La Odisea de Troya [Trojan Odyssey - es]
- Автор: Касслер Клайв
- Серия: Dirk Pitt (es) #17
- Язык: испанский
- Переводчик: Alberto Coscarelli
- Жанр: Боевики
Электронная книга - «La Odisea de Troya [Trojan Odyssey - es]». Краткое содержание книги:
En su camino se encuentra un barco de cruceros, de dimensiones nunca vistas. La muerte amenaza a un número incalculable de personas. Dirk Pitt, su hijo y Al Giordano acuden a rescatarles, pero cuando lo han hecho descubren algo aterrador, que supone una amenaza para toda la humanidad. Dispondrán de pocos días para detener una catástrofe que puede cambiar el mundo para siempre.
La odisea de Troya es una aventura grandiosa, una muestra más del talento excepcional de un maestro del género.
– A ninguna parte. No somos lo que cree.
– Usted es uno de ellos.
– No, señora -respondió Pitt, que procuraba calmar su terror-. No somos empleados de Odyssey.
– En ese caso, ¿quiénes son ustedes? -preguntó el hombre, que había tardado un poco más en reaccionar. Se levantó de la cama y se puso un viejo albornoz sobre la anticuada camisa de dormir. Si Pitt había sospechado a la mujer baja y regordeta, él era muy alto y esquelético. Su abundante cabellera gris estaba por lo menos diez centímetros por encima de la cabeza de Pitt. La tez blanca, la nariz como pirámide y los labios finos decorados con un bigotillo definían su rostro.
– Me llamo Dirk Pitt. Mi amigo es Al Giordino. Trabajamos para el gobierno de los Estados Unidos y estamos aquí para averiguar por qué se mantienen estas instalaciones en secreto.
– ¿Cómo llegaron a la isla? -preguntó la mujer.
– Por el agua -contestó Pitt, sin dar detalles-. Entramos en este edificio después de crear una diversión que alejó a los guardias. -Mientras hablaba, el aullido de las sirenas que se acercaban resonó en el pasillo-. Nunca he conocido a nadie que se resista a presenciar un buen incendio.
– ¿Por qué escogieron nuestra habitación?
– Fue por puro azar, se lo aseguro.
– Si fueran ustedes tan amables -intervino Giordino-, quisiéramos pasar la noche aquí. Nos iremos con el alba.
La mujer observó con una expresión de profunda sospecha a Giordino, vestido con el mono blanco.
– Usted no es una mujer -señaló.
Giordino le respondió con una gran sonrisa.
– A Dios gracias no lo soy. Explicarle cómo es que visto un mono del personal femenino de Odyssey sería una historia larga y aburrida.
– Deben disculparnos -manifestó la mujer, más tranquila-. Mi marido y yo estamos terriblemente confusos. El es el doctor Claus Lowenhardt, y yo soy su esposa, la doctora Hilda Lowenhardt. Sólo nos encierran por la noche. Durante el día trabajamos en los laboratorios.
A Pitt le pareció divertida la formalidad de las presentaciones.
– ¿Cómo es que están aquí?
– Trabajábamos en la Technical Research Institution en Aachen, Alemania, cuando recibimos la visita de los agentes de la Corporación Odyssey con la oferta de que viniéramos a trabajar aquí como consultores. Mi esposa y yo somos parte de un grupo de cuarenta científicos de primer orden en nuestra especialidad que renunciamos a nuestros empleos, atraídos por la cuantía de los salarios y las promesas de financiar nuestros proyectos después de acabar nuestros contratos aquí y estar de nuevo en casa. Nos dijeron que íbamos a Canadá, pero sólo fue una burda mentira. Cuando el avión aterrizó, nos encontramos en esta isla en medio de ninguna parte. Desde entonces, nos tienen trabajando aquí casi como esclavos.
– ¿Desde hace cuánto tiempo?
– Cinco años.
– ¿Qué clase de investigaciones los han obligado a realizar?
– Nuestra disciplina académica es la ciencia de las celdas de combustible.
– ¿Este es el motivo para la construcción del complejo, experimentar con celdas de combustible?
– Odyssey comenzó la construcción hace casi seis años -contestó Lowenhardt.
– ¿Qué hay de los contactos con el exterior?
– No nos permiten hablar por teléfono con nuestros familiares y amigos -respondió Hilda-. Solo nos autorizan a escribir cartas que luego pasan por su censura.
