Los hombres lloran solos
- Автор: Gironella Jose Maria
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Los hombres lloran solos». Краткое содержание книги:
Hoy lanza al público su cuarto volumen, continuación de los tomos precedentes, decidido a convertir dicha trilogía en unos Episodios Nacionales a los que añadirá un quinto y un sexto volumen -cuyos borradores aguardan ya en su mesa de trabajo-, y que cronológicamente abarcarán hasta la muerte del general Franco, es decir, hasta noviembre de 1975. La razón de la tardanza en pergeñar el cuarto tomo se debe a dos circunstancias: al deseo de poderlo escribir sin el temor a la censura y a su pasión por los viajes, que se convirtieron en manantial de inspiración para escribir obras tan singulares como El escándalo de Tierra Santa, El escándalo del Islam, En Asia se muere bajo las estrellas, etc.
Con esta novela, Los hombres lloran solos, José María Gironella retorna a la entrañable aventura de la familia Alvear en la Gerona de la posguerra, a las peripecias de los exiliados y del maquis, sin olvidar el cruento desarrollo de la segunda guerra mundial. Los hombres lloran solos marcará sin duda un hito en la historia de la novela española contemporánea.»
Otra noticia regocijante, que Mateo no hubiera querido publicar: en Suiza se descubrió un analfabeto, labriego de dieciocho años. El hallazgo causó estupor en todo el país y alguna agencia de viajes quería organizar viajes para visitar al muchacho. El camarada Montaraz, tal vez por su afición a los relojes, era un enamorado de Suiza, siempre "neutral" y prosperando sin cesar. Mateo le objetó al gobernador que en España causaría estupor lo contrario: el hallazgo de un ciudadano que supiera leer y escribir.
Los contertulios del café Nacional protestaron. Aquélla era una vil copia de las reuniones que ellos tenían cada sábado con aportaciones de anecdotario nacional.
– A veces me pregunto si el gobernador no será tonto de capirote… -opinaba Galindo-. A lo mejor se cree que con estas noticias la gente comerá.
Matías colocaba sobre la mesa el seis doble.
– Aunque no te lo creas, sabe adonde va. Distraer a la gente. Lo consigue. La gente quiere divertirse y bailar blues, congas y todo eso… Y hacer el amor. Pregúntale a la Andaluza y verás.
– Sin ir más lejos -terciaba Grote-, en la hoja parroquial del domingo pasado se habla de una pareja que fue descubierta copulando en el matadero Municipal. Un pueblo que copula en el matadero no puede morir.
– Ya no le tienen miedo ni a la sífilis, fijaos bien. Los laboratorios del doctor Esteve la cura con anido-suefol o algo así…
– Bueno! Los hay que se frotan todo el cuerpo con zotal o perganmanato, no sé…
– De acuerdo. Pero Moncho, según noticias, se frota con limones y parece que no le va del todo mal…
– Ésa es otra cuestión -terció Matías, colocando el cero doble-. No me toquéis a Moncho, que es como si mentarais a mi familia. Lo suyo es el naturismo, y su mujer está de acuerdo con él…
Por una vez Ramón, el camarero, dejó de aludir a sus imaginarios viajes y aportó dos anuncios que había recortado del Noticiero Universal. El primero: "Hay gestos que sólo se los pueden permitir quienes usan desodorante Sano"; y el segundo, una noticia fechada en Oslo: "Mala noticia para las señoras: aumenta continuamente el precio de las zorras".
Washington, mayo de 1944 Querido Ignacio:
Sabemos que te has casado con Ana Maña Sarro. Felicidades. Imaginamos que has elegido bien y que lo pensaste tres veces antes de oír aquello de "hasta que la muerte os separe". Yo siempre digo que a mí ni siquiera la muerte me separará de Amparo. La encuentro en todas partes y cada día más rejuvenecida. Y ya no habla de hedor de los negros, sino de olor. Algo hemos avanzado.
Imagino que te has enterado de la propuesta de un senador americano: bautizar a las estrellas con nombres actuales: Roosevelt, Stalin, Churchill… Yo añadiría el nombre de Franco, que es el único militar de la mencionada pandilla.
Da muchos recuerdos a don Rosendo Sarro. Es amigo fiel y varias veces estuvo visitándome en la calle del Pavo. Formaba parte de la Gran Familia Catalano-Bálear y a veces se presentaba a saludarnos. Sé que los negocios le van viento en popa. Reflexiona sobre su trayectoria: si quieres triunfar, búscate amigos influyentes. Claro que existe otro concepto de la vida, y es el que tienen David y Olga: sobriedad, deporte, higiene… Los castizos decían, refiriéndose a los viejos: poca cama, poco plato y mucha cuela de zapato.
