Ha estallado la paz
- Автор: Gironella Jose Maria
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Ha estallado la paz». Краткое содержание книги:
¡Cuánto costaba tomar una decisión! Porque en el fondo, lo que más lo emborrachaba no eran ni el alcohol, ni las mujeres, ni el afán de ganar dinero; lo que le emborrachaba de veras era la sensación de poder. La seguridad de que alguien supiera que él, el capitán Sánchez Bravo, formaba parte de la Constructora Gerundense, S. A., bastaba para concederle a ésta todas las facilidades. ¡Incluso algunos árbitros de fútbol se impresionaban al saber que él era el presidente del Club!
Decidió tomarse la cosa con calma. Se sentó, sin abandonar la Sala de Armas, y encendió un pitillo. Debía reflexionar.
Pasó por allí Nebulosa, el asistente. Lo llamó y le pidió que le limpiara las polainas, mera excusa para hablar con alguien.
El asistente obedeció y pronto se arrodilló a los pies de su capitán. Entonces éste le preguntó:
– Dime, Nebulosa. ¿Por qué no te licencias? ¿O es que piensas quedarte en el Ejército?
El asistente hizo con la cabeza un expresivo movimiento.
– ¿Qué voy a hacer, mi capitán? Me temo que no sirva ya para otra cosa…
– Ya… ¿Y tu pueblo? ¿No lo echas de menos?
– Ya no me tira el campo… Me he acostumbrado a esto -marcó una pausa-. Estoy bien aquí, con el general.
El capitán sonrió.
– Puedes llegar a sargento. O a brigada…
– ¡Ojalá!
El capitán Sánchez Bravo se repantigó en el asiento. Le gustaba pensar mientras le limpiaban las polainas.
– ¡Ay, Nebulosa! Lo que yo daría por estar en tu lugar, para tener tan sensatas aspiraciones…
– ¡Qué cosas dice usted, mi capitán!
En casa de los Alvear se planteó, con motivo de la escasez alimenticia, un problema de conciencia. Pilar, en su condición de empleada de la Delegación de Abastecimientos, disfrutaba de un reparto especial, que colmaba con creces las necesidades de la familia. ¿Era lícito aceptar aquello?
Estaba visto que nadie era perfecto…Los Alvear aceptaron el trato de favor, sin discutir siquiera el asunto. A lo más que llegaron fue a ceder una parte a la familia de Burgos, que lo pasaba muy mal. Ignacio se sintió algo decepcionado al respecto, especialmente pensando en su madre, Carmen Elgazu. "Muchas novenas a Santa Teresita, pero doble ración que los demás".
Tal vez fuera perdonable… Tal vez Carmen Elgazu obrara cuerdamente. Carmen Elgazu deseaba por encima de todo que no les faltara nada ni a Matías, menos fuerte que antes, ni a los chicos, ni al pequeño Eloy, que con eso de jugar al fútbol y crecer desmesuradamente, no conseguía verse saciado.
Carmen Elgazu, por otra parte, se dio cuenta de que se avecinaban días todavía más difíciles y se dedicó a sobornar maliciosamente a los dueños de los comercios vecinos, obsequiándolos, gracias a don Emilio Santos, con cigarros habanos procedentes de las secretas reservas de la Tabacalera.
Pero no paraba ahí la cosa. Inesperadamente se produjo un acontecimiento que hubiera podido resolver con mayor holgura aún el problema alimenticio de la familia. El mismo día en que el general Sánchez Bravo arrestó a su hijo, 'La Voz de Alerta' por mediación de Mateo, le propuso a Matías ser concejal del Ayuntamiento.
Matías se quedó estupefacto… y rechazó. "¿Yo concejal? Pero ¡qué entiendo yo de política! El alcalde está loco".
Pilar se irritó.
– ¿Lo ves, papá? Así no hay manera…Nos quejamos de que la gente no es honrada. Y te ofrecen un puesto a ti, que sabrías serlo, y rechazas. ¿No crees que tu obligación sería colaborar?
Matías negó con la cabeza, mientras se acercaba a la radio y la ponía en marcha, para escuchar como todas las noches la BBC de Londres.
