Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «El Palacio de la Medianoche». Краткое содержание книги:

El Palacio de la Medianoche. Ambientada en la Calcuta de los a?os treinta, El Palacio de la Medianoche comienza una noche oscura en la que un teniente ingl?s lucha por salvar las vidas de dos ni?os de una amenaza impensable. A pesar de las insoportables lluvias del monz?n y el terror que lo asedia en cada esquina, el joven brit?nico logra ponerlos a salvo, pero no sin perder su propia vida… A?os m?s tarde, cuando los dos ni?os, Ben y Sheere, est?n en v?spera de celebrar su decimosexto cumplea?os, la amenaza reaparece en sus vidas y esta vez no los dejar? escapar tan f?cilmente. Con la ayuda de sus valientes amigos, los dos hermanos deber?n desafiar el terror que los acecha en las sombras de la noche y enfrentarse al enigma m?s aterrador de la historia de la ciudad de los palacios.
1 ... 5 6 7 8 9 10 11 12 13 ... 43
Перейти на страницу:

– Sólo me ha dicho que le entregue esto -respondió Bankim tendiendo una peque-ña cadena brillante a Carter-. Dijo que usted sabría lo que era.

Carter tomó la cadena en sus manos y la examinó bajo la lámpara de su escritorio. Era una medalla, un círculo que representaba una luna de oro. La imagen tardó unos se-gúndos en encender su memoria.

Carter cerró los párpados y sintió como un nudo se formaba lentamente en la boca de su estómago. Poseía una medalla muy similar a aquélla, oculta en el cofre que guardaba bajo llave en la vitrina de su despacho. Una medalla que no había visto en dieciséis años.

– ¿Algún problema Thomas? -preguntó Bankim, visiblemente preocupado por el cambio de expresión que había advertido en Carter.

El director del orfanato sonrió débilmente y negó guardando la cadena en el bolsillo de su camisa.

– Ninguno -Contestó lacónicamente-. Hazla subir. La recibiré.

Bankim le observó con extrañeza y por un instante Carter creyó que su antiguo pupilo formularía la pregunta que no quería escuchar. Finalmente, Bankim insistió y salió del despacho cerrando la puerta con suavidad. Dos minutos después, Aryami Bosé entra-ba en el santuario privado de Thomas Carter y retiraba de su rostro el velo que lo cubría.

Ben observó detenidamente a la muchacha que esperaba pacientemente bajo la arcada de la entrada principal del St. Patricks. Bankim había vuelto a aparecer y, tras indicar a la anciana dama que la acompañaba que lo siguiera, ésta, con gestos inequívoca-mente autoritarios, había instruido a su vez a la chica para que permaneciese a la espera de su retorno junto a la puerta como una estatua de piedra. Era obvio que la anciana había acudido a visitar a Carter y, teniendo en cuenta la escasa frivolidad con que el director del orfanato sazonaba su vida social, se atrevió a suponer que las visitas a medianoche de bellezas misteriosas, cualquiera que fuese su edad, entraban de lleno en el capítulo de imprevistos. Ben sonrió y se concentró de nuevo en la muchacha. Alta y esbelta, vestía ro-pas sencillas aunque poco comunes, atavíos que se dirían tejidos por alguien con un estilo personal e intransferible y obviamente, no adquiridos en cualquier bazar de la ciudad negra. Su rostro, que no alcanzaba a ver con claridad desde el lugar en que se encontraba, parecía cincelado en rasgos suaves, una piel pálida y brillante.

– ¿Hay alguien ahí? -susurró Ian en su oído. Ben señaló hacia la muchacha con la cabeza, sin pestañear.

– Es casi medianoche -añadió Ian-. Nos vamos a reunir en el Palacio dentro de unos minutos. Sesión de cierre, te recuerdo.

Ben asintió, ausente.

– Espera un segundo -dijo, emprendiendo pasos hacia la muchacha.

– Ben -llamó Ian a sus espaldas-. Ahora, no, Ben…

Él ignoró la llamada de su amigo. La curiosidad por desvelar aquel enigma podía más que las exquisiteces protocolarias de la Chowbar Society. Adoptó su sonrisa beatífica de alumno ejemplar y se dirigió en línea recta hacia la chica. La muchacha le vio acercarse y bajó la mirada.

– Hola. Soy el ayudante de Mr. Carter, rector del St. Patricks -dijo Ben en tono exul-tante-. ¿Puedo hacer algo por ti?

– En realidad, no. Tu…compañero ya ha llevado a mi abuela ante el director -dijo la muchacha.

– ¿Tu abuela? -preguntó Ben-. Entiendo. Espero que no pase nada grave. Quiero decir que es medianoche y me preguntaba si ocurría algo.

La muchacha sonrió débilmente y negó. Ben le correspondió. No era presa fácil.

– Mi nombre es Ben -ofreció amablemente.

– Sheere -contestó la muchacha, mirando a la puerta, como si esperase que su abue-la emergiese de nuevo en cualquier momento.

Ben se frotó las manos.

– Bien, Sheere -dijo Ben-. Mientras mi colega Bankim conduce a tu abuela al des-pacho de Mr. Carter, tal vez yo pueda ofrecerte nuestra hospitalidad. El jefe siempre insis-te en que debemos ser amables con los visitantes.

– ¿No eres un poco joven para ser ayudante del rector? -Inquirió Sheere, evitando los ojos de Ben.

– ¿Joven? -preguntó Ben-. Me halaga el cumplido, pero siento decirte que cumpli-ré los veintitrés muy pronto.

– Nunca lo diría -repuso Sheere.

– Es algo de familia -explicó Ben-. Todos tenemos una piel resistente al envejeci-miento. Mi madre, por ejemplo, cuando va conmigo por la calle, imagínate, la toman por mi hermana.