A lo mejor nos vemos pronto. A Amparo le han entrado súbitas ganas de volver a pisar las augustas piedras de la catedral de Gerona. La cabra tira al monte, ya sabes. Por lo que a mi respecta, en todo caso haré viajes de ida y vuelta, porque los Estados Unidos me chiflan. Hemos hecho en un tren confortable el trayecto Este-Oeste y hay que quitarse el sombrero que supongo continúa llevando tu padre.
He recibido noticias de Carlos Ayestarán, quien en el exilio montó unos fabulosos laboratorios farmacéuticos en Chile. Está muy bien. Te acordarás de él… Fue tu jefe. Muchos de los exiliados se han abierto camino, pasada la primera etapa de desconcierto. También he sabido del Responsable… En Venezuela metió las narices donde no lo llamaban y está entre rejas. Pero se saldrá con la suya, como siempre. Es incombustible e insumergible.
Bien, recuerdos a todos. La cigüeña depositó ya el segundo bebé en casa de Pilar? Dale muchos recuerdos…
Un abrazo como siempre de vuestro incondicional JULIO Ignacio quedó estupefacto. Masón don Rosendo Sarro! Claro! Eso explicaba muchas cosas. Sus tentáculos en Madrid. Las reverencias de Gaspar Ley. Qué grado debía tener? Julio García no se atrevió, e hizo bien, a facilitarle más datos. Lo dicho encajaba en la cabeza de Ignacio como un puzzle que tenía a medio resolver. Ignacio se acordó del Banco Arús, de aquel subdirector calvo obsesionado por el tema masónico y que acabó muerto a tiros por los milicianos al comienzo de la guerra civil. De él aprendió lo poco que sabía sobre las Logias. A juzgar por lo ocurrido, se quedaba corto… Los masones manejaban todos los hilos habidos y por haber y no era extraño que surgieran los padres Tusquets de turno dispuestos a cortarles las alas. Para Franco, el asunto era primordial. Si se le hubieran infiltrado masones a su alrededor -y alguno debía de haber- le hubieran puesto más zancadillas.
Ignacio habló con Manolo. Éste había simulado siempre no estar al corriente del tema. Esta vez, no. Le dio un baño a Ignacio. Le habló de los ritos de iniciación, del catecúmeno -el propuesto- en manos del hermano Terrible; de los diferentes grados, de los diferentes países; del rito escocés, de la masonería operativa, de la especulativa, de las relaciones entre la Masonería y la Iglesia católica; etc. Manolo terminó diciendo: "Ahora comprendo muchas cosas. Y vamos a actuar de acuerdo con este vuelco de la situación".
La perplejidad de Ignacio aumentó todavía más. Vuelco de la situación? Manolo llevaba uno de sus clásicos pijamas tropicales y fumaba tabaco inglés.
– Sí, vamos a modificar nuestros planes… Andaba pensando en ello desde que te casaste con Ana María, y eso ha sido la goxa que ha colmado el vaso. No vamos a proceder contra don Rosendo Sarro… El hecho de ser tú su yerno era un hándicap prácticamente insuperable, del que hubiéramos hecho caso omiso en el supuesto de que tú dijeras: no me importa. Pero siendo masón don Rosendo Sarro, y me imagino que de alto grado, la cosa cambia. Perderíamos mucho tiempo y me temo que al final arremeteríamos contra molinos de viento. La masonería es una fuerza tremenda, sobre todo a caballo de la victoria aliada. Nos estrellaríamos, eso es… -Manolo se recostó en el diván, mientras Ignacio se quemaba los labios con la colilla-. Pudimos con los Costa, podríamos con ellos, incluso con la EMER, pero contra los grandes negocios de don Rosendo Sarro, imposible. Cómo probar que hace exportaciones con barcos cargados de piedra o de papel y que se incendian o hunden adrede para cobrar el seguro? Cómo probar que usa medios ilegales para llevarse todas las subastas importantes, como aquella del material ferroviario, que luego resultó que era útil para el servicio? No viste en su casa ningún símbolo que te llamara la atención: un triángulo, un compás, un mallete, un nivel, una regla, una plomada?
Ignacio negó rotundamente.
– No vi nada de eso… Claro que tampoco me invitó a visitar su despacho.
– Claro… Además, en España ahora han arramblado con toda esa mojiganga… Ya lo ves, mi querido amigo! Ahí tienes la explicación de los éxitos de Julio García, y también los de don Rosendo Sarro.