Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «Los hombres lloran solos». Краткое содержание книги:

«José Maria Gironella publicó en 1953 su novela Los cipreses creen en Dios, con la que alcanzó un éxito mundial. En 1961 Un millon de muertos, que muchos críticos consideran como el más vibrante relato de lo acaecido en España durante la guerra civil (en los dos bandos). En 1966 culminó su trilogía con Ha estallado la paz, que abarca un corto período de la inmediata posguerra.
Hoy lanza al público su cuarto volumen, continuación de los tomos precedentes, decidido a convertir dicha trilogía en unos Episodios Nacionales a los que añadirá un quinto y un sexto volumen -cuyos borradores aguardan ya en su mesa de trabajo-, y que cronológicamente abarcarán hasta la muerte del general Franco, es decir, hasta noviembre de 1975. La razón de la tardanza en pergeñar el cuarto tomo se debe a dos circunstancias: al deseo de poderlo escribir sin el temor a la censura y a su pasión por los viajes, que se convirtieron en manantial de inspiración para escribir obras tan singulares como El escándalo de Tierra Santa, El escándalo del Islam, En Asia se muere bajo las estrellas, etc.
Con esta novela, Los hombres lloran solos, José María Gironella retorna a la entrañable aventura de la familia Alvear en la Gerona de la posguerra, a las peripecias de los exiliados y del maquis, sin olvidar el cruento desarrollo de la segunda guerra mundial. Los hombres lloran solos marcará sin duda un hito en la historia de la novela española contemporánea.»
1 ... 90 91 92 93 94 95 96 97 98 ... 159
Перейти на страницу:

En Francia la situación era preocupante, como se colegía de la carta de José Alvear, porque a los aliados les faltaban víveres, ropa y, como siempre, combustible. Por lo demás, y a pesar del inmenso prestigio de De Gaulle, la autoridad del Estado se restablecía penosamente en un país asolado y dislocado. De Gaulle, efectivamente, disolvió las "milicias patrióticas", con lo que despojó a los comunistas de su ejército de guerra civil. Gesto temerario. Por fortuna, Maurice Thorez, el jefe comunista, regresado a Francia y amnistiado por su deserción de 1939, dio órdenes de obedecer.

En Italia la situación era más dramática aún. Miseria indecible y desmoralización sin límites. Se decía que, salvo el Papa, todo el mundo se vendía a quien más ofrecía. La prostitución, el mercado negro, todas las formas del robo no lograban saciar el hambre italiana. Los quince millones de italianos que aún vivían bajo la autoridad nominal de Mussolini conocían el horror de los bombardeos y del terror nazi. En el resto del país, todavía no se dibujaban las instituciones que habían de reemplazar al fascismo y en el vacío los comunistas tomaban posesión de ciudades y pueblos.

En este momento, Rusia irrumpió por su parte en Alemania en el frente del Este, pero esta ofensiva se caracterizaba por una violencia sin precedentes, por atrocidades, violaciones, saqueos y asesinatos de civiles alemanes y de prisioneros franceses, que daban a los alemanes una nueva razón de batirse hasta la muerte. El 2 de septiembre, el mariscal Erwin von Vitzleben, condenado a muerte por el tribunal del pueblo, fue colgado por la garganta en un gancho de carnicero. El 14 de octubre, el mariscal Rommel, convaleciente en su casa de Herrlingen, vio llegar a los generales Burgdorf y Maisel, quienes le ofrecieron elegir entre el tribunal del pueblo o el suicidio. Rommel eligió el suicidio, absorbiendo el veneno que le habían llevado los emisarios de Hitler y bajó a la tumba con exequias nacionales, un telegrama del Führer y un discurso fúnebre del mariscal Von Rundstedt, engañado o comparsa.

En Norteamérica se celebraron elecciones presidenciales, y la camarilla de la Casa Blanca se las arregló para maquillar a Roo sevelt de forma que no se viera que estaba tocado por la muerte. Incluso su médico, Mclntire, redujo la jornada de trabajo del presidente a cuatro horas al día y cometió la indignidad de comunicar al país que Roosevelt estaba en plena forma. Roosevelt salió reelegido, y nombró vicepresidente a un oscuro senador de Missouri, llamado Harry Truman.

* * *

Tales acontecimientos repercutieron en el ánimo de los gerun denses. Los hermanos Costa, la Torre de Babel y Padrosa dejaron a sus mujeres en casa y se fueron a comer ancas de rana en el restaurante de la Barca. Manolo y Esther brindaron con champán.

El cónsul norteamericano, mister Stern y el cónsul inglés, mister Collins, no se movían de la cafetería España, donde Rogelio les servía de mala gana media combinación de gin-fizz o una ginebra compuesta. El padre Jaraiz y mosén Falcó estaban hundidos. Llevaban sus emblemas en la sotana, pero suponían que un día u otro tendrían que arrancárselos. Según las ideas o el talante, cada perro se encerraba en su guarida o salía de ella moviendo la cola.