– No insistas, hija. No me veo yo en las procesiones con chaqué y subiendo luego a Palacio a besarle el anillo a Su Ilustrísima…
CAPÍTULO XXX
Las últimas noticias que Jaime, poeta y ahora librero de ocasión, subrayó en Amanecer, fueron las siguientes:
"El coronel Beigbeder, comisario español en Marruecos, ha dirigido un mensaje deseando prosperidad a todos los pueblos islámicos".
"El Gobierno español proyecta dar gran impulso a la cría del gusano de seda".
"Churchill ha declarado, a raíz de la guerra ruso-finlandensa: Todo el mundo puede comprobar que el comunismo hace abyecta el alma de los pueblos".
"En la colección de fieras del Retiro, de Madrid, ha muerto de frío el oso polar que figuraba en él, considerado como una de las piezas más valiosas".
"El valor cívico se demuestra desenmascarando ante la autoridad al propagador de bulos".
"Existe el proyecto de invitar a los trabajadores a volar, por turnos, en trimotores de los que intervinieron en la Cruzada, para que se familiaricen con el paisaje de España".
"Se ha reanudado la fabricación de papel de fumar en las fábricas de Alcoy".
"El Führer ha dicho: Si el mundo estuviera lleno de demonios, los venceríamos".
Por fin Ignacio obtuvo la licencia. Colgó definitivamente el uniforme. En el último viaje que hizo a Perpiñán buscó a Canela por todas partes sin dar con ella. Se trajo para España, como siempre, un montón de cartas que le entregaron los exiliados, al objeto de que las echara en el buzón de Figueras, sorteando con ello la censura. Ignacio cumplió su promesa y, como en anteriores ocasiones, al hacerlo le pareció que llevaba a cabo una obra humanitaria.
En Figueras se despidió de Nati y de las demás mecanógrafas, obsequiándolas con cajas de bombones, y estrechó la mano del coronel Triguero. Éste, que le había tomado afecto, le dijo:
– ¡Apuesto a que cuando seas abogado defenderás a los pobres!
– No lo sé, mi coronel… Es pronto para hablar de eso.
– Te molestaba la vida militar, ¿verdad?
– Pues, sí… No puedo negarlo.
– ¡Bah! También tiene sus ventajillas…
– No lo dudo.
– ¡Bien! Dale recuerdos al Gobernador…
– Así lo haré.
– Buena suerte, muchacho.
Ultimo viaje de Ignacio, de Figueras a Gerona, en el tren renqueante de la frontera. Llegada a casa, felicitaciones, ¡ducha! Al ducharse, le pareció que se desembarazaba de una vez para siempre de los esquís, del fusil y de aquellos soldados aragoneses que se pasaron la guerra hablando de mujeres y de vacas. Se presentó al Gobernador… pero no para transmitirle los saludos del coronel Triguero, sino para darle cuenta de su nueva situación.
– Muchas gracias, camarada Dávila. En realidad, estos meses han sido de descanso, gracias a ti.
– ¡Huy! No te hagas ilusiones. Ahora tendrás que trabajar de firme.
– Sí, es verdad.
Trabajar de firme había de consistir principalmente en prepararse para los exámenes de junio. Faltaban cuatro meses escasos. Ignacio sabía que dichos exámenes serían también "patrióticos", pero no en el grado en que lo fueron los de octubre. Así, pues, era preciso estudiar… Pero, además, necesitaba ganar dinero. ¿Dónde? ¿En Sindicatos? ¿En la oficina de Ex Combatientes? ¿En la agencia de la Torre de Babel…?
El conflicto se le resolvió por sí solo y de la mejor manera. Manolo le propuso: "¿Por qué, en esos meses que faltan, no te vienes ya a mí despacho? Sólo por las mañanas y cobrando una pequeña remuneración. Después de junio, ya con el título en el bolsillo, te impondré la placa de pasante y estudiaremos las condiciones definitivas".
¡Albricias! Ignacio no supo qué decir. Estrechó con fuerza la mano de Manolo.
– No sabes lo que eso significa para mí. ¡Muchas gracias!
Por su parte, el profesor Civil se avino a darle dos horas diarias de clase, de siete a nueve de la noche -Mateo, absorbido por la Falange, renunció hasta nuevo aviso-, y el resto del tiempo podría dedicarlo a estudiar.