El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]
- Автор: Черри Кэролайн Джэнис
- Год: 1988
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-7735-856-7
- Переводчик: Albert Sole
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]». Краткое содержание книги:
Una saga espacial que moderniza lo mejor de la clásica space opera y que da inicio a una tetralogía que hará historia dentro del genero.
No, ése no sería el final de Chanur. No pensaba volver a casa con esa clase de noticias. No hasta que los kif hubieran pagado su culpa y la Orgullo se hubiera cobrado la deuda.
—Quince para punto de salto —dijo Haral—. Capitana, no hay duda de que nos tienen bajo observación.
—No hay duda —dijo ella, y tras el rostro curtido de Haral distinguió el de Hilfy, sin una marca y con los primeros inicios de su barba, asustada pero intentando no demostrar lo. Pyanfar conectó el comunicador general—. Preparadas para el salto.
La alarma empezó a sonar, llenando la nave con un lento gemido. La Orgullo saltó hacia adelante impulsada por sus ondas generadoras, cobrando velocidad gracias a la separación entre dimensiones, sufriendo varios salvajes arranques en falso y entrando finalmente de golpe en el espacio intermedio. Pyanfar escondió las garras en un reflejo creado por décadas de costumbre y, aplicando esa gimnasia mental que consistía en mentirle a su oído interno, logró mantener el equilibrio. ¡Vamos!, le dijo a la nave, animándola, como si por pura fuerza de voluntad le fuera posible lograr que corriera una distancia mayor.
3
La Orgullo volvió de nuevo a la existencia con la pegajosa lentitud de una pesadilla, apareciendo y esfumándose varias veces entre un caos de instrumentos confundidos por el salto, que acabaron revelando una posición aún fuera del alcance de Urtur, tan lejos que apenas si era posible percibir un indicio de masa estelar.
Habían estado a punto de fallar, pese a que habían forzado al máximo la nave. Pyanfar intentó erguirse en su asiento acolchado, luchando para mover sin equivocarse los dedos de su mano y obligarles a que cerraran los monitores. Bloqueó las luces, la débil transmisión que les identificaba dando su posición y todas las emisiones de la nave, sin olvidar nada pese a la confusión mental que seguía siempre a la aparición en el espacio normal. Luego empezó los pasos para ir disminuyendo su velocidad, que era demasiado alta pese a la onírica lentitud con que les parecía moverse. Centró su mente en el trabajo, intentando que sus pensamientos no se perdieran imaginando el horror que habían dejado detrás y lo escaso de su margen al huir de él.
Hilfy vomitó, lo que no constituía una reacción al salto demasiado anormal, pero tampoco ayudaba en nada al estómago de Pyanfar.
—Estamos bajando a velocidad de crucero en sistema —dijo Pyanfar por el comunicador—. Es posible que los kif se detuvieran un rato para examinar todo lo que arrojamos antes pero no tardarán en llegar. O quizá ya estén aquí, probablemente, con más kif para ayudarles. Lo contrario me sorprendería mucho. Hemos cerrado todas las transmisiones y la emisión de energía. No vamos a usar los motores principales. ¿Todas bien?
La respuesta llegó con un retraso considerable.
—Parece que sí —sonó la voz de Tirun desde la cubierta inferior, que había perdido casi todo lo que era su misión controlar cuando la carga fue arrojada al espacio—. Chur y Geran están empezando una comprobación por controles remotos pero creo que cuando soltamos la carga la separación fue bastante limpia. Todos los sistemas en funcionamiento y en buen estado.
La velocidad siguió bajando mientras Hilfy, avergonzada, limpiaba los restos de su vómito. Haral se mantuvo en su puesto y Pyanfar se entregó a una febril serie de cálculos centrados en la imagen que habían obtenido al llegar antes de cerrar los monitores, ayudada por los datos que seguían recibiendo de modo pasivo. Un delicado ajuste, luego ir disminuyendo el impulso relativo hasta el flujo en el que intentaban entrar a fin de ofrecer la menor superficie posible y que los riesgos de la entrada fueran soportados por las partes más robustas de la nave: se trataba de sincronizar la Orgullo con la rotación general del sistema de Urtur, compuesto de fragmentos de roca y gases extendidos sobre las órbitas de diez planetas, cincuenta y siete lunas principales y un número incalculable de planetoides y cuerpos menores; uno de los sistemas más difíciles para que una nave pudiera entrar con rapidez en su plano central.
