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Электронная книга - «El Sabor de la Tentación». Краткое содержание книги:

Jonas Tallent, emparentado con los célebres Cynster, es apuesto, rico y de buena familia, y se dedica a disfrutar de la vida. Juega a las cartas hasta el amanecer y coquetea con las damas más deseadas de la sociedad londinense. Cuando empieza a sentirse inquieto y aburrido por tanta frivolidad, se ve obligado a tomar las riendas de la hacienda familiar en el Devon rural. Una de sus primeras decisiones es contratar un nuevo encargado para la posada de su propiedad, pero descubre que hay poca gente dispuesta a vivir en un lugar tan pequeño y tranquilo.
Es entonces cuando Emily Beauregard, una refinada dama venida a menos, solicita el puesto. Jonas cree que las damas, en especial las que son tan atractivas como Emily, deben estar en los salones de baile o en los dormitorios, no en las posadas. Sin embargo, no tiene alternativa, y de mala gana permite que la joven demuestre su valía.
Pero Emily guarda un secreto. No ha llegado a Devon impulsada sólo por la necesidad de mantener a sus hermanos, sino que la anima un objetivo muy concreto y ambicioso…
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Em había estado observando a los dos hombres de vez en cuando durante las dos últimas horas. Casi habían terminado; sólo les quedaba algunas monedas que examinar, así que ella seguía esperando el veredicto para discutir con ellos qué debería hacer con el tesoro.

Lucifer examinó las últimas monedas, dio su opinión y las juntó con las demás. Levantó la mirada y sonrió a Em. Luego cogió las hojas que Jonas le tendía, las estudió atentamente y asintió con la cabeza, aprobando el trabajo de su cuñado. La suma final le hizo arquear las cejas.

– Bueno, querida. -Alzó la mirada hacia Em-. Como ya había supuesto, aquí hay una enorme fortuna. -Mencionó una cifra que superaba las expectativas más descabelladas de la joven-. Y éste es sólo un cálculo prudente. Estoy casi seguro de que la cifra final será mucho más elevada. ¿Has decidido ya qué quieres hacer?

Em buscó los ojos oscuros de Jonas y, alzando la barbilla con firmeza, asintió con la cabeza.

– Teniendo en cuenta que el tesoro consta de monedas y joyas, algo que cualquier malhechor podría robar con suma facilidad y que, además, es imposible de rastrear una vez que ha desaparecido, he pensado que debería venderlo todo y convertirlo en fondos e inversiones para evitar que lo roben.

Y también para evitar poner en peligro la vida de Jonas y su familia. Miró a Lucifer.

– Hay que reservar parte del dinero para las gemelas e Issy. Para que puedan disponer de una dote, y…

– Y tú también -dijo Issy, apareciendo por detrás de Em-. Henry y yo hemos hablado de esto y, aunque estamos de acuerdo con todo lo que has dispuesto, queremos que tengas los mismos derechos que yo o las gemelas. Y además tienen que serte reembolsados los fondos que gastaste para traernos aquí y encontrar el tesoro. Es lo más justo. Has usado casi todo el dinero que te dejó papá, y tenemos que devolvértelo. -En los suaves rasgos de Issy apareció una terca expresión que Em reconocía muy bien, una que no admitía réplica-. No pienses que nos conformaremos con menos.

– Tiene razón -dijo Lucifer, asintiendo con la cabeza-. Ese argumento es muy válido.

Em miró a Jonas. También él asintió con la cabeza. La joven hizo una mueca.

– De acuerdo, pero…

– Nada de peros. -Issy miró a Lucifer-. Mi padre le dejó a Em quinientas libras, así que deberán añadir esa cantidad a su dote.

– Cuatrocientas ochenta -le corrigió Em-. Todavía me quedan veinte libras, pero…

– Nada de peros -repusieron los otros tres al unísono.

Em cerró la boca.

Lucifer tomaba notas.

– Así que tenemos que apartar dinero para la dote de las cuatro chicas, más cuatrocientas ochenta libras que hay que reembolsarle a Em. Además están los fondos para Henry.

– Queremos que vaya a Pembroke -indicó Em- y que, después de completar sus estudios, le quede suficiente dinero para vivir holgadamente. Tendrá que comprar una casa adecuada, y ser lo suficientemente solvente para que pueda mantener decentemente a su esposa y a su familia.

Em observó cómo Lucifer tomaba notas en otra hoja de papel, sumando y calculando velozmente. Jonas se inclinó y señaló una cifra, murmurando algo sobre los intereses de las inversiones.

Lucifer asintió con la cabeza y le respondió con otro murmullo. Tras anotar unas cuantas cosas más, examinó lo que había escrito y luego miró a Em y a Issy.

