Gente de barro [Kiln People - es]
- Автор: Брин Дэвид
- Год: 2003
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-666-1302-1
- Переводчик: Rafael Marin
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Gente de barro [Kiln People - es]». Краткое содержание книги:
David Brin, galardonado ya con diversos premios Nebula y Hugo, utiliza una narración detectivesca, del tipo hard-boiled, para mostrar las complejidades de una sociedad en la que existe una curiosa versión de los “replicantes” del Blade Runner cinematográfico.
Novela finalista del premio Hugo 2003.
Novela finalista del premio Arthur C. Clarke 2003.
La escena me pareció, desde un punto de vista, una pesadilla de ciencia ficción peor que la de Metrópolis de Fritz Lang: esclavos y proles trabajando para amos lejanos antes de lanzarse a una muerte temprana, preordenada, sin lamentos. ¡Desde otro punto de vista era maravilloso! Un mundo de ciudadanos libres que extendían porciones diminutas de sí mismos (trocitos cómodamente desechables) para realizar por turnos todas las tareas necesarias, de modo que todo el mundo pudiera pasar su vida orgánica jugando o estudiando.
¿Cuál de las visiones era cierta?
¿Ambas a la vez?
¿Debía importarme?
Mis propios pensamientos me sorprendieron.
«¿Es esto lo que le pasa al cerebro de un ídem citando dura más de un segundo día? —me pregunté—. ¿La recarga de élan hace que te vuelvas soñador y filosófico? ¿Se debe a los acontecimientos de los que fui testigo en casa de Irene?
»¿O es porque soy un frankie?
» ¡Vamos, Kaolin! ¡Contesta al maldito teléfono!»
De hecho, su retraso me daba ciertas esperanzas. Tal vez Eneas no se preocupaba tanto por nosotros. Kaolin podía estar demasiado ocupado para molestarse en comprobar cómo nos iba.
Ah, pero «ocupado» no significa lo que solía significar antes. Un hombre rico puede seguir imprintando suficientes ídems para conseguir realizar cualquier trabajo. Así que tenía que haber otro motivo.
Estábamos a una manzana más allá de la excavación del tubo neumático cuando el taxista giró de pronto con un alarido. Me agarré al asiento, preparándome para la colisión, pero el tráfico no se había detenido. No, el conductor se quejaba de acontecimientos lejanos que no tenían nada que ver con su trabajo.
—¡Idiotas! —gritó—. ¿No os disteis cuenta de que os estarían esperando al otro lado de esa montaña? Los indis deben de micros a tiro desde cinco ángulos distintos. Capullos. La ZEP debería renunciar a este encuentro y negociar. Enviar a nuestro equipo entero al campode batalla con sus pieles de rig desnudas. ¡Será mejor que empecemos de cero con talentos nuevos!
Un leve destello brillaba en el borde de sus gafas. Así que, además de gafas de sol, eran también vids. La mayoría lo son.
Sin embargo, yo no pagaba para acabar teniendo un accidente por culpa de un coche distraído con los deportes. Un giro innecesario más y podría interponer contra él una demanda civil…
¿A nombre de quién? ¿Dónde iría a parar el dinero? El pobre Albea tenía una hermana en Georgia, pero era dueña de cinco patentes y no necesitaba el dinero. Luego lo recordé: lo que quedara de las posesiones de Al iría a parar a Clara. Lo que los polis no se llevaran. O Kaolin. Todo dependía de si se encontraba a otro a quien echar la culpa del ataque contra Hornos Universales.
Tenía mis sospechas al respecto, pero antes necesitaba más pruebas.
—¡Eh, fanboy! —le gritó idPal al conductor, que seguía maldiciendo mientras esquivábamos a algunos idpeatones.y conseguíamos por los pelos no ser aplastados por un enorme transporte de ocho piernas—. ¡Olvida el marcador y mira la carretera!
El conductor le murmuró algo ami amigo por encima del hombro. Pal rugió como respuesta, arqueando la larga espalda y sacando las garras, como si se preparara para saltar. Yo estaba a punto de cerrar e1 teléfono e intervenir cuando una voz zumbó bruscamente en mi oído.
—Así que es usted. Me preguntaba cuándo llamaría —dijo en un murmullo la voz del magnate. No supe qué Kaolin era, aunque presumiblemente se trataba del platino que nos había encargado nuestra misión—. ¿Qué han descubierto en el establecimiento de Irene?
Ninguna disculpa por mantenerme esperando. Bueno, así son los multibillonarios.
