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Deja en paz al diablo

Электронная книга - «Deja en paz al diablo». Краткое содержание книги:

Nada es nunca lo que parece. Y menos si David Gurney está involucrado.
Han pasado seis meses. David Gurney apenas ha conseguido reincorporarse a una cierta normalidad después de haberse encontrado al borde de la muerte tras resolver el caso más peligroso al que se había enfrentado. Madeleine, su esposa, está preocupada: ha sido diagnosticado con síndrome de estrés postraumático; nada parece alegrarle.
Hasta que recibe una llamada. Connie Clark, la periodista que creó la leyenda de superpoli, lo puso en la portada de una revista y lo catapultó a la fama, quiere pedirle ayuda. Su hija Kim está realizando un documental sobre las familias de las víctimas de un asesino en serie al que nunca atraparon, el Buen Pastor, y Connie quiere que Gurney supervise sus investigaciones y la guíe. En parte por aburrimiento y en parte por hacerle un favor a Connie, Gurney acepta.
Sin embargo, esto no será más que el principio. Incapaz de ponerle coto a su curiosidad y a su necesidad de resolver cada una de las incógnitas que se le presentan, David Gurney se verá arrastrado a una investigación para descubrir la verdadera identidad del asesino. Un asesino que es tan imprevisible como peligroso.
Si en Sé lo que estás pensando te asombró y en No abras los ojos te aterró, con Deja en paz al diablo, John Verdon consigue lo inesperado: sorprender al lector a cada página hasta dejarlo sin aliento.
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– Así pues, ya que estamos, sentémonos a hablar. -Getz hizo un gesto hacia las sillas.

Kim y Gurney se sentaron a un lado de la mesa; Getz, al otro lado.

Claudia volvió patinando y puso un vaso delante de Getz. Él lo cogió, probó el líquido transparente y sonrió.

– Perfecto.

La patinadora le dedicó a Gurney una mirada evaluadora y una vez más desapareció por el otro lado.

– Muy bien -dijo Getz-. Negocios. -Posó sus ojos brillantes en Kim-. Cielo, sé que quieres decir cosas. Empecemos sacándonos eso de encima. Cuéntame.

Por un momento, la chica pareció perdida.

– No sé qué decir, salvo que estoy horrorizada. Horrorizada por lo que ha ocurrido. Me siento responsable. Esta gente a la que han matado, la han matado por mi culpa. Por culpa de Los huérfanos del crimen. Hay que detenerlo, acabar con ello.

Getz la miró.

– ¿Eso es todo? -Parecía desconcertado, como si le hubiera estado haciendo una prueba a una actriz y esta hubiera dejado de hablar después de la primera frase.

– Eso… y todo el tono del programa. No era lo que esperaba. La forma en que lo editaron, esa introducción con la carretera rural oscura, los llamados expertos a los que les pedían opinión… Para ser sincera, me pareció basura.

– ¿Basura?

– En resumen, quiero que se cancele el programa.

– En resumen, quieres que se cancele el programa. Tiene gracia.

– ¿Gracia?

– Sí, gracia. ¿Estás segura de que no quieres una copa?

– He pedido agua.

– Sí, eso es verdad. -Getz la señaló con el índice como si fuera el cañón de una pistola y sonrió. A continuación cogió su vodka y se lo tomó en dos tragos largos-. Vale, vamos a poner algunos puntos sobre las íes. Un poco de orden para empezar. Deberías mirar tu contrato, cielo, así comprenderías mejor algunas cosas, como quién es dueño de qué, quién toma las decisiones, quién cancela los programas, etcétera. Pero no es momento de perderse con legalidades. Tenemos cuestiones más importantes de las que hablar. Deja que te cuente unas pocas cosas sobre RAM que…

– ¿Me estás diciendo que no vas a cancelarlo?

– Por favor. Deja que te ponga en contexto. Sin contexto no podemos tomar buenas decisiones. Por favor, déjame terminar. Estaba empezando a decir que hay unas pocas cosas sobre RAM que puede que no sepas. Por ejemplo, ¿sabías que tenemos más programas número uno que ninguna otra televisión por cable? Tenemos la más alta…

– No me importa.

– Por favor, déjame hablar. Estas son cosas que puede que desconozcas. Nuestras cifras de audiencia son las mayores del negocio, y mejoran cada año. Nuestra compañía madre es la compañía de medios de comunicación más grande del mundo; nosotros somos su división más rentable. El año que viene lo seremos aún más.

– No veo qué importancia tiene eso en este caso concreto.

– Por favor, escucha. Entendemos de programación. Entendemos de audiencias. ¿El resumen? ¿Quieres hablar de resumen? El resumen es que sabemos lo que estamos haciendo y lo hacemos mejor que nadie. Tenías una idea de programa. Nosotros estamos convirtiendo esa idea en oro. Alquimia de los medios. Eso es lo que hacemos. Convertimos las ideas en oro, ¿lo entiendes?

Kim se inclinó hacia delante.