– Cinco años son muchos para estar lejos de los seres queridos. ¿Cómo es que no intentaron sabotear la investigación?
– Porque nos amenazaron a todos con una muerte horrible si hacíamos algo que pudiera perjudicar el progreso de las investigaciones -declaró la mujer con voz solemne.
– También amenazaron con matar a nuestras familias -añadió Claus-. No tuvimos más alternativa que dedicar al trabajo nuestros mejores esfuerzos. Por otro lado, deseábamos continuar con el trabajo de toda una vida: queríamos crear una fuente de energía limpia y barata para todos los pueblos del mundo.
– Para que viéramos qué pasaría si no colaborábamos, cogieron como ejemplo a un pobre hombre que no tenía familia -puntualizó Hilda-. Lo torturaban durante la noche y lo obligaban a trabajar durante el día. Un día lo encontraron colgado de la lámpara de su habitación. Todos comprendimos que lo habían asesinado.
– ¿Ustedes creen que los ejecutivos de Odyssey ordenaron su asesinato?
– Ejecución -lo corrigió Lowenhardt. Señaló el techo con una sonrisa amarga-. Fíjese, señor Pitt, ¿cree que esa instalación, que sólo es un cable y una bombilla, soportaría el peso de un hombre?
– Ya entiendo -dijo Pitt.
– Hacemos lo que nos dicen -añadió Hilda, con voz queda-, para evitar cualquier daño a nuestro hijo, a nuestras dos hijas y a nuestros cinco nietos. Los demás están en la misma situación.
– ¿Ustedes y los otros científicos han avanzado en el desarrollo de la tecnología de las celdas de combustible? -preguntó Pitt.
Hilda y Claus se volvieron para mirarse el uno al otro con la misma expresión de extrañeza. Luego Claus replicó:
– ¿El mundo no se ha enterado de nuestro éxito?
– ¿Éxito?
– Junto con nuestros colegas científicos hemos desarrollado una fuente generadora de energía que combina el amoníaco productor de nitrógeno y el oxígeno tomado de la atmósfera para crear sustanciales cantidades de electricidad a un coste muy bajo por unidad, con el agua pura como único residuo.
– Creía que aún faltaban décadas para desarrollar unas celdas de combustible que fuesen prácticas y eficientes.
– Eso es verdad para las celdas de combustible que utilizan hidrógeno y oxígeno para producir electricidad. El oxígeno se saca del aire. En cambio, el hidrógeno no se obtiene con la misma facilidad y hay que almacenarlo como un combustible cualquiera. Sin embargo, gracias a nuestro afortunado y casi milagroso descubrimiento, hemos abierto el camino a una energía no contaminante que ahora mismo está disponible para millones de personas.
– Habla usted como si ya se estuviera produciendo -señaló Giordino.
– Fue perfeccionado y probado con un éxito total hace más de un año. -Lowenhardt lo miró como si Giordino fuese el tonto del pueblo-. La producción comenzó inmediatamente después de ser perfeccionada. Sin duda ustedes la conocen…
Los científicos vieron que las expresiones de asombro y desconcierto en los rostros de Pitt y Giordino eran sinceras.
– Es algo absolutamente nuevo para nosotros -manifestó Pitt-. No sé nada de que un producto milagroso que genera energía esté en las estanterías de las tiendas o que mueva automóviles.
– Yo tampoco -añadió Giordino.
– No lo entiendo. Nos dijeron que ya se habían fabricado millones de unidades en fábricas chinas.
– Lamento desilusionarlos, pero su gran descubrimiento continúa siendo un secreto para el mundo -dijo Pitt, compadecido-. Sólo se me ocurre que los chinos están acumulándolos por alguna razón inexplicable.
– ¿Qué tiene todo esto que ver con los túneles? -murmuró Giordino, que intentaba encontrar una explicación.
Pitt se sentó en una silla y miró con expresión pensativa el dibujo de la alfombra. Luego miró a su compañero.
– El almirante dijo que el ordenador de Yaeger había sacado la conclusión de que el propósito de los túneles era bajar la temperatura de la corriente del Golfo y así conseguir que el este de los Estados Unidos y el continente europeo padecieran de ocho meses al año de inviernos gélidos. -Se volvió hacia los Lowenhardt-. ¿Su tecnología está diseñada para ser utilizada en los automóviles?