristal en contraste con la penumbra y los muebles de maderas nobles pero apolilladas que acostumbraba ver en los centros oficiales. El director le aseguró que podía contar tanto con su colaboración como con su total discreción, es un honor y un placer colaborar con la Iglesia, padre, pero lamentablemente no sabía en qué podía ayudarle.
– No hace muchos días se cobró un talón al portador por valor de cien millones de pesetas, ¿recuerda usted este hecho?
– Por supuesto que lo recuerdo, no todos los días se presentan al cobro talones al portador por esa cantidad. De hecho atendí yo en persona a la clienta, ya que el empleado que estaba en ventanilla entró en mi despacho para ponerme al corriente de la situación. En casos así lo normal es que sea yo quien trate con los clientes.
– ¿A qué se debe eso, hay algún motivo especial?
– Bueno, son cantidades muy fuertes, así que nos gusta asegurarnos de que todo estaba en orden.
– ¿Y lo estaba?
– Sí se refiere al talón, no había ninguna pega. Era un talón al portador extendido en uno de los talonarios expedido por nuestro banco a una clienta, y en el que constaba su firma auténtica, como lógicamente comprobé en cuanto lo tuve en mi poder. Por otra parte, en la cuenta corriente contra la que se libraba el talón había fondos más que sobrados para proceder al pago. Así que desde ese punto de vista todo era correcto. Y lo mismo si nos atenemos al punto de vista legal. Cuando un talón es superior a quinientas mil pesetas debe avisarse con antelación pero una vez hecho esto la única obligación que tiene quien lo cobra es firmar por detrás el talón y anotar el número de su D.N.I.
– Eso significa que ustedes ya sabían que se iba a presentar al cobro ese talón.
– Sí, intentamos disuadirla diciendo que sería mucho más seguro realizar una transferencia e insinuando que los cobradores podrían habilitar en nuestro banco una cuenta corriente o libreta para no tener que salir con cien millones de pesetas en la mano, pero fue inútil. La señora insistió en que era una donación que su difunto marido había querido legar al colegio en el que se educó y que desde el propio colegio se le habían dado las instrucciones precisas para llevar a cabo la entrega del legado. A ella, mientras le firmaran el oportuno recibo, el resto le daba perfectamente igual. A lo único que accedió fue a decirnos el número de serie del talón que iba a firmar y el nombre de quien lo presentaría al cobro, pese a ser el talón al portador, como garantía adicional de que todo estaba en orden.