– Lo que entiendo es que han matado a gente a causa de este programa -contestó, levantando la voz.

– ¿Cuánta gente?

– ¿Qué?

– ¿Sabes cuántas personas mueren cada día en este planeta? ¿Cuántos millones?

Kim lo miró; por un momento se había quedado sin habla.

Gurney aprovechó la oportunidad para preguntar en un tono desenfadado: -¿Los nuevos crímenes harán aumentar la audiencia?

Getz esbozó otra sonrisa.

– ¿Quiere la verdad? Las audiencias se dispararán. Haremos especiales de noticias, debates sobre la Segunda Enmienda, quizás incluso un spin-off. Recuerde el proyecto que le ofrecí: A falta de justicia, una revisión crítica de casos sin resolver. Eso podría pegar fuerte. Aún hay mucho sobre la mesa, detective. Los huérfanos del crimen tiene mucho potencial. Una franquicia. Alquimia de los medios.

Kim cerró los puños.

– Esto es tan… asqueroso.

– ¿Sabes lo que es, cielo? Es la naturaleza humana.

Sus pupilas destellaron.

– A mí me suena a odio y codicia.

– Exacto. Lo que he dicho: naturaleza humana.

– ¡Eso no es la naturaleza humana! ¡Eso es basura!

– Deja que te diga algo. El animal humano es solo otro primate. Quizás incluso el más asqueroso y estúpido de todos. Es la verdad, la realidad. Y yo soy realista. Yo no he creado este maldito zoo. Solo me gano la vida con él. ¿Sabes lo que hago? Alimento a los animales.

Kim se levantó de su silla.

– Hemos terminado. Me voy.

– Te perderás un gran almuerzo de sushi.

– No tengo hambre. He de irme. Ahora.

Empezó a caminar en dirección a la puerta. Gurney se levantó sin hacer ningún comentario más y la siguió. Getz se quedó donde estaba.

Habló en voz alta cuando Gurney y Kim ya estaban cerca de la puerta.

– Antes de que se vayan, me gustaría que oyeran algo. Estamos tratando de encontrar un nuevo eslogan. Tenemos dos opciones finalistas. El primero es: «RAM News: la mente y el corazón de la libertad». El segundo: «RAM News: nada más que la verdad». ¿Cuál les suena mejor?

Negando con la cabeza, Kim abrió la puerta y salió lo más deprisa que pudo.

Gurney miró al hombre, que todavía estaba sentado detrás de la mesa de metacrilato. Estaba recogiendo una pelusa invisible de su chaqueta de color lavanda suave.

42

Opción remota

Kim conducía de un modo tan temerario por aquella carretera llena de cambios de rasante, que atravesaba el bosque de pinos que protegía la finca de Getz, que Gurney pareció olvidarse por un momento del ejecutivo de RAM y de su repugnante empresa.

Cuando el coche derrapó por segunda vez sobre el arcén, se ofreció a conducir él. Kim se negó, pero redujo la velocidad.

– No puedo creerlo -dijo la chica, negando con la cabeza-. Estaba tratando de crear algo bueno. Algo de verdad. Y mira en qué se ha convertido: en algo espantoso. Dios, ¡qué estúpida soy! ¡Qué estúpidamente ingenua he sido!

Gurney la miró. Con aquel bléiser azul, aquella blusa blanca sin adornar, aquel sencillo corte de pelo de repente tenía el aspecto de una niña disfrazada de adulta.

– ¿Qué voy a hacer? -Lo dijo en voz tan baja que Gurney apenas la oyó-. Supongamos que el Buen Pastor sigue matando. Esa advertencia, «Deja en paz al diablo», estaba pensada para mí. Pero yo no hice caso. Eso implica que todos los asesinatos son culpa mía. ¿Cómo podemos impedir que Getz siga adelante con esta bazofia horrible?

– No creo que podamos parar a Getz.

– Oh, Dios…

– Pero podría haber una forma de parar al Pastor.

– ¿Cómo?

– Es una opción remota.

– Cualquier cosa es mejor que nada.

– Podría necesitar tu ayuda.

Kim se volvió hacia él.

– Haré cualquier cosa. Cuéntame. Sea lo que sea, yo…

El coche se desvió rápidamente hacia el quitamiedos.

– ¡Dios! -gritó Gurney-. ¡Vigila la carretera!

– Lo siento, lo siento. Haré cualquier cosa que esté en mi mano.

Tal vez no fuera muy sensato contárselo mientras ella estaba conduciendo, pero no podía darse el lujo de esperar. Se le acababa el tiempo. Esperaba saber disimular sus dudas, sus temores, para que a Kim su plan no le pareciera tan endeble como a Clinter.

– Bueno, creo, cuando menos, tener un par de cosas claras sobre el Buen Pastor. Primero: mataría sin pensárselo a cualquiera que represente una amenaza para él, siempre y cuando pensara que puede hacerlo sin arriesgarse lo más mínimo. Segundo: considera que mi interés en el caso supone una amenaza para él, y está en lo cierto.

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