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Los Portales de Piedra

Электронная книга - «Los Portales de Piedra». Краткое содержание книги:

Los sellos de Shayol Ghul se han debilitado y la presencia del Oscuro se hace cada vez más evidente.En Tar Valon, Min es testigo de hechos portentosos que vaticinan un horrible futuro. Los Capas Blancas buscan en Dos Ríos a un hombre con los ojos dorados y siguen el rastro de Dragón Renacido. Mientras tanto, Rand al’Thor se dedica a tomar sus propias y sorprendentes decisiones.
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Elayne se detuvo cerca del castillo de popa para observar qué hacía. Los flujos de Aire y Agua que manejaba la Detectora de Vientos eran gruesos como cables y, sin embargo, los entretejía minuciosa, casi delicadamente, y llegaban hasta donde alcanzaba la vista, como una red extendida a través del cielo. El viento sopló más y más fuerte; el esfuerzo de los hombres de la rueda se intensificó, y el Tajador de olas se deslizó sobre el mar como si volara. La manipulación de flujos cesó, el fulgor del saidar desapareció, y Jorin se desplomó contra la barandilla, apoyada en las manos.

Elayne subió la escala en silencio, pero la mujer de los Marinos le habló en voz queda, sin volver la cabeza, cuando la otra joven estuvo lo bastante cerca para oírla:

—A mitad de mi trabajo creí advertir que me estabais observando. Pero entonces me era imposible parar; podría haberse formado una tormenta a la que ni siquiera el Tajador habría sobrevivido. El Mar de las Tormentas tiene un nombre muy apropiado; en él se levantan vientos bastantes peligrosos de por sí sin mi ayuda. No tenía la menor intención de hacer esto, pero Coine dijo que hemos de viajar deprisa. Por vos y por el Coramoor. —Levantó los ojos y escudriñó el cielo—. Este viento se mantendrá hasta por la mañana, si así lo quiere la Luz.

—¿Es ésta la razón de que los Marinos no transporten Aes Sedai? —preguntó Elayne, que se puso a su lado en la barandilla—. ¿Para que la Torre no descubra que las Detectoras de Viento pueden encauzar? Ahora entiendo que fuera decisión vuestra permitirnos embarcar, no de vuestra hermana. Jorin, la Torre no intentará impedíroslo. No existe una ley que prohíba encauzar a cualquier mujer, aunque no sea Aes Sedai.

—Vuestra Torre Blanca intervendrá. Procurará llegar hasta nuestros barcos, donde estamos libres de la tierra y de sus habitantes. Intentará sujetarnos a ella, apartarnos del mar. —Suspiró hondo—. La ola que ha pasado no se la puede hacer volver.

Elayne habría querido decirle que estaba equivocada, pero era cierto que la Torre buscaba mujeres y muchachas que pudieran aprender a canalizar, tanto para incrementar el número de Aes Sedai, que ahora era mucho menor comparado con otros tiempos, como por el peligro de aprender sin una guía. En realidad, una mujer a la que podía enseñársele a entrar en contacto con la Fuente Verdadera por lo general acababa en la Torre lo quisiera o no, al menos hasta que estuviera entrenada lo bastante para no provocar su propia muerte o la de otros por accidente.

—No nos ocurre a todas —añadió Jorin al cabo de un momento—. Sólo a algunas. Enviamos a unas pocas chicas a Tar Valon para que así las Aes Sedai no vengan a buscar entre nosotras. Ningún barco cuya Detectora de Vientos es capaz de entretejerlos transportará a una Aes Sedai. Cuando os presentasteis, creí que sabíais lo mío, pero como no dijisteis nada y pedisteis pasaje confié en que no fueseis Aes Sedai a pesar de los anillos. Una esperanza absurda. Podía sentir la fuerza en las dos, y ahora la Torre lo sabrá.

—No puedo prometer que guardaré el secreto, pero haré cuanto esté en mi mano. —La mujer se merecía más—. Jorin, juro por el honor de la casa Trakand de Andor que haré todo lo posible para guardar vuestro secreto de cualquiera que pueda perjudicaros a vos y a vuestro pueblo, y que si me veo obligada a revelárselo a alguien, pondré todo mi empeño en proteger a vuestra gente de cualquier interferencia. La casa Trakand tiene influencia incluso en la Torre. —«Y haré que madre la utilice si es preciso. De un modo u otro».