La Orgullo estaba recogiendo señales de una instalación mahendo’sat situada más al interior… al menos, parecía que ése era su origen, dado que la transmisión se había vuelto ininteligible no sólo por la distancia, sino también por el tiempo transcurrido desde que fue emitida. Parte de ella podía deberse a naves que estuvieran recorriendo el sistema, tanto mercantes como los incontables navíos mineros de todos los tamaños que iban desde los enormes cargueros de mineral hasta los vehículos monoplaza de los prospectores. Llegado el momento la Orgullo debería anunciar su presencia y su identidad, pero ella no tenía intención de hacerlo. Había una buena oportunidad de que su llegada hubiera tenido lugar fuera del alcance de las mejores instalaciones del sistema y no veía el menor provecho en hacer que los mahendo’sat de Urtur se vieran metidos en una pelea privada con los kif. Quizás éstos hubieran llegado hacía días gracias a que disponían de una nave más potente y quizás el parloteo de las transmisiones se lo revelara, si eso había ocurrido. Siguió escuchando las transmisiones mientras terminaba la reducción de velocidad y luego ajustó todos los factores con la esperanza de que su posición fuera la que ella pensaba, mientras iba contando.
La Orgullo avanzaba ahora a la deriva y su único movimiento era el de la rotación para mantener la gravedad. Siguió contando. De pronto se oyó un leve repiqueteo en el casco seguido por un chirrido más fuerte: polvo cósmico, después rocas. El blanco estaba delante y Pyanfar localizó un grupo de rocas que les superaba en velocidad, una masa fría que les rodeaba cual un enjambre protegiéndoles con su pantalla de la posible llegada de los kif. Disparó los cohetes direccionales y ajustó de nuevo el rumbo. El repiqueteo fue disminuyendo hasta convertirse en algún impacto ocasional con el polvo cósmico. Hilfy, en pie junto a la consola de comunicaciones, miraba a su alrededor como si esperara ver los impactos pese a que todos los sensores estaban apagados. Sus ojos se encontraron con los de Pyanfar y se desviaron rápidamente hacia Haral, que permanecía con aire ceñudo sentada en su puesto intentando aún calcular su posición: Hilfy, con un esfuerzo de voluntad, se mantenía serena y logró no encogerse cuando la siguiente roca golpeó el casco.
Pyanfar levantó su cuerpo dolorido del asiento y cruzó con paso no muy seguro el puente hasta apoyar la mano en el dorso del asiento de Haral.
—Conecta los sensores entre sí —le dijo—. Ponlos en el canal uno y cuida de que siempre haya alguien vigilando. Quiero una conexión con la sala de abajo: aún les queda un poco por hacer. Los kif acabarán asomando la nariz, no lo dudes, así que vamos a quedarnos muy quietas. Recibimos señales pero no emitimos ninguna y tampoco maniobramos. Lo único que haremos será seguir avanzando a la deriva.
—Bien —Haral empezó a realizar las conexiones eliminando algunas funciones del centro de comunicación, algo que le incumbía hacer a Hilfy. En su rostro de rasgos anchos y curtidos no había ni la menor señal de inquietud ante toda esta locura. Haral conocía el juego; ya habían tenido una o dos ocasiones para poner en práctica este silencio oscuro y prolongado, ya fuera esperando la llegada de los kif o de algo desconocido… pero nunca lo habían hecho en el campo estelar de Urtur, plagado de objetos a la deriva, donde era probable que hubiera más naves y se diera una colisión. Haral ya lo sabía, pero esas instrucciones la capitana las había dado pensando en Hilfy.