Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Научная фантастика » Tránsito [Passage - es]
Tránsito [Passage - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Tránsito [Passage - es]

Электронная книга - «Tránsito [Passage - es]». Краткое содержание книги:

Ocho premios Hugo, seis premios Nebula, y el John W. Campbell Memorial en unos diez años avalan la excepcional habilidad narrativa de la autora de El libro del día del juicio final, Oveja mansa y Por no mencionar al perro. Se trata de una de las mejores y más inteligentes voces de la narrativa modena, que esta vez nos sorprende e intriga con una emotiva y racional exploración del mundo de las ECM (Experiencias Cercanas a la Muerte) en una novela de implacable suspense.
Según diversos testigos, en una ECM parece haber varios elementos nucleares: experiencia extracorporal, sonido, un túnel de altas paredes, una luz al final del túnel, parientes fallecidos y un ángel de luz con resplandecientes túnicas blancas, una sensación de paz y amor, una revisión de la vida, una revelación del conocimiento universal y la orden de regreso final. ¿Es todo esto algo real, o se trata tan sólo de manifestaciones surgidas de la bioquímica de un cerebro moribundo?
En Tránsito, Joanna Lander es un psicóloga que investiga las ECM. Su encuentro con el neurólogo Richard Wright ha de permitirle simular clínicamente ese tipo de experiencias con el uso de drogas psicoactivas. Pero los sujetos del experimento del doctor Wright ven cosas completamente distintas de lo esperado, y Joanna decide someterse al experimento para conocer directamente una ECM. Y las sorpresas empiezan…

Novela finalista del premio Hugo 2002
Novela finalista del premio Nebula 2001
Novela finalista del John W. Campbell Memorial Award 2002
1 ... 88 89 90 91 92 93 94 95 96 ... 209
Перейти на страницу:

“Sí”, pensó Joanna, sintiéndose culpable. No había estado en la cinco-este desde hacía casi dos semanas. Guadalupe probablemente pensaba que se había olvidado de él. Tuvo el impulso de bajar de inmediato, pero ya había pasado más de una hora desde que había salido de la ECM. Sería mejor que anotara su testimonio antes de que olvidara algo. Oh, y había prometido llamar a Eldercare y ponerlos en contacto con Kit.

Lo hizo y luego registró su testimonio, directamente en el ordenador para ahorrar tiempo. Lo imprimió y corrió a ver a Richard, que estaba al teléfono, y luego bajó a hablar con Guadalupe, por las escaleras hasta la quinta y cortando por Patología hasta el pasillo elevado.

Los pintores habían estado allí también. Las puertas del pasillo estaban cubiertas con cintas de “No cruzar”, y alguien había colocado una barra de metal en las asas de la puerta para asegurarse. Tendría que bajar a la tercera planta, lo cual significaba pasar por delante de la habitación de la señora Davenport. Un riesgo inaceptable.

Bajó a la tercera, cruzó el pasillo y tomó el ascensor de servicio hasta la quinta. Y se topó con los pintores en persona, que trabajaban en el techo del pasillo.

—No puede pasar usted por aquí —dijo el más cercano, señalando a su izquierda con un rodillo—. Tiene que bajar a la cuarta y usar la escalera de visitas.

Lo cual la llevaría a Pediatría y a pasar ante la puerta de Maisie, pero mejor Maisie que la señora Davenport, y tal vez la niña estuviera viendo uno de sus vídeos y no se diera cuenta.

Ni hablar.

—¡Joanna! —llamó Maisie en el instante en que empezó a pasar ante la puerta, y cuando Joanna se asomó y saludó, dijo sin aliento—: Tengo que enseñarte una cosa.

Tenía los brazos y las piernas hinchados, y la cara también. “Retención de líquidos”, pensó Joanna. No era un buen síntoma.

—Sólo puedo quedarme un minuto —dijo—. Tengo que ver a un paciente.

—Sólo tardaré un minuto —respondió Maisie, sacando libros de debajo de sus mantas—. Hice que la señora Sutterly me trajera un puñado de libros sobre el Titanic. ¡Mira!

Mostró un gran libro de imágenes. En la portada aparecía la familiar ilustración del Titanic, la popa fuera del agua, las hélices chorreando y un humo improbable surgiendo de las chimeneas, preparado para la zambullida final, las luces todavía encendidas.

—¿Sabías que la orquesta tocó hasta el final?

—Sí —dijo Joanna, pensando que nunca tendría que haberle mencionado el Titanic a la niña—. Tocaron Más cerca, mi Dios, de Ti.

No-no —dijo Maisie—. Nadie sabe con seguridad qué tocaron. Algunas personas piensan que fue Más cerca, mi Dios, de Ti, y otras piensan que fue otra canción, Otoño. Pero nadie lo sabe con seguridad, porque todos murieron.

—¿Tu maestra te trajo todos estos libros? —preguntó Joanna para cambiar de tema.

