Los hombres lloran solos
- Автор: Gironella Jose Maria
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Los hombres lloran solos». Краткое содержание книги:
Hoy lanza al público su cuarto volumen, continuación de los tomos precedentes, decidido a convertir dicha trilogía en unos Episodios Nacionales a los que añadirá un quinto y un sexto volumen -cuyos borradores aguardan ya en su mesa de trabajo-, y que cronológicamente abarcarán hasta la muerte del general Franco, es decir, hasta noviembre de 1975. La razón de la tardanza en pergeñar el cuarto tomo se debe a dos circunstancias: al deseo de poderlo escribir sin el temor a la censura y a su pasión por los viajes, que se convirtieron en manantial de inspiración para escribir obras tan singulares como El escándalo de Tierra Santa, El escándalo del Islam, En Asia se muere bajo las estrellas, etc.
Con esta novela, Los hombres lloran solos, José María Gironella retorna a la entrañable aventura de la familia Alvear en la Gerona de la posguerra, a las peripecias de los exiliados y del maquis, sin olvidar el cruento desarrollo de la segunda guerra mundial. Los hombres lloran solos marcará sin duda un hito en la historia de la novela española contemporánea.»
Núñez Maza pareció un poco fatigado.
– Si queréis puedo seguir hablando hasta mañana; pero, de momento, éste es el esquema de un hombre que lo había dado todo por la Falange y que actualmente está enfermo y vaticina para España el regreso triunfal de aquellos que fueron nuestros enemigos irreconciliables.
Mateo y Miguel Rosselló estaban vivamente impresionados. Tal vez fuera demasiado fácil tachar todo aquello de "lugares comunes". Cuando se estaba tan convencido como ellos lo estaban de haber adoptado la postura correcta, apenas si se analizaban las teorías opuestas. Quien les hablaba no era un mercader, ni un chiflado, ni un antiespañol. Era uno de los hombres más puros que había dado la Falange. También estaba desterrado Hedilla, el hombre que se opuso al decreto de unificación. Y destituido de todos sus cargos, Serrano Súñer, a quien Núñez Maza había invocado y que en tiempos no demasiado lejanos se había permitido el lujo de censurar incluso a 'L'Osservatore Romano'.
– No sé qué decirte… -arrancó Mateo-. Demasiado vino para una sola copa, demasiadas ideas para una sola tarde. Déjame reflexionar… -Mateo se acordaba de la deserción de hombres como Ignacio y como Manolo-. Me das permiso para repetir todo esto al gobernador?
– Cómo! Te lo suplico… Ahora mismo voy a buscar unas fotocopias de mi ideario. En Ronda tuve el tiempo necesario para sopesar el pro y el contra. Mi caso está visto para sentencia y ninguna jerarquía puede asustarme.
Núñez Maza subió a su habitación y volvió a bajar con unos papeles. Entretanto, Mateo y Miguel Rosselló permanecieron mudos, contemplando las rocas y las olas de un mar un tanto embravecido. Se habían tomado dos cafés y fumado no sé cuántos cigarrillos. Núñez Maza no fumaba. Debía cuidar sus bronquios y sus pulmones. El titular del ideario decía: Proceso al Régimen. Miguel Rosselló comentó:
– Para empezar, no está mal…
Hablaron de cosas diversas. Núñez Maza, aunque cansado, vivía hambriento de noticias, lleno de curiosidad por el pedazo de tierra al que le habían confinado. El problema catalán… Era tan complicado como se decía en Madrid? Sí, claro, claro. Tiempo habría de analizarlo a lo vivo. Cómo? Iluminar la montaña de Montserrat? Grandioso! Por qué no se llevaba a cabo el proyecto? Montserrat, feudo separatista? También se decía algo parecido de los benedictinos de Montecassino. Durante siglos los monasterios fueron los depositarios de la cultura. Si él tuviera vocación de célibe, que no la tenía en absoluto, le gustaría vivir en un monasterio así, con una biblioteca de trescientos mil volúmenes, unos claustros y una hermosa avenida de cipreses…
Mateo y Miguel Rosselló se levantaron. Núñez Maza tenía, con toda evidencia, magnetismo personal. Por aquel salón del hotel desfilaría mucha gente… Y cada persona se llevaría su ideario.
Ideario por el cual Núñez Maza estuvo a punto de ser fusilado en un paredón.
