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Электронная книга - «Desde las cenizas». Краткое содержание книги:

Un día Diana ingresa, accidentalmente, en el correo electrónico de un hombre al que no conoce pero con el que inicia un juego mediático, anónimo y audaz, que les concede a ambos la cuota de seducción que les estaba faltando. Y así, lo que empieza como una travesura deviene una necesidad: los mensajes son un remedio para Diana, una ilusión que le cubre los días vacíos, y la llena de expectativas.
Desde las cenizas se desarrolla en un universo pequeño, engañosamente simple, de personajes identificables y comunes. Sin embargo, Claudia Amengual los vuelve únicos.
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– ¿Te acordás del día en que te recibiste? Te felicitaban y vos, como si nada, apenas agradecías.

– ¿Y la pelea que tuvimos?

– Pero, ¡cómo no! Los viejos radiantes, la familia y los amigos bailaban a tu alrededor y la señorita con cara de “no es para tanto”. Llegó un momento en que te hubiera dado una cachetada. Después vino el trabajo en el colegio y tampoco estabas bien. Parecía que siempre buscabas otra cosa.

– Es que estaba buscando otra cosa. Mi meta no era ser una licenciada en Letras. Yo quería ser la mejor.

– ¿Querías?

– Supongo que todavía quiero. Sabés lo importante que fue conseguir la beca, y está la posibilidad de Estados Unidos, el doctorado.

– ¿Entonces?

Gabriela se encogió de hombros y se sirvió el licor que acababa de rechazar, más por llenar la falta de argumentos con algún gesto que por las ganas de beber.

– Decime, Diana. ¿Vos sos feliz? Quiero decir si alguna vez sentiste la felicidad.

– Y…, sí -contestó con un aire de duda que exigió una explicación-. Cuando me casé, cuando nacieron mis hijos, por ejemplo.

– A eso voy. Son chispazos, con suerte algunas horas. Pero la felicidad, la fe-li-ci-dad es una quimera. Es una maldita quimera que conspira contra sí misma. El asunto es creer que hay un estado de felicidad que uno puede prolongar en el tiempo, como si yo te dijera que entre los cinco y los diez años fui feliz. ¡Mentira! -las palabras salían de corrido, limpias, precisas-. Con suerte, habré tenido algún momento de felicidad, pero también hubo de los otros. Y uno se emperra en convencerse de que fue algo duradero y quiere recuperarlo. Pero es un engaño, Diana, te juro que es un engaño. Lo que quiero decir es que mientras vamos tras ella, la perdemos.

– ¿Como una insatisfacción permanente?

– Como una insatisfacción permanente que no te permite disfrutar porque siempre estás incompleta. Incluso cuando las cosas van saliendo bien, no te alcanza, querés más. Terminás volviéndote una egoísta. Eso soy, una egoísta. Y tuvo que pasarme algo terrible para que entendiera.

Ahora fue Diana quien necesitó otro trago.

– El hombre del que te hablé fue, es, un argentino que conocí en Lima. Me enamoré hasta las pestañas -se detuvo un instante para controlar el aire que parecía galoparle en el pecho-. Fue una relación perfecta, tocaba el cielo con las manos. Hasta el embarazo. Me dijo que no estaba en sus planes y que no quería saber nada con el asunto. Que me quería y todas esas cosas, pero del bebé, nada. O sea, que de golpe y porrazo me encontré sola, con un hijo en la panza, a miles de kilómetros de mi país y con una decisión que tomar. Te digo que fue una situación tan vulgar que hasta me avergoncé de haber caído como una idiota.

– Perdóname, no te enojes, pero no entiendo cómo…

– Ya sé, ni me lo digas. Estas cosas pasan, incluso con pastillas. Supongo que me habré olvidado de tomar alguna, quién sabe. No me mires así y ni se te ocurra empezar con el verso de que por algo me habré olvidado porque no es cierto. Pasó y chau.

– ¿Y por qué no me lo contaste?

– Ya me conoces. El orgullo, la omnipotencia, Gabriela, la fuerte, la poderosa, bld, bld, bld… Una imbécil. La cuestión es que lo mandé a la mierda, se me partió el corazón, pero lo mandé a la mierda y seguí adelante con el embarazo. Ahora entendés por qué no sabía si aceptar o no lo de Estados Unidos.

– Y al final, ¿en qué quedó?

– Tengo que decidirlo en poco tiempo. No van a esperarme forever. Es una de las razones por las que estoy aquí, a ver si se me aclara un poco esta cabeza loca.

– Dale, seguí.