– La manera más efectiva de usar los fondos para lograr lo que deseas es ésta.

Les sugirió establecer una serie de cuentas, una para cada hermana y otra mayor para Henry. Luego les explicó cómo, si invertía el dinero, podrían vivir cómodamente de los intereses. Em sabía lo suficiente del tema para valorar esa propuesta.

– Y el resto, los demás fondos restantes tras la venta del tesoro, podría ser destinado a una sociedad, de inversiones para que puedan disponer de él las «generaciones futuras». -Lucifer miró a Em y arqueó las cejas-. ¿Te parece bien este arreglo?

– Sí. -Ella asintió firmemente con la cabeza-. Eso es justo lo que queremos. ¿Podrías ayudarnos con ello?

– Será un placer. -Lucifer recogió las notas-. Lo copiaré para que puedas quedarte con el original. Esta tarde enviaré varias cartas a algunos de los distribuidores de Londres a los que podéis confiarle el tesoro. Una vez que lo vendan podremos proceder con lo planeado. Entretanto, también me pondré en contacto con Montague. -Miró a Jonas, que asintió con la cabeza.

– Montague -explicó Jonas a Em- es un hombre de negocios. Necesitas a alguien como él, alguien en quien puedas confiar y que sepas que siempre hará lo mejor para tu familia, que se encargará y manejará todas las cuentas.

– ¿Y este Montague es de fiar? -preguntó Em.

– Sin ninguna duda. -Jonas sonrió-. Lucifer, todos los Cynster en realidad, yo mismo y otros miembros de la familia hemos confiado todas nuestras inversiones a él y a su firma. Es el mejor.

– En ese caso. -Em miró a Lucifer-. Por favor, ponte en contacto con él y háblale de nosotros.

Lucifer asintió con la cabeza y se levantó.

– Le escribiré esta tarde. ¿Quién sabe? Quizá logremos tentarle para que visite Colyton.

Después de almorzar con Em y su pequeña tribu, Jonas tomó el camino de regreso a Grange, con los sentidos muy alerta mientras caminaba con paso decidido por el sendero del bosque. Filing había bajado de la rectoría con Henry para saber cómo iban las cosas y también se había quedado a comer, sentándose con el resto de la familia en la larga mesa de la salita del ático que las gemelas ya consideraban suya.

Había sido una agradable comida familiar. Al pensar en lo hogareño que había resultado todo, Jonas no podía imaginar cómo él y también Filing habían podido vivir sin eso antes de que los Colyton hubieran regresado a Colyton.

Respecto a eso, había oído cómo Filing le decía a Em que llevaría a Issy en carruaje hasta Seaton esa tarde. No le sorprendería nada que regresaran con la noticia de su próxima boda. Ahora que habían encontrado el tesoro, y que éste había resultado ser muy valioso, y dado que Filing e Issy, y todos los demás, sabían de sobra que Jonas tenía intención de casarse con Em, no había duda de que el buen párroco había planeado persuadir a Issy para que le diera el sí y fijar una fecha para la boda.

Lo cual, Jonas esperaba, haría que también Em se decidiera a fijar una fecha para su propia boda. Estaba bastante seguro de que Issy insistiría en que, dadas las circunstancias, Em y él se casaran primero, algo en lo que Jonas estaba completamente de acuerdo. Era difícil que Em pusiera más objeciones si era persuadida tanto por su familia como por él.

La joven ya no podía alegar que la posada y el pueblo necesitaban de sus atenciones diarias. Había organizado todas las tareas tan bien, que el personal de la posada ya no necesitaba su continua supervisión. Cuando Jonas llegó esa mañana, se había dado cuenta de cuánto había mejorado la posada bajo la dirección de Em. Cuando Juggs era el posadero, a las diez de la mañana el salón estaba desierto. Pero ahora estaba casi lleno de vecinos que se reunían para tomar un desayuno tardío o un té matutino, y de huéspedes que terminaban de desayunar antes de irse.

No podía recordar cuánto tiempo había pasado desde que había visto un huésped en la posada, cuando ésta estaba bajo la administración de Juggs, y mucho menos los cinco que se habían alojado allí el día anterior.

Era el momento ideal para que Em fijara una fecha para la boda. Y él, tenía que reconocerlo, estaba impaciente, ansioso por dar el siguiente paso. Por declarar ante todo el mundo lo que ella significaba para él, por demostrar ese hecho sin que cupiera la más mínima duda.

Por formar una familia. Em y él tomarían a las gemelas y a Henry bajo su protección, pero le sorprendía cuántas veces en los últimos tiempos se había imaginado a Em con un hijo suyo en los brazos. La imagen se había quedado grabada en su cerebro, y regresaba una y otra vez para tentarle. Para aguijonearle.

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