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Los viajes de Tuf [Tuf Voyaging - es]

Электронная книга - «Los viajes de Tuf [Tuf Voyaging - es]». Краткое содержание книги:

Haviland Tuf es un ser curioso: un mercader independiente de gran tamaño, obeso, calvo y con la piel blanca como el hueso. Es vegetariano, bebe montones de cerveza, come demasiado y le encantan los gatos. Y además es completa y absolutamente honesto. Tuf logra poseer una enorme nave espacial, el Arca, la única superviviente del antiguo Cuerpo de Ingeniería Ecológica de la Vieja Tierra. Al Arca es un artilugio desaparecido hace más de mil años, pero que revive gracias a Tuf y a sus gatos. A lo largo de los siete relatos que forman este libro, Tuf consigue la nave, la repara y resuelve un sinfín de problemas espaciales con la ayuda de la ingeniería ecológica, una profesión que él recupera y a la que añade la impronta de su personalidad, astucia e ironía.
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—Tuf, para usted ahora soy la Primera Consejera Mune —dijo ella con cierta irritación antes de apagar la pantalla.

Nadie había acusado en toda su vida a Haviland Tuf de ser un temerario. Escogió una posición, doce kilómetros más allá del final de uno de los grandes muelles radiales que emanaban de la comunidad orbital conocida como el Puerto de S’uthlam, y mantuvo sus pantallas conectadas mientras aguardaba. Tolly Mune acudió a la cita, en la pequeña nave espacial que Tuf le había entregado cinco años antes con ocasión de su visita anterior a S’uthlam.

Tuf desconectó las pantallas para dejarla pasar y luego abrió la gran cúpula de la cubierta de aterrizaje para que pudiera posarse en ella. Los instrumentos del Arca indicaban que su nave estaba llena de formas vitales, sólo una de las cuales era humana en tanto que el resto mostraban los parámetros correspondientes a la especie felina. Tuf fue a recibirla con uno de sus vehículos de tres ruedas. Vestía un traje de terciopelo verde oscuro que sujetaba con un cinturón alrededor de su amplio estómago. Sobre la cabeza llevaba una algo maltrecha gorra decorada con la insignia dorada del Cuerpo de Ingeniería Ecológica. Dax le acompañaba, tendido sobre las grandes rodillas de Tuf, como una enorme piel negra que alguien hubiera dejado olvidada.

Cuando la escotilla se abrió por fin, Tuf aceleró decididamente por entre el confuso montón de maltrechas naves espaciales que se habían ido acumulando durante los años en la cubierta y fue en línea recta la rampa de la nave recién llegada, por la cual ya estaba bajando Tolly Mune, la antigua Maestre del Puerto de S’uthlam.

Junto a ella venía un gato.

Dax se incorporó al instante con su negro pelo erizado y su gorda cola tan hinchada como si acabara de introducirla en un enchufe. Su habitual aletargamiento se había esfumado y de un salto abandonó el regazo de Tuf para subirse a la capota del vehículo, con las orejas pegadas al cráneo y bufando enfurecido.

—Vaya, Dax —dijo Tolly Mune—, ¿ése es modo de recibir a un condenado pariente? —sonrió y se agachó para acariciar al enorme animal que estaba a su lado.

—Había esperado ver a Ingratitud o a Duda —dijo Haviland Tuf.

—Oh, se encuentran muy bien —dijo ella—, al igual que toda su maldita descendencia que ya se cuenta por varias generaciones. Tendría que haberlo supuesto cuando me entregó una pareja. Un macho fértil y una hembra. Ahora tengo… —frunció el ceño, hizo unos rápidos cálculos con los dedos y añadió… veamos, creo que tengo dieciséis. Sí. Y dos embarazadas —señaló con el pulgar la nave espacial que tenía a la espalda—. Mi nave se ha convertido en un inmenso asilo de gatos. A la mayoría la gravedad les preocupa tan poco como a mí. Han nacido y se han criado sin ella. Pero nunca entenderé cómo pueden estar llenos de gracia, en un momento dado, y al siguiente cometer las más hilarantes torpezas.

—La herencia felina abunda en contradicciones —dijo Tuf.

—Éste es Blackjack —le cogió en brazos y luego se incorporó con él—. Maldición, pesa. Eso es algo que nunca se nota en gravedad cero.

Dax miró fijamente al otro felino y le echó un bufido.

Blackjack, pegado al viejo y algo maltrecho dermotraje de Tolly Mune, bajó la vista hacia el gran gato negro, con desinteresada altivez.

Haviland Tuf tenía dos metros y medio de alto y su corpulencia corría pareja a su talla, en tanto que, comparado cor los demás gatos, Dax era tan grande como Tuf lo era, en relación a los demás hombres.

Blackjack lo era más aún.

Tenía el pelo largo y sedoso, gris en la parte superior y de un leve tono plateado en los flancos. Sus ojos eran también de un gris plateado y al mirarlos daba la impresión de que se contemplaban dos inmensos lagos sin fondo, llenos de serenidad, pero algo inquietantes al mismo tiempo. Era el animal más increíblemente hermoso que existiría jamás en el Universo, por mucho que éste se expandiera, y lo sabía. Tenía los modales de un príncipe de la realeza.

Tolly Mune se instaló con cierta torpeza en el asiento contiguo al de Tuf.

—También es telepático —le dijo con voz alegre—, igual que el suyo.

—Ya veo —dijo Haviland Tuf Dax había vuelto a su regazo, pero seguía tenso e irritado y no paraba de bufar.

—Jack me dio el modo de salvar a los demás gatos —dijo Tolly Mune y en su rostro apareció una expresión de reproches—. Dijo que me dejaba comida para cinco años.

—Para dos gatos, señora —dijo Tuf—. Es obvio que dieciséis felinos consumen bastante más que Duda e Ingratitud por sí solos —Dax se acercó un poco más al recién llegado, le enseñó los dientes y volvió a bufar.

—Tuve bastantes problemas cuando se terminó la comida. Dada nuestra eterna falta de provisiones, me resultaba bastante difícil justificar que estuviera malgastando calorías en unas alimañas.

—Quizá pudiera haber considerado la posibilidad de poner ciertos frenos a la reproducción de sus felinos —dijo Tuf—. Opino que dicha estrategia habría dado indudablemente sus resultados y de ese modo su hogar podría haberse convertido en un microcosmos educativo de los problemas s’uthlameses y de sus posibles soluciones.

—¿Esterilización? —dijo Tolly Mune—. Tuf, eso va contra la vida. Descartado. Tuve una idea mejor. Les describí cómo era Dax a ciertos amigos, técnicos en biología y cibertecs, ya sabe y me fabricaron mi propio ejemplar, a partir de células de Ingratitud.

—Cuán adecuado —replicó Tuf.

Tolly Mune sonrió.

—Blackjack ya casi tiene dos años. Me ha sido tan útil que me ha permitido conseguir un permiso alimenticio para los otros. Además, ha sido una preciosa ayuda en mi carrera política.

—No lo pongo en duda —dijo Tuf—. Me doy cuenta de que no parece incomodado por la gravedad.

—A Blackjack no le molesta. En los últimos tiempos me necesitan abajo con mucha más frecuencia que antes y Jack siempre me acompaña. A todas partes.

Dax bufó nuevamente y emitió un sordo y amenazador gruñido. Hizo un amago de lanzarse sobre Blackjack y luego retrocedió bruscamente, bufando despectivo.

—Será mejor que le controle, Tuf —dijo Tolly Mune.

—Los felinos a veces demuestran una compulsión biológica hacia el combate para establecer de tal modo sus órdenes de importancia —dijo Tuf—, y ello es particularmente acentuado en los machos. Dax, indudablemente ayudado por sus grandes capacidades psiónicas, dejó establecida hace tiempo su indiscutible supremacía sobre Caos y los demás gatos. No me cabe duda de que ahora siente su posición amenazada, pero no creo que debamos preocuparnos seriamente por ello, Primera Consejera Mune.

—Dax sí debería preocuparse —dijo ella al acercarse un poco más el gato negro a Blackjack que, instalado en su regazo, contemplaba a su rival con un aburrimiento infinito.

—No acabo de entenderla —dijo Tuf.

—Blackjack también posee esas capacidades psiónicas —replicó Tolly Mune—. Y unas cuantas… bueno, unas cuantas ventajas más. Por ejemplo, unas garras de aleación especial tan afiladas como unas malditas navajas y ocultas en fundas especiales situadas en sus garras. También posee una red de plastiacero antialérgico, implantada bajo la piel, que le hace terriblemente resistente a las heridas, y sus reflejos han sido genéticamente acelerados para hacerle dos veces más rápido y diestro que un gato normal. Su umbral de resistencia al dolor es muy elevado. No me gustaría ser descortés, pero si se enfada Blackjack, convertirá a Dax en pequeñas bolas de pelo y sangre.

Haviland Tuf pestañeó y empujó la palanca de dirección hacia Tolly Mune.

Quizá será mejor que conduzca usted —extendió la mano, cogió a su irritado gato por la piel de¡cuello y lo depositó, bufando y gruñendo, sobre su regazo, encargándose a partir de entonces de que no hiciera el menor movimiento—. Vaya en esa dirección —dijo extendiendo un largo y pálido dedo.

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