– No tengo que contarte lo que es estar embarazada, ¿no? Me dio vuelta todo, cambiaron las perspectivas; la profesión ya no me pareció una cosa de vida o muerte, incluso la idea de criarlo sin padre me resultaba manejable.

– ¿Y él?

– Ya te dije. Fui yo la que decidió terminar. Imaginate, ¿qué relación podía tener con un tipo que había despreciado a su hijo? No, aquello no tenía futuro. Al principio, lloré hasta secarme, pero después me dio mucha rabia y ya no lo lamenté tanto. Además, el bebé empezó a moverse. ¿Ves? Estaba a años luz de ser feliz, pero esos instantes chiquititos eran la felicidad.

– Ni me lo digas. Me acuerdo perfectamente de la primera vez que sentí a Marcos. Como un pececito nadando en gelatina, así fue -se distrajo apenas, pero volvió a su hermana-. Era distinto, Gaby. Yo tenía a Nando, vos… Esas cosas se disfrutan juntos, pero así, sola… Yo no sé si me hubiera animado a seguir.

– ¿Y vos pensás que para mí fue fácil? Le di mil vueltas, no dormía, no quería comer. Morirme, eso quería. Creo que al final me decidió verlo a él tan frío. Me dolía por el bebé, pero más me dolía por mí. Me acordaba de cuánto nos habíamos querido, como escenas de una película, y no entendía adonde había ido a parar todo eso. O peor, si alguna vez había existido. Yo acepto que se haya asustado, pero no le perdono la falta de huevos. Y no sé, de verdad, no sé si elegí seguir con el embarazo para joderlo también a él.

Diana la escuchaba con suprema concentración sin animarse a hacer la pregunta que, desde hacía rato, flotaba en el aire.

– Un día me sentí mal, el médico me dejó internada. Empezaron las contracciones y nació. No te dije, era nena -apenas encontraba el aliento para continuar-. Creo que aguantó unas horas, no sé. Yo estaba fundida. La vi de lejos. Sabía que no tenía muchas probabilidades, pero, viste cómo es la esperanza, no te suelta hasta el final. Tuve un ataque, una cosa medio histérica. Me sedaron. Cuando desperté, me dijeron que había sido una cuestión de la maduración de los pulmones, algo así.

– Gaby…

– Eso fue hace menos de un mes -dudó antes de seguir.

– Por eso volviste.

– Volví a enterrarla aquí.

– ¡¿Qué decís?!

– La traje conmigo. No iba a dejarla para que terminara en un horno o en un frasco con formol, ¿no? -miró a su hermana y la serenidad se transformó en una expresión desesperada-. Necesito que me ayudes.

Diana quería creer que no había escuchado. Convencerse de que no era cierto. Que alguien, por favor, le dijera que era una pesadilla y que en aquella cajita sobre la cómoda del cuarto de servicio, aquella cajita que Gabriela traía apretada con celo en su bolso de mano, había cualquier cosa, cualquier otra cosa menos aquello en lo que no se atrevía siquiera a pensar.

De: Diana

Para: Granuja

Enviado: domingo 20 de julio de 2003, 14:25

Asunto: Los domingos deberían…

…estar prohibidos por ley, como casarse antes de los treinta. Fíjese que recién va a empezar la tarde y ya quisiera que fuera mañana. Nunca me han gustado los domingos. ¿Y a usted? ¿ Qué hace un domingo por la tarde? ¿O es de los pocos que disfrutan? Yo he analizado esta tristeza grande que me viene y le juro que nada tiene que ver con la cercanía del lunes. A mí el lunes no me molesta. Tampoco me gusta. Me da igual. Todos los días de la semana me dan igual. Salvo el domingo. Hoy quisiera desaparecer, esfumarme, olvidar que alguna vez tuve nombre y algún sueño.

Pero, mire las cosas que le digo. Va a pensar que estoy loca y ni siquiera eso. Ojalá lo estuviera. Como usted, payaso, que se hace llamar Granuja. ¿ Qué clase de nombre es ese? ¿El alias de un asesino? ¿El disfraz de un espía? ¿ Quién es Granuja, por Dios?

Ya empieza a preocuparme esta obstinación por ocultarme su nombre. A pesar de eso, lo único que me ilumina el día es saber que voy a encontrarlo en mi pantalla. Y espero su mensaje como si lo esperara a usted, recién bañada. ¿Será esto todo a lo que puedo aspirar?

Diana

De: Granuja

Para: Diana

Enviado: domingo 20 de julio de 2003, 20:20

Asunto: la mejor uva del racimo

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