—No-no —dijo Maisie, buscando de nuevo entre las mantas—. Me trajo un montón más, pero algunos eran libros para niños pequeños. Sabías que hay un ABC del Titanic —dijo, disgustada.

—No —respondió Joanna, contenta de que fuera posible ofender incluso la sensibilidad de Maisie. Se preguntó qué indicarían las letras. ¿I para iceberg? ¿L para Lorraine Allison? ¿A para ahogados?

—¿Sabes qué ponía en la F? —dijo Maisie, despectivamente—. First Class Dining Saloon.

¿Y qué deberían poner? —dijo Joanna, casi temiendo preguntarlo. Salón Comedor de Primera Clase. Maisie le dirigió una mirada tenaz.

—F es para bulldog francés. Ya sabes, el perro del que te hablé. ¿Sabías que había una niña pequeña que jugó con él en la Cubierta de Paseo todo el tiempo?

—Maisie…

—Hay también un libro de imágenes troqueladas del Titanic. Hice que la señora Sutterly se los llevara de vuelta a la biblioteca, pero tenían un montón de cosas, así que si necesitas que te ayude con tu investigación, puedo hacerlo —dijo Maisie, todavía sin aliento. ¿Por el cansancio de rebuscar entre los libros? ¿O por otra cosa? No sólo estaba reteniendo líquidos, sino que sus labios parecían más azules que de costumbre, y cuando inspiraba Joanna pudo oír un leve pitido, como el principio de un jadeo. “Está empeorando”, pensó, mientras la observaba hojear el libro.

—¿Quieres que te busque algo?

—Ahora mismo quiero que leas sobre el Titanic, para que cuando yo tenga las preguntas, estés preparada para responderlas. Y quiero que descanses y hagas todo lo que te digan los médicos y las enfermeras. —Empezó a apilar los libros—. ¿Dónde quieres que los ponga?

—En mi mochila Barbie, en el armario. Menos éste —dijo, y agarró un libro alto y rojo llamado Titanic para niños.

Joanna guardó el resto en la mochila de color rosa y la apartó de la vista, dejándola en un lado del armario.

—Ahora tengo que ir a ver a mi paciente. Vendré a verte pronto, chavalina —dijo, y se dispuso a salir de la habitación.

—¡Espera! —dijo Maisie antes de que hubiera conseguido dar dos pasos—. Tengo que preguntarte una cosa.

Hizo una pausa para tomar aire, y Joanna oyó el pitido en su respiración otra vez.

—¿Qué pasa si el brazalete te queda demasiado estrecho? Extendió la muñeca hinchada con el brazalete identificador de plástico.

—Barbara lo cortará y hará uno más grande —dijo Joanna. ¿Le preocupaba estar hinchándose? El brazalete no estaba ni siquiera estrecho, ni presionaba contra la carne.

—¿Y si después de que lo corten pasa algo malo, como un desastre, y no pueden poner otro?

¿Había estado pensando en el brazalete de oro abandonado que encontraron en las ruinas de Pompeya?

—No habrá ningún desastre —empezó a decir Joanna, pero se corrigió—. Le diré a Barbara que si tiene que cortar éste, te ponga primero el nuevo. ¿De acuerdo?

—¿Sabes que los bomberos van a visitar su tumba cada año?

—¿La de quién?

—De la niña pequeña —dijo Maisie, como si fuera obvio—. La del incendio del circo de Hartford. Van a ponerle flores todos los años. ¿Crees que tal vez su madre murió?

—No lo sé —dijo Joanna. El hecho de que la madre hubiera muerto también en el incendio explicaría por qué no había acudido nadie a identificar a la niñita, pero todos los otros cuerpos habían sido identificados, y si alguien hubiera identificado a la madre, ¿por qué no a la niña?—. No lo sé.

—Los bomberos la enterraron en el cementerio, y todos los años van a poner flores en su tumba —dijo Maisie—. Colocaron una lápida y todo. Dice “Pequeña Señorita 1565”, y el año en que murió y eso, pero no es lo mismo que un nombre.

—No. No lo es.

—Quiero decir, al menos sabían quiénes eran todas las niñas del Titanic, Lorraine Allison y Beatrice Sandstrom y Nina Harper y… ¿Sigrid es nombre de niño o de niña?

—De niña.

—Y Sigrid Anderson. Claro que no tuvieron tumbas, pero si las hubiera…

—Maisie…

—¿Puedes ponerme un vídeo? —dijo la niña, recostándose contra las almohadas.

—Claro. ¿Cuál? ¿Winnie the Pooh? —preguntó Joanna, leyendo los títulos—. ¿El mago de Oz? ¿Alicia en el País de las Maravillas?

—El mago de Oz.

Esa es buena —dijo Joanna, insertando la cinta y pulsando “play”. Maisie asintió.

1 ... 88 89 90 91 92 93 94 95 96 ... 209
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)