—Irene está verdadera-muerta —respondí—.Usó uno de esos servicios de antenas-alma y se llevó a todas sus ídems a la Nirvanosfera, o a los Cinturones Valhalla, o a donde sea.
—Lo sé. La policía acaba de llegar allí y tengo la escena delante. Increíble. ¡Qué psicótica! ¿Comprende a qué me refiero, Monis? El mundo se está llenando de pervertidos y la idemización no hace más que empeorar las cosas. A veces desearía no haber…—Se detuvo, luego continuó—: Bueno, no importa. ¿Cree que Irme escogió este momento para acabar con todo porque su conspiración fracasó? ¿Porque no consiguieron destruir mi fábrica?
Kaolin hizo nn trabajo impresionante fingiendo confusión e inocencia. Decidí seguirle el juego.
—Irene era otra panoli, señor. Creía sinceramente haber contratado al gris de Albert como espía industrial pseudolegal.
—¿Se refiere a todas esas tonterías sobre buscar el secreto de la tele-transportación?
Miré atrás, hacia el proyecto de construcción del neumo túnel, una inversión enorme que perdería mucho de su sentido si la idemización remota alguna vez se hacía realidad.
—La historia era lo suficientemente plausible para engañar a un gris de Albert Morris. ¿Por qué no a ella también? De todas formas, esta mañana Irene se dio cuenta de que le iban a echar las culpas del ataque priónico. Así que eligió marcharse a su manera.
—Otra pandilla, entonces. Como usted y Lum y Gadarene —Kaolin bufó—. ¿Encontró alguna pista sobre quién está detrás de todo esto?
—Bueno, sus dos socios eran un ídem a cuadros que se hacía llamar Vic Collins y otro que decía ser una copia de la maestra, Gineen Wammalsr.
—¿Nada más? Ya sabíamos todo eso por la grabación de la cinta del gris.
No quise decir más. Sin embargo Kaolin era todavía mi cliente… al menos hasta que verificara algunas cosas. No podía mentirle ni legal ni éticamente.
—Vic Collins era una fachada, naturalmente. Irene opinaba que podía tratarse en realidad de Beta.
—¿Se refiere al golemcuestrador y falsificador? ¿Tiene alguna prueba? —la voz de Kaolin se animó un poco—. Esto podría ser lo que necesitaba para ejercer un poco de presión y obligar a los polis a tomarse a ese hijo depura como una auténtica amenaza pública, no como otra molestia idcomercial. ¡Puede que consigamos echarlo del negocio de una vez!
Mi respuesta fue cuidadosa.
—Pensé lo mismo. Llevo tres años persiguiendo a Beta. Reinos tenido algún encuentro desafortunado.
Sí, lo recuerdo. Su escapada por los pelos del lunes, seguida de la redada del martes en la operación del edificio Taller.11av mucha mala voluntad entre ustedes dos.
—Sí, de hecho… — Teníamos nuestro lugar de destino justo delante. Tenía que conseguir que Kaolin se sintiera lo suficientemente cómodo para no seguir mis movimientos con demasiada atención durante los próximos minutos. El tiempo sería esencial—. Por eso me dirijo al edificio Taller en este preciso momento.
No era exactamente una mentira. Coincidía con nuestra trayectoria actual por el idemburgo, si es que nos estaba localizando.
—Buscando más pistas, ¿no? ¡Magnífico! —dijo Kaolin. Oí voces apagadas al fondo, que reclamaban la atención del platino—. Llame de nuevo cuando haya descubierto algo más —me dijo, y cortó la comunicación sin despedidas ni formalidades.
Justo a tiempo, advertí con alivio.
—¡Pare aquí! —le dije al taxista, que todavía repartía su atención entre la calle, las noticias de la guerra y las discusiones con Pal.
‹ Cómo conservan estos tipos su licencia?›, me pregunté, lanzándole una moneda y bajándome. Por fortuna, idPal continuó encaramado ami hombro en vez de enzarzarse en una pelea, aunque cerca estuvo de hacerlo.
TEMPLO DE LOS EFÍMEROS, anunciaba el cartel destellante. Subí corriendo los escalones de granito, dejé atrás a todos los desdichados ídems que había por allí, heridos, dañados o abandonados, carentes de alguna esperanza de ser bienvenidos de vuelta a casa para cargar. La mayoría parecían agotados, a punto de la disolución. ¡Sin embargo yo era con diferencia el más viejo! La única persona presente que tenía algún recuerdo directo del sermón del martes. Pero no había ido allí a asistir a ningún servicio.