El gobernador era quien mejor encajaba esos golpes, pensando en la capacidad maniobrera de Franco y en las palabras de Chur chilclass="underline" "Los problemas de la política interior no interesan más que a los españoles. No nos concierne inmiscuirnos en sus asuntos". El gobernador quería agarrarse a un clavo ardiente, pese a que María Fernanda le objetaba que Churchill podía muy bien desdecirse y clavarles la puñalada trapera. María Fernanda estaba contenta porque se había enterado de que don Juan de Borbón había abandonado la dramática Italia y se había instalado en la neutral Suiza, concretamente en Lausanne, donde repetía el mismo sonsonete: con la restauración de la monarquía España no tendría problema alguno. No darse cuenta de ello presuponía una ceguera de la que, teóricamente, había precedentes.

– Anda, déjame en paz con tu don Juan, que al parecer las enamora a todas, porque Carlota y Charo piensan lo mismo que tú. Si Franco dejara el timón, y puesto que don Juan, a mi entender, carece del apoyo popular, los que se llevarían el gato al agua serían Roosevelt y su camarilla de la Casa Blanca…

También estaba preocupado Mateo. Las palabras de Núñez Maza se le habían grabado en la mente. Había momentos en que dichas palabras socavaban su fe; en otros, el camarada Montaraz levantaba su moral y los dos se miraban complacidos la camisa azul. Había algún problema minúsculo que resolver, puesto que la vida no se detenía: la burocracia cotidiana, los relevos de cada día. Muerto el profesor Civil, era preciso nombrarle un sustituto en Auxilio Social. El gobernador se decidió por el jefe local del Movimiento en Bañólas, Faustino Vilardell, quien estaba casado con una mujer también bañolense y tenía una hija sordomuda, de diez años de edad. Hombre acostumbrado a bregar, a luchar contracorriente, había aprendido los signos inventados por fray Ponce de León para dialogar con su hija. Al enterarse de que en Gerona había cuatro sordomudos más no dudó un instante en aceptar el nuevo cargo y se trasladó con su casa a cuestas. El padre Forteza pensó para sí: "Voy a aprenderme el código de señales". Llamó a Faustino Vilardell y le hizo partícipe de su propósito. Faustino se emocionó. "Se lo agradezco mucho, padre. Eso hará que nuestra hija, que se llama Mercedes, se sienta menos sola".

Mateo no tenía más remedio que disimular. Todo el mundo estaba pendiente de su aspecto y de sus mínimas declaraciones. "Tiene mala cara". "Qué va! Le veo más seguro que nunca". "Tal vez sepa algo que nosotros ignoramos…" Ese algo era Pilar. Pilar le decía: "Estoy a tu lado, Mateo. Pase lo que pase". Mateo recompensaba a su mujer con un beso emocionado. Sólo Teresa, la sirvienta, había advertido que Mateo al entrar en su despacho a veces suspiraba hondo, como si no pudiera soporta: un minuto más la carga que llevaba encima.

Él y el camarada Montaraz estaban más que nunca al frente de Amanecer y de la emisora de radio. Pero resultó que las consignas que llegaban de Madrid eran contradictorias. Por un lado, los NO-DO habían cambiado su imagen. Hitler iba desapareciendo de ellos y empezaba a aparecer Churchill con la V de la victoria. Asimismo, el delegado nacional de Prensa, Juan Aparicio, había llamado por teléfono a Mateo diciéndole que destacara en primera página de Amanecer las victorias norteamericanas en el Pacífico, especialmente la toma de Saipan, donde habían muerto todos los japoneses y los pocos que sobrevivieron se habían hecho el harakiri. Contrastando con todo ello, y puesto que las Fiestas de la Vendimia de Cádiz habían sido ofrecidas a Inglaterra, le ordenaba a Mateo que "no destacara dicha oferta y, sobre todo, que se abstuviera de citar a Shakespeare o a algún otro personaje inglés".

Ángel se puso de parte de su madre, María Fernanda. "Digas lo que digas, papá, la cosa está al borde de la hecatombe y no sé lo que va a ocurrir. Ya sabéis que no tengo la menor confianza en el pueblo español y que yo no quería regresar del exilio. Aquí estamos, expuestos a cualquier cosa. Claro que don Juan, en efecto, con su autoridad moral en Inglaterra podría ser la solución".

Su padre se ponía furioso y entonces Ángel, con su clásica sangre fría dejaba que se desahogase y luego se iba al estudio-ático que tenía cerca de la Dehesa, teñida de oro por el otoño, o telefoneaba a Adela diciéndole: "Puedo pasar un momento o hay moros en la costa?". Casi nunca había moros, de forma que el muchacho aceleraba el paso como anteriormente lo había hecho Ignacio.

Por fortuna, ocurrió algo que supuso una inyección salvadora para los camaradas Montaraz y Mateo: concentración de 3 500 ex combatientes en Guadalajara y de otras tantas militantes de la Sección Femenina en El Escorial. Los dos primeros partieron como flechas al lugar indicado -Marta y sus acompañantes se marcharon por su cuenta-, conduciendo Miguel Rosselló, quien había llegado a la conclusión, y así lo había declarado, que la forma de los nuevos coches norteamericanos superaba en belleza a la Venus de Milo y a la Victoria de Samotracia.

1 ... 90 91 92 93 94 95 96 97 98 ... 159
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)