– ¿De veras? -preguntó Sheere, reprimiendo una risa nerviosa; no había creído ni una sola palabra de su historia.

– ¿Qué hay de lo de aceptar la hospitalidad del St. Patricks? -Insistió Ben-. Hoy celebramos una fiesta de despedida a algunos de los muchachos que nos van a dejar ya. Es triste, pero toda una vida se abre ante ellos. También es emocionante.

Sheere clavó sus ojos perlados en Ben y sus labios dibujaron lentamente una sonrisa de incredulidad.

– Mi abuela me ha pedido que la espere aquí. Ben señaló la puerta.

– ¿Aquí? -preguntó-. -¿Precisamente aquí?

Sheere asintió, sin comprender.

– Verás -empezó Ben, gesticulando con las manos-, siento decírtelo pero, bueno, pensaba que no sería necesario comentarlo. Estas cosas no son buenas para la imagen del centro pero no me dejas opción: hay un problema de desprendimientos. En la fachada.

La joven le miró, atónita.

– ¿Desprendimientos?

Ben asintió gravemente.

– Efectivamente -corroboró con semblante consternado-. Algo lamentable. Aquí, en este mismo punto en que te hallas, no hará hoy ni un mes en que Mrs. Potts, nuestra anciana cocinera a la que Dios guarde muchos años, recibió el impacto de un fragmento de ladrillo caído desde el altillo del segundo piso.

Sheere rió.

– No me parece que ese infortunado incidente sea motivo de chanza, si me permites la observación -dijo Ben con seriedad glacial.

– No creo nada de lo que me has dicho. Ni eres ayudante del rector, ni tienes veinti-trés años ni la cocinera sufrió una lluvia de ladrillos hace un mes. -Desafió Sheere-. Eres un embustero y no has pronunciado ni una sola palabra cierta desde que has empezado a hablar.

Ben sopesó cuidadosamente la situación. La primera parte de su estratagema, tal como era previsible, hacía aguas y se imponía un giro prudente pero ladino a su discurso.

Bueno, admito que tal vez me haya dejado llevar por la imaginación, pero no todo lo que he dicho era falso.

– Ah, ¿no?

– No te he mentido respecto a mi nombre. Me llamo Ben. Y lo de ofrecerte nuestra hospitalidad también es cierto.

Sheere sonrió ampliamente.

– Me gustaría aceptarla, Ben, pero debo esperar aquí. En serio.

Ben se frotó las manos y adoptó un aire de flemática resignación.

– Bien. Esperaré contigo -anunció solemnemente-. Si ha de caer algún adoquín, que me caiga a mí.

Sheere se encogió de hombros con indiferencia y asintió, su mirada se dirigió de nue-vo a la puerta. Un largo minuto de silencio transcurrió sin que ninguno de los dos se moviese ni despegase los labios.

– Una noche calurosa -comentó Ben.

– Sheere se volvió y le dedicó una mirada vagamente hostil.

– ¿Vas a quedarte ahí toda la noche?

– Hagamos un pacto. Ven a tomar un vaso de deliciosa limonada helada conmigo y luego te dejaré en paz -ofreció Ben.

– No puedo, Ben. De verdad.

– Estaremos sólo a veinte metros de aquí -añadió Ben. Podemos poner un cascabel en la puerta.

– ¿Es tan importante para ti? -preguntó Sheere.

Ben asintió.

– Es mi última semana en este lugar. He pasado toda mi vida aquí y dentro de cinco días volveré a estar solo. Solo de verdad. No sé si podré pasar otra noche como ésta, entre amigos -dijo Ben-.Tú no sabes lo que es eso.

Sheere le observó un largo instante.

– Sí que lo sé -dijo ella finalmente-. Llévame hasta esa limonada.

Una vez Bankim le hubo dejado a solas en su despacho, no sin cierto reparo, Carter se sirvió una pequeña copa de brandy y ofreció otro tanto a su visitante. Aryami declinó la invitación y esperó a que Carter tomase asiento en su butaca de espaldas a la ventana bajo la cual los muchachos celebraban su fiesta ajenos al silencio glacial que flotaba en aquella habitación. Carter humedeció los labios en el licor y dirigió una mirada inquisitiva a la anciana. El tiempo no había mermado un ápice la autoridad de sus rasgos y todavía podía advertirse en sus ojos el fuego interno que recordaba en la que había sido esposa de su mejor amigo, en una época que ahora se revelaba demasiado lejana. Ambos se miraron largamente en silencio.

– La escucho -dijo finalmente Carter.

– Hace dieciséis años me vi obligada a confiarle la vida de un muchacho, Mr. Carter -empezó Aryami en voz baja pero firme-. Fue una de las decisiones más difíciles de mi vida y me consta que durante estos años no defraudó usted la confianza que deposité en sus manos. En este tiempo nunca quise interferir en la vida del muchacho, consciente de que no estaría mejor en ningún lugar que aquí, bajo su protección. Nunca tuve la oportu-nidad de agradecerle lo que hizo por el muchacho.

– Me limité a cumplir con mi obligación -repuso Carter-. Pero no creo que sea ése el tema del que ha venido a hablarme hoy, de madrugada.

– Me gustaría poder decir que lo es, pero no es así -dijo Aryami-. He venido aquí porque la vida del muchacho está en peligro.

– Ben.

– Ése es el nombre que usted le dio. Cuanto sabe y cuanto es se lo debe a usted, Mr. Carter -dijo Aryami-. Pero hay algo de lo que ni usted ni yo podremos protegerle durante más tiempo: el pasado.

1 ... 5 6 7 8 9 10 11 12 13 ... 43
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)