—Será como quiera la Luz —respondió Jorin, fatalista—. Todo es y todo será por la voluntad de la Luz.

—En el barco seanchan había una damane, ¿verdad? —La Detectora de Vientos la miró sin comprender—. Una de las mujeres cautivas que pueden encauzar.

—Vuestra perspicacia es grande para ser tan joven. Ése era el motivo de que al principio pensara que no erais Aes Sedai, la juventud; tengo hijas mayores que vos, creo. Ignoraba que aquella mujer fuera una cautiva; ojalá la hubiéramos salvado. Al principio el Tajador de olas sacó ventaja fácilmente al seanchan. Nos habían llegado rumores de los seanchan y sus naves de velas en varillaje, de que exigían prestar extraños juramentos y que castigaban a quienes no aceptaban. Pero entonces la… ¿damane? rompió dos de los mástiles y nos abordaron. Me las ingenié para iniciar varios focos de fuego en el navío seanchan, aunque manejar el Fuego para cualquier cosa más importante que encender una lámpara me resulta muy difícil, pero la Luz quiso que fuera suficiente, y Toram dirigió a la tripulación en el combate y consiguieron que los seanchan tuvieran que volver a su barco. Cortamos los cabos de abordaje, y el suyo se alejó a la deriva, envuelto en llamas. Estaban demasiado ocupados en intentar salvarlo para molestarnos cuando emprendimos la huida. Entonces lamenté verlo quemarse y hundirse, pues era un buen barco para largas travesías por aguas difíciles, creo. Ahora lo siento porque habríamos podido salvar a la mujer, la damane. Aunque dañó al Tajador quizá no lo habría hecho de ser libre. Que la Luz ilumine su alma, y que el mar la haya acogido en su seno.

Relatar lo ocurrido la había puesto triste, y Elayne creyó necesario distraerla.

—Jorin, ¿por qué cuando habláis de naves os referís a ellas como si fueran del género masculino? La mayoría lo hace al contrario, y aunque supongo que no tiene importancia me gustaría saber el motivo.

—Los hombres os darían una respuesta distinta —contestó la Detectora de Vientos, sonriente—, hablando de fuerza y grandeza y cosas por el estilo del modo que lo hacen ellos, pero la verdad es ésta: un barco está vivo, y es como un varón, con el corazón de un hombre de verdad. —Frotó la barandilla con cariño, como si acariciara a un ser vivo que notara su caricia—. Si lo tratas bien y lo cuidas como es debido, luchará por ti contra el mar más embravecido. Luchará para mantenerte con vida aun después de que el mar le haya dado el golpe de gracia a él. Si lo descuidas, sin embargo, si haces caso omiso de las advertencias de peligro que te da, te ahogará en un mar en calma y bajo un cielo despejado.

Elayne esperaba que Rand no fuera tan voluble. «Entonces ¿por qué en un momento da saltos de alegría porque me marcho y al siguiente manda a Juilin Sandar tras de mí?» Se instó a no pensar en él. Estaba muy lejos, y no podía hacer nada respecto a él.

Echó una ojeada sobre el hombro hacia la proa. Thom se había marchado. Estaba segura de que había dado con la clave del rompecabezas del juglar justo un instante antes de percibir que la Detectora de Vientos estaba encauzando. Era algo relacionado con su sonrisa, pero, fuera lo que fuera, lo había olvidado. En cualquier caso, estaba decidida a intentarlo de nuevo antes de llegar a Tanchico aunque tuviera que forzar la situación. De todos modos, Thom no iba a ninguna parte; mañana seguiría allí.

—Jorin, ¿cuánto tardaremos en llegar a Tanchico? Me dijeron que los bergantines son los veleros más rápidos del mundo, pero ¿hasta qué punto?

—¿A Tanchico? Para servir al Coramoor no haremos ninguna escala en el camino. Quizá diez días, si soy capaz de entretejer bien los vientos y si quiere la Luz que encuentre las corrientes adecuadas. Tal vez incluso sean siete u ocho, con la gracia de la Luz.

—¿Diez días? —exclamó, sorprendida—. No es posible. —Después de todo, había visto mapas.

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