Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «La Casa De Riverton». Краткое содержание книги:

Un suicidio inesperado marcará para siempre a los habitantes de Riverton Manor
En el verano de 1924 todo es felicidad en la mansión de Riverton Manor… hasta la noche de la fiesta. Toda la alta sociedad se está divirtiendo entre el glamour y la elegancia del paraje. Pero en medio de la noche se escucha un disparo. El joven poeta Robbie Hunter se ha quitado la vida a orillas del lago de la mansión. Las hermanas Hartford, Hannah y Emmeline, serán las únicas testigos y se convertirán además en las protagonistas de toda la prensa del momento.
Unas cuantas décadas después, en 1999, Grace Bradley, la que fuera en su día doncella en Riverton Manor, recibe la visita de una joven directora de cine que está preparando una película sobre el suicidio del poeta. Tras años de silencio y olvido, los fantasmas del pasado empiezan a aflorar; y un terrible secreto intenta abrirse paso, un secreto que Grace no ha podido borrar jamás de su memoria. Los recuerdos siguen vivos en esta novela llena de amor, celos, odios y rivalidades, recuerdos que se gestaron en un verano de los decadentes años veinte.
1 ... 97 98 99 100 101 102 103 104 105 ... 127
Перейти на страницу:

– Uff, estoy extenuada -anunció Emmeline-. ¿Ha quedado un poco de té?

En ese momento miró a su alrededor y advirtió que Robbie estaba allí.

– ¿Recuerdas al señor Hunter, Emmeline? -preguntó Hannah.

Emmeline parecía desconcertada. Se inclinó hacia adelante y apoyó el mentón en su mano. Sus grandes ojos azules parpadeaban mientras observaba al visitante.

– El amigo de David -agregó Hannah-, lo conocimos en Riverton.

– Robbie Hunter -evocó Emmeline, sonriendo con deleite mientras dejaba caer su mano sobre el regazo-. Por supuesto, lo recuerdo. Me debe un vestido. Quizás esta vez no sienta la imperiosa necesidad de hacerlo jirones.

Ante la insistencia de Emmeline, empeñada en que era inconcebible dejarlo marchar tan pronto, Robbie se quedó a cenar. Por lo tanto, esa noche el inesperado visitante compartió la mesa con Teddy, Deborah, Emmeline y Hannah en el salón comedor de la casa del número diecisiete.

Hannah se sentó a un lado de la mesa, Deborah y Emmeline frente a ella, Teddy y Robbie en las cabeceras. Ambos parecían unas curiosas estatuas sujetalibros en un estante de biblioteca: Robbie, el arquetipo del artista desilusionado. Teddy, después de cuatro años de trabajo junto a su padre, una caricatura del poder y la prosperidad. Aún era un hombre apuesto -Hannah había podido comprobar que las esposas de algunos de sus colegas trataban de seducirlo, con escaso resultado-, pero tenía la cara más llena y el cabello canoso. Las mejillas habían adquirido el tinte rosado que suele conferir una vida opulenta. Teddy se apoyó en el respaldo de su silla.

– Y bien, señor Hunter, cuéntenos a qué se dedica. Mi esposa dice que no es empresario. -Era evidente que Teddy no concebía que existieran otras opciones.

– Soy escritor-declaró Robbie.

– Ah, escritor. ¿Escribe para The Times?

– Lo hice, además de para otras publicaciones.

– ¿Y ahora?

– Escribo para mí. -Teddy sonrió-. Imaginé estúpidamente que sería más fácil complacerme a mí mismo.

– Puede considerarse afortunado -exclamó Deborah-, se permite dedicar su tiempo al ocio. Yo no sabría quién soy si no corriera todo el día de un lado a otro.

Deborah comenzó a monologar sobre un baile de máscaras que había organizado poco tiempo antes, dedicándole al invitado sonrisas voraces.

Hannah advirtió que trataba de seducirlo y miró a Robbie. Era apuesto, aunque en su estilo, lánguido y sensual. No era en absoluto el tipo de hombre que solía atraer a Deborah.

– ¿Escribe libros? -preguntó Teddy.

– Poesía -respondió Robbie.

Teddy alzó las cejas histriónicamente y recitó:

– «Qué fastidio es detenerse, oxidarse sin brillo en lugar de resplandecer en el ejercicio».

Hannah sintió vergüenza ajena ante la inoportuna cita de Tennyson.

Robbie la miró y sonrió. Luego recitó:

– «Como si respirar fuera vivir».

– ¿Sus versos tienen alguna similitud con los de Shakespeare? Es un autor al que siempre he admirado -comentó Teddy.