En cualquier caso, la sinceridad del ex consejero nacional inspiraba respeto. Si la guerra, efectivamente, se perdía, qué iba a pasar? Claro que los alemanes parecían preparados para la defensa de la costa atlántica. Llevaban meses construyendo una línea de contención comparada con la cual la Maginot era de juguete. Rommel estaba al frente de dicha construcción, en la que habían trabajado millares de pontoneros y de hombres de todas partes, incluidos prisioneros de guerra. El desembarco en Francia, a este lado del canal de la Mancha, se les ponía difícil a los aliados. Claro que también se les habían puesto difíciles las batallas del norte de África y de Stalingrado.
– Las despedidas, breves -dijo Núñez Maza-. Que tengáis un buen viaje, y ya sabéis dónde estoy… -y ante el estupor de los dos muchachos, Núñez Maza levantó el brazo y saludó a lo fascista. Nunca podrían descifrar si aquello iba en serio o si era una burla.
Se abrazaron uno a uno y Núñez Maza los acompañó hasta la puerta. Y en aquel momento vieron cómo un coche negro, que tenía la estampa de un coche oficial, se detenía delante del hotel y cómo Núñez Maza, con la mano izquierda, parecía dar la bienvenida a sus ocupantes…
CAPÍTULO XXI
OPERACIÓN "OVERLOD", 6 de junio de 1944. Así se llamaba la operación aliada de desembarco en las costas francesas, el día D. Su majestad Jorge VI dirigió un mensaje a la nación: "Una vez más tenemos que hacer frente a una prueba suprema. No se trata esta vez de luchar para sobrevivir, sino para alcanzar la victoria".
Los dos enemigos se habían preparado desde mucho antes. Ahí estaba el segundo frente reclamado por Stalin, cuyos ejércitos continuaban peleando duramente en el Este. Churchill y Roosevelt habían descartado los Balcanes y se había elegido la costa francesa. Hitler lo sabía y desde hacía dos años se preparaba para la defensa, construyendo a lo largo de muchos kilómetros de costa el Muro del Atlántico. Rommel, contra la opinión de otros generales, fue el encargado de organizar las fortalezas defensivas. Un esfuerzo colosal, aunque no el que Rommel hubiera querido. El "zorro del desierto" tropezó con las mismas dificultades que en El-Alamein: insuficiencia de hombres y de material. Rommel estaba convencido de que había que yugular al enemigo en el instante mismo del desembarco, en la línea costera y no más atrás. Toneladas de cemento y kilómetros de alambradas habían sido utilizadas. Pero Rommel hubiera querido 100 millones de minas terrestres, y sólo consiguió recoger unos 3 millones, que sembró estratégicamente.
A primera vista, aquello era inexpugnable e Hitler estaba convencido de ello. Sin embargo, se trataba de un ejército tal vez abigarrado en exceso. Italianos, franceses, húngaros, rumanos, polacos, finlandeses, norteafricanos, negros, asiáticos, rusos, ucranianos, armenios, tártaros de Crimea, kalmukos y hasta indios. Grave contradicción del Führer, quien había declarado en varias ocasiones: "Sólo los alemanes deben llevar armas". Las circunstancias le obligaron a ceder. "Toda la carne en el asador", afirmaba Goering. De ahí que, aparte las tropas de refresco, fueran aprovechados los mutilados ligeros, los afectados por congelaciones de tercer grado, trastornos visuales, auditivos, respiratorios y circulatorios. Toda una división estaba compuesta por dispépticos. En otras muchas la media de edad superaba los 40 años. La terrible sangría sufrida en Rusia -más de 2 000 000 de hombres- repercutía en esa operación.
Faltaban hombres para detener la invasión y Rommel lo sabía. Si bien lo peor era la impotencia de la marina y de la aviación. La flota alemana de superficie había sido liquidada. La submarina, había dejado de ser "imponente". En cuanto a la aviación, el cálculo era de 50 contra 1. Los 1 000 cazas a reacción prometidos por el Führer a los defensores no salían aún de las fábricas.
Por otra parte, desde hacía un mes los bombardeos de las líneas de comunicación de la retaguardia alemana eran incesantes. Era la pulverización. En uno de esos bombardeos murió Gorki, el comunista, ex alcalde de Gerona, quien había sido movilizado a la fuerza. Su compañera, Mady, la pastelera, lloró desconsoladamente.