– Me temo que no puedo compararme con él -afirmó Robbie-. No obstante, sigo intentándolo. Es mejor morir en acción que consumirse en la desesperación.

– Exactamente -coincidió Teddy.

Hannah seguía observando a Robbie. De pronto, algo que había vislumbrado se definió con nitidez y respiró profundamente. Había descubierto quién era el hombre que estaba sentado a su mesa.

– Usted es R. S. Hunter.

– ¿Quién? -preguntó Teddy, mirando alternativamente a Hannah y a Robbie. Por fin su mirada se dirigió a Deborah, pidiendo explicación. Ella alzó afectadamente los hombros.

– R. S. Hunter -repitió Hannah, sin dejar de observar a Robbie. No pudo contener la risa-. Tengo una antología de sus poemas.

– ¿La primera o la segunda versión?

– Progreso y desintegración.

Hannah ignoraba que existiera otra recopilación.

– Ah -exclamó entonces Deborah, con ojos asombrados-, vi un artículo en el periódico. Usted ganó ese premio.

– Progreso… es la segunda antología -explicó Robbie sin apartar la vista de Hannah.

– Me gustaría leer la primera. Por favor, dígame cuál es el título, señor Hunter, para que pueda comprarla.

– Con mucho gusto le daré mi ejemplar. Me lo sé de memoria. Entre nosotros, el autor me resulta bastante aburrido.

Los labios de Deborah dibujaron una sonrisa. En sus ojos surgió una expresión familiar. Estaba evaluando a Robbie, repasando la lista de personas a las que podría impresionar si lo presentaba en alguna de sus veladas. Por el modo en que fruncía los labios, le asignaba un gran valor. Hannah sintió que quería arrebatarle algo que le pertenecía.

– ¿Progreso y desintegración? -preguntó Teddy guiñando un ojo a Robbie-. ¿No será usted un socialista, verdad, señor Hunter?

Robbie sonrió.

– No, señor, no tengo posesiones para redistribuir ni deseo de obtenerlas.

La respuesta hizo reír a Teddy.

– Señor Hunter, me temo que le divierte burlarse de nosotros.

– Me estoy divirtiendo, pero no es mi intención burlarme de ustedes.

Deborah intentó que su sonrisa fuera seductora.

– Un pajarito me ha contado que usted no es el vagabundo que intenta parecer.

Hannah miró a Emmeline, que se cubría la cara para ocultar la risa. No era difícil determinar la identidad del pajarito al que había aludido Deborah.

– ¿De qué hablas, Dobby? -preguntó Teddy-. Dilo de una vez.

– Nuestro huésped se ha estado burlando de nosotros -afirmó Deborah con tono triunfal-. Él no es el señor Hunter sino lord Hunter.

Teddy la miró desconcertado.

– ¿Cómo? ¿De qué hablas?

Robbie hizo girar el pie de su copa entre los dedos.

– Es cierto que soy hijo de lord Hunter. Pero no uso el título.

Teddy apartó la vista de su plato de carne asada y miró a Robbie. Era incapaz de comprender que alguien renegara de un título. Él y su padre habían luchado tenazmente para que Lloyd George los honrara nombrándolos nobles.

– ¿Está seguro de que no es socialista? -volvió a demandar.

– Basta de política -interrumpió de pronto Emmeline, poniendo los ojos en blanco-. Está claro que Robbie no es un socialista. Es uno de nosotros y no lo hemos invitado para que se aburra mortalmente. -A continuación miró fijamente a Robbie y apoyó el mentón en la palma de la mano-. Cuéntenos por dónde ha viajado, Robbie.

– ¿Últimamente? Por España.

– España -repitió Hannah para sí-. Qué maravilla.

– Qué primitivo -señaló Deborah entre risas-. ¿Para qué demonios fue a ese país?

– Para cumplir una promesa hecha hace largo tiempo.

– ¿Estuvo en Madrid? -quiso saber Teddy.

– Pasé por allí camino de Segovia.

– ¿Para qué fue a Segovia?

– Para conocer el Alcázar.

Hannah sintió que se le erizaba la piel.

– ¿Ese fuerte antiguo y derruido? -preguntó Deborah con una amplia sonrisa-. No puedo imaginar algo peor.

– Oh, no -refutó Robbie-. Fue algo inolvidable. Mágico. Como ingresar en un mundo diferente.

– ¿Podría ser más explícito? -pidió Deborah.

Robbie vaciló. No encontraba las palabras adecuadas.

– Sentí que podía ver el pasado. Cuando llegaba la noche y estaba solo, casi podía oír los murmullos de los muertos. Antiguos secretos rondaban por allí.

– Qué morboso -opinó Deborah.

1 ... 97 98 99 100 101 102 103 104 105